lunes, 29 de julio de 2013

"Los días de Internet como una red verdaderamente global están contados"

Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-07-2013

rt.com


En un artículo publicado en 'The Guardian', el británico John Naughton, profesor de tecnología de la Universidad a distancia Open University, analiza cuál debiera ser el verdadero objeto de debate en el caso Snowden.
"Sin él, no sabríamos cómo fue capaz la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de acceder a los mensajes de correo electrónico, cuentas de Facebook y videos de ciudadanos de todo el mundo. N o estaríamos debatiendo si el Gobierno de EE.UU. debía haber convertido la vigilancia en una enorme empresa privatizada ni habría, por fin, un debate serio entre Europa […] y EE.UU. acerca de dónde se encuentra el equilibrio adecuado entre libertad y seguridad", declara Naughton.

"Estos son resultados muy importantes y con consecuencias de primer orden que, sin embargo, para la mayoría de nuestros medios de comunicación, han pasado casi desapercibidos", prosigue el autor.

"En cambio, hemos sido alimentados con una corriente constante de especulación sobre los planes de viaje de Snowden, sus solicitudes de asilo, su estado de ánimo, su apariencia física, etc. El ángulo de interés humano ha prevalecido sobre la verdadera historia, que es la que nos cuenta las revelaciones de la NSA acerca de cómo funciona realmente el mundo en red y hacia dónde se dirige", añade.

Así, Naughton sugiere que el verdadero objeto de reflexión debería ser el hecho de que "los días de Internet como una red verdaderamente global están contados", pues el riesgo de que el sistema se balcanice, es decir, se divida en varias subredes geográficas o de una jurisdicción determinada por países que necesitan controlar cómo se comunican sus ciudadanos, es ya una realidad.

"La cuestión de la gobernanza de Internet" se ha convertido en polémico objeto de debate, pues "dado lo que sabemos sobre cómo EE.UU. y sus sátrapas han estado abusando de su posición privilegiada en la infraestructura global, la idea de que se permita a las potencias occidentales seguir controlándola se ha vuelto insostenible", subraya el autor.

Para el estudioso, "la agenda de la libertad de Internet de la administración Obama, es hoy tan digna de confianza como la agenda de la libertad de George Bush después de Abu Ghraib", asegura, y recuerda que "Google, Facebook, Yahoo, Amazon, Apple y Microsoft son componentes esenciales del sistema de vigilancia cibernética de EE.UU. y nada de lo que se almacene en sus servidores puede garantizar estar a salvo de la vigilancia o de ser descargado ilícitamente por los consultores contratados por la NSA".

Fuente: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/101376-snowden-destino-internet-nsa-eeuu


El neoliberalismo, impulsor del narcotráfico y la violencia en México


Ria Novosti


La guerra estadounidense contra las drogas ha sido como apagar un incendio con el oxígeno. El negocio vive de la represión. En la condición de ser un comercio ilícito lo que hace que presente alucinantes tasas de ganancia
(Alonso Salazar J. “La Parábola de Pablo”)

Todo México quedó sorprendido cuando se enteró de la captura de Miguel Ángel Treviño Morales el jefe de uno de los más violentos carteles del crimen organizado Los Zetas.
Lo raro es que la noticia llegó por medio de un periódico estadounidense The Dallas Morning News y no por los medios de comunicación locales. Así funciona la distribución de las noticias en el mundo globalizado. Primero, se informa a las grandes transnacionales sobre los acontecimientos locales, las que posteriormente retransmiten la información “ordenada” de acuerdo a las necesidades e intereses globales, a lo que se llama la “periferia”, es decir el lugar del acontecimiento.
Por supuesto, este modo de informar tiene su mensaje. En el caso de la captura del fugitivo número W-456102936, alias “Zeta-40”, “Comandante Fourty”, “El Catorce” se daba a entender que, aunque fuese capturado por los marines mexicanos en territorio nacional, en realidad fueron los norteamericanos que organizaron su detención.
La confirmación oficial de la captura llegó unas cinco horas después de que el periódico texano The Dallas Morning News la difundiera. También hay algo extraño en la forma de su detención. El mismo “Comandante Fourty” aseguró en varias ocasiones a sus asociados que jamás se rendiría vivo: “me capturarán muerto, pero jamás vivo”. Sucedió lo contrario. La detención se llevó a cabo en la madrugada del pasado 15 de julio a 27 kilómetros al suroeste de Nuevo Laredo, estado de Tamaulipas sin un solo disparo. En la camioneta en que viajaba EL Z-40 estaban sus dos guardaespaldas llevando ocho armas sofisticadas de largo alcance, 500 cartuchos de municiones y dos millones de dólares. No hubo resistencia sino una rendición pacífica. También era extraño que el narcotraficante más sanguinario de México, al momento de ser trasladado a la Subprocuraduría Especializada en Investigación de la Delincuencia Organizada no tuviera esposas y entró en la SEIDO caminando altivamente al lado de un militar que ni siquiera lo estaba sujetando de brazo, como se hace habitualmente en estos casos inclusive con los detenidos esposados.
Inmediatamente el presidente Barack Obama felicitó a su par mexicano Enrique Peña Nieto por la captura de Treviño. El portavoz del departamento de Estado, Patrick Ventrell declaró que “su captura es otro avance de México hacia el desmantelamiento del crimen organizado y elogiamos a nuestros aliados mexicanos en este sentido”. El gobierno mexicano también presentó este golpe al jefe de uno de los principales carteles como un gran éxito de la nueva política del presidente Peña Nieto que ha trabajado en la lucha contra el narcotráfico y en favor de reducir el nivel de la violencia, es decir asesinatos, secuestros y extorsiones y estimular el crecimiento económico. Sin embargo, el triunfalismo oficial es demasiado prematuro. Cómo dice el filósofo francés, Pierre Bourdieu, “la verdad no se mide con el aplausómetro”.
El autor del libro, “La Parábola de Pablo”, el investigador social Alfonso Salazar J. escribió que el narcotráfico “es un negocio de alto relievo en el que se puede derrotar a los narcotraficantes pero no al narcotráfico. Siempre hay dispuesta una nueva generación para reemplazar a los capos que han sido muertos o han sido detenidos”. También en mayo de 2012, el jefe del Comando Norte de Estados Unidos, Charles Jacoby declaró que aunque México ha capturado o matado 22 de 37 de sus más buscados capos, “su eliminación no ha tenido ningún efecto apreciable positivo en reducir la violencia generada por el tráfico de drogas”.
Y eso es cierto pues el mismo Treviño reemplazó casi inmediatamente al asesinado en octubre de 2012 en circunstancias misteriosas exjefe del cartel “Los Zetas” Heriberto Lazcano, alias “El Lazca” o “Z-3”. Pocas horas después de ser abatido, el cuerpo del capo fue robado de la morgue por un comando armado. Dentro del organigrama de carteles siempre hay sucesores en lista de espera y en el caso de Los Zetas es posible que el hermano de Miguel Ángel Treviño, Óscar Omar Treviño Morales, alias “Z-42” tome la jefatura del cartel si es que no lo ha hecho ya. Por supuesto que habrá ciertas rencillas y ajusticiamientos dentro de esta organización delictiva e igual como se agudizará la lucha del cartel de Sinaloa contra Los Zetas, cuyos métodos menos proclives a la violencia son más aceptables por el gobierno, pero la actividad delictiva de estas organizaciones seguirá adelante.
No hay que olvidar, que a pesar de que Los Zetas son uno de los principales carteles mexicanos y también el más sanguinario de los existentes (tienen por costumbre cortar las cabezas de sus víctimas entre otras maldades) que controla casi todos los estados costeros del este del país y que hasta tiene sus ramificaciones en Guatemala, en México existen al menos siete carteles principales: Los Zetas, Cartel Pacífico Sur, Cartel Sinaloa, Cartel de Juárez, Cartel del Golfo, Cartel de Jalisco Nueva Generación y Los Caballeros Templarios. También allí operan 20 bandas y grupos locales. La formación de los carteles comenzó en los años 1970 con el advenimiento del neoliberalismo y su política de la privatización de la propiedad nacional, la apertura indiscriminada de mercados, la desregulación económica y el aniquilamiento de derechos sociales y sindicales. La firma del tratado de libre comercio con Canadá y Estados Unidos (NAFTA) agudizó la situación económica de millones de mexicanos, especialmente en el campo donde el gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) aceleró el proceso de destrucción del sistema de ejidos, obligando a los campesinos abandonar sus terruños y convertirse en trabajadores indocumentados en Norteamérica en el mejor de los casos.
Aquel expresidente llamó a su experimento neoliberal “la revolución económica” permitiendo que Wal-Mart, Starbucks, Office Depot etc. invadieran el país llevando a la quiebra los mercados populares. Poco a poco el gigante del norte se apoderó de la estructura productiva del país. La situación llegó a tal extremo que produciendo México 2,67 millones de barriles de petróleo diariamente, tiene que utilizar las refinerías norteamericanas para la tercera parte de la gasolina consumida en el país. Alrededor de 60 millones de mexicanos viven en la pobreza. Según la revista Forbes, al cierre del último sexenio, el 20 por ciento de los más ricos concentraba el 51 por ciento del ingreso corriente total (ICT), sin contar las fortunas de los doce empresarios multimillonarios que representan el 15 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI). En este contexto el 20 por ciento más pobre se repartía apenas el 4.9 por ciento del ICT.
Por supuesto que México era el corredor del tráfico de drogas de Sudamérica desde hacía mucho tiempo sin la existencia de los carteles organizados. Fue la implantación del neoliberalismo al final de los años 1970 que cambió la situación en el país. De acuerdo al representante del Centro de investigación Laboral y Estudios Sindicales (CILAS), Hugo Rosell, precisamente en aquel período los traficantes de drogas vieron su oportunidad de organizarse en carteles y convertir la droga, las armas, el tráfico humano, la extorsión, la piratería y el secuestro en mercancías e instrumentos abriendo por medio de la corrupción y la violencia su propio espacio en lo que se llama el mercado libre. El crimen organizado hizo transformar a México, de un territorio de tránsito de droga al otro, agregando el consumo y penetrando prácticamente todas las instituciones estatales y públicas.
Mientras la memoria es proclive al olvido, los documentos publicados por The Washington Post, USA Today en 2004 nos recuerdan cómo en noviembre de aquel año, debido a la corrupción generalizada en México, unos 160 más relevantes fiscales e investigadores empezaron a recibir implantes de Microchips en los brazos para acceder a las áreas restringidas en el interior del Ministerio de Justicia. Ni esta medida ayudó a combatir el crimen organizado. Se calcula que los carteles tienen a su servicio unos 100,000 hombres armados, la mayoría exsoldados y de preferencia comandos. De acuerdo a los estudios de las Naciones Unidas, alrededor del 60 por ciento de los municipios de México están penetrados o controlados por uno de los carteles.
De acuerdo a la estadística oficial, el narcotráfico mueve en el territorio nacional alrededor de 30 mil millones de dólares al año, empleando entre 300,000 a 500,000 personas, incluyendo niños. Se calcula que el país produce unas 15,000 toneladas de marihuana, 18 toneladas de heroína y transporta a EE.UU. no menos 600 toneladas de cocaína al año. También los carteles producen en sus laboratorios metanfetaminas utilizando insumos traídos de China. Todo esto explica por qué en los últimos siete años, según el consultor de la Asociación de Autoridades Locales de México. A.C., Miguel Ángel Juárez Franco se han producido 75,000 ejecuciones, quedando 50,000 niños huérfanos.
En estimación de Juárez Franco, durante la gestión del actual presidente Enrique Peña Nieto la violencia no ha bajado y actualmente ocurren 34 asesinatos por día sin que el Estado sea capaz de elaborar un plan estructural y no solamente institucional para combatir el crimen organizado y garantizar la seguridad ciudadana. Todo queda en retórica y promesas, la opinión general es que no hay ningún intento bien pensado y estructurado para retornar el país al sendero de la paz y tranquilidad. El potencial económico de México lo permite hacer, faltan la voluntad del gobierno y la decisión del pueblo.
Fuente: http://sp.rian.ru/opinion_analysis/20130719/157585655.html


domingo, 28 de julio de 2013

La sociedad desnuda

Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-07-2013




En la dictadura estábamos todos fichados. En este remedo de democracia no estamos fichados, estamos registrados. En aquel entonces nadie se llamaba a engaño. Ya sabíamos todos cómo se las gastaba el régimen con quienes nos negábamos a comul­gar con ruedas de molino. Era una sociedad hermética mane­jada por un gobierno despótico. Hoy, sin embargo, vivimos tiempos felices en una sociedad desnuda amparada además por la pomposa Protección de Datos. Eso se nos asegura inmedia­tamente cuando entramos en contacto con cualquier corpora­ción pública o privada. Es por nuestra seguridad, no por la suya, ya blindada...
Y sin embargo, nunca nos hemos sentido tan desprotegidos, tan desamparados. Sabemos positivamente que tienen todos nuestros datos, que estamos "registrados", y que quien no los tiene, con un chasquido de dedos los consigue. Sabemos que nos engañan los políticos y las compañías eléctricas y las ope­radoras telefónicas y las ofertas... Nunca hemos vivido tan des­confiados con la sensación permanente de que nos quieren en­gañar y de que nos engañan efectivamente.
¿Para qué sirve, a quién sirve la famosa protección? ¿Qué ga­rantía tenemos de que quienes saben de nosotros hasta lo que ni nosotros mismos sabemos, no terminan abusando gravemente de nosotros, de nuestros escuálidos bolsillos, y de nuestra inti­midad e identidad? ¿Con qué derecho nos despiertan o nos sa­can de la ducha cuando quieren? En otros tiempos todo era previsible. Hoy todo es imprevisible. Sin embargo, y he aquí la paradoja, cualquier cosa, por espantosa o absurda que sea aca­bamos viéndola normal. Desapareció por arte de ensalmo ¡qué triste, qué desengaño! la capacidad de asombro...
Esta sociedad se ha desnudado por completo. Todos hacemos fotografía de cuanto se nos antoja; todo el mundo cuenta su vida y pocos no piensan en vender sus miserias o las de otros con quienes compartieron mesa. Se exhibe lo que en otro tiempo fue un oprobio. Ya no hay motivos para avergonzarse de nada: se cotiza la aberración. Es más, se hace alarde de la desvergūenza y burla del pudor. Apropiarse del dinero público es un oficio de postín y pasar un corto espacio de tiempo en la cárcel da lustre. Los valores humanos y sociales están inverti­dos. Por eso todo anda mangas por hombro. Por eso se vota masivamente en las urnas al indigno. Por eso se hace también tanto hin­capié en la espontánea solidaridad de los pueblos. Como si se conociera algún pueblo insolidario. Los poderes institucionales aprovechan cualquier ocasión para redimirse a sí mismos de su propia inhumanidad, su estolidez y su malicia, a costa de las virtudes universales de toda sociedad humana...
Y todo, efecto de la libertad que todo el mundo reclama para sí y coarta a los demás. La virtud, es decir los rasgos de la ex­celencia, a nadie interesa pese a que esos sectores de la socie­dad estupenda reclaman una ética incompatible con un sistema depravado. Esa sociedad estupenda no pierde ocasión de invo­car unos valores humanos y sociales que en el fondo todo aquel que mide y pesa desprecia a no ser para sacar provecho de la sensibilidad de quienes todavía ingenuamente los conservan.
Esta sociedad es una monumento a la contradicción. contra­dicciones que condenan a un sistema que simula velar por to­dos pero sólo favorece a unos pocos, justo a los que carecen de todo escrúpulo. No sabe a dónde va. Lo dicho anteriormente lo evidencia. Pero también en otro orden de cosas más alejadas de los ridículos y casi pueriles engaños que debemos digerir. Por ejemplo, se expulsa de su casa a millones por avatares del mercado, del empleo o de jugadas de casino mientras millones de viviendas envejecen vacías. Por ejemplo, se obliga a parir a quien quiere abortar, y se satisface por otro lado el capricho de aquellas a quienes su naturaleza les niega la maternidad aunque carezcan de recursos para socorrer al nasciturus. Por ejemplo, se desampara a tantas mujeres que han de prostituirse para ali­mentar a su hijo, porque ningún estamento les ayuda. Se envían fondos millonarios a países del tercer mundo y se dice que no hay recursos para el tercer mundo que habita entre nosotros y a duras penas sobrevive. Se impide o dificulta el trance de morir dignamente a quien lo desea, y se mata a quien desea conservar la vida pero no puede pagarse la cirugía que precisa... Por ejemplo, se instiga con amenazas pecuniarias a los conductores de transporte público a transgredir la seguridad, o se investigan con denuedo lo meridiano y se cierran inmediatamente investi­gaciones sobre lo oscuro haciéndolo todavía más opacos... Se nos vende a manos llenas libertad, seguridad y protección pero nunca, desde que tenemos uso de razón, hemos tenido tanto miedo a perder nuestro trabajo, nuestro subsidio, nuestra esta­bilidad o a quien amamos.
Todo emanado de la necedad superlativa de una sociedad que se jacta de inteligente, de racional y de superior en la que nunca nos hemos sentido más desprotegidos por el Estado y por las instituciones, y nunca nos hemos visto en resumen más desnu­dos...
Jaime Richart. Antropólogo y jurista
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Bajo la atenta mirada de la NSA y el FBI

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Democracy Now!


Estamos a pocas semanas de que se cumpla el quincuagésimo aniversario de la Marcha Sobre Washington por el trabajo y la libertad de 1963, fecha en que se conmemora la histórica concentración en que Martin Luther King Jr. pronunció su famoso discurso “Tengo un sueño”. Mientras se aproxima esa fecha, es importante recordar hasta qué punto King estaba en la mira del aparato de espionaje interno del gobierno. La operación del FBI contra King constituye uno de los episodios más vergonzosos de la larga historia de persecución de disidentes llevada a cabo por nuestro gobierno.

Cincuenta años después de aquella histórica marcha, Edward Snowden decidió correr un gran riesgo al exponer el alcance a nivel mundial de los programas de espionaje supervisados por el Presidente Barack Obama. Lo que reveló sigue provocando indignación y críticas hacia Estados Unidos en casi todos los rincones del mundo.

En un memorando clasificado del FBI, emitido el 4 de enero de 1956 —poco más de un mes después de que Rosa Parks fuera arrestada por negarse a ceder su asiento de autobús a un pasajero blanco—, la oficina del FBI de Mobile, Alabama, afirmó que un agente “había sido asignado para averiguar todo lo que pudiera sobre el Reverendo Martin L King, ministro de color de Montgomery y líder de los boicot a los autobuses… para revelar toda la información negativa que se pudiera respecto a King”.

En aquel momento, el FBI era dirigido por su director fundador, J Edgar Hoover, que hacía uso de los vastos recursos que controlaba contra todo aquel que considerara crítico de Estados Unidos. La operación clandestina de espionaje, infiltración y desbaratamiento de amplio alcance que llevó a cabo Hoover recibió el nombre de “COINTELPRO”, sigla que proviene del término “programa de contrainteligencia”.

Las actividades del programa COINTELPRO del FBI, así como operaciones ilegales llevadas a cabo por agencias como la CIA, fueron investigadas en profundidad en 1975 por el Comité Church, que estaba presidido por el senador demócrata de Idaho Frank Church. El comité informó que el FBI “llevó a cabo sofisticadas operaciones de vigilancia con el objetivo de impedir de manera directa el ejercicio de los derechos de libertad de expresión y asociación que establece la primera enmienda de la Constitución". Entre las malintencionadas actividades del COINTELPRO estuvo el intento del FBI de amedrentar a Martin Luther King Jr con la amenaza de dejar al descubierto un presunto romance extramatrimonial, intento que incluyó la sugerencia por parte del FBI hacia King de evitar la vergüenza quitándose la vida.

Tras el informe del Comité Church, el Congreso impuso severas limitaciones al FBI y a otros organismos de inteligencia, las cuales restringieron el espionaje a nivel nacional. Entre estos cambios, figura la aprobación de la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA, por su sigla en inglés). La Ley FISA obligó al FBI y a otras estructuras del gobierno a recurrir a un tribunal secreto, el Tribunal de Vigilancia de Inteligencia Extranjera, para poder intervenir líneas telefónicas dentro del territorio nacional.

Luego tuvieron lugar los ataques del 11 de Septiembre de 2001 y la aprobación de la Ley Patriota, que otorgó amplios nuevos poderes de espionaje a las agencias de inteligencia, entre ellas, el FBI. El artículo 215 de esa ley ha sido muy criticado, en primer lugar, por permitir al FBI obtener registros de los libros que las personas llevan en préstamo de las bibliotecas. Sin embargo, actualmente, a más de 10 años de la aprobación de la ley y gracias a la información filtrada por Snowden, podemos observar que el gobierno ha utilizado la Ley Patriota para llevar a cabo operaciones de intervención de todas las comunicaciones electrónicas, entre ellas, los “metadatos” telefónicos, que pueden ser analizados de forma tal que revelen datos íntimos de nuestra vida. Sin dudas, estamos ante la legalización de un sistema de vigilancia total verdaderamente orwelliano.

En lo que se ha considerado una prueba de fuego para la posibilidad de reducir los programas de espionaje interno del gobierno de Obama, una coalición bipartidaria de republicanos libertarios y demócratas progresistas presentó una propuesta de enmienda al más reciente proyecto de ley de autorización de defensa. Justin Amash, republicano, y John Conyers, demócrata, ambos de Michigan, impulsaron conjuntamente la enmienda, que habría impedido que la NSA obtuviera financiamiento para recopilar los registros telefónicos y datos de personas que no se encuentran bajo investigación.

La casa Blanca se tomó en serio la posibilidad de que su facultad de espiar pudiera verse limitada por el Congreso. En la víspera del debate sobre la enmienda Amash/Conyers, el Director General de la NSA, Keith B. Alexander, el Director Nacional de Inteligencia, James Clapper, y miembros de la línea dura de los comités de inteligencia del Congreso ejercieron presión sobre miembros de la Cámara de Representantes.

Finalmente, la enmienda fue derrotada por un estrecho margen. Un proyecto de ley que, de manera similar a la enmienda Amash/Conyers, dejaría sin efecto el programa de la NSA se encuentra actualmente en tratamiento en comisiones.

Gracias a Edward Snowden y a los periodistas que redactan noticias basadas en sus denuncias, sabemos hoy que el gobierno de Obama recopila grandes cantidades de nuestra información. Martin Luther King Jr fue un disidente, un líder social y un crítico de las guerras de Estados Unidos en el extranjero y de la pobreza y el racismo en su país. Lo espiaron, y su tarea se vio afectada por el gobierno federal.

El quincuagésimo aniversario de la Marcha sobre Washington es el 28 de agosto. Profundamente consternado por la represión de la disidencia que tiene lugar bajo el gobierno de Obama, el académico Cornel West, profesor de Filosofía y Estudios sobre religión en Nueva York, se pregunta: “¿Saben que habrá una marcha en agosto, no? Y lo irónico es que el Hermano Martin [Luther King] no estará invitado a la marcha en su honor porque hablaría de los aviones teledirigidos, hablaría de los delincuentes que están al frente de Wall Street, hablaría de la clase trabajadora, empujada a la marginalidad mientras que las ganancias van a parar a los bolsillos de los ejecutivos de las grandes empresas. Hablaría del legado de la supremacía blanca. ¿Piensan que los que van a ir a la marcha hablarán de los aviones teledirigidos? ¿O del presidente teledirigido? ¿Piensan que los que van a ir a la marcha hablarán de los vínculos con Wall Street? Permítannos decir la verdad, salir del escenario montado por Obama y decir: ’¿Saben qué? Nos enfrentamos a delincuentes allá arriba y acá abajo. Basta de hipocresía. Dejemos al descubierto la deshonestidad y seamos leales al legado del hermano King’”.

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
© 2013 Amy Goodman

Texto en inglés traducido por Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 750 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 400 en español. Es co-autora del libro "Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

Fuente: http://www.democracynow.org/es/blog/2013/7/26/bajo_la_atenta_mirada_de_la_nsa_y_el_fbi

Declaraciones de Noam Chomsky en la ciudad suiza de Ginebra "EEUU no es neutral en proceso de paz palestino-israelí"

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HispanTV


El prominente activista estadunidense pro derechos civiles Noam Chomsky cree que Washington no podría actuar como mediador en las negociaciones de paz israelí-palestino, ya que no es neutral.

Durante una conferencia celebrada este viernes en la ciudad suiza de Ginebra, Chomsky ha estimado que las conversaciones entre israelíes y palestinos, auspiciadas por EE.UU., probablemente no conducen a un buen resultado.

Además, al decir que Europa "sigue constantemente la postura de EE.UU.", ha criticado a los países del continente viejo por haber adoptado las mismas posiciones políticas de la Casa Blanca que favorecen al régimen israelí.

Sin embargo, no ha descartado que Europa pueda ejercer un papel útil en el proceso de paz si desarrolla una política independiente en el Oriente Medio.

"Es difícil ser optimista, pero Europa podría desempeñar un papel", ha dicho Chomsky agregando que "no hay ninguna razón de que Europa apoye los asentamientos ilegales" del régimen de Tel Aviv en los territorios ocupados palestinos.

El viernes pasado, el secretario de Estado de EE.UU., John Kerry, dijo que las autoridades palestinas y del régimen de Israel han “sentado las bases” para retomar los diálogos de paz.

Sin embargo, sigue persistiendo el pesimismo sobre la posibilidad de que las negociaciones puedan marcar algún avance dado que el régimen de Tel Aviv sigue con sus políticas expansionistas en los territorios ocupados.

La colonización es el principal punto de bloqueo del proceso de paz entre el régimen israelí y los palestinos. El Estado palestino exige que se congele totalmente la colonización y que el régimen de Tel Aviv se refiera a las fronteras antes de que este régimen ocupara en 1967 Cisjordania, Gaza y Al-Quds (Jerusalén Este); una reclamación rechazada por las autoridades israelíes.

La comunidad internacional considera ilegales todas las colonias en los territorios palestinos ocupados, independientemente de si han sido o no autorizadas por el régimen israelí. Más de 360.000 colonos israelíes viven en Cisjordania y cerca de 200.000 en las zonas de colonización de Al-Quds. 

Fuente: http://hispantv.com/detail/2013/07/27/234436/eeuu-neutral-proceso-paz-palestino-israeli

La revolución energética cubana

Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-07-2013


Casi desapercibida por el público, pero tam­bién por los expertos en energía de Alema­nia, se llevó a cabo en Cuba una revolución energética que, en ciertos aspectos, va más lejos que la transición energética alemana. En el año 2005, el presidente cubano Fidel Castro proclamó la “revolución energética“, que incluía medidas de largo alcance: 2,5 millones de refrigeradores fueron reemplazados por refrigeradores más eficientes, mediante un programa del gobierno. El abandono de los bombillos incandescentes a favor de lámpa­ras fluorescentes compactas (CFL) también se hizo 5 años antes que en Alemania y en la Unión Europea, y la conversión fue global.

En octubre de 2012, Büro Ö-quadrat llevó a cabo un proyecto propio en Cuba para investi­gar los resultados de la revolución energética cubana. Para esto, Dieter Seifried (Büro Ö-quadrat) conversó con varias organizaciones y recogió informaciones in situ. Incluso antes de la revolución energética cubana, en el marco del estudio financiado por el BMU “Sustainable Energy Policy Concepts (2002)”, Dieter Seifried había propuesto al gobierno cubano realizar un cambio de los aparatos de refrigeración. En otro proyecto en el 2004, se le ofreció al gobierno cubano hacerse cargo, además de la sustitución de refrigeradores, de su financia­ción por medio de un proyecto de contratación. En este caso, el costo de los refrigeradores de alta eficiencia se habría compensado por el ahorro efectuado en las importaciones de petróleo crudo.
La revolución energética ignorada
1. Mejora de la eficiencia energética en los hogares y las empresas mediante la sustitución de los electrodomésticos ineficientes. Al mismo tiempo, reemplazo de los equipos de cocción que utilizaban queroseno y gas licuado por hornillas eléctricas
2. Complemento de las grandes centrales eléctricas con plantas distribuidas y mejora de las redes de transmisión y distribución
3. Desarrollo de energías renovables
4. Aumento de la exploración y producción de fuentes propias de energía fósil
5. Aumento de la cooperación internacional
6. Sensibilización de la población
Casi desapercibida por el público, pero tam­bién por los expertos en energía de Alema­nia, se llevó a cabo en Cuba una revolución energética que, en ciertos aspectos, va más lejos que la transición energética alemana. En el año 2005, el presidente cubano Fidel Castro proclamó la “revolución energética“, que incluía medidas de largo alcance: 2,5 millones de refrigeradores fueron reemplazados por refrigeradores más eficientes, mediante un programa del gobierno. El abandono de los bombillos incandescentes a favor de lámpa­ras fluorescentes compactas (CFL) también se hizo 5 años antes que en Alemania y en la Unión Europea, y la conversión fue global.
También se operó un cambio sorprendente y fundamental: mientras que anteriormente el suministro de energía eléctrica se basaba, en Cuba - como en todos los países de economía planificada 1 - en grandes plantas eléctricas centrales, durante la revolución energética se invirtió en centrales eléctricas descentra­lizadas. Este cambio liberó el camino para un mayor desarrollo de las energías renovables, que dentro de un sistema energético planea­do centralmente tenían pocas posibilidades de ser implementadas.

La motivación para este amplio programa de renovación fue, en Cuba, mucho menos la lucha contra el cambio climático que la necesidad técnica y económica: por causa del envejecimiento y del mal mantenimiento de las centrales y redes eléctricas, así como del impacto de dos huracanes, en los años 2004 y 2005 casi todos los días había cortes de energía en una gran parte del país. Sólo en el 2005, hubo no menos de 224 días con apagones extensos de duración superior a una hora, que paralizaron la industria y los ho­gares 2. Con la revolución energética, los cortes de energía causados por la falta de capacidad de generación pudieron evitarse por completo en el 2007.
Las transformaciones en el plano técnico fueron apoyadas por medidas de acompaña­miento que también podrían ser interesantes para Alemania y otros países: los electrodo­mésticos ineficientes fueron reemplazados por equipos más eficientes, y en paralelo se ajustaron las tarifas eléctricas dentro de una estructura tarifaria progresiva para que los grandes consumidores tengan que pagar mu­cho más. Además, la compra de electrodomés­ticos eficientes ha sido apoyada mediante los llamados créditos sociales. Créditos sociales porque sus condiciones, tales como la tasa de interés y el plazo de amortización, se ajusta­ron a los ingresos y a la capacidad de pago de los hogares.
La revolución energética cubana puede ser ca­racterizada por seis componentes principales (véase la página 2). La siguiente presentación se concentra en los dos primeros componen­tes. Los otros puntos sólo se mencionan y desarrollan según se considere necesario para la comprensión del proceso en su conjunto.
El siguiente informe se basa en un análisis del Büro Ö-quadrat. Para la adquisición de datos, Dieter Seifried realizó entrevistas con diversas personas y organizaciones in situ.
La sustitución de los electrodomésticos ineficientes
La revolución energética cubana comenzó en julio del 2005 con un amplio programa de sustitución de bombillos. En menos de un año, trabajadores sociales y estudiantes voluntarios consiguieron reemplazar más de nueve millones de bombillos incandescentes en los hogares por lámparas fluorescentes compactas (bombillos ahorradores). Supo­niendo que en los 3,3 millones de hogares cubanos están prendidos dos bombillos de 60 watts por hogar durante un promedio de tres horas diarias, se calcula un ahorro anual de 354 millones de kWh, lo que equivale a unos 3 a 4% de la totalidad de electricidad consumi­da en Cuba.
Como los bombillos ahorradores tienen una vida útil alrededor de diez veces superior a la de los bombillos incandescentes, el costo de inversión para estos bombillos de bajo consumo es inferior al costo de diez veces más bombillos incandescentes. Los costos sociales asociados con la carga de trabajo de los trabajadores sociales y los estudiantes para intercambiar los bombillos no se tienen en cuenta aquí. Se puede admitir, en una primera aproximación, que el intercambio de bombillos no produjo ningún costo adicional para la economía nacional. Dado que los cos­tos variables de generación eléctrica en Cuba son, considerando el precio actual del petróleo crudo en el mercado internacional, de unos 20 céntimos de euro 5, se podrían ahorrar anualmente cerca de 71 millones de euros en los costos de producción de electricidad, sólo gracias al ahorro de energía que permite esta medida. Este simple cálculo no toma en cuen­ta que por el ahorro de energía además se reducen las pérdidas en las redes, el impacto sobre el medio ambiente de las emisiones de las plantas eléctricas y los costos ocasionados por la extensión del parque energético.
Actualmente en Cuba se está considerando sustituir las CFL por lámparas LED. Debido a la mayor vida útil de las LEDs y a la mayor emisión de luz por watt, también esta medida de ahorro de energía vale la pena en términos económicos.
Además de los bombillos también se cambia­ron los ventiladores remendados por equipos más eficientes. Según la Unión Eléctrica (UNE), el proveedor nacional de energía, 1,04 millones de equipos fueron reemplazados. Mientras que 30 a 40 watts son suficientes para un ventilador razonablemente eficaz, muchos equipos arreglados en casa necesi­taban más de 100 watts para funcionar. Si se considera un uso de 1 000 horas al año por hogar, el intercambio permite un ahorro anual de aproximadamente 60 millones de kilowatts-hora. La inversión inicial de unos 10 millones de euros debe compararse a un ahorro anual de unos 12 millones de euros.
Los mayores consumidores de energía en los hogares cubanos eran los refrigeradores anticuados. El consumo medio anual de elec­tricidad de una vivienda cubana era de 1 668
Créditos sociales en Cuba
Para posibilitar la compra de electrodomés­ticos eficientes, en el marco de la revolución energética los hogares cubanos tuvieron acceso a un programa de créditos que se creó específicamente para esta revolución energé­tica, y que se caracteriza por el hecho de que los términos del crédito, tales como la tasa de interés y el plazo de amortización se ajustaron a la capacidad del prestatario.
Los cubanos han financiado un total de 4,6 millones de artículos de un valor total de 9 mil millones de pesos mediante este progra­ma de créditos. La „Banca Cubana” ha acorda­do los términos de crédito siguientes: Para un ingreso mensual de hasta 225 pesos cubanos se ofrecía una tasa anual de 2% con un plazo de amortización de 10 años.
Las condiciones para el prestatario se vuelven menos favorables a medida que suben sus ingresos (véase la Tabla 5). A partir de un ingreso mensual de 1 801 CUP ya no se otorga­ban más créditos
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El informe completo tiene 36 páginas y puede bajarse en formato pdf desde el siguiente enlace http://www.oe2.de/referenzprojekte/la-revolucion-energetica-cubana/?L=2
 Fuente: http://www.ecoportal.net/Temas_Especiales/Energias/La_revolucion_energetica_cubana?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+NoticiasDeEcoportal+%28Ecoportal.net%29

Explotación y lucha de clases

Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-07-2013



Algunas observaciones al hilo del debate suscitado por los artículos de Pablo Iglesias y el Nega y, sobre todo, a raíz de otro artículo en torno a la misma cuestión publicado por John Brown en Rebelión.

En su artículo titulado “Sobre esencias, relaciones y lucha de clase”, John Brown critica a Pablo Iglesias y al Nega por tener una visión premarxista de las clases sociales, esto es, por dar prioridad a las clases sociales concebidas como sujetos sobre la propia lucha de clases que las constituye como tales. Para Brown, “la causa que hace que existan las clases es la división esencial de la sociedad de clases entre quienes se apropian de los medios de producción y la riqueza y quienes se ven expropiados de ellos”. El problema es que no es lo mismo apropiarse de los medios de producción que de la riqueza. Hace ya tiempo que estos dos elementos quedaron disociados del tándem que seguramente representaron durante el primer capitalismo industrial del siglo XIX. En la actualidad, y desde la aparición del fordismo y el advenimiento de la sociedad de consumo, sabemos que uno puede ser dueño de los medios de producción sin poseer excesiva riqueza -pequeños emprendedores, gente que trata de abrir su propio negocio- y, del mismo modo, uno puede no ser dueño de los medios de producción –y, por tanto, trabajador asalariado- y poseer una riqueza considerable. Con respecto a este último supuesto, el ejemplo más simple que se me ocurre, y que ya he visto utilizado por ahí en alguna otra ocasión, es el de un futbolista como Cristiano Ronaldo: desde el punto de vista de su posición con respecto a los medios de producción, Cristiano es, evidentemente, un proletario, porque no es el dueño de éstos y se ve “obligado” a vender su “fuerza de trabajo” para ganarse la vida. Sin embargo, incluso a los marxistas más ortodoxos les costaría catalogar a Cristiano Ronaldo como un “obrero”.
He aquí una demostración más de que la visión unidimensional de la estratificación social planteada por Marx se queda algo corta a la hora de analizar las nuevas realidades sociales. Y digo corta y no obsoleta porque, en algunos casos, la posición objetiva con respecto a los medios de producción todavía puede seguir siendo útil a la hora de determinar el estatus social de los individuos y su capacidad para apropiarse de la riqueza. Sin embargo, ya no en todos los casos. Y este fue uno de los fallos fundamentales de Marx: en sus predicciones, el alemán fue incapaz de aventurar la aparición de la sociedad de consumo. Marx siempre pensó que era imposible que los salarios subieran más allá del nivel de subsistencia y, por ello, relacionó directamente la posibilidad de apropiarse de la riqueza con la posición de los individuos con respecto a los medios de producción. Si bien suele hacerse hincapié en que la división de clases planteada por Marx hace referencia precisamente a esta posición objetiva con respecto a los medios de producción, y no tanto a las desigualdades económicas medidas en bases al nivel de renta, es bastante probable que esto se debiera a que para él fue imposible concebir, dentro del capitalismo, otra forma de apropiarse de una cantidad de riqueza sustancial que no fuera la de ser el dueño de los medios de producción.
En cualquiera caso, queda demostrado que realizar una lectura unidimensional de la estratificación social basada única y exclusivamente en el criterio de si un individuo es o no dueño de los medios de producción es insuficiente para llegar a comprender correctamente el contexto actual y que, del mismo modo, resulta como poco temerario y simplista emparejar dos elementos como riqueza y medios de producción. No menos problemas nos plantea el identificar –tal y como hace Brown- como nueva y única expresión del proletariado a la igualmente genérica “multitud explotada”. Y esto porque el concepto de explotación, lejos de ser algo unívoco y universal, plantea de nuevo ulteriores disquisiciones. Así, dependiendo de cómo definamos dicha explotación, obtendremos como resultado una determinada estratificación social u otra, lo que hace imposible dejar zanjada la discusión sin analizar previamente aquello que entendemos por explotación. Con su afirmación, Brown piensa haber cuadrado el círculo proletario, sin darse cuenta de que es precisamente la propia definición del concepto de explotación la que se encuentra sometida a debate en la pugna analítica entre posmodernistas y ortodoxos.
CONSIDERACIONES ACERCA DEL CONCEPTO DE EXPLOTACIÓN
Llegados a este punto, resulta esencial realizar una distinción entre el concepto originario de explotación y su versión más actualizada. Al hacerlo, trataré de explicar cuales son las diferencias fundamentales entre estas dos interpretaciones del concepto de explotación y por qué considero que la adopción de una u otra como premisa de un análisis de la estratificación social determina, en última instancia, configuraciones muy dispares, incluso irreconciliables, del proletariado como clase social, al mismo tiempo que influye de manera capital en las posibles estrategias de acción colectiva dentro de la lucha de clases.
Concepto originario
El concepto originario de explotación fue formulado por Karl Marx en su teoría homónima. Ésta, a su vez, se fundamenta principalmente en la teoría del valor-trabajo, también postulada por el alemán. En resumen, y de manera bastante simplificada, la teoría del valor-trabajo de Marx dice lo siguiente: el valor de un determinado artículo o mercancía viene determinado por la cantidad de trabajo –medida en tiempo- socialmente necesario para su producción. Aceptada esta premisa, la teoría de la explotación de Marx no es más que el fruto de una deducción lógica: dado que el valor de una mercancía depende exclusivamente del trabajo que fue necesario para producirla, y dado también que –en el sistema capitalista- el empresario paga al trabajador un salario que es siempre inferior al precio final de venta de la mercancía en cuestión, resulta evidente que existe una parte del trabajo que el trabajador realiza que queda sin remunerar; la diferencia entre el precio final de venta de la mercancía y el salario del trabajador, es decir, el beneficio del empresario, es lo que Marx denomina plusvalía o plusvalor, y representa para él el valor de esa parte del trabajo que el empresario no remunera al asalariado. En otras palabras, el capitalista nunca remunera al trabajador el equivalente al fruto íntegro de su trabajo, sino que se apropia una parte como beneficio, y en esto reside precisamente la naturaleza explotadora del capitalismo como sistema económico.
Independientemente de que se considere que la teoría de la explotación de Marx –y por consiguiente su teoría del valor-trabajo- es correcta o no, resulta muy interesante apreciar que en su formulación el alemán no hace referencia ni tiene en consideración en ningún momento ningún tipo de condiciones laborales concretas. No dudo que Marx tuviera muy presentes las terribles condiciones laborales de los obreros del siglo XIX a la hora de elaborar su teoría, pero lo cierto es que ésta no se legitima en ningún momento en una valoración moral personal del autor con respecto a como deberían ser las condiciones laborales del trabajador asalariado. Por el contrario, la injusticia en la que, según Marx, incurre irremisiblemente el capitalismo como sistema económico es radical, de raíz, y reside en el hecho, insoslayable una vez aceptada como premisa la teoría del valor-trabajo, de que al trabajador se le hurta una parte del fruto de su trabajo. No debemos olvidar nunca que, si bien Marx nunca negó que la finalidad de sus teorías debía ser la transformación de la sociedad y no su mero estudio o comprensión, sus análisis siempre tuvieron la pretensión de ser científicos. Así, la teoría de la explotación de Marx trata de ofrecer una explicación científica e irrebatible del fenómeno de la explotación, alejándose de valoraciones morales e inevitablemente subjetivas de unas determinadas condiciones laborales.
En definitiva, desde el punto de vista de un análisis marxista ortodoxo, no importa lo elevado que sea el salario de un trabajador ni tampoco lo buenas que sean sus condiciones laborales, ya que siempre y cuando el capitalista sea el dueño de los medios de producción y pague al trabajador una cantidad inferior al fruto íntegro de su trabajo, existirá explotación. Y esto independientemente del nivel salarial. Es decir –y sin pretender ser matemáticamente exhaustivo-, igual de explotado está un trabajado que percibe 500 euros cuando el fruto de su trabajo son 1000 euros, que uno que percibe 3000 euros cuando el fruto de su trabajo son 4000. No importa que el primero no tenga casi para vivir y el segundo pueda hacerlo holgadamente, porque ambas situaciones son igual de injustas. Es más, según este razonamiento, podría darse el caso de que un trabajador percibiera un salario inferior al de subsistencia y, sin embargo, no se encontrara en una situación de explotación, siempre y cuando ese salario fuese equivalente al fruto íntegro de su trabajo (soy consciente de que, como he dicho antes, Marx nunca previó que los salarios pudieran subir por encima del nivel de subsistencia, pero mi intención es hacer ver que siguiendo el razonamiento de su teoría de la explotación hasta las últimas consecuencias, resulta evidente que la explotación no hace referencia a ningún tipo de situación laboral o contractual concreta dentro del espectro del trabajo asalariado).
Por tanto, es posible decir que, según la teoría de Marx, la explotación es algo intrínseco al propio trabajo asalariado. Como ya hemos comentado, la injusticia del capitalismo reside precisamente en que al trabajador no se le remunera el fruto íntegro de su trabajo, y esto, siempre que el trabajo siga siendo asalariado, no es algo que se pueda resolver simplemente mediante un cierto tipo de regulación laboral o mediante la imposición de salarios mínimos. La única manera de eliminar la explotación es la socialización de los medios de producción, y ésta es también, por ende, la única manera de vencer en la lucha de clases.
Concepto actual
Sin embargo la idea actual de explotación presenta una serie de diferencias fundamentales con respecto al concepto originario elaborado por Marx. En primer lugar, resulta evidente que la explotación tal y como se entiende en la actualidad hace referencia a unas condiciones laborales determinadas. Se trata, por tanto, de un concepto ligado a una situación contractual concreta -muy en la línea del concepto de precariado elaborado por Negri- y que, precisamente por ello, acepta el trabajo asalariado como hecho dado. Así, la explotación en este caso no se entiende como algo intrínseco a la economía capitalista en su conjunto, sino que se refiere a una serie de situaciones laborales consideradas como particularmente desfavorables y precarias para los trabajadores. Desde este punto de vista, es posible afirmar que puede existir el trabajo asalariado sin explotación y que, por tanto, ésta no es una cuestión esencial sino de grado. Dentro del ámbito del trabajo asalariado encontraremos situaciones laborales que caracterizaremos como de explotación, y otras que no. Solemos decir así que gran parte de los trabajadores de los países en vías de desarrollo que trabajan en las denominadas fábricas de sudor se encuentran en una clara situación de explotación, y lo mismo hacemos con aquellas situaciones laborales más precarias que se dan dentro de nuestras propias fronteras; por el contrario, no es habitual que consideremos a un futbolista famoso o a un alto directivo de una multinacional como trabajadores explotados, si bien es cierto que ambos sigue sin ser los dueños de los medios de producción y, por tanto, siguen siendo trabajadores asalariados.
La explotación queda así profundamente ligada a las condiciones laborales en las que tiene lugar el trabajo asalariado y no al propio trabajo asalariado en sí, lo que nos lleva a la segunda diferencia fundamental que el concepto actual de explotación presenta con respecto al concepto originario: mientras este último hacía referencia a una situación objetiva con respecto a los medios de producción, el primero introduce un significativo componente de subjetividad en el análisis, que hace difícil trazar una frontera clara entre qué sea explotación y qué no. El concepto originario de explotación no dejaba lugar a la duda; todo trabajador asalariado se encuentra en una situación de explotación, y esto es algo innegable una vez aceptada la premisa del valor-trabajo. Por muy simplista y equivocada que pueda parecernos, la teoría de la explotación de Marx al menos nos ofrece un criterio claro y objetivo para definir y concretar quienes sean los miembros de esa “multitud explotada”. Lejos de conceptos meramente contractuales como el de “precariado” de Negri, y lejos también de su difusa e irrepresentable idea de “multitud”, el proletariado de Marx es claro e identificable. Y el escollo de que en la actualidad la aplicación rigurosa de sus razonamientos nos lleve a tener que establecer conclusiones aparentemente contradictorias como, por ejemplo, la de que Cristiano Ronaldo es un proletario no puede salvarse simplemente aludiendo a una lectura demasiado canónica y ortodoxa de sus postulados. Se puede defender, y con razón, que Marx debe ser leído a la luz de los nuevos acontecimientos, y no como si de una Biblia se tratara, pero un enfoque más heterodoxo no puede, en cualquier caso, eludir la cuestión de la teoría de la explotación y su validez. La teoría elaborada por Marx es fundamental a la hora de definir la naturaleza explotadora del capitalismo como sistema económico, y dado que ésta es una lectura que ha trascendido hasta nuestros días, cualquiera que quiera seguir definiendo al capitalismo como un sistema explotador y que desee hacerlo otorgando cierta validez científica a sus argumentos debe enfrentarse al dilema de la teoría de la explotación.
En definitiva, o se acepta como válida la teoría de la explotación de Marx –y por consiguiente su teoría del valor-trabajo-, en cuyo caso todo trabajo asalariado es explotación por definición, o uno queda atrapado en el limbo de esa multitud explotada genérica e irrepresentable que, como tal, puede querer decir todo y nada a la vez. Pero lo que no se puede hacer es afirmar a la ligera que el capitalismo es un sistema económico basado en la explotación y que es esa misma explotación la que por ende termina definiendo al proletariado como clase sin explicar claramente qué es lo que uno entiende por explotación y cómo ésta se legitima científicamente. Lo que no se puede hacer es aceptar capitalismo=explotación como un axioma casi irrefutable sin tener en cuenta dónde reside argumentativamente dicha naturaleza explotadora, para luego pasar a criticar análisis marxistas más ortodoxos por no ser capaces de entender plenamente las nuevas realidades sociales. Marx pudo ser simplista o estar equivocado, pero al menos hizo un esfuerzo intelectual por ofrecernos una explicación científica y objetiva del concepto de explotación que fuera más allá de meras valoraciones subjetivas sobre las pésimas condiciones laborales de los trabajadores de su época.
Las lecturas actuales del concepto de explotación adolecen, bajo mi punto de vista, precisamente de esta falta de coherencia. En un intento por defender y readaptar a Marx a las nuevas realidades, parecen querer olvidar dónde residía para el alemán la naturaleza explotadora del capitalismo, despojando al concepto de explotación de toda su objetividad para sumirlo en un mar de valoraciones subjetivas y difusas. Al contrario de lo que sostiene Brown, no es cierto que los de abajo siempre hayan sido precarios e irrepresentables y, aunque lo fuera, no se puede pasar por alto el hecho de que, si bien puede que la precariedad haya sido un rasgo propio del proletariado como clase expropiada, no es ésta la que lo define y lo constituye. El proletariado puede además ser precario, pero no es aquí donde reside su esencia, sino en su condición de sujeto explotado. Y es precisamente por esto que resulta tan importante definir previamente el concepto de explotación, porque de él depende directamente la posterior configuración del proletariado como clase. Pretender zanjar el debate haciendo alusión a una genérica multitud explotada es no haber comprendido la esencia de la discusión, que reside precisamente en delimitar quiénes son los explotados y quiénes los explotadores y, por tanto, qué es explotación y qué no y cómo se legitima nuestra posición al respecto.
Estrategias de acción colectiva
Finalmente, deseo concluir realizando un último apunte sobre las posibles estrategias de acción colectiva dentro de la denominada lucha de clases. Brown concluye su artículo afirmando que lo importante no es tanto definir quién pertenece o deja de pertenecer al proletariado, sino llegar a determinar lo que el llama “posiciones efectivas” que permitan resistir y vencer en la lucha de clases. Mi posición al respecto es parecida a la ya expresada en torno al concepto de explotación. Brown, como muchos, piensa que más importante que perder el tiempo en fútiles debates terminológicos –cosa que según él debe ser una actividad propia de profesores y sociólogos- es pasar directamente a tratar de elaborar posibles estrategias de acción colectiva que nos permitan vencer en la lucha de clases y cambiar la correlación de fuerzas. Menos pensamiento y más acción, es lo que parece estar diciéndonos. Sin embargo, en su arenga parece estar olvidando el pequeño detalle de que dichas estrategias de acción colectiva no son algo independiente y disociable de una determinada configuración del proletariado como clase social, sino que dependen fundamentalmente de ésta. Las clases sociales pueden ser el resultado y no la causa de la lucha de clases, pero a la hora de elaborar estrategias para vencer en esta última, resulta de nuevo esencial nuestra posición con respecto al concepto de explotación y la configuración del proletariado como clase que de ella se derive. No en vano, no aplicaremos las mismas estrategias de acción colectiva si consideramos que la explotación es algo intrínseco a toda forma de trabajo asalariado que si, por el contrario, consideramos que puede existir trabajo asalariado sin explotación y que por tanto la explotación sólo hace referencia a cierto tipo de condiciones laborales concretas. En el primer supuesto, la acción colectiva deberá estar orientada obviamente hacia la abolición del trabajo asalariado solo alcanzable, en principio, mediante la socialización de los medios de producción y el fin del capitalismo como sistema económico. En el segundo, la acción colectiva podría perfectamente estar enmarcada dentro del propio contexto del sistema capitalista, y simplemente orientarse hacia una mejora de las condiciones laborales y hacia una recuperación de los bienes y espacios públicos.
La cuestión se complica aún más si consideramos que las estrategias de acción colectiva que se derivan de la adopción de uno u otro concepto de explotación no solo son diferentes, sino que pueden llegar a ser contrarias y contraproducentes las unas para las otras. Así, parece evidente que desde un punto de vista de la teoría clásica de la explotación marxista no tendría ningún sentido tratar de articular estrategias de acción colectiva orientadas a obtener una mejora de las condiciones laborales, ya que toda forma de trabajo asalariado se considera explotación y ésta sólo podría llegar a abolirse mediante la socialización de los medios de producción. Es más, medidas como los aumentos salariales o el ofrecimiento de servicios y bienes públicos dentro del propio sistema capitalista pueden ser vistas por muchos como un simple parche que, en lugar de ponerle fin, ayudan a perpetuar la situación de explotación de los trabajadores, aburguesándolos y alejando así el horizonte revolucionario. Si como por ejemplo interpretó Stalin, en política uno ha de ser siempre revolucionario y no reformista, a fin de señalar y exacerbar las contradicciones del sistema capitalista en lugar de disimularlas y suavizarlas, parece obvio que la mejora de las condiciones de vida de los trabajadores asalariados podría llegar a chocar frontalmente con la propia causa revolucionaria. En una ocasión bromeaba con un amigo, estalinista él, sobre como, desde este punto de vista, la mejor estrategia revolucionaria quizás fuera montar una empresa y comenzar a explotar sin piedad a los trabajadores para así acrecentar las contradicciones capitalista y acelerar su, por último, inevitable desmoronamiento. Sirva este pequeño chascarrillo para ilustrar como la lucha por terminar con toda forma de trabajo asalariado y con el sistema capitalista en su conjunto podría, en un primer momento, llegar a empeorar las condiciones laborales de los trabajadores asalariados, si bien esto sería siempre visto como un daño colateral al servicio de la mayor y más importante causa revolucionaria.
En definitiva, considero que Brown subestima la importancia de los análisis sobre la configuración del proletariado como clase. No se trata sólo de ver quién tiene razón o de, en sus propias palabras, “debatir con gesto de cabreo y antipatía sobre quién pertenece o deja de pertenecer al proletariado”, sino que de cómo definamos el concepto de explotación, y por tanto el de multitud explotada, y por tanto, una vez más, el de proletariado, dependerán las posibles estrategias de acción mediante las cuales “los de abajo” deberán tratar de resistir y vencer en la lucha de clases. No es sólo una cuestión terminológica, sino que se trata de ofrecer una base teórica que sustente y proporcione una orientación para el proletariado como clase social y, al mismo tiempo, sirva para delimitar la construcción de un “nosotros” y un “ellos” que se ajuste lo más posible a la realidad o que, al menos, sea capaz de movilizar y aglutinar a una mayor cantidad de masa social.
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