miércoles, 22 de enero de 2014

Martin Luther King: su mensaje está presente

Roberto Torres Collazo

Uno de sus discursos más impactante en EEUU fue “Más Allá de Vietnam” el 4 de Abril de 1967, a un año exactamente antes de ser asesinado en Memphis. El método del Dr. King fue la desobediencia civil como instrumento de protesta, inspirado en el indio pacifista Mahatma Gandhi y en el ensayo de Henry D. Thoreau: “El deber de la desobediencia civil”. Fué Pastor de la Iglesia Bautista en Montgomery, Alabama. Recibió el Premio Nobel de la Paz en 1964. Lo aceptó no en caracter personal sino en representación del movimiento de los derechos civiles y donó todo el dinero ganado al movimiento. El y sus seguidores fueron injustamente calumniados, reprimidos, amenazados de muerte, encarcelados por luchar contra el abierto racismo y la desigualdad económica.
En su famoso discurso se opuso a la guerra contra Vietnam por motivos cristianos, económicos y éticos. Desde la perspectiva cristiana dijo haciendose eco de la palabras de Jesús de Nazaret: “Nuestras acciones deben estar guiados por los principios cristianos. Ama a tus enemigos, bendice a los que te maldicen y Ora por los que te persiguen”. Preguntaba a la multitud que le escuchaba: “¿Por qué debemos amar a los enemigos? devolviendo odio con odio, multiplica el odio, añade una profunda oscuridad a la noche que evita que las estrellas alumbren. La oscuridad no puede guiar la oscuridad; solamente la luz lo puede hacer”.
Atacó la industria militar y su gobierno cuando declaró: “El mayor proveedor de violencia en el mundo es mi propio gobierno”. Esta denuncia es un ataque también a las corporaciones-multinacionales que se nutren de las guerras para enriquecerse. También añadió que es injusto gastar más dinero en la guerra que en ayudar a los pobres: “ Una nación que gasta más en dinero en el aparato militar que en programas para ayudar a los pobres, se acerca a la muerte espiritual” además anotó: “Yo creo que el Padre (Dios) está profundamente preocupado sobre todo por su sufrimiento y los niños indefensos y marginados.... Estamos llamados a hablar por los débiles, por los sin voz y por las víctimas de nuestra nación”. Retomando el tema de la desgracia de los vietnamitas: “Hemos destruidos sus instituciones: la familia y el pueblo. Hemos destruido sus tierras y sus cultivos. Hemos corrompido sus mujeres y niños y matado sus hombres. Hemos apoyado los enemigos de los campesinos de Saigon”.
Martin L. King motiva a las iglesias y sinagogas de EEUU a hacer su tarea frente a la guerra y la desigualdad económica. Es decir, a pronunciarse en contra de la guerra y las desigualdes económicas. Exhorta al pueblo a ayudar sinceramente a los supuestos “enemigos”: “Debemos proporcionar ayuda médica que es muy necesario, ponerlo a disposición en este país si es necesario”. Les dice que la verdadera compasión consiste en cambiar el sistema económico que reproduce pobres: “La verdadera compasión es más que arrojar una moneda a un mendigo. Se trata de ver que un edificio que produce mendigos necesita ser reestructurado”.
¿Qué diría en el presente el Dr. King sobre la presunta guerra contra el terrorismo?
¿Qué diría hoy sobre las actividades ilegales de los grandes banqueros que no han sido encarcelados desde que provocaron la crisis en el 2007 en EEUU?
¿Qué le diría en el presente a las iglesias que no denuncian las guerras?
¿Que diría el Dr. King sobre 1 billón 700 mil millones de dólares se gastan anualmente en armamentos en el mundo mientras 11 millones de niños y niñas mueren cada año debido a la probreza y el hambre?
¿Qué le diría actualmente al Presidente Obama sobre los más de 2 millones de inmigrantes latinos que ha deportado?
¿Qué diría del abuso policiaco contra los afroestadounidenses que persiste en la actualidad?
¿Qué diría sobre la desigualdad económica que viven hoy sus conciudadanos?
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Necesitamos un Mandela iraquí






En sus intentos de negociar con autoridades iraníes, el presidente Obama tiene el problema de una oposición radical por parte del Gobierno israelí. Obama también se enfrenta a una oposición vehemente por parte de Arabia Saudí.
Durante mi viaje por los EEUU en diciembre, me pareció curioso que incluso muchos anticomunistas férreos estadounidenses elogiaban a Nelson Mandela porque, no obstante su cercanía al mundo socialista, sus esfuerzos habían posibilitado la reconciliación entre distintos grupos, partidos y tribus en Sudáfrica.
Esos anticomunistas estadounidenses apuntan a que Zimbabue, que también sufría bajo su propio régimen de apartheid, podía haber seguido un camino parecido al de Sudáfrica; sin embargo, Robert Mugabe, que ha dirigido Zimbabue desde su independencia, ha seguido una política de enfrentamiento total -a menudo muy violento- contra sus adversarios, en vez de una política de reconciliación como la de Mandela. Era un elogio incluso más significativo de lo que parece, viniendo de los sectores más radicalmente conservadores de los EEUU.
Está bastante claro que Nuri al-Malekí, el Primer Ministro de Irak, ha seguido el ejemplo de Robert Mugabe con su política violentamente sectaria, y no el de Mandela. Y los resultados se ven cada día, con la continuación de enfrentamientos violentos entre musulmanes de diferentes tendencias, y dentro de las mismas tendencias entre tribus diferentes. Hoy, Irak está luchando no por mejorar su situación económica, sino por sobrevivir como un único país y no romperse en pedazos.
Desde que en 2003 las fuerzas militares estadounidenses derrocaran a Saddam Hussein en Irak, su vecino Irán ha usado sus oportunidades para ganar cada vez más influencia en Irak, tanto política como económicamente, hasta un punto en que Irán no es solo uno de los socios comerciales más importantes de Irak, sino el país que tiene más influencia sobre el régimen iraquí.
Nuri al-Malekí, cuando era un opositor a Saddam Hussein, incluso pasó años como exiliado en Irán. Además, ha usado sus oportunidades no solo para sustituir a los musulmanes suníes que ocupaban puestos importantes durante la época de Saddam con sus propios aliados chiíes, sino que incluso dentro de la comunidad chií, que es la mayoritaria en Irak, ha aislado a todos los que no simpatizaban con él. Irán le ha ayudado a Malekí de una manera paciente, sin prisas pero firmemente. El retorno de las fuerzas militares estadounidenses estacionadas en Irak a los Estados Unidos dejó incluso más libertad para que el régimen iraní interviniera en Irak, y para que Malekí actuara a su propio antojo y continuara su política en contra de cualquiera que no simpatizaba con él.
El hecho de que el régimen iraní fuera el mayor soporte para el Gobierno de Malekí resultó un gran problema para los Estados Unidos hasta hace poco. Pero con el nuevo Presidente Hasán Rohaní, mucho ha cambiado la política internacional. Los presidentes de Irán y los EEUU incluso han hablado por primera vez desde la Revolución iraní de 1979. El último mandatario iraní con quienes los jefes de Estado norteamericanos habían tratado directamente ¡era el antiguo Shah!
El nuevo ambiente entre Irán y la comunidad internacional está ayudando no solo a tratar cuestiones como el programa nuclear iraní, sino también la situación de Irak y otras cuestiones, como la guerra civil en Siria. Sería interesante ver cómo se desarrollan las negociaciones entre Irán y los EEUU, y qué y cuántas concesiones están dispuestos a hacer los Estados Unidos por mejorar sus relaciones con Irán y también por asegurarse un futuro para Irak y Siria más acorde con los deseos norteamericanos. De lo que sí estamos seguros es de que estos temas no se pueden tratar con una actitud neoimperialista. Tiene que haber negociaciones para resolver las cuestiones pendientes, lo que significa que también tiene que haber concesiones. Sería interesante ver cómo se desarrolla el proceso en los meses que venideros.
En sus intentos de negociar con autoridades iraníes, el presidente Obama tiene el problema de una oposición radical por parte del Gobierno israelí. Obama también se enfrenta a una oposición vehemente por parte de Arabia Saudí, que considera Irán como uno de sus peores enemigos, y su principal rival en Oriente Medio. Pero si la Administración norteamericana quiere resolver cuestiones como la violencia en Irak y la guerra civil siria, además del programa nuclear iraní, no tiene absolutamente ninguna alternativa a negociar con autoridades iraníes. Cómo avanzar en esas negociaciones y, a la vez, manejar sus relaciones con Israel y Arabia Saudí, es uno de los grandes problemas de Obama hoy en día. Es una ironía que la política de los EEUU haya girado 180 grados: de considerar a Irán como uno de los tres países del mal llamado «Eje del Mal» durante la presidencia de George W. Bush, a intentar negociar con el régimen iraní.
A los que deseamos una política más reconciliadora por parte del Malekí, que incluya más personas de religiones diferentes y tendencias distintas que la suya en puestos importantes en el Gobierno y la Administración, y que busque más diálogo y menos confrontación entre sectas, tribus e ideologías, nos frustra cuando pensamos que, dadas las circunstancias actuales de Irak, y a corto plazo, no parece muy probable, por no decir que parece imposible, que la violencia sectaria de Irak disminuya. Y la responsabilidad directa de esa violencia es de Makelí que, además, actúa con el respaldo total del régimen iraní.
Si Obama quiere de verdad reducir la violencia actual en Irak, no basta con que envíe armamentos a, y simpatice con, un lado u otro. Uno de los principales temores de los gobiernos occidentales es que si pierde Malekí, ganen Al Qaeda y sus simpatizantes, y su primer impulso es hacer todo lo posible para que Malekí gane contra los insurgentes que han tomado el control de las ciudades de Faluya a Ramadi en la provincia de Al Anbar, un bastión suní al occidente de Bagdad. Y esos gobiernos occidentales continúan llamando a aquellos insurgentes «terroristas». Pero hay que ir a la causa principal de esa insurgencia, que es la política de confrontación total que está siguiendo Malekí. Y para que acabe esa política, Obama y otros mandatarios occidentales tienen que ponerse a hablar con dirigentes de Irán, y rápidamente, para encontrar alguna forma de que Irán colabore en presionar al Gobierno de Irak. También ayudaría que los gobiernos occidentales, con Rusia y China, enviaran un mensaje a Malekí diciendo que cortarán sus relaciones diplomáticas con Irak si no desiste de su política de confrontación total. Yo también estoy a favor de medidas en contra de la exportación del petróleo de Irak, pero sé que eso no va a suceder porque hay demasiados compradores de ese petróleo que seguirán comprándolo pase lo que pase en Irak, y no les importa si hay violencia o no, al menos mientras el suministro de petróleo no afecte a los mercados internacionales. Además, declarar medidas en contra de la exportación del petróleo iraquí causaría una subida importante en los precios de petróleo por todo el mundo, lo que tampoco nos interesa, especialmente en unos momentos en los que la recuperación de la economía mundial está todavía frágil.
Mientras tanto, sería útil que la comunidad internacional piense en profundidad qué tipo de futuro prefiere para Irak: ¿un estado en el que conviven diferentes comunidades, religiones y etnias o una fragmentación del Irak actual en varios estados más pequeños, cada uno dominado por una sola comunidad? ¿Un estado laico o islamista? ¿Un estado democrático en el cual varias comunidades viven en paz o uno en el que lo único que impide la violencia y la guerra es una dictadura brutal? ¿Un estado centralizador o centralista o un estado federal (u otro tipo de estado descentralizado)? Estas cuestiones son, quizá, para tratar a más largo plazo. Pero lo inmediato es terminar el estado de violencia actual.
Mientras la comunidad internacional no logre que el régimen iraní también ejerza presión sobre el Gobierno de Irak, mientras que los EEUU limiten su intervención solo a proporcionar armas a la oposición al Gobierno de Malekí, este último no va a cambiar su política ni un ápice, pensando que, a largo plazo, va a ganar de todas formas, y es solo cuestión de tener un poco de paciencia y perseverar mientras está esperando su victoria final. Y puede pensar que con el apoyo que recibe de Irán, y si no cambia la política de la comunidad internacional hacia su país, no hace falta que él haga nada nuevo, ni que tome ninguna medida específica. Puede pensar que es suficiente simplemente continuar haciendo lo que ha estado haciendo, y que tarde o temprano va a ganar digan lo que digan sus opositores, y diga lo que diga la comunidad internacional.
Desafortunadamente, Malekí no es Mandela. Lo ideal hubiera sido encontrar a un político parecido a Mandela para dirigir Irak. En ausencia de ningún tal político, lo que toda la comunidad internacional puede hacer es de un lado presionar a Iraq y de otro negociar con Irán y convencer al régimen iraní de hacer lo mismo. Si no, me temo que la violencia y la amenaza del islamismo radical yihadista seguirán siendo el «estado normal de cosas» en Irak en el futuro previsible.
Fuente original: http://www.naiz.info/eu/hemeroteca/gara/editions/gara_2014-01-21-06-00/hemeroteca_articles/necesitamos-un-mandela-iraqui

martes, 21 de enero de 2014

Desafío a la Doctrina Monroe






Ecuador sigue la senda de Bolivia y Venezuela, hacia un rearme independiente de la tutela militar de la Casa Blanca. Esta semana, en su programa radiotelevisivo semanal, el presidente ecuatoriano Rafael Correa informó al mundo que las Fuerzas Armadas de su país pusieron en el aire un avión tan silencioso y avizor como un “Gavilán”. Ése es el nombre del pájaro con el que bautizaron a la pequeña nave drone de alto valor tecnológico y estratégico.
Ese tipo de aparato es una ventaja de inteligencia militar que ostentan potencias como las de la Otan, Estados Unidos, China, Rusia o Israel, entre algunos otros. Correa anunció que en 2015 su pequeña industria militar estaría en capacidad de exportarlos. Dentro de un año veremos el resultado de este sano propósito. Lo que no esperará ese lapso, será la reacción de Washington.
Además del Gavilán ecuatoriano, Washington está alerta por lo que hacen los gobiernos de Bolivia y Venezuela, para desprenderse del control norteamericano sobre sus estructuras y tecnología militar.
La renovada modernización y reequipamiento militar de estos tres países se produce en medio de nuevas coordenadas mundiales tan preocupantes como geopolíticamente relacionadas.
En estas tres sociedades, se produjo la mayor cantidad de transformaciones sociales y políticas durante la última década y media. Uno de los resultados más rechazados en el gobierno de Estados Unidos es el grado de independencia y autonomía política alcanzado por sus gobiernos. La segunda se llama crisis del sistema mundial de Estados. En nuestro hemisferio se manifiesta en la Unasur, el ALBA, PetroCaribe, y por supuesto, por la pluripolaridad global dinamizada por las potencias Brics.
La atrevida reforma de Evo. El gobierno de Bolivia contrató un paquete de helicópteros rusos equipados con radares para la lucha contra el narcotráfico. Esos equipos aéreos rusos remplazaran a las naves usadas por la Oficina Antinarcóticos de la Embajada de Estados Unidos (NAS), mientras esta entidad, expulsada en 2013, termina de volver al país de donde vino.
Tres años antes, en 2010, Bolivia comenzó a equiparse en China. En el marco del Protocolo de Cooperación Bilateral, Bolivia pactó la compra de 37 Buses Hinger, 21 Camionetas Nissan Pickup Truck y 40 motores fuera de borda Yamaha. En 2009, ya habían adquirido dos lanchas patrulleras artilladas y en el primer año de gestión el gobierno de Evo compró 34 camiones militares del tipo FAW.
El ministro de Defensa del Estado Plurinacional de Bolivia informó en el “Primer Seminario Internacional por Capacidades Militares”, realizado en 2013, en el que participaron expertos rusos, que su país ha comenzado a estudiar “los planes estratégicos para la modernización de esta institución”.
Bolivia, Ecuador y Venezuela, además de Nicaragua, Cuba, Guyana y otros países del ALBA, han comenzado desde hace poco, a orientar las reformas de sus ejércitos según las nuevas doctrinas militares elaboradas en el Instituto de las Fuerzas Armadas de la ALBA, instalado en Santa Cruz de la Sierra. La otra fuente es el Centro de Estudios Estratégicos de Unasur, que funciona en Buenos Aires. Estados Unidos está ausente de ambos organismos. El gobierno del altiplano se propone una “Transformación y modernización estructural de las Fuerzas Armadas para dar a la institución una identidad propia”, declaró el encargado de la cartera militar de Bolivia. Avisó que la nueva doctrina de las Fuerzas Armadas de Bolivia es objeto de “ajustes” en sus bases ideológicas, y desde el próximo año permitirá la formación de lo que denominó “un nuevo militar”.
No es un secreto que Evo Morales pidió varias veces a las Fuerzas Armadas de su país que se proclamen “socialistas, nacionalistas y antiimperialistas”, en el sentido que lo hicieron las de Venezuela. Pero hay resistencia. Evo no ha tenido a su favor una corriente militar de izquierda, como la fundada por Chávez en 1982.
En el último siglo de Bolivia no hay noticias que señalen tamaños cambios en su aparato militar, un área tan sensible al dominio de la burguesía y tan cara a la Doctrina Monroe de Estados Unidos. Sólo el dictador Hugo Banzer logró una reforma militar brusca a comienzos de los ’70, pero con sentido opuesto, para derrotar al movimiento obrero, que había logrado la proeza de destruir el ejército tradicional, siete años antes que en Cuba y 27 antes que en Nicaragua. Evo Morales no tiene el propósito de cambiar el carácter burgués del ejército, pero sus reformas estructurales representan el mayor desafío que ha tenido Estados Unidos en ese país desde 1952.
El desafío chavista. Con la Reforma Constitucional de 2008, las Fuerzas Armadas fueron rebautizadas como “Antiimperialistas y revolucionarias”. Desde mediados del año 2002, aprovechando la derrota física propinada por el pueblo a los generales golpistas de abril, el gobierno bolivariano decidió emprender la descolonización de su sistema militar.
Esta tarea compleja comenzó por cuestionar la educación recibida por los cuadros militares durante un siglo. El aparato militar venezolano, como todos los del continente, estaba obligado a reproducir las normas, técnicas y valores ideológicos del ejército norteamericano. Continuó con el reemplazo de Estados Unidos como proveedor exclusivo de material bélico, por Rusia y China. Desde mediados del siglo XIX, el control de la estructura militar venezolana estuvo en las manos de Europa, luego de Estados Unidos desde 1911. Israel tuvo influencia, sobre todo en las policías, en las décadas de los ’80 y los ’90.
El equipamiento de las Fuerzas Armadas venezolanas reproducía el esquema de dependencia impuesto a su economía, su cultura social y su gobierno.
Desde el año 2005 Venezuela avanzó, por primera vez en su historia republicana, en la producción de armas dentro del país, en la modernización de su parque, en la actualización tecnológica y en una nueva cultura e ideología militar inspirada en el proyecto bolivariano.
Además de expulsar del país a la Misión Militar de Estados Unidos, a la DEA y a los evangélicos de Nuevas Tribus, el gobierno chavista ingresó al país al estadio satelital de la mano de China, instalando cinco satélites en órbita, radares de última generación, una fábrica en Venezuela y la formación de unos 160 científicos especializados en esa tecnología estratégica.
Durante el año 2013, la labor de vigilancia y control del espacio aéreo realizado por el Centro de Dirección de Defensa Aérea, permitió lo impensado en las relaciones con Estados Unidos fueron sometidos a control y destruidos en el aire 26 aeronaves que incursionaron ilegalmente en el país. Casi todas tuvieron coordenadas originadas en el territorio de Colombia.
Este avance geomilitar, que podría considerarse enorme en términos relativos, no anula el dominio incuestionable que sigue manteniendo Estados Unidos.
Según John Kerry, “la era de la Doctrina Monroe está llegando a su fin” (OEA, 18/11/2013). Esto no es verdad, pero sí es cierto que por primera vez está cuestionada. Una cosa es la Doctrina Monroe, otra el poder militar establecido durante un siglo. Como advierte el mexicano Luis Hernández Navarro, “el Imperio está muy lejos de ser un tigre de papel”. Tiene razón.
“Estados Unidos es el país con mayores gastos militares en el mundo. En 2011, su presupuesto para este rubro representó el 40 por ciento de los gastos totales en el planeta, seguido, muy de lejos, por China y Rusia. Este predominio tiene tras de sí una poderosa base productiva. Lockheed Martin, Boeing y BAE Systems lideran la industria militar mundial. Las dos primeras son estadounidenses” (Navarro, 2014).
En términos estructurales e históricos es así. Pero en su dinámica, Estados Unidos está perdiendo el control militar de Ecuador, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, además de Cuba. Algo es algo.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Vigilancia





 
La senadora Dianne Feinstein denunció que fue víctima de espionaje con un drone que voló cerca de una ventana de su casa; sin embargo, la organización antiguerra Código Rosa dijo que varios de sus simpatizantes emplearon un drone de juguete en el domicilio de la congresista para protestar contra la vigilancia a los ciudadanos estadunidenses. La imagen, en una feria de productos electrónicos en Las Vegas Foto Ap

La poderosa senadora Dianne Feinstein, presidenta del Comité de Inteligencia, reveló que fue víctima de espionaje con un drone (aeronave manejada a control remoto) que voló afuera de la ventana de su casa; contó el episodio ante una audiencia del Comité de Comercio la semana pasada sobre políticas de drones. Por ello, sugirió la necesidad de proceder con cautela ante tales invasiones potenciales al autorizar el uso de los aparatos para fines comerciales.

Pero resulta que todo indica que el drone no fue más que un juguete empleado por manifestantes de la organización antiguerra Código Rosa contra el espionaje doméstico.

Nancy Mancias, organizadora de Código Rosa, confirmó que estaban ahí en junio por la fecha que mencionó Feinstein, en una manifestación contra el espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y contra las declaraciones de la legisladora de que el filtrador Edward Snowden había cometido un acto de traición. Aunque no está segura de si a eso se refería la senadora, Mancias recuerda que habían llevado dos pequeños helicópteros de juguete pintados de rosa que hicieron volar frente a esa casa. Si fuimos nosotros, yo digo: misión cumplida, comentó al Daily Beast. Señaló que es interesante que Feinstein es defensora del uso de drones con fines de inteligencia y que, “queríamos simular el espionaje doméstico sobre su casa, para darle la sensación de lo que un ciudadano ordinario está sintiendo –y temiendo– todo el tiempo”.

Todo lo cual lleva a la gran pregunta aquí: ¿quién determina quién debería ser vigilado, y quién vigila a los que están espiando?

A finales de la semana pasada, el presidente Barack Obama fue obligado a responder a las revelaciones basadas en los documentos secretos filtrados al público por Snowden, pero en su discurso, en el que detalló algunos cambios ambiguos, el objetivo principal no fue una reforma de fondo a los programas de vigilancia masiva, sino intentar recuperar la confianza del público de que éstos no han violado ningún derecho ni se ha abusado de ellos, y que son esenciales para la seguridad del público en este mundo tan violento y encabronado. Al final quedó claro que casi todos los programas continuarán, algunos tal vez con nuevas reglas, y sólo se suspenderá el espionaje contra líderes aliados y amigos (aunque no se detalló cuáles son esos y cuáles no).

En el Directivo Presidencial emitido por Obama el mismo día del discurso, donde se detallan las modificaciones, se afirma que Estados Unidos no recauda inteligencia con “el propósito de suprimir… crítica o disidencia”, ni para fines económicos y comerciales, sino exclusivamente donde hay un propósito de inteligencia extranjera o contrainteligencia para apoyar las misiones nacionales y departamentales y no para ningún otro propósito. Afirma que la inteligencia electrónica es necesaria en Estados Unidos para avanzar en sus intereses de seguridad nacional y política exterior, y proteger del daño a sus ciudadanos y los ciudadanos de sus aliados y socios.

Sí, pero todo ese vocabulario se ha empleado siempre, y con ese mismo vocabulario se ha abusado del poder (programas secretos ilegales de represión contra movimientos locales, incluido el de Martín Luther King en los 60 y 70, así como la larga lista en el exterior de operaciones clandestinas ilegales como Irán-contras, o declarar terroristas a personas como Nelson Mandela), se ha engañado al público para lanzar guerras e intervenciones (Vietnam, invasiones de Grenada y Panamá, acciones contra Cuba y Venezuela, Irak, entre tantos más) y se han justificado decenas de acciones que organizaciones nacionales e internacionales de derechos humanos han documentado como graves violaciones de derechos y leyes internacionales. El directivo, como el discurso, solicita que la gente simplemente confíe en que el gobierno decida cómo definir todos estos términos.

Al parecer, a los vigilantes no les gusta que los vigilen y tal vez por eso demandan, ante propuestas para ser más transparentes y rendir mayores cuentas al público, que el público simplemente acepte que todo esto se hace por su propio bien y deje de hacer tantas preguntas, y mucho menos permitir revelaciones sobre lo que se hace.

De hecho, rehúsan revelar lo que se hace incluso a un legislador federal. El senador independiente Bernie Sanders recientemente envió una carta a la Agencia de Seguridad Nacional con una pregunta sencilla: ¿la NSA espía a legisladores estadunidenses? El jefe de la agencia, el general Keith Alexander, respondió sin responder: la NSA no hace nada ilegal, punto. Afirma que los legisladores gozan de los mismos derechos de privacidad que todo ciudadano estadunidense. Peor aún, ofrece un argumento maravillosamente cantinflesco para no responder: la NSA no puede hacer una búsqueda de sus datos para averiguar si se han incluido llamadas telefónicas de cualquier legislador porque eso sería ¡una violación de los derechos de privacidad de los legisladores!

Las revelaciones y el debate detonado por Snowden, así como el caso de Chelsea Manning, Wikileaks y otros filtradores, demuestran una y otra vez que es mucho lo que se oculta al público en nombre de la democracia. No sólo eso, sino que se castigará a cualquiera que se atreva revelar lo que se hace en nombre del pueblo, acusándolo de poner en peligro la seguridad de ese mismo pueblo. Pero la historia moderna de Estados Unidos está llena de ejemplos de cómo el gobierno secreto abusa del poder, y de que, a veces, el peor peligro para la democracia es lo que se hace en su nombre en secreto.

Tal vez la única solución es desplegar miles de drones de juguete sobre las casas y las oficinas de todos los que piden que se les confíe obrar en secreto, y así vigilar a los vigilantes. Se les puede asegurar que sus secretos no serán revelados si ellos no revelan los nuestros.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2014/01/20/opinion/025o1mun

Pese a la propaganda oficial Revuelta permanente, no terrorismo

Cosas de la clase dominante estadounidense: Como se comparan con el estalinimo se cren demócratas y exportadores de democracia. Blasapisguncuevas.


Iraq Solidaridad


“Struan Stevenson, eurodiputado y presidente de la Delegación de Relaciones con Iraq del Parlamento Europeo, defiende que ‘[…] La gente que se ha levantado en armas contra las fuerzas de Maliki son ciudadanos iraquíes ordinarios empujados a defenderse a sí mismos contra un dictador despiadado’.”


 El comunicado de prensa del viernes del 10 de enero del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas [CS de NNUU] sobre la revuelta iraquí, que sustenta la versión oficial iraquí-estadounidense de que lo que está sucediendo en Iraq es una batalla contra Al Qaeda, no debe sorprender a nadie pues el apoyo a la política de seguridad de Maliki ha sido una constante en el CS de NNUU. Rusia, que ahora vende armas a Bagdad y es un incondicional defensor de Bashar al Asad, está pletórico con el respaldo a la lucha de Maliki para retomar el control de Al Anbar, bastión importante para garantizar el tránsito de armas y apoyo logístico de Irán e Iraq al régimen de Al Asad.
El comunicado del CS de NNUU “[…] Condena los ataques perpetrados por el Estado Islámico de Iraq y Al Sham —grupo vinculado a Al Qaeda— contra el pueblo de Iraq en un intento de desestabilizar el país y la región”. Sin embargo, no hay ninguna mención a las violaciones de los derechos humanos denunciadas por Human Right Watch perpetradas por las tropas de Maliki para desalojar las protestas pacíficas de la ciudadanía. Esta misma organización junto con organizaciones iraquíes han documentado los constantes ataques indiscriminados contra la población civil que se suceden desde el pasado 28 de diciembre. La actuación violenta del gobierno iraquí no es de extrañar a la vista de las declaraciones de algunos responsables gubernamentales como el ministro de Defensa o Fadel al Barwari, jefe de las Fuerzas Especiales (SWAT) creadas por Negroponte, quien el pasado 23 de diciembre publicó en su página oficial de facebook el siguiente comentario sobre la operación que el ejército realizó contra las bases de Al Qaeda en Al Anbar: “[…] Juro por Dios que mataré a esos perros y a todos los que estén con ellos. Los voy a borrar del mapa”, al tiempo que asegura que ha dado órdenes a sus soldados de “[…] Pisotearlos sin piedad”. Por lo tanto, podemos anticipar lo que acaecerá ahora que consideran que las tribus que controlan Faluya y gran parte de Ramadi son miembros del Estado Islámico de Iraq y Al Sham (Daesh).
Por su parte, Struan Stevenson, eurodiputado y presidente de la Delegación de Relaciones con Iraq del Parlamento Europeo, defiende que “[…] La gente que se ha levantado en armas contra las fuerzas de Maliki son ciudadanos iraquíes ordinarios empujados a defenderse a sí mismos contra un dictador despiadado”. Si escuchamos a las diversas organizaciones políticas y ciudadanas que apoyan las revueltas está claro que quien dirige la actual revuelta es el pueblo iraquí y no Al Qaeda.
Mensajes de organizaciones iraquíes sobre la revuelta popular
La Asociación de Ulemas Musulmanes de Iraq (AUMI), en una carta abierta a los habitantes de Al Anbar, anima a los rebeldes a “[…] mantenerse firmes en la revolución hasta alcanzar el último de sus objetivos”, y añade que no permitan “[…] que nadie se apodere de vuestra revolución. Debéis hacer entender esto a Maliki y a los que están con él, pues al igual que usaron los Consejos del Despertar en el pasado con la excusa de combatir a determinados grupos ligados a Al Qaeda para atacar a la resistencia legítima contra la ocupación estadounidense, esta vez los van a usar para aplastar vuestra revolución. [...]. Sed conscientes de que detrás de este proyecto Maliki busca el cisma de la sociedad.”
La AUMI también denuncia que “[…] El actual primer ministro intenta difundir en los medios de comunicación que vuestra revolución ha sido cooptada por organizaciones terroristas con el objetivo de tener la excusa de reintroducir el proyecto de los Consejos del Despertar en vuestra región.”
Judeir al Mursidi, portavoz del Partido Baaz, ha realizado una serie de declaraciones en las que defiende la revolución y rechaza que haya ningún vínculo con organizaciones terroristas y acusa a Maliki de presentar una división artificial de los habitantes de Al Anbar entre los que apoyan a los terroristas y a Al Qaeda frente a los Consejos del Despertar: “[…] El partido Baaz y la resistencia patriótica condena, repudia y combate cualquier forma de terrorismo, cualquiera que sea su origen así como el sectarismo y quien lo promueve. [...] La batalla que se está librando en estos momentos en la mayoría de las provincias de Iraq es parte de la revolución permanente, de la revolución del pueblo iraquí, contra el proyecto de la ocupación y de las instituciones sectarias, corruptas y terroristas que la propia ocupación creó.”
En ese sentido, el día 30 de diciembre de 2013 el Partido Baaz publicó un comunicado apoyando la revolución y exhortando “[…] A los hijos de Iraq que forman parte de la policía y el ejército nacional a sumarse a sus hermanos del pueblo y a no ejecutar las órdenes represivas dictadas por el gobierno lacayo de Maliki. Igualmente desde el Baaz hacemos un llamamiento a todos los parlamentarios para que renuncien a su acta de diputados, y a los ministros a que dimitan y abandonen por completo el irreal proceso político y adopten un verdadero posicionamiento patriótico frente a las prácticas represivas del gobierno de Maliki.”
El 3 de enero de este año, la Confederación Nacional Unificada de Tribus del Sur y el Éufrates Medio lanzó un llamamiento para que Maliki detenga la represión en Al Anbar y atienda las legítimas reivindicaciones de los manifestantes: “[…] Ahora que se acercan las llamadas elecciones legislativas se ha elevado la tensión y la violencia sectaria, la cual amenaza a los patriotas iraquíes así como a todo político que opine que los partidos del actual gobierno representan un peligro para el futuro político de Iraq [...]. Creemos que Iraq está viviendo los hechos que van a poner fin al caos que padece el pueblo iraquí, especialmente ahora que la oposición iraquí —representada por las fuerzas políticas anti-ocupación y la resistencia patriótica— se han puesto de acuerdo sobre la necesidad de un cambio que el pueblo respalda masivamente. […] La concentración de tropas en torno a las ciudades de Al Anbar no demuestra buenas intenciones hacia los ciudadanos de esta provincia ni preocupación por la seguridad nacional. Las protestas, que se concentran en diversas plazas, y de las cuales se cumple ahora un año, se han producido en el marco de los derechos que otorga la Constitución y siempre de forma pacífica. El gobierno debería dar cumplida respuesta a las peticiones de los manifestantes y no atacarlos con la quema de sus tiendas y el desalojo de sus plazas, pues el terrorismo del que les acusan no existe entre ellos.”
El acoso a los firmantes ha sido implacable. Al día siguiente de emitirse el comunicado Frachi al Mahmadawi de Amara, uno de los firmantes, fue detenido. El 11 de enero en la ciudad de Nayaf estalló una bomba en las oficinas de Fádel al Budeiri, autoridad religiosa chií y uno de los impulsores del comunicado. A pesar de esta represión y del férreo control policial que sobre estas regiones de mayoría chií ejercen las fuerzas de seguridad y los grupos paramilitares iraníes, otros líderes del Sur de Iraq han mostrado su apoyo a las revueltas, como por ejemplo la tribu Sada al Musawiya a través de uno de sus jeques que clama contra Maliki y pide a los suyos que no participen en la ejecución de sus planes; otro jeque de la tribu Al Bu Mohamed de la provincia de Misán, fue detenido a las pocas horas de hacer llegar su apoyo a los rebeldes de Al Anbar.
El Consejo Militar de la Revolución de las Tribus de Al Anbar, creado en los primeros días de la revuelta y que coordina la defensa de las ciudades rebeldes, ha sido copiado en otras zonas como Mosul o Diala. En su tercer comunicado el Consejo asegura: “[…] La revuelta popular contra las tropas del gobierno iraquí no ha sido más que una reacción de autodefensa para proteger a nuestro pueblo de las brutales agresiones de las fuerzas de Maliki”. En el mismo comunicado se condena cualquier exceso cometido en nombre de la revolución y manifiestan su repulsa contra el sectarismo. La última tribu en adherirse al Consejo Militar ha sido la de Al Bu Fahed, la más extensa de Al Anbar y de las más grandes de Iraq pues pertenece a los Duleimi. En un comunicado oficial este grupo, además de adherirse al Consejo Militar de Al Anbar, reitera que “[…] Estamos luchando en defensa propia”.
La retórica de la lucha contra Al Qaeda no ha cuajado entre los ciudadanos iraquíes, y esta vez solo algunos jeques como Abu Risha y el Partido Islámico se han sumado a la propaganda de que se han creado unos nuevos Consejos del Despertar [Al Sahua] como ocurrió en 2007. Jeques como Ali Hatem Sulaiman y Mohamed Taha, elementos esenciales de la primera versión de los Sahua, se han negado a apoyar ahora la idea. La respuesta gubernamental ha sido emitir una orden de detención contra ellos.
La nota del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas no solo ignora todos estos comunicados y pruebas que demuestran que se trata de una revuelta y no de Al Qaeda, sino que obvia la realidad de que no hay ninguna prueba de que el Estado Islámico de Iraq y Al Sham (Daesh) controle el terreno. No existe ningún comunicado reivindicando esta revolución como suya u otorgándose el control de Faluya, tal y como asegura Maliki. Su presencia sobre el terreno es tan marginal como los escasos vídeos o fotos de sus militantes combatiendo. A pesar del apoyo público del gobierno de Obama a Maliki existe un hecho irrefutable y es el limitado armamento entregado al gobierno iraquí para luchar contra el supuesto terrorismo, y es que los helicópteros Apache y los F-16, que podrían dar la victoria a Maliki, siguen despertando muchos recelos a los congresistas estadounidenses sobre el uso final de esas armas, en el sentido de que puedan utilizarse para apoyar al régimen iraní y sirio.
No obstante los intereses de Washington y Bagdad a corto plazo todavía convergen, pues la ofensiva militar de Maliki contra población civil se publicita en Estados Unidos como una guerra contra el terrorismo. Esta nueva fase de la lucha contra el terrorismo estalló hace más de una semana en Siria donde los nuevos aliados occidentales del Frente Islámico y de Arabia Saudí están combatiendo al Estado Islámico de Iraq y Al Shams, los mismos a los que Maliki dice combatir en Al Anbar.
*Pedro Rojo es presidente de la Fundación Al Fanar y miembro del comité de coordinación de la CEOSI.
Fuente original: http://www.iraqsolidaridad.org/2014/01/iraq-revuelta-permanente-no-terrorismo/#more-970

 

"Chile y América Latina están en la mira"



Entrevista con Franck Gaudichaud, cientista político francés


Punto Final


El cientista político francés Franck Gaudichaud está en Chile haciendo uso de un semestre de investigación en la Universidad de Grenoble 3, en la que es profesor de estudios latinoamericanos. Doctor en ciencia política, es colaborador de Le Monde Diplomatique e integrante del colectivo del prestigioso diario electrónico rebelion.org . Gaudichaud, vinculado a Chile desde hace años (1), siguió de cerca la campaña presidencial y en esta entrevista analiza el escenario político latinoamericano y el futuro gobierno de Michelle Bachelet.
-¿Qué opina de la campaña presidencial en Chile?
-“En términos generales, fue bastante mala. Poco debate político real, sobre problemas de fondo, mucha palabrería, escasa sustancia. No obstante con nueve candidatos en primera vuelta, todos, incluso la candidata de la derecha Matthei, tuvieron que tomar en cuenta -de alguna manera- los temas que han emergido por las grandes movilizaciones estudiantiles. En particular: reforma tributaria, educación gratuita y de calidad; reforma constitucional... Es también importante subrayar la presencia de dos candidaturas antineoliberales la de Roxana Miranda y de Marcel Claude, que dieron un espacio a algunas ideas de ruptura y de izquierdas, y que si es cierto no lograron peso significativo en las urnas, permitieron extender los debates a temas esenciales como la nacionalización del cobre, recuperación del agua, estatización de las AFPs y medidas inmediatas a favor de los más pobres.
Globalmente, pesó mucho la sensación de que todo estaba definido porque Bachelet iba a ganar. Si se analiza la campaña de la Nueva Mayoría, creo que los responsables del comando de Bachelet hicieron un trabajo preparatorio excelente en términos de marketing político y comunicacional (y con un presupuesto gigantesco). Pero la campaña electoral misma fue deliberadamente deslavada, fría, distante, sin ciudadanía. ¿No se quiso provocar inquietud, se temió a las multitudes en las calles? Seguro. Al final no importa: el resultado habla de la hegemonía electoral del proyecto Bacheletista, y de su visión de un neoliberalismo parcialmente reconfigurado desde arriba, sin perjuicio del peso de la abstención que necesita más reflexión. De hecho, el día del triunfo tampoco hubo entusiasmo delirante. Por esa misma falta de entusiasmo y participación militante, me llamó la atención el titular en portada del semanario El Siglo del Partido Comunista, que, después de a victoria de su candidata, llamaba ‘a tomar por asalto la historia’ con Michelle Bachelet... Me parece una inmensa exageración, aunque el gobierno de Bachelet aspira a abrir un nuevo ciclo representa sobre todo continuidad de 20 años de gobiernos de la Concertación (1990-2010) y de su leal gestión del modelo.
Más que el discurso, lo que más me interesó en la campaña fue la forma en que se posicionaron los principales grupos económicos, favoreciendo claramente la candidatura de Bachelet. Ese es un hecho mayor, como lo señaló en diversas oportunidades Punto Final. La derecha más dinámica, la de los grandes negocios y del capital financiero, hizo saber que el gobierno de Bachelet no le significa peligro. Es significativo también que, según se supo, la candidatura Bachelet recaudó de los grandes empresarios tres veces más dinero que el que llegó a la tesorería de Matthei.
El programa de Bachelet elude, o más bien rechaza, las transformaciones profundas y se concentra en ‘ modernizaciones ’ no estructurales tributarias, educacionales e institucionales. Hay omisiones notorias y calculadas, como el tratamiento de las inversiones extranjeras que explícitamente reciben garantías en el texto del programa; y el silencio en materia del cobre concesionado y en manos de transnacionales, tema esencial. Tampoco hay alusiones al gasto militar, ni a la necesidad de redefinir radicalmente el papel de las fuerzas armadas, ni tampoco hay una definición en torno a la Asamblea Constituyente, ni a una reforma laboral (así como la constitución del 80, el código laboral fue redactado en Dictadura). En cambio, hay una definición favorable a la Alianza del Pacífico (con la salvedad de que no sería ‘ excluyente ’ con otros acuerdos) con Perú, Colombia, México y Estados Unidos. Este es uno de los ejes geoestratégicos de la política actual estadunidense para el continente. También está la búsqueda de entendimiento con el acuerdo transpacífico de cooperación económica, entre otros para aislar a China y Rusia. Todo lo cual sería un golpe para el Alba, Mercosur y Unasur. En ese sentido, me pareció adecuada la declaración de Evo Morales de que no creía que Bachelet fuera ‘ socialista ’ y que si lo era, le pedía que hiciera el gesto de sacar inmediatamente a Chile de la Alianza del Pacífico para integrarlo al Alba y al esquema de integración bolivariana”.
Chile en la retina
-¿Qué destaca de los movimientos sociales en Chile, de sus fortalezas y debilidades?
-“Creo que las principales temáticas en la campaña presidencial, tales como nueva Constitución mediante Asamblea Constituyente, educación gratuita y de calidad en todos los niveles, reforma tributaria y otras, son producto de las movilizaciones sociales de 2011 y 2012. Obligaron a la clase política a incluirlas en sus planteamientos o por lo menos a mencionarlos, aunque de manera instrumental. Si no hubiera sido por esas grandes movilizaciones lo más probable es que no hubieran aparecido mencionadas en esta campaña.
En la dinámica de los movimientos sociales hay dos cuestiones básicas: la articulación flexible de diversas luchas y sectores movilizados que son todavía heterogéneos y tienen variadas características, incluyendo su composición social, que las diferencian. La otra, tal vez fundamental: resolver el problema del paso desde la movilización social a una organización y propuesta política anticapitalista amplia, que debe dar estabilidad y objetivos a movimientos que tienen verdaderas ‘oscilaciones térmicas’ que conspiran contra su continuidad y actuación exitosa en el campo sociopolítico.
En el tema de los movimientos sociales se cruzan muchos otros debates. En un foro en la Universidad de Chile percibí que todavía hay tendencias arraigadas a rechazar la participación política en la juventud. Lo que es explicable y perfectamente entendible por el desprestigio de los políticos y de un sistema político moldeado por la dictadura y herramienta de los dominantes. Pero explicable no quiere decir que sea siempre digno de aprobación en términos estratégicos. Porque sin organización política después de cada erupción de lo social, vuelven a mandar los de siempre. Sin nuevas organizaciones políticas anticapitalistas se facilita la cooptación por los aparatos tradicionales, como ha ocurrido en el caso del dirigente Iván Fuentes, de Coyhaique.
Creo que tampoco funciona la visualización de los estudiantes como vanguardia del cambio social, que orienta y conduce a los trabajadores. Sin olvidar que muchas veces por cierto los estudiantes tuvieron un papel importante en los cambios, en particular en las batallas por la hegemonía cultural, pero no pueden ser considerados como conductores únicos de las luchas. Los estudiantes no pueden sustituir a los trabajadores. Felizmente, aunque todavía en forma incipiente, se han visto en los últimos años importantes movilizaciones de trabajadores del cobre, pescadores, trabajadores forestales, y ahora portuarios, incluso en el retail y los servicios, junto con estudiantes y otros sectores centrales del movimiento social, como los pobladores”.
Abstencion y despolitizacion neoliberal
-Hablemos de la abstención…
-“Se ha escrito mucho sobre el tema porque es efectivamente un fenómeno masivo de la ‘ politicidad ’ de las clases populares. La primera mayoría electoral del este país es la de los abstencionistas (en rigor, Bachelet fue electa con 25% de los votos ya que la  abstención superó el 50% de los inscritos en el registro electoral). Pero todavía queda mucho por analizar. Desde las izquierdas, también debe ser un tema de reflexión crítica porque en un momento dado puede perjudicar un desarrollo verdaderamente democrático-radical, ya que la abstención concierne mayormente a los sectores pobres y se manifiesta en todos los sectores, incluso entre los estudiantes, cuya participación en las elecciones de sus propias organizaciones es baja, sin hablar de los colegios profesionales, sindicatos de asalariados y otras organizaciones sociales de base. He tenido algunas discusiones con amigos que tienen planteamientos diferentes sobre este tema de fondo. Es evidente que hay falta absoluta de representatividad y de legitimidad del sistema político vigente, heredado de la dictadura más allá de sus reformas, y por lo mismo la abstención es también signo de rechazo y malestar. Pero el análisis debiera ser más cuidadoso. Ver la abstención como expresión de un descontento masivo y de un rechazo antineoliberal organizado, es un error. Queda mucho camino por recorrer, desgraciadamente. Lo que todavía domina, a mi juicio, es un abstencionismo propio de las sociedades neoliberales triunfantes, con predominio abrumador del individualismo anómico, de la desconfianza en la acción colectiva, producto también de no verse representado en la política actual, es cierto. En fin, un individualismo más regresivo que positivo, por el momento por lo menos. Es cierto, insisto, que hubo sectores consientes que hicieron una ‘huelga electoral’: intelectuales críticos, colectivos marxistas y libertarios, ciudadanos que no quieren participar de la ‘ farsa electoral ’ del sistema binominal, etc.: hay que valorarlo pero son muy minoritarios. He leído declaraciones de Gabriel Salazar que sostiene que la abstención masiva es producto de las movilizaciones sociales y del rechazo del sistema. Me parece un error en tanto conclusión lineal y evaluación de la relaciones de fuerzas globales. Llama la atención la encuesta de Latinobarómetro sobre el grado de politización y despolitización en países latinoamericanos. A la cabeza en politización aparece Venezuela, y en los últimos lugares Chile, que incluso muestra cifras alarmantes en cuanto a posicionamiento entre Derecha e Izquierda, en que una mayoría de entrevistados no sabe cómo definirse.
La tarea de Bachelet será justamente mantener esta ‘democracia neoliberal de baja intensidad’ y al mismo tiempo intentar evitar una irrupción no controlada de los movimientos sociales en su agenda de gobierno. Leí, entre las dos vueltas, un artículo de Eugenio Tironi en El Mercurio titulado 'reforma o revolución' . A su juicio, los resultados electorales mostraban que en Chile hay una demanda por cambios que deberían producirse en ‘forma gradual y moderada’ , contraria a toda opción ‘revolucionaria’ , lo que confirmaría -según él- la propuesta de Michelle Bachelet orientada a evitar rupturas que pudieran venir desde la calle. Tironi termina su texto afirmando que la tarea de Bachelet será responder a las expectativas que ha despertado. Son opiniones interesantes que provienen de un intelectual orgánico de la Concertación para entender lo que viene. Muestran la estrategia de la Nueva Mayoría, o sea de la exConcertación más el recién integrado, el partido comunista: proponer un camino de reformas leves y parciales, dando una nueva legitimidad al modelo, camino que puede ser más o menos viable en el plano parlamentario si el nuevo gobierno cohesiona sus fuerzas y aísla a los sectores más duros de la derecha (minoritarios), y al mismo tiempo, la opción es desarmar las luchas más radicales o controlarlas-neutralizarlas dentro de los márgenes del sistema institucional vigente y del programa social-liberal de Bachelet”.
America latina en la mira
-¿Cuál es la situación actual de América Latina y sus perspectivas?
-“No es fácil decirlo en pocas palabras. Todavía la región está dentro de un ciclo con buenas perspectivas macroeconómicas, basadas principalmente en las exportaciones de materias primas, mejoramientos objetivos de la situación de sectores sociales muy amplios y estabilidad política. Se mantiene y consolida al mismo tiempo la polarización social, aunque bajó de forma muy leve la desigualdad.
Es importante subrayar que estamos a quince años del triunfo de Hugo Chávez en Venezuela. Una década con gobiernos variados, desde gobiernos nacional-populares más o menos radicales, otros simplemente progresistas o social-liberales y también que han significado un retroceso significativo para las ideas y organizaciones de derecha tradicional. Sin embargo, se están acumulando tensiones en todas partes, incluyendo Venezuela, en que se mantiene -aunque disminuido- el crecimiento económico, pero a cargo de un modelo de acumulación absolutamente depredador. Se produce también una baja en la producción industrial de la región y una reprimarización de las economías. Brasil, que era una gran potencia industrial, está retrocediendo en cuanto a industrialización, por ejemplo en beneficio de una agricultura industrial orientada a las exportaciones masivas de transgénicos.
Este modelo es producto de una división internacional del trabajo, que se está remodelando por parte de las multinacionales y potencias emergentes como China. Creo que tocamos un nudo que ningún gobierno de la región ha podido cortar y que afecta la posibilidad de cambios profundos en la sociedad. Este modelo es depredador en el plano medioambiental, pero también en el plano socioeconómico. Se produce una nueva ola de dependencia que sólo podrá ser atenuada a través de la integración de los países latinoamericanos, lo que no ocurre todavía y que no es seguro que suceda. El ALBA no experimenta grandes progresos, tampoco el MERCOSUR, que no es alternativo. La CELAC ha sido un gran avance en el plano diplomático y político como espacio de conversación y búsqueda de acuerdos sin Estados Unidos, pero también le falta mucho.
Se está perfilando, a mi juicio, un nuevo ciclo de grandes movimientos sociales. Así como a principios de los noventa hubo importantes movimientos indígenas en Ecuador, en defensa del agua en Bolivia y antes, se había producido el ‘caracazo’ en Venezuela, también hubo movilizaciones en Argentina. Ahora se enfilan hacia el modelo megaextractivista. En Perú, las movilizaciones indígenas son muy fuertes en contra del proyecto Conga por ejemplo. En Argentina en torno a la producción de soya y del proyecto llamado Ciudad Monsanto, cerca de Córdoba, que pretendía construir 270 silos para maíz transgénico para toda la región. Los comuneros movilizados lograron derrotar el proyecto. Hay movilizaciones en contra de Barrick Gold en Chile y Argentina.
Las protestas también afectan a los gobiernos de centroizquierda, como el de Ecuador, ya que ningún gobierno ha sido capaz de oponerse a las estrategias de acumulación por desposesión de las transnacionales. Al contrario las incentivan. Los indígenas reivindican el camino posextractivista y posneoliberal, mientras el gobierno Correa sigue otorgando concesiones que abarcan parte importante del territorio nacional, denuncia activistas o ONG ecologistas y abandona la idea de reservar sin explotación yacimientos de petróleo en la selva amazónica (el famoso proyecto Yasuní), a falta de apoyo internacional.
Conflictos mineros y socioambientales se agudizan y muestran los límites del avance en términos de la democratización de la estructura económica y del modelo de acumulación de capital. Los nuevos conflictos en gestación y en desarrollo están a menudo ligados a esa compleja problemática. Otro tema que se acerca es el del ‘derecho a la ciudad’, ejemplificado en las grandes luchas que dieron en Brasil sectores urbanos pobres y también sectores medios, reclamando mejoramiento de servicios urbanos como el transporte, derecho a un ambiente limpio y seguro, defensa de los espacios urbanos al servicio de todos, derecho a la salud”.
Unir a los trabajadores
“Un tercer tema es el trabajo, y sus conflictos con el capital, factor esencial en el funcionamiento de la sociedad. La organización sindical, el derecho a huelga, las remuneraciones mínimas, la seguridad laboral frente a los accidentes y enfermedades profesionales, la lucha por el derecho a la previsión social, siguen estando en el centro de la preocupación de millones de latinoamericanos y de múltiples luchas, aunque todavía no hay una movilización poderosa y continua de los asalariados. Y aquí la unidad de la clase es fundamental. Por eso no estuve de acuerdo cuando la CUT llamó a votar por Bachelet, cosa que podía haber hecho la presidenta de la CUT como comunista y a título personal. El gran Clotario Blest se opuso siempre a que la CUT tomara posiciones políticas que pudieran dividir a los trabajadores, incluso durante el gobierno Allende.
A propósito de la coyuntura actual, en un libro que se publicó recientemente en Ecuador ( ‘ Emancipaciones en América Latina ’ ) planteo que es necesario reconstruir el movimiento sindical desde abajo, desde la base, sin instrumentalizaciones electorales y políticas. Hay muchas experiencias en América Latina que podrían servir de guía, desde las fábricas abandonadas por los patrones que han funcionado en manos de los trabajadores (como Fasinpat en Argentina), a las experiencias históricas de los cordones industriales en el Chile de la Unidad Popular o, desde otro ámbito, con la experiencia de autogobierno zapatista que lleva veinte años, en fin. El sociólogo Atilio Boron ha insistido en la necesidad de coordinación y articulación de los trabajadores. Ellos enfrentan enemigos poderosos: los patrones que se coordinan en poderosas organizaciones que se extienden hasta más allá de las fronteras, que disponen de la policía y del ejército, con el poder del imperialismo. En América Latina, hay decenas bases militares de Estados Unidos. Los trabajadores deben organizarse en forma bien articulada, con estrategias de clase independientes y herramientas políticas alternativas anticapitalistas propias”.
Amenaza a la paz
“No es sólo dentro de la actual geopolítica latinoamericana que hay que mirar hacia Venezuela y Colombia. Pero también desde una mirada global. Creo que en el caso de Venezuela bolivariana las razones son obvias, sobre todo cuando las tensiones dentro del ‘chavismo sin Chávez’ son múltiples, y potencialmente explosivas frente a una oposición neoliberal muy agresiva. Evidentemente, la victoria electoral del chavismo en las elecciones municipales del 8 de diciembre pasado es importante para la continuidad del proceso. Pero es un error la visión triunfalista que tienen algunos analistas de Izquierda. Varios textos que publicamos en rebelion.org muestran el descontento creciente de las bases populares en Venezuela frente a la corrupción, los problemas económicos, la inseguridad, mientras la burguesía sigue acumulando privilegios y organizando una de las fugas de capital más masivas de la historia de América del Sur.
Por otra parte, Colombia: clave de la presencia de EE.UU. en la región, no sólo a través del Plan Colombia y de la Alianza del Pacífico, también gracias a los millones de dólares invertidos en el trabajo sucio de inteligencia militar (como se acaba de confirmar gracias a las revelaciones de Edward Snowden). Hay que mirar de cerca la dinámica del proceso de paz que se está llevando a cabo en La Habana entre el presidente Santos y las FARC. La escandalosa destitución del alcalde progresista de Bogotá, Gustavo Petro, es un ataque directo a la perspectiva de paz con transformación social y reforma agraria radical, esperanza de millones de campesinos desplazados. Con la destitución de un líder popular aunque muy moderado, el Estado y las clases dominantes dicen al pueblo colombiano: habrá paz en la medida de lo posible y sobre todo, para los inversores extranjeros (como lo pide Washington). Todos los que piensen desafiar ese nuevo orden en construcción, serán castigados. Un mensaje claro para los militantes de los movimientos sociales y para los dirigentes de las FARC que piensan pasar a la vida política civil”.
Versión revisada para Rebelión del texto publicado en Punto Final, edición Nº 797, 10 de enero 2014
  www.puntofinal.cl
(1) Su último libro es una historia 'desde abajo' de los mil días de la Unidad Popular y del gobierno Allende (Chili 1970-1973. Mille jours qui ébranlèrent le monde , Presses universitaires de Rennes-IDA, Rennes, 2013, www.pur-editions.fr/detail.php?idOuv=3265)

Violencia en Venezuela. Un análisis de sangre





El reciente asesinato de la Miss Mónica Spear ha reabierto la discusión sobre la inseguridad en Venezuela, uno de los diez países más violentos del mundo.
Por primera vez en mucho tiempo, ha habido una respuesta explícita por parte de las autoridades, que han promovido cambios drásticos en la política de seguridad: los civiles han sido sustituidos por militares en puestos clave; ha habido un despliegue sin precedentes de las fuerzas de seguridad por todo el país y por si todo lo anterior fuera poco, parece haberse inaugurado una nueva era de entendimiento con la otrora irreconciliable oposición.
Se ha consumado así un giro reclamado desde hace tiempo tanto por algunos sectores del gobierno como por la citada oposición y su incombustible aliada, la prensa internacional: discurso securitario clásico y mano dura en la lucha contra el crimen. A nivel latinoamericano, nada nuevo; en términos venezolanos, algo notable: las urgencias securitarias de Maduro, parecen empujadas por la presión mediática, y suponen una ruptura en relación con las políticas, más orientadas a largo plazo y a la prevención, de su predecesor Hugo Chávez .
En este sentido, el trasfondo político debe ser considerado: las decisiones del actual Presidente podrían formar parte de los sutiles “reacomodos” políticos que están teniendo lugar al interior del chavismo tras la muerte del Presidente/Comandante.
A grandes rasgos, y en descargo de Maduro, puede decirse que el rosario de incompetencias, zigzagueos y ajustes de cuentas que caracterizan a la lucha contra el crimen, ni ocurren solo en Venezuela ni son exclusivamente atribuibles al chavismo. Evoquemos aquí un dato, a modo de recordatorio: en 1999, antes de la llegada de Chávez al poder, Venezuela ya era el séptimo país más violento del mundo.
Pese a ello, no todas las excusas son aceptables: de hecho, sostener que la lucha contra la pobreza terminará a largo plazo con la inseguridad y por ende, con la violencia (como ha sostenido, durante años, el chavismo) es no comprender la naturaleza de una problemática que tiene en la desigualdad y, por tanto, en la exclusión, uno de sus acicates.
Sin embargo, desigualdad y exclusión, tampoco lo explican todo: para empezar, es necesario enmarcar el problema de la violencia que padece Venezuela en un contexto y para ser más precisos, en un contexto internacional.
La dimensión internacional: una explicación escamoteada
Si contemplamos las cosas a vista de pájaro y trascendiendo el territorio venezolano, nos encontraremos con un dato estremecedor: 22 de los 24 países más violentos del mundo están en América Latina y el Caribe. El detonante, para casi todos ellos, hay que buscarlo lejos, muy lejos: allá cuando, en 1971, el ex Presidente estadounidense Richard Nixon le declaró la guerra al narcotráfico.
Fue por aquel entonces cuando las cosas comenzaron a torcerse para la, hasta ese momento, más o menos apacible América Latina. Simple y sencillo: la citada guerra contra las drogas disparó el crimen a niveles, hasta entonces, insospechados. El mecanismo fue sencillo: esta última, en lugar de acabar con el contrabando, terminó alentando un gigantesco tráfico de drogas desde América del Sur, el Caribe y Centroamérica, hasta Estados Unidos que, como efecto colateral, terminó inundando los citados territorios de armas. 
Actualmente, las cifras cantan: cada año, en América Latina, hay tantos muertos (más de 100 mil) como en Siria, Libia, Pakistán, Afganistán e Irak juntos. Sin embargo, son pocos los que tienen conciencia de datos tan estremecedores.
De hecho, el conflicto que padece América Latina es silencioso -porque no hay conciencia de que exista, porque sus cifras están fragmentadas y porque no hay frentes de batalla formales– y cimenta su dinamismo en una característica típica de la región: la desigualdad y, su corolario típico, la exclusión. América Latina, más que una de las regiones más pobres del mundo, es una de las más desiguales.
Recapitulando: la circulación incontrolada de armas sumada a la desigualdad social es combustible para la violencia.
En la práctica, todo eso quiere decir que clamar contra uno u otro Gobierno (como acostumbra a hacerse en el caso de Venezuela) sin comprender que el problema es regional y, al mismo tiempo, social, es pecar de falta de seriedad. De hecho, no se puede solucionar ni aisladamente ni aplicando mano dura. Tampoco es serio achacar todo el problema a las dinámicas internacionales que acaban de ser descritas. De hecho, casos como el de Cuba, con uno de los índices más bajos de violencia de la región, o la significativa bajada de violencia en Brasil, ocurrida en los últimos años, demuestran que sí, que hay margen de maniobra.
La dimensión nacional: una contradicción tras otra
Cabe preguntarse por cómo maneja Venezuela ese margen de maniobra en la lucha contra la violencia. La respuesta es simple: el reciente viraje de Maduro parece ser solo el último bandazo de una serie tan larga como absurda. De hecho, evaluar la política de seguridad de Venezuela en general, y la del chavismo en particular, resulta complicadísimo: en menos de veinte años ha habido 25 planes de seguridad que han ido, desde políticas de Tolerancia Cero (al estilo Rudolph Giuliani) hasta orgullosas afirmaciones de que la lucha contra la pobreza acabaría a largo plazo y casi por sí sola, como por arte de magia, con el crimen.
En la práctica, todos los planes a los que se acaba de aludir, han resultado inútiles. De hecho, el número de homicidios se ha desbocado, pasando de 25 por cada 100 mil habitantes en 1999 a 39 en 2013.
Precisamente por eso, hay datos actuales que resultan incomprensibles: por ejemplo Venezuela, que tiene 50 veces más homicidios por habitante que España o Alemania tiene índices similares de población penitenciaria. Por si lo anterior fuera poco, es el cuarto país del mundo en masificación carcelaria. Queda la guinda: el Gobierno presume de haber destruido, entre 2003 y 2012, 287.838 armas . Lo insólito   es que, según cifras oficiales,   hay entre 9 y 15 millones de armas sueltas por el país . A ese ritmo harían falta 434 años para terminar de destruirlas todas.
No debe llamar la atención, por lo tanto, que la sensación de impunidad reine y persista. De hecho, ninguno de los aparatos de seguridad clásicos (policía, sistema judicial y sistema penitenciario) tienen la confianza de la población.
En paralelo, tampoco las Misiones Sociales parecen haber servido para frenar un crimen que se ceba, sobretodo, en las zonas urbanas deprimidas que, no hay que olvidarlo, son las que ponen el 80% de los muertos.
A grandes rasgos, el quid de la cuestión parece radicar en que, los enfoques de las políticas venezolanas de seguridad (antes y después de Chávez) no solo son erráticos sino contradictorios y sobre todas las cosas, ineficientes.
La violencia se combate a largo plazo y se necesitan planes sin interrupción. Se diseñan planes y más planes, quizás con buenos diagnósticos, pero o no se ejecutan como se planificaron o se dejan a medio hacer. En Venezuela, sin embargo, toda planificación es cortoplacista porque suele buscar resultados rápidos, políticamente vendibles: eso hace vulnerables a las políticas públicas, no solo a presiones externas, sino a estados emocionales colectivos, como el vivido recientemente tras la muerte de la Miss, Mónica Spear.
La dimensión local: un mundo desconocido
Comprender los barrios cuesta. Están ahí, a la vista de todos y aunque todo el mundo sabe que son causa y consecuencia de muchas cosas, se trata de estructuras sociales complejas.
Antes de Chávez se solía tirar por la calle de en medio: las incursiones violentas de las fuerzas de seguridad eran recurrentes e iban acompañadas de muerte y violaciones de derechos humanos. Ahora, aunque el chavismo logró frenar la represión, poniendo a los barrios en la agenda política, no ha sido capaz resolver el problema: la violencia sigue germinando en los cerros.
Casos como el de Spear hacen pensar que la inseguridad está desbordada y, aunque algo de eso hay, lo que la prensa, nacional e internacional, suele ignorar es que, la mayoría de los muertos, los ponen las zonas deprimidas de las grandes ciudades.
En términos generales, el problema central de los barrios es la exclusión. Desde que llegó Chávez, dentro de los barrios se come, la gente puede curarse y tienen acceso a la educación. Más allá de eso, la desolación, campa: no hay calles urbanizadas, no hay plazas, no hay jardines, no hay espacios ni servicios público. Tampoco hay farmacias, ni cines, ni tiendas, ni oficinas. Menos aún, policías, periodistas, oficinistas o asistentes sociales. Los barrios viven al margen de casi todo y están armados: en eso radica la matriz de la violencia en Venezuela.
Cuando, en 1999, Chávez asumió la Presidencia, se comprendió muy rápidamente que el principal problema para acabar con la citada exclusión, no solo era político (pues hasta entonces, los barrios o no habían existido o solían ser concebidos como problema) sino administrativo. Por eso se crearon las famosas Misiones Bolivarianas: para proporcionar una atención de urgencia y prioritaria a enormes áreas que la necesitaban.
Una década después ese modelo, en su momento válido e incluso ejemplar, es susceptible de crítica: de hecho, a día de hoy, el Estado sigue siendo casi inexistente en la periferia deprimida de las grandes ciudades. En la práctica, ni con Misiones ni sin ellas, el Estado logra integrar al entramado urbano, a estructuras sociales complejas… y en eso consiste el reto: lograrlo, será comenzar a desarticular la violencia; no lograrlo, por más fuerzas de seguridad y más alcabalas que proliferen, será un fracaso.
Conclusiones: otra política de seguridad es posible (¡y necesaria!)
Las generalizaciones y maniqueísmos sobre el crimen en Venezuela, abundan. Algunas observaciones, de las muchas que se hacen sobre este tema en la prensa nacional e internacional, son malintencionadas; otras, están gobernadas por la urgencia y la mayoría, desconocen los problemas de fondo.
En este complejo asunto, para empezar, las hay de cal y las hay de arena. De hecho, aunque por una parte resulta complejo detectar culpables definitivos, ya que la razón última de la violencia no tiene una dimensión nacional sino regional. Por la otra, es un hecho que a lo largo de los últimos años, el Estado - que tiene margen de maniobra - ha sido incapaz de elaborar una política de seguridad seria, continuada y constante.
Criticar al perverso capitalismo ha estado entre las tentaciones más recurrentes del chavismo aunque, apuntar al socialismo, ha sido una de las actividades preferidas de la oposición. Obviamente, ni una explicación ni la otra ayudan a resolver el problema cuando, lo que hace falta son diagnósticos rigurosos.
Dichos diagnósticos debieran centrarse, más en las causas -a las que casi todos aluden pero en las que casi nadie trabaja- y menos en las consecuencias. Hablar de causas, en Venezuela, es hablar de barrios; y hablar de barrios es hacerlo de una marginación que, sobretodo, es espacial.
Hasta ahora, el chavismo, ha logrado importantes avances en la lucha contra la pobreza pero se ha mostrado incapaz de integrar, realmente, a los barrios periféricos a los entramados urbanos: la violencia, que a todos nos alcanza y a todos nos impresiona, es una desgarradora demostración de dicho extremo.
Hoy por hoy, Venezuela, necesita planes y acciones centradas en cambiar el perfil urbano y geográfico del país. Hacerlo, como es obvio, no pasa por políticas facilonas de mano dura sino por políticas profesionales de transformación social.
En ese sentido, hay que comprender que los servicios de asistencia social, o los planificadores urbanos, son tan importantes, o más, que cualquiera de los aparatos represivos clásicos del Estado (policías, abogados, jueces). En los barrios, de hecho, no solo es necesario perseguir a los delincuentes: también, lo es prevenir… y para prevenir es preciso asegurarse cosas tan simples como que los niños acudan a la escuela, y los papás y las mamás a sus trabajos; que los enfermos mentales reciban la atención médica necesaria; que no haya violencia intrafamiliar; que los jóvenes busquen y encuentren empleo; que haya un mínimo de planificación familiar; que la cultura de la violencia no arraigue; que el trabajo y el estudio sea un valor contra la exclusión, etc., etc.
En los barrios, en definitiva, hace falta ‘normalidad’ pura y simple. Las zonas deprimidas de las grandes ciudades deben ser y parecer ciudad. Y para que eso ocurra, hace falta Estado, un Estado que le cambie el alma al tejido urbano y deje de pintarnos las casas de colores.
* Juan Agulló es sociólogo, geotlati@gmail.com ; Rafel Rico Ríos es Ingeniero de Telecomunicación, @rafaelricorios rafaelricorios@gmail.com ; Dimitris Pantoulas es politólogo, @Dpantoulas d.pantoulas@gmail.com
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