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martes, 21 de enero de 2014

Violencia en Venezuela. Un análisis de sangre





El reciente asesinato de la Miss Mónica Spear ha reabierto la discusión sobre la inseguridad en Venezuela, uno de los diez países más violentos del mundo.
Por primera vez en mucho tiempo, ha habido una respuesta explícita por parte de las autoridades, que han promovido cambios drásticos en la política de seguridad: los civiles han sido sustituidos por militares en puestos clave; ha habido un despliegue sin precedentes de las fuerzas de seguridad por todo el país y por si todo lo anterior fuera poco, parece haberse inaugurado una nueva era de entendimiento con la otrora irreconciliable oposición.
Se ha consumado así un giro reclamado desde hace tiempo tanto por algunos sectores del gobierno como por la citada oposición y su incombustible aliada, la prensa internacional: discurso securitario clásico y mano dura en la lucha contra el crimen. A nivel latinoamericano, nada nuevo; en términos venezolanos, algo notable: las urgencias securitarias de Maduro, parecen empujadas por la presión mediática, y suponen una ruptura en relación con las políticas, más orientadas a largo plazo y a la prevención, de su predecesor Hugo Chávez .
En este sentido, el trasfondo político debe ser considerado: las decisiones del actual Presidente podrían formar parte de los sutiles “reacomodos” políticos que están teniendo lugar al interior del chavismo tras la muerte del Presidente/Comandante.
A grandes rasgos, y en descargo de Maduro, puede decirse que el rosario de incompetencias, zigzagueos y ajustes de cuentas que caracterizan a la lucha contra el crimen, ni ocurren solo en Venezuela ni son exclusivamente atribuibles al chavismo. Evoquemos aquí un dato, a modo de recordatorio: en 1999, antes de la llegada de Chávez al poder, Venezuela ya era el séptimo país más violento del mundo.
Pese a ello, no todas las excusas son aceptables: de hecho, sostener que la lucha contra la pobreza terminará a largo plazo con la inseguridad y por ende, con la violencia (como ha sostenido, durante años, el chavismo) es no comprender la naturaleza de una problemática que tiene en la desigualdad y, por tanto, en la exclusión, uno de sus acicates.
Sin embargo, desigualdad y exclusión, tampoco lo explican todo: para empezar, es necesario enmarcar el problema de la violencia que padece Venezuela en un contexto y para ser más precisos, en un contexto internacional.
La dimensión internacional: una explicación escamoteada
Si contemplamos las cosas a vista de pájaro y trascendiendo el territorio venezolano, nos encontraremos con un dato estremecedor: 22 de los 24 países más violentos del mundo están en América Latina y el Caribe. El detonante, para casi todos ellos, hay que buscarlo lejos, muy lejos: allá cuando, en 1971, el ex Presidente estadounidense Richard Nixon le declaró la guerra al narcotráfico.
Fue por aquel entonces cuando las cosas comenzaron a torcerse para la, hasta ese momento, más o menos apacible América Latina. Simple y sencillo: la citada guerra contra las drogas disparó el crimen a niveles, hasta entonces, insospechados. El mecanismo fue sencillo: esta última, en lugar de acabar con el contrabando, terminó alentando un gigantesco tráfico de drogas desde América del Sur, el Caribe y Centroamérica, hasta Estados Unidos que, como efecto colateral, terminó inundando los citados territorios de armas. 
Actualmente, las cifras cantan: cada año, en América Latina, hay tantos muertos (más de 100 mil) como en Siria, Libia, Pakistán, Afganistán e Irak juntos. Sin embargo, son pocos los que tienen conciencia de datos tan estremecedores.
De hecho, el conflicto que padece América Latina es silencioso -porque no hay conciencia de que exista, porque sus cifras están fragmentadas y porque no hay frentes de batalla formales– y cimenta su dinamismo en una característica típica de la región: la desigualdad y, su corolario típico, la exclusión. América Latina, más que una de las regiones más pobres del mundo, es una de las más desiguales.
Recapitulando: la circulación incontrolada de armas sumada a la desigualdad social es combustible para la violencia.
En la práctica, todo eso quiere decir que clamar contra uno u otro Gobierno (como acostumbra a hacerse en el caso de Venezuela) sin comprender que el problema es regional y, al mismo tiempo, social, es pecar de falta de seriedad. De hecho, no se puede solucionar ni aisladamente ni aplicando mano dura. Tampoco es serio achacar todo el problema a las dinámicas internacionales que acaban de ser descritas. De hecho, casos como el de Cuba, con uno de los índices más bajos de violencia de la región, o la significativa bajada de violencia en Brasil, ocurrida en los últimos años, demuestran que sí, que hay margen de maniobra.
La dimensión nacional: una contradicción tras otra
Cabe preguntarse por cómo maneja Venezuela ese margen de maniobra en la lucha contra la violencia. La respuesta es simple: el reciente viraje de Maduro parece ser solo el último bandazo de una serie tan larga como absurda. De hecho, evaluar la política de seguridad de Venezuela en general, y la del chavismo en particular, resulta complicadísimo: en menos de veinte años ha habido 25 planes de seguridad que han ido, desde políticas de Tolerancia Cero (al estilo Rudolph Giuliani) hasta orgullosas afirmaciones de que la lucha contra la pobreza acabaría a largo plazo y casi por sí sola, como por arte de magia, con el crimen.
En la práctica, todos los planes a los que se acaba de aludir, han resultado inútiles. De hecho, el número de homicidios se ha desbocado, pasando de 25 por cada 100 mil habitantes en 1999 a 39 en 2013.
Precisamente por eso, hay datos actuales que resultan incomprensibles: por ejemplo Venezuela, que tiene 50 veces más homicidios por habitante que España o Alemania tiene índices similares de población penitenciaria. Por si lo anterior fuera poco, es el cuarto país del mundo en masificación carcelaria. Queda la guinda: el Gobierno presume de haber destruido, entre 2003 y 2012, 287.838 armas . Lo insólito   es que, según cifras oficiales,   hay entre 9 y 15 millones de armas sueltas por el país . A ese ritmo harían falta 434 años para terminar de destruirlas todas.
No debe llamar la atención, por lo tanto, que la sensación de impunidad reine y persista. De hecho, ninguno de los aparatos de seguridad clásicos (policía, sistema judicial y sistema penitenciario) tienen la confianza de la población.
En paralelo, tampoco las Misiones Sociales parecen haber servido para frenar un crimen que se ceba, sobretodo, en las zonas urbanas deprimidas que, no hay que olvidarlo, son las que ponen el 80% de los muertos.
A grandes rasgos, el quid de la cuestión parece radicar en que, los enfoques de las políticas venezolanas de seguridad (antes y después de Chávez) no solo son erráticos sino contradictorios y sobre todas las cosas, ineficientes.
La violencia se combate a largo plazo y se necesitan planes sin interrupción. Se diseñan planes y más planes, quizás con buenos diagnósticos, pero o no se ejecutan como se planificaron o se dejan a medio hacer. En Venezuela, sin embargo, toda planificación es cortoplacista porque suele buscar resultados rápidos, políticamente vendibles: eso hace vulnerables a las políticas públicas, no solo a presiones externas, sino a estados emocionales colectivos, como el vivido recientemente tras la muerte de la Miss, Mónica Spear.
La dimensión local: un mundo desconocido
Comprender los barrios cuesta. Están ahí, a la vista de todos y aunque todo el mundo sabe que son causa y consecuencia de muchas cosas, se trata de estructuras sociales complejas.
Antes de Chávez se solía tirar por la calle de en medio: las incursiones violentas de las fuerzas de seguridad eran recurrentes e iban acompañadas de muerte y violaciones de derechos humanos. Ahora, aunque el chavismo logró frenar la represión, poniendo a los barrios en la agenda política, no ha sido capaz resolver el problema: la violencia sigue germinando en los cerros.
Casos como el de Spear hacen pensar que la inseguridad está desbordada y, aunque algo de eso hay, lo que la prensa, nacional e internacional, suele ignorar es que, la mayoría de los muertos, los ponen las zonas deprimidas de las grandes ciudades.
En términos generales, el problema central de los barrios es la exclusión. Desde que llegó Chávez, dentro de los barrios se come, la gente puede curarse y tienen acceso a la educación. Más allá de eso, la desolación, campa: no hay calles urbanizadas, no hay plazas, no hay jardines, no hay espacios ni servicios público. Tampoco hay farmacias, ni cines, ni tiendas, ni oficinas. Menos aún, policías, periodistas, oficinistas o asistentes sociales. Los barrios viven al margen de casi todo y están armados: en eso radica la matriz de la violencia en Venezuela.
Cuando, en 1999, Chávez asumió la Presidencia, se comprendió muy rápidamente que el principal problema para acabar con la citada exclusión, no solo era político (pues hasta entonces, los barrios o no habían existido o solían ser concebidos como problema) sino administrativo. Por eso se crearon las famosas Misiones Bolivarianas: para proporcionar una atención de urgencia y prioritaria a enormes áreas que la necesitaban.
Una década después ese modelo, en su momento válido e incluso ejemplar, es susceptible de crítica: de hecho, a día de hoy, el Estado sigue siendo casi inexistente en la periferia deprimida de las grandes ciudades. En la práctica, ni con Misiones ni sin ellas, el Estado logra integrar al entramado urbano, a estructuras sociales complejas… y en eso consiste el reto: lograrlo, será comenzar a desarticular la violencia; no lograrlo, por más fuerzas de seguridad y más alcabalas que proliferen, será un fracaso.
Conclusiones: otra política de seguridad es posible (¡y necesaria!)
Las generalizaciones y maniqueísmos sobre el crimen en Venezuela, abundan. Algunas observaciones, de las muchas que se hacen sobre este tema en la prensa nacional e internacional, son malintencionadas; otras, están gobernadas por la urgencia y la mayoría, desconocen los problemas de fondo.
En este complejo asunto, para empezar, las hay de cal y las hay de arena. De hecho, aunque por una parte resulta complejo detectar culpables definitivos, ya que la razón última de la violencia no tiene una dimensión nacional sino regional. Por la otra, es un hecho que a lo largo de los últimos años, el Estado - que tiene margen de maniobra - ha sido incapaz de elaborar una política de seguridad seria, continuada y constante.
Criticar al perverso capitalismo ha estado entre las tentaciones más recurrentes del chavismo aunque, apuntar al socialismo, ha sido una de las actividades preferidas de la oposición. Obviamente, ni una explicación ni la otra ayudan a resolver el problema cuando, lo que hace falta son diagnósticos rigurosos.
Dichos diagnósticos debieran centrarse, más en las causas -a las que casi todos aluden pero en las que casi nadie trabaja- y menos en las consecuencias. Hablar de causas, en Venezuela, es hablar de barrios; y hablar de barrios es hacerlo de una marginación que, sobretodo, es espacial.
Hasta ahora, el chavismo, ha logrado importantes avances en la lucha contra la pobreza pero se ha mostrado incapaz de integrar, realmente, a los barrios periféricos a los entramados urbanos: la violencia, que a todos nos alcanza y a todos nos impresiona, es una desgarradora demostración de dicho extremo.
Hoy por hoy, Venezuela, necesita planes y acciones centradas en cambiar el perfil urbano y geográfico del país. Hacerlo, como es obvio, no pasa por políticas facilonas de mano dura sino por políticas profesionales de transformación social.
En ese sentido, hay que comprender que los servicios de asistencia social, o los planificadores urbanos, son tan importantes, o más, que cualquiera de los aparatos represivos clásicos del Estado (policías, abogados, jueces). En los barrios, de hecho, no solo es necesario perseguir a los delincuentes: también, lo es prevenir… y para prevenir es preciso asegurarse cosas tan simples como que los niños acudan a la escuela, y los papás y las mamás a sus trabajos; que los enfermos mentales reciban la atención médica necesaria; que no haya violencia intrafamiliar; que los jóvenes busquen y encuentren empleo; que haya un mínimo de planificación familiar; que la cultura de la violencia no arraigue; que el trabajo y el estudio sea un valor contra la exclusión, etc., etc.
En los barrios, en definitiva, hace falta ‘normalidad’ pura y simple. Las zonas deprimidas de las grandes ciudades deben ser y parecer ciudad. Y para que eso ocurra, hace falta Estado, un Estado que le cambie el alma al tejido urbano y deje de pintarnos las casas de colores.
* Juan Agulló es sociólogo, geotlati@gmail.com ; Rafel Rico Ríos es Ingeniero de Telecomunicación, @rafaelricorios rafaelricorios@gmail.com ; Dimitris Pantoulas es politólogo, @Dpantoulas d.pantoulas@gmail.com
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

viernes, 10 de enero de 2014

Unesco reconoce a Venezuela como el quinto país con mayor matrícula universitaria del mundo



AVN


Venezuela fue ubicada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés) como el quinto país con mayor matrícula universitaria y segundo en Latinoamérica.
En la actualidad, la Unesco estima que el país cuenta con una matrícula estudiantil del 83% de su población.
El Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria (MPPEU) incrementó en el 2013 la matrícula estudiantil en 289% lo que se traduce en dos millones 620 mil 013 alumnos en aulas de clases, incluyendo 3.346 provenientes de pueblos indígenas y 1.232 con discapacidad.
Este año fue decretado por el presidente de la República, Nicolás Maduro, como el año de la juventud, donde se continuará, entre otras cosas, con el desarrollo del sistema Wi-Fi en universidades del país y la entrega de de tabletas a jóvenes universitarios.
La fundación de la Universidad de Ciencias de la Salud Salvador Allende, es uno de los retos que perfila Venezuela para este 2014, donde se formarán profesionales, especialistas y técnicos en diversas disciplinas de la ciencia de la salud, quienes estarán dedicados a favor de las zonas más humildes.
Fuente: http://www.avn.info.ve/contenido/unesco-reconoce-venezuela-como-quinto-pa%C3%ADs-mayor-matr%C3%ADcula-universitaria-del-mundo

domingo, 5 de enero de 2014

Recuperaremos la democracia enfrentando sentimientos utopistas y afiebradas hipótesis de igualdad social





Esta oración compuesta, lanzada recientemente por cultos opositores, tiene un histórico y patológico predicado. Sin negarles a los predicantes su derecho a disentir, clamar a estas alturas por una democracia del linaje, suena demasiado disparatado.
Hace unos años, intelectuales como estos, sacaron un remitido cargado de predicados similares. Decían cosas como: el gobierno de Chávez ha venido desarrollando una insidiosa y costosísima propaganda… entre agrupaciones y personas fácilmente engañables... capaz de despertar los sentimientos utopistas del pueblo venezolano… Si ya es enfermizo que esas cosas sean dichas por intelectuales, imaginen la pena por la poeta que estaba entre ellos, que, en plena cuarta república, afirmaba: La única responsabilidad intelectual es con la soledad y el deseo…
Pero, más allá de la risible (por desmedida) altanería, es bueno fijarse en estas frases que retrata su pensamiento político: “ recuperar la democracia”, “afiebradas hipótesis de igualdad social” y la ya mencionada ojeriza con que se despierten “los sentimientos utopistas del pueblo venezolano” .
La primera de ellas no da risas sino escalofríos, me recordó a aquel secretario general del Partido Comunista Húngaro, llamado Károly Grosz, que en 1989, luego de toda una vida ocupando cargos en ese partido, convocó un congreso extraordinario para proponer dejar de lado la teoría marxista, el partido único y el cambio de nombre y símbolos, pues, había mucha sangre y mucho sufrimiento detrás de todo eso. Dejaron el marxismo, cambiaron la bandera, y se reeligió secretario general de “esa nueva” organización.
Las otras frases muestran el mayorazgo y la misoginia de estos intelectuales. Al hablar de personas engañables, de afiebradas hipótesis de igualdad y sentimientos utopistas, están diciendo, claro y raspado, que el pueblo se puede ir bien lejos al carajo, la democracia que quieren recuperar es la de los atenienses legítimos, y varones .
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Diez mandamientos para la comunicación revolucionaria





1.-Revolución es innovación: un medio revolucionario innova en el fondo y en la forma. Ejemplo: El cine soviético, el muralismo mexicano, la trova cubana.
2.-La comunicación revolucionaria es el sistema educativo de toda la sociedad. Ejemplo: Así como el aparato de comunicación privada sostiene el capitalismo promoviendo falsedades, vicios, codicia, consumismo, globalización y superstición, el revolucionario promoverá el socialismo transmitiendo conocimiento, valores, solidaridad, productividad, identidad y ciencia.
3.-No repetiremos en los medios revolucionarios calumnias y mentiras de la derecha. Ejemplo: Al comentar este precepto no mencionamos ninguna de las falsedades de la oposición.
4.-No prestaremos relieve ni resonancia a figuras insignificantes polemizando con ellas ni mencionándolas en forma saturativa. Ejemplo: En el boxeo el campeón pelea con el contendor, y no con el second. La propaganda de Colacola no dice: No beba Sevenseven, sino Beba Colacola. Algunas publicaciones culturales son Panteón de Dientes Rotos de las Reputaciones Consagradas y las Nulidades Engreidas de la derecha. Eduardo Galeano me sostiene que los compañeros cubanos han convertido a una anodina disidente en figura mundial a fuerza de mencionarla en sus bloqueados medios.
5.-Un sistema de comunicación revolucionaria debe ser fuente continua de datos concretos, objetivos, oportunos y actualizados sobre la realidad. Ejemplo: Cuatro días después de las elecciones del 8 de diciembre todavía la página web del CNE no incluye el segundo boletín, si es que lo hubo, ni totalizaciones a nivel nacional. Un año después del arranque de la Guerra Económica, todavía no sabemos el nombre de empresas y empresarios que obtuvieron 60.000 millones de dólares preferenciales para importaciones que nunca realizaron. Cuatro años después de 2009 todavía no tenemos cifras reales del verdadero número de homicidios en Venezuela, sino una absurda encuesta de Percepción de Inseguridad la cual percibe que ese año ¡21.132 homicidios produjeron 19.113 víctimas! Inconcebible disparate gracias al cual nos perciben como el segundo país más inseguro del mundo.
6.-No copiaremos los peores rasgos de los medios de comunicación de la ultraderecha: Ejemplo: La interrupción repetida, la cuña machacona y sin imaginación, el aumento de volumen del audio al pasar propaganda, el autosabotaje de llenar la pantalla de logos, letreros, cintillos, ventanas y ventanillas que impiden saber qué se está transmitiendo, la interrupción de la interrupción de la interrupción. No se puede transmitir un mensaje distinto del de los medios comerciales utilizando sus mismos códigos.
7.-No dejaremos que la programación sea saboteada por una competencia de figurones pugnando por aparecer asomados en medio de los programas de mayor audiencia. Ejemplos: Sobran.
8.-No imitaremos a la derecha en la creencia de que la figuración mediática sustituye al trabajo político. Ejemplos: Sobran.
9.-Comunicación revolucionaria debe ser sinónimo de excelencia. Ejemplo: La izquierda dispone de la más deslumbrante mayoría de poetas, narradores, dramaturgos, guionistas, actores, cineastas, directores, documentalistas, músicos, ensayistas, pintores, muralistas, escultores, arquitectos y analistas críticos del país ¿Por qué no utilizarlos?
10. -Usaremos a plenitud los medios de que disponemos. Ejemplo: El pueblo desprovisto de medios improvisó en minutos una red de noticias verbales y de celulares que hizo fracasar en horas el golpe de Estado del 2002. El sistema de medios públicos debe articular en semanas una estrecha cooperación y colaboración con el de medios alternativos y comunitarios. El bolivarianismo podría usar los satélites de que dispone para articular en meses una red nacional, latinoamericana y mundial de contenidos progresistas.
Fuente: http://www.aporrea.org/actualidad/a178651.html

miércoles, 11 de diciembre de 2013

La batalla de Venezuela

Ángeles Diez


Hace poco más treinta años Patricio Guzmán filmaba en Chile el triunfo de la Unidad Popular, el apoyo del pueblo chileno a su presidente y la reacción violenta de la burguesía que con sus armas económicas, mediáticas y organizativas emprendió la batalla por el derrocamiento, no sólo de un presidente sino de un proyecto de país soberano y popular. El presidente Allende y su pueblo dieron la batalla pero, en la coyuntura de los años 70, la fortaleza del imperio estadounidense y de las burguesías nacionales consiguió derrotarles. La opción golpista clásica, la de los militares, la de los desaparecidos, la de las torturas y la del exterminio, se impuso a los intentos desestabilizadores que requerían más tiempo y una inversión económica mayor.
El contexto internacional ha cambiado, especialmente el latinoamericano. La resistencia de la revolución cubana que ha mantenido la antorcha de la dignidad encendida ha sido recogida por otros gobiernos y otros pueblos, entre ellos, Venezuela. Los proyectos soberanistas son, en estos momentos, la piedra de toque del capitalismo. No son digeribles por un sistema que se levanta sobre la necesidad de la explotación de clase al interior de los Estados, y de pueblos y territorios más allá de las fronteras nacionales. La acumulación por desposesión que se impone en todo el orbe está encontrando la resistencia más firme en los proyectos progresistas de América Latina.
El imperio estadounidense y sus socios europeos han entrado en declive embarrancados en guerras neocoloniales en oriente y el norte de África y sumidos en una crisis económica cuya única salida es aumentar la explotación de sus clases populares y la destrucción de capital mediante la guerra (a ser posible externa). La experiencia chilena fue un aprendizaje también para el imperio. Los golpes de Estado tienen hoy sonrisa Obama y marca “si se puede”. Mientras, los socios europeos se debaten entre la necesidad de rentabilidad de sus empresas mediante inversiones en el exterior y la presión estadounidense para conseguir gobiernos afines a sus propios intereses.
En este contexto y con esta correlación de fuerzas existen importantes analogías entre el golpe de Estado en Chile de 1973 y el golpe de Estado que se va gestando contra el gobierno bolivariano en Venezuela y que tuvo su primer episodio en el 2002.
La debilidad política, intelectual y de liderazgo de la burguesía autóctona, y la determinación del pueblo venezolano para defender su revolución, hicieron fracasar el golpe contra Chávez y recondujeron la ofensiva imperial hacia los cauces de la desestabilización, el acoso y el aislamiento.
La guerra por las conciencias, primera y decisiva batalla.
En los años 50 Estados Unidos puso en marcha una gran operación de guerra encubierta contra el comunismo. La CIA movilizó recursos económicos y humanos que iban desde la desestabilización económica y golpes de estado hasta la financiación y promoción de intelectuales, revistas, congresos, periodistas. Si en América Latina se utilizó con mayor profusión la vía desestabilizadora y militar en Europa fue la guerra psicológica y cultural quien recibió más recursos económicos y humanos. Intelectuales, académicos, escritores, periodistas, unos conscientes otros sin saberlo, se pusieron al servicio de la causa de la “libertad y la democracia” norteamericana. A menudo desde posiciones de izquierda.
América Latina y Europa en los años 50 y 60 eran un hervidero transformador. Movimientos revolucionarios y liderazgo intelectual actuaban en simbiosis hacia un horizonte compartido. Sin embargo, en estos momentos mientras en América Latina siguen fluyendo las fuentes revolucionarias en Europa parecen haberse secado. Una población europea en estado de shock por las recetas liberales y una intelectualidad sin liderazgo político y embarrancada en el postmodernismo han favorecido que la guerra psicológica se centre en las corporaciones mediáticas que han pasado a ser las principales abanderadas de la guerra contra Venezuela.
Los medios españoles conforman la vanguardia de esta guerra. Encontramos en ellos la ilustración perfecta, la imagen más afinada de la propaganda de guerra en lengua castellana. Sus consignas, su lenguaje, la unicidad de criterio, la combinación de argumentos racionales y emocionales, la ocultación de datos, la interpretación tendenciosa, la sobreadjetivación…. Un catálogo completo de técnicas de manipulación que en los momentos electorales alcanzan su punto culminante.
Algunas de ellas han sido desplegadas recientemente al hilo de las elecciones municipales del 8 de diciembre. Unas elecciones que han sido tratadas por los medios como si fueran elecciones presidenciales, por la única razón de que los procesos electorales han sido, hasta las elecciones del 14 de abril una de las mayores fortalezas del proyecto bolivariano. A pesar de los 19 procesos electorales desde que ganó las elecciones Hugo Chávez no ha habido campaña electoral que no haya contado con el cuestionamiento del sistema electoral y acusaciones sistemáticas y reiteradas de autoritarismo.
Los sabotajes en el suministro de energía, el acaparamiento y desabastecimiento de bienes de primera necesidad han sido parte de la precampaña en casi todas las elecciones venezolanas. Desde finales del 2002 a principios del 2003 durante el paro empresarial, la cadena de producción y distribución de alimentos más importante, Central Madeirense, se sumó a las acciones de sabotaje, y las Empresas Polar especializadas en productos elaborados –nueve de ellos de la canasta básica- hicieron lo mismo. Desde entonces esta táctica ha sido empleada para minar la voluntad popular en su apoyo a la revolución y para desestabilizar la economía haciendo necesaria una intervención del gobierno que posteriormente es tachada por todos los medios de autoritaria. Así, en las medidas del gobierno venezolano para enfrentar el sabotaje económico, los periodistas han visto las derivas totalitarias del presidente Maduro supuestamente heredadas del presidente Chávez. Ewald Scharfenberg , articulista de El País, nos decía que “La oposición marchaba contra la deriva autoritaria de Maduro”1. Poco ha importado si la Ley Habilitante está contemplada en la constitución venezolana, o si impone unos límites legislativos que no están presentes en los famosos Decretos ley con los que lleva gobernando Rajoy desde que llegó al gobierno del reino de España.
Sean cuales sean los resultados el “chavismo” siempre pierde las elecciones.
Cuando se hace campaña por un candidato nunca se reconoce la derrota. Es el primer mandamiento del catecismo mediático. En las elecciones del 14 de abril que dieron la victoria a Nicolás Maduro, la oposición no reconoció los resultados electorales a pesar del reconocimiento internacional y de la fiabilidad del sistema electoral venezolano avalada también internacionalmente. Los medios masivos convirtieron la victoria de Maduro en una derrota en un doble sentido. Dieron más publicidad y por tanto credibilidad a las declaraciones de la oposición que a las autoridades venezolanas (muy diferente a lo que ha ocurrido recientemente con las elecciones en Honduras) cuestionando la limpieza del proceso electoral así como los resultados. Finalmente, cuando fue inviable sostener el discurso de la oposición y las acusaciones de fraude, la noticia no fue la victoria de Maduro sino la “pérdida de votos del chavismo”.
En el caso de las elecciones municipales del 8 de diciembre los medios ya han bombardeado convenientemente a las audiencias garantizando que sean cuales sean los resultados el “chavismo” o el “oficialismo” –términos habituales de los periodistas para descalificar la revolución bolivariana- ha perdido apoyos. Si se pierde alguna de las alcaldías actuales los medios ratificarán su consigna de “la falta de liderazgo de Maduro”, incluso se volverá a insistir con la oposición “que carece de legitimidad” para ser presidente o que y que la revolución no se sostiene sin Chávez. Si se mantienen los resultados actuales significará que el proyecto bolivariano no es capaz de avanzar entre la población y que no tardará en retroceder. Si se ganan más municipios será el resultado de que las medidas económicas “autoritarias de Maduro” han sido un “ardid electoral” que ha funcionado.
Unos malos resultados para la oposición siempre son justificados por los medios: ha sido una campaña desigual, el “chavismo” ha contado con todos los aparatos del estado, se han producido irregularidades, los medios de comunicación no han apoyado suficientemente a la oposición, o se acusa al CNE de “laxitud para sancionar las infracciones”2etc. Sorprendentemente en un país donde el 80% de los medios son privados y hacen campaña contra el gobierno se llega a decir que “con los medios masivos plegados a la voluntad del presidente Nicolás Maduro. Todos estos argumentos se manejan antes de las elecciones de forma que cuando se conocen los resultados se puede echar mano de cualquier de ellos para corroborar la propaganda bélica.
A diferencia de lo que ocurre en cualquier país del planeta, en Venezuela, los medios europeos y norteamericanos siempre han hecho campaña con y a favor de los perdedores, es decir, de la oposición venezolana. Periodistas de El País como Alfredo Meza o Miguel Ángel Bastenier se han esforzado constantemente en demostrar que aunque “el chavismo” ganara, en realidad había perdido. En estas elecciones nos ha dicho Meza que aunque la oposición no tenga más alcaldías si hay poca diferencia respecto a los chavistas Maduro se tendrá que enfrentar a un referéndum revocatorio de su mandato3.
M. A. Bastenier, otro de los habituales opinadores del Grupo Prisa, ha coincidido con las editoriales de El País, las agencias como EFE, AP y medios de ideología más conservadora y se ha centrado en los aspectos económicos. No para denunciar los sabotajes, el acaparamiento, el desabastecimiento etc. no, sus proyectiles han ido dirigidos a la negación de la evidencia.
Frente a los datos económicos de organismos internacionales como la CEPAL o el PNUD que han informado del incremento de los flujos de Inversión Extranjera Directa en un 44% , de la reducción de la pobreza en más de un 50%, de una tasa de desempleo del 7,6%, del crecimiento de la economía venezolana en 5,7% , de ocupar el puesto 47 de los países con índice de Desarrollo Humano alto y de ser el país de América latina que presenta el menor porcentaje de desigualdad y donde la inversión social se ha triplicado desde 1998; frente a estos datos, Bastenier prefiere seleccionar aquellos que mejor se ajustan a la imagen de caos y abismo económico que alimentan la campaña desestabilizadora. Para él sólo existen los datos de la inflación, la evasión de capitales, la corrupción y la violencia, cuatro patas ya clásicas de las campañas electorales contra el proceso bolivariano.
Los mecanismos de percepción de los datos sobre Venezuela están terriblemente alterados, sean los datos positivos o no el público español encontrará su lado negativo. Los periodistas ocultarán los indicadores positivos, magnificarán y difundirán solo los negativos, y si alguno no se puede ocultar será el resultado de la propaganda gubernamental. Como suelen afirmar los sociólogos si uno tortura suficientemente los datos estos acaban por confesar lo que uno quiere. Los periodistas son los grandes torturadores de los datos y de los hechos.
El fantasma cubano sigue recorriendo América Latina
Siguiendo con las analogías del golpe de Estado en Chile los informes desclasificados, nos recuerda Atilio Boron, demuestran que hubo un plan trazado desde la Casa blanca, la CIA y la fiscalía general para desestabilizar el país entre otros medios estrangulando la economía. La excusa entonces era la diseminación de la revolución comunista cubana. Como dice Atilio “es ingenuo pensar que hoy, en la Oficina Oval de la Casa Blanca, el inverosímil Premio Nobel de la Paz convoque a sus asesores para elaborar estrategias políticas distintas en relación con las resistencias que se alzan en contra del imperialismo”4. Lo que resulta realmente sorprendente es que las razones que Nixon se daba para impedir la consolidación de Allende, la expansión del comunismo cubano, sigan siendo hoy los mismos argumentos de la propaganda imperial.
Al frente de este argumento se alistan los periodistas más amarillistas y biliosos como Ludmila Vinogradoff que no duda en detallarnos cómo la “oposición venezolana toma las calles para protestar por la cubanización del país”. Ludmila se hace eco de los manifestantes que ven en la intervención del gobierno en la economía un paso más hacia la conversión de Venezuela en “una colonia de los cubanos” 5.
La amenaza cubana remite a un imaginario de sacrificios y escasez que forma parte ya de la matriz ideológica anticomunista. Actúa como una amenaza hacia los deseos y aspiraciones de justicia social del pueblo venezolano. El miedo a la cubanización es el miedo a los sacrificios y se aliña a menudo con artículos como el de A. Meza hablando de que Maduro conduce a Venezuela hacia “el socialismo real”6
En los últimos años, las políticas sociales a través de las Misiones han mejorado la salud, la educación, la alimentación y la vivienda de los venezolanos y han minado la identificación negativa de la trilogía propagandística socialismo-autoritarismo-escasez. Desaparecidos el “socialismo real” sólo Cuba puede ser utilizada para apuntalar el fantasma del comunismo que ha empezado a disiparse.
La Batalla de Chile fue y sigue siendo un legado para nuestra memoria. La prueba de que desde 1917, desde el triunfo de la revolución rusa, el capital no ha descansado en su lucha constante para aniquilar cualquier gobierno popular. Como dijera Nixon hablando de Chile, cualquier medio para impedir que se extienda el comunismo que es como decir cualquier medio para acabar con la voluntad popular. Venezuela ahora, como entonces Chile libra una guerra sin cuartel. La primera batalla, la más decisiva, sigue siendo la que se libra contra nuestras conciencias.
Madrid, 8 de diciembre de 2013
Ángeles Diez es Doctora en CC. Políticas y Sociología y profesora de la Universidad Complutense de Madrid.
1 http://internacional.elpais.com/internacional/2013/11/23/actualidad/1385237530_268803.html?rel=rosEP


2 http://internacional.elpais.com/internacional/2013/12/04/actualidad/1386186413_709721.html?rel=rosEP
3 http://internacional.elpais.com/internacional/2013/12/04/actualidad/1386186413_709721.html?rel=rosEP


4 http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-228729-2013-09-11.html
5 http://www.abc.es/internacional/20131123/abci-oposicion-venezolana-toma-calles-201311232022.html


6 ttp://internacional.elpais.com/internacional/2013/11/30/actualidad/1385772161_362268.html?rel=rosEP


Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
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martes, 10 de diciembre de 2013

Las elecciones de la consolidación del chavismo



Ninguna elección es rutinaria en Venezuela desde que hace 15 años la victoria de Hugo Chávez en las elecciones presidenciales de 1998 abriese un proceso de irrupción plebeya en el Estado: de las demandas, las palabras, los colores, y aspiraciones de los sectores históricamente excluidos. Desde entonces, cada cita electoral se convierte en una pugna entre dos modelos de país en guerra de posiciones en el Estado: el de los intentos de restauración conservadora frente a un avance socialista en libertad que, con sus contradicciones y dificultades, supone una experiencia histórica.

Fiel a su guión tradicional, la oposición intentó convertir estas elecciones municipales en un plebiscito sobre el Gobierno nacional y, en particular, sobre la figura de Nicolás Maduro. Pretendía continuar así una estrategia destituyente que arrancó (o se reactivó) el 14 de abril de 2013 con su desconocimiento de los resultados de las elecciones presidenciales, que se cobró once víctimas mortales, todos militantes o simpatizantes chavistas, a los que habría que sumar los dos asesinados en Aragua la jornada de este 8 de diciembre. Haciendo coro a esta propuesta plebiscitaria, el relato de los intelectuales cortesanos y de las grandes empresas internacionales de la comunicación volvió a vaticinar, de nuevo con más entusiasmo que atino, el colapso inminente de Venezuela y “el fin del chavismo”. Sin embargo, derrotando no sólo a la oposición sino también a estas profecías y su credibilidad, el chavismo aumenta su ventaja sobre la oposición conservadora y ha ganado ampliamente las elecciones municipales en número de alcaldías y en votos nacionales.

A falta de que el Consejo Nacional Electoral termine de contabilizar los márgenes de resultados que aún faltan (y que pueden matizar estas interpretaciones), el grueso de los datos, con el 97,5% escrutado, ya se conoce y permite un primer análisis político. Las elecciones tenían tres claves de lectura: en primer lugar, el resultado en número de alcaldías, que ha sido ampliamente favorable al Partido Socialista Unido de Venezuela y sus candidaturas u organizaciones aliadas de izquierdas, que han conquistado 210 alcaldías, más del 75% de las atribuidas hasta ahora (de un total de más de 335 municipios), frente a algo más de 50 alcaldías para la coalición opositora “Mesa de la Unidad Democrática”. El chavismo demuestra que es la única fuerza con presencia destacada en todo el país, con mayor inserción capilar territorial y factor de articulación nacional.

En segundo lugar, y pese a ser unas elecciones municipales de resultados no directamente trasladables al plano nacional, el cómputo de votos totales había sido proclamado por la oposición conservadora como el dato fundamental en un adelanto del plebiscito contra el Gobierno, el principio de su destitución; no obstante, los votos chavistas suman 5.111.336 (el 49,24%) frente a los 4.435.097 opositores (el 42%), quedando un 8% en candidaturas independientes de muy diversa índole y difícil adscripción. Estas elecciones no eran un referéndum sobre la continuidad del proceso de cambio y el chavismo en Venezuela, pero si lo hubiesen sido la diferencia a su favor habría sido de 6,5 puntos porcentuales y 675.000 votos (casi 5 puntos y 400.000 votos más que en las presidenciales del pasado 14 de abril de 2013).

Por último, el tercer elemento de análisis lo constituyen los resultados en las principales ciudades venezolanas, plazas simbólicas. Aunque el chavismo ha ganado la mayoría de las capitales de Estados, lo cierto es que ha perdido importantes urbes, no consiguiendo recuperar ninguna de las joyas opositoras y encontrando serias dificultades en las metrópolis, salvo en el municipio Libertador, en el centro una Caracas mayoritariamente opositora. Afronta así un problema propio de la madurez de los gobiernos progresistas latinoamericanos, que con sus políticas de redistribución e inclusión sacan a importantes sectores de la miseria, expanden las oportunidades y ensanchan una clase media que en gran medida les “abandona” en ese tránsito. Dado su creciente peso demográfico y su influencia cultural y política, una política para la seducción de las clases medias y su integración en la nueva estatalidad y en el bloque popular en el poder es crucial para la estabilidad de los procesos de cambio latinoamericanos.

Entonces ¿qué ha cambiado desde el 14 de abril en Venezuela para que la ventaja del chavismo se haya ampliado tanto? Estas elecciones eran locales, que en Venezuela despiertan siempre menor interés que las nacionales y eran además las primeras exclusivamente municipales. Eso permite entender una participación relativamente baja para los cánones tradicionales venezolanos (ha sido del 59% cuando en las anteriores municipales fue del 65, el 14 de abril del 79 y el 7 de octubre de 2012, con Chávez, del 82%). Los venezolanos deciden sobre más cosas y más a menudo que los ciudadanos de las democracias liberales, habiendo votado 19 veces en los últimos 15 años. Esto genera un cierto cansancio electoral que en este caso parece haber pesado más en la oposición. El chavismo ha demostrado contar con una organización popular y territorial superior, capaz de marcar la diferencia en elecciones de menor participación. Además, las bases opositoras estaban desmovilizadas, como se comprobó en las dos protestas convocadas en campaña electoral, y desilusionadas por haber sido arrastradas a una dinámica destituyente fracasada en la que le prometieron que el Gobierno no llegaba a terminar el año. Mientras, los sectores “blandos” que por primera vez votaron opositor el 14 de abril de 2013 se distanciaron tras la virulencia de los ataques de los días siguientes. La derecha vive así un momento paradójico de fortaleza electoral y debilidad política: de iniciativa, convocatoria a la movilización para interrumpir la normalidad del tiempo institucional, fuerza mediática o apoyo de poderes “duros” en el Estado.

Además, el Gobierno bolivariano se ha ido consolidando lenta pero progresivamente. La Ley Habilitante (que es la autorización de la Asamblea Nacional para poder emitir, por plazo limitado y circunscrito al tema solicitado, normas similares al Real Decreto-Ley que emite el Gobierno en España) y las medidas económicas contra la especulación y el fraude promulgadas a su amparo han obtenido una buena acogida por parte de la ciudadanía, pudiendo haber tenido cierto impacto en el voto por las candidaturas chavistas. Aunque no sustituyen las necesarias reformas económicas estructurales, han contribuido con certeza tanto al rearme moral de las bases bolivarianas en un año especialmente duro, como en la afirmación de un perfil propio, con iniciativa y autoridad, de Nicolás Maduro, en el recorrido complejo de ser presidente después de Hugo Chávez. Como le sucedió durante el paro patronal y el sabotaje petrolero de 2002-2003, la “guerra económica” ha sido un boomerang político para las oligarquías venezolanas.

Tras toda una campaña pregonando que las elecciones eran un plebiscito en el que se expresaría el clamor de todo un país contra el Gobierno, Capriles comparecía en la noche electoral regresando a la última trinchera del pensamiento conservador: ya no hay una sola voz sino dos, y el país está “dividido”. Los países nunca lo están cuando la pobreza o la subordinación se viven en silencio; lo están cuando esta se politiza, se nombra y se impugna, eso es “populismo” irresponsable y demagogo, que apela a las masas que, como todos saben, tienen bajos instintos y pasiones ciegas de los que las élites políticas y económicas, en su prudencia y responsabilidad, carecen.

Es incierto el futuro de una oposición que lleva un año y medio en campaña permanente, cosechando diversas derrotas y que empieza a acusar las consecuencias, tanto en términos de capacidad de maniobra como de liderazgo y articulación interna entre las muchas tendencias que la componen –desde partidos hermanos de la (aún llamada) socialdemocracia europea hasta la extrema derecha- y que se mantienen unidas por las expectativas electorales más que por un proyecto común de país.

Por su parte, el chavismo, en ausencia de Chávez, ha demostrado tener mucho más recorrido del que sus adversarios menos prudentes le auguraban y se ha alzado con una victoria cómoda en las elecciones de este domingo, consolidándose. No se acerca a sus mejores resultados con Chávez pero obtiene una valiosa victoria tras unos meses difíciles. Gana con ello la iniciativa política ante una oposición titubeante, que lleva semanas a rebufo de la agenda gubernamental en una dinámica que puede profundizarse. Gana también, más importante, el oxígeno para afrontar con calma un reto en el que no puede fallar: tiene ante sí dos años extrañamente ausentes de disputas electorales (al menos por ahora) durante los cuales debe avanzar en la transición estatal en sentido socialista. De estas reformas dependerá, entre otras cosas, su vigor y solvencia para afrontar el siguiente ciclo de contiendas electorales.

Como identidad política y narrativa, el chavismo ya ha permeado el sentido común de época en Venezuela, lo legítimo y lo esperable para cada grupo y en relación con el Estado, fundamentalmente en el sentido de la centralidad plebeya y el “derecho a tener derechos” para los sectores ayer excluidos, hasta tal punto que hasta la oposición ha tenido que desafiarle en sus propios términos. Ahora debe “cavar trincheras” para sedimentar en instituciones sólidas y eficientes –que no dependan de la pasión popular permanente y que generen sus propios hábitos y cotidianidad, en una paradójica “normalidad revolucionaria”- las conquistas sociales y posiciones avanzadas de los sectores subalternos en el Estado durante una década y media de inclusión, distribución de la riqueza expansión de la soberanía popular.

Sólo así podrá dar respuesta a las “demandas de segunda generación” de una población que naturaliza ya los derechos conquistados y expande sus expectativas. Sólo así podrá aspirar a construir una hegemonía e irreversibilidad relativa –siempre cuestionable y desbordable al fin, como corresponde al régimen trágico que es la democracia- que “blinde” el nuevo contrato social bolivariano de forma similar pero en dirección opuesta a como operó el neoliberalismo blindando a la ofensiva los órdenes elitistas. Una configuración cultural e institucional tal que, en palabras de Jaime Guzmán, artífice de la constitución postpinochetista en Chile, “si llegan a gobernar los adversarios, se vean constreñidos a seguir una acción no tan distinta a la que uno mismo anhelaría, porque -valga la metáfora- el margen de alternativas que la cancha imponga de hecho a quienes juegan en ella sea lo suficientemente reducido para ser extremadamente difícil lo contrario”.

Doctor en Ciencias Políticas y miembro de la Fundación CEPS

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

La disputa es también cultural. Guerra económica y capitalismo rentístico

alainet.org


“La producción cultural ha sido confinada al interior de la mente, dentro del sujeto monádico: ya no puede mirar directamente a través de sus ojos al mundo real en busca del referente, sino que, como en la caverna de Platón, ha de trazar sus imágenes mentales del mundo en las paredes que la confinan. Si después de esto queda algo de realismo, es un «realismo» que surge de la conmoción al palpar ese confinamiento y darse cuenta de que, por cualesquiera razones peculiares, parecemos condenados a buscar el pasado histórico a través de nuestras propias imágenes pop y estereotipos acerca del pasado, el cual permanece para siempre fuera de nuestro alcance”.
Frederic Jameson

“El hombre liberado es un hombre creador, sin limitaciones para expresar su talento en el trabajo manual, intelectual o artístico, en sus relaciones con los demás hombres. Un individuo sin ídolos, dogmas, prejuicios; inspirado por un definido sentido de justicia e igualdad. Que es simultáneamente un individuo venezolano y un hombre universal. Este hombre puede aparecer y desarrollarse en un ambiente de florecimiento de las culturas nacionales”
Rodolfo Quintero, 1971


Capitalismo rentístico y esquizofrenia
La implantación histórica del capitalismo rentístico venezolano, ha propiciado la combinación de una serie de factores que dan cuenta de un modelo social, económico, político y cultural verdaderamente extravagante, de rasgos muy particulares y atípicos, que con frecuencia agudiza sus propios desequilibrios, con notables evidencias de volatilidad social y fragmentación cultural.
El delirio consumista que hemos presenciando últimamente en Venezuela en tiendas de electrodomésticos como Daka, donde el hechizo monetario establece la “necesidad”, en vez de ser la necesidad la que canalice el flujo de dinero —con casos de personas que compran 2 televisores, teniendo 3 en casa, o consumidores que, “aprovechando” las rebajas a raíz de las políticas del gobierno nacional, se sirven para tener ahora un aire acondicionado en cada cuarto—, muestra cómo la coyuntura que vivimos actualmente en el país, refleja los “huecos de realidad” de la crisis del capitalismo rentístico: el hueco que hay entre la fascinación subjetiva, producto de la sensación de riqueza, y la insostenibilidad a no muy largo plazo de nuestro modelo rentístico; entre la debacle social neurótica que muestra la pantalla de televisión en forma de guerra económica, y el efecto de bienestar que produce el consumo masivo; entre la “independencia nacional” y la dependencia sistémica.
La forma de circulación de la renta construye y canaliza el deseo social. La sociedad de consumo es contrarrevolucionaria porque despolitiza al sujeto y lo sumerge en la inmediatez, en el vacío, en el estereotipo, estableciendo una especie de presente eterno en la medida en que fragmenta la Historia, el espacio y la política. Y no se trata de una fragmentación comunalizada, sino de una en la cual el individuo queda desprovisto ante el poder del capital. Las Hummer, el silicón, los biopolímeros, el Blackberry y el Miss Venezuela se entremezclan así con el Che Guevara y Antonio Gramsci, con el cantar de Alí Primera, con los Consejos Comunales y el antiimperialismo. Bajo esta fórmula, la revolución se convierte en espectáculo.
¿Y quién detiene esto? Ciertamente, el efecto que puede producir la merma o la distorsión negativa del flujo de la renta, evaporaría la magia que nuestro capitalismo sui géneris recrea como bienestar social, abriendo el camino a una crisis social. No obstante, el aumento del llamado “gasto público” no se refiere únicamente a necesidades básicas, sino a expectativas de vida, a deseos construidos, a imaginarios de lo que Ulrich Brand ha llamado los “modos de vida imperial [1] . Hay que atender urgentemente al creciente hueco que hay entre la histórica expansión cuantitativa y cualitativa de estas expectativas de “vida imperial” y la insostenibilidad a no muy largo plazo del capitalismo rentístico venezolano. Los imaginarios vuelan, pero nada físico crece indefinidamente. Y menos en un sistema capitalista mundial en crisis estructural.

40 años después, Rodolfo Quintero
Leer hoy “Antropología del petróleo”, un clásico de la literatura petrolera venezolana que escribiera Rodolfo Quintero en 1971 (publicada en 1972), constituye una experiencia que nos permite comprender el poderoso arraigo que tiene en nuestro país lo que este antropólogo denominó la « cultura del petróleo » . Lo interesante y relevante de la obra de Quintero es que, al contrario de todo el grueso de la tradición de la teoría social en Venezuela anterior a él, no recurrió a la construcción ontológica racista y colonial que planteaba que el venezolano es “flojo por naturaleza”, o que es un bárbaro por sus condiciones biológicas y raciales, y que por ende debía ser civilizado por un gobierno fuerte y/o ilustrado (Laureano Vallenilla Lanz et al). La cultura del petróleo es pues para Quintero, una imposición colonial, una forma de imperialismo cultural.
40 años después, no dejan de sorprender las enormes similitudes que tiene esta descripción sobre nuestros rasgos culturales y antropológicos, en relación con nuestra realidad actual, un proceso iniciado hace unos 90 años con la implantación de los campos petroleros en la década de los 20 del siglo pasado. Para Quintero, la cultura del petróleo se despliega en factores inmateriales como la lengua, el arte, la ciencia, así como en recursos físicos, como los instrumentos, las actividades o la infraestructura. Se trata de “…una cultura de conquista, (que)crea una filosofía de la vida para adecuar la población conquistada a la condición de fuente productora de materias primas [2] ; toda una ontología del extractivismo.
La hegemonía de la cultura del petróleo, actúa de manera determinante en la forma como los sujetos y la sociedad se piensan a sí mismos. En la medida en la que va deteriorando las culturas locales, generando desarraigo en las poblaciones y adormeciendo la conciencia histórica, reproduce una estructura de profunda dependencia cultural y subjetiva, de aprehensión política con el Petro-Estado, pero que al mismo tiempo implanta sentimientos imitativos y “desnacionalizadores”, los cuales tienen su proyección material en las supuestas “ventajas” del sistema que recrea la renta petrolera.
En la medida en la que se da esta adecuación cultural de la población al modelo extractivista petrolero, en la medida en la que reproduce un imaginario deseante de sus propios estilos de vida, montado sobre la promesa neocolonial del «desarrollo» y sus profetas mitificados, al mismo tiempo expulsa, invisibiliza, invalida y/o minimiza la posibilidad de pensar en otra sociedad que no sea la petrolera, de pensarla más allá del “desarrollo” y del rentismo ― léase, la “siembra del petróleo” ― , utopizando las alternativas.

La Revolución Bolivariana y la cultura del petróleo
La Revolución Bolivariana, tanto como proceso político, como un cúmulo de discursos donde han prevalecido ideas contrahegemónicas y corrientes culturales de pensamiento crítico, ha producido enormes desafíos, dilemas, contradicciones y alternativas a las formas como nos hemos pensado como sujetos, como hemos concebido al espacio/naturaleza, y como hemos interpretado la realidad histórico-social en Venezuela. Sin embargo, se trata de un complejo proceso político y cultural plagado de incongruencias, que nos invita a escrutar y reexaminar nuestros paradigmas dominantes, dada las trascendentales implicaciones que estos tienen en los procesos emancipatorios que se enarbolan en el discurso revolucionario.
Como hemos planteado en otra oportunidad [3] , aparte de saldar la enorme deuda social acumulada, y haber al menos iniciado una clara transición post-rentista en el país, llevar adelante una Revolución Cultural que resquebrajara y comenzara a poner en entredicho nuestra “cultura del petróleo”, nuestro imaginario rentístico, abriendo el camino hacia la construcción una nueva subjetividad de autovaloración productiva, es una de las tres grandes misiones sobre las que se han centrado y aún se centran las expectativas revolucionarias del proceso político venezolano reciente. Los dilemas presentes sobre nuestra cultura y subjetividad política, nos obligan a preguntarnos si la Revolución Bolivariana se ha traducido o no, en un refrescamiento y una repotenciación del viejo modelo rentista.
Es resaltante notar que el nacimiento de la Revolución Bolivariana como proceso cultural, ha implicado la coexistencia, e incluso la hibridación, de la histórica cultura del petróleo, con una serie de ideas revolucionarias, que en algunos casos plantean profundos y radicales cuestionamientos políticos y axiológicos de rasgos anticapitalistas y decoloniales — estos últimos principalmente contagiados por los procesos de transformación en Bolivia y Ecuador .
La coexistencia de estos factores divergentes en nuestro proceso político nacional, evidencia que la Revolución Bolivariana es en efecto un campo en disputa. Sin embargo, esta lucha no es simétrica, y se desenvuelve mediada por la hegemonía y la profundización del modelo rentista, y por lo tanto, sobre un redimensionamiento de la cultura del petróleo. Se produce de esta forma una relación de poder sobre la cultura, en la cual es muy frecuente la construcción de saberes con elementos internos incompatibles — emancipadores junto con represivos — , que en un contexto de hegemonía económica y cultural petrolera/capitalista, generalmente subsume, domina y asimila los factores críticos de los mismos, a favor del status quo.
Este proceso no es irremediable. Sin embargo, es fundamental tratar de comprender porqué muchas de estas ideas alternativas anticapitalistas, radicales o no, no logran encontrar asidero tanto en los valores simbólicos de la sociedad venezolana, como en la estructura real de la economía rentista, sobre todo a medida que se va profundizando dicho modelo en el país. Es esencial cartografiar la cultura del petróleo en la Revolución Bolivariana, tratando de detectar dónde se fortalece ésta en nuestro proceso político doméstico.

¿Dónde se fortalece la cultura del petróleo en la Revolución Bolivariana?
A pesar de la importancia de la producción teórica/ideológica crítica para intentar salir del modelo rentista petrolero y su estructura de poder, o plantear un proyecto anticapitalista en su seno, como es el caso de las corrientes más radicales de la Revolución Bolivariana, el impacto que genera la reproducción y fortalecimiento de esta estructura económica rentista sobre la producción cultural y de subjetividad es tal, que hasta las ideologías más revolucionarias chocan con la enorme complexión de este modelo profundamente asimétrico.
Si la inundación de divisas producto del boom rentístico que vivimos desde 2004 — el llamado “Efecto China” a raíz del auge de la demanda de commoditiesimpulsado principalmente por este país — tiene efectos perniciosos sobre los factores productivos, sobre el auge relativo de las importaciones, sobre el ensanchamiento artificial del mercado interno, el agrandamiento del desarrollismo del Petro-Estado, y de los niveles de endeudamiento externo, se debe a que esta profundización de los desequilibrios económicos está en profunda correlación con la necesidad e impulso del sobredimensionamiento de la cultura del petróleo, para así favorecer tanto a las estructuras de poder dominantes, como la consolidación de nuestra función dependiente en la División Internacional del Trabajo. Cuando Alí Rodríguez Araque reconoce que el fenómeno de la corrupción es una de las varias formas de distribución (antiética) de la renta petrolera [4] , está haciendo evidente la relación estructural que existe entre cultura y rentismo, entre el excedente y la subjetividad.
La expansión de los “modos de vida imperiales” en crecientes masas de la población; de la construcción de expectativas, imaginarios y subjetividades a imagen y semejanza de la estructura del capitalismo rentístico, se conectan con el aumento de las migraciones a las ciudades, el empeoramiento del deterioro de la producción agrícola, y el frenesí surrealista por los productos importados. La plétora monetaria rentista, las burbujas especulativas y los escenarios paranóicos de la TV, encuentran su correlato en las burbujas culturales de nuestros imaginarios consumistas, que a ratos parecen alucinaciones.
La profundización del modelo rentista y los futuros proyectos de ampliación del extractivismo petrolero y minero ―los 6 millones de barriles diarios de los dos grandes proyectos político-partidistas hegemónicos, la «Potencia Energética Mundial» y el «Petróleo para tu Progreso» — supondrían la intensificación de nuestros males culturales endémicos. A su vez, los planes ya en marcha para la implantación masiva de estructuras petroleras en la Faja del Orinoco ― que Quintero en su tiempo definía como una incrustación colonial ― reproduce el viejo efecto de deterioro y desarraigo de las culturas locales ― incluidos nuestros pueblos indígenas, que aún esperan la materialización de la demarcación territorial ― , la inserción en el espacio de los recursos materiales que reproducen la cultura del petróleo, y el embelesamiento social con la insostenible modernidad petrolera.
Si bien Rodolfo Quintero planteaba que la cultura del petróleo era una cultura traída de afuera, esta también opera germinalmente desde “adentro”, reproduciendo el (neo)colonialismo endógenamente, expresión de la forma transnacionalizada como opera el capital en la globalización. Es fundamental comprender el papel que juega el Petro-Estado venezolano tanto en la administración de la cultura del petróleo, como en la intermediación entre el “afuera” y el “adentro”.

La disputa cultural sobre el sujeto y la naturaleza
Si bien en la Revolución Bolivariana se ha dado un auge de las corrientes del pensamiento crítico, debemos admitir que el paradigma neocolonial del “desarrollo” sigue siendo un mito profundamente arraigado en nuestros patrones de pensamiento, al tiempo que el rentismo cultural continúa estableciendo una rígida frontera para pensar alternativas más allá de este.
A lo largo del tiempo, el análisis histórico-social venezolano ha centrado la gran mayoría de su atención y esfuerzos en buscar mecanismos para una mayor captación de la renta y un mayor control de la industria petrolera, de manera tal de impulsar el proyecto modernizador nacional, entendido éste como un proyecto emancipador y “progresista”, que nos llevaría al tan ansiado “desarrollo”.
Aunque resaltan algunas reivindicaciones de Rodolfo Quintero a las culturas locales y una idea de “descolonización petrolera”, y en Juan Pablo Pérez Alfonzo comienzan a bosquejarse críticas sin precedentes en nuestra literatura petrolera, al aparecer cuestionamientos al crecimiento, al desarrollismo, al concepto de “sembrar el petróleo” y a los efectos nocivos de la propia renta internacional [5] , a nuestro juicio, es con “El Estado Mágico” de Fernando Coronil (1997) que se produce una importante ruptura epistemológica en la tradición del análisis social petrolero venezolano, planteando una crítica decolonial profunda a los patrones de conocimiento que habían determinado, tanto la caracterización de nuestra historia petrolera contemporánea, como la propia práctica política nacional que se derivaba de ella.
La línea de estudios sobre modernidad/colonialidad, en la que se inscribe “El Estado Mágico” de Coronil, representa una poderosa arma crítica contra la tradición de la cultura del petróleo y su estructura de funcionamiento biopolítico. La manera de comprender la composición y funcionamiento del Petro-Estado venezolano, el problema del espacio/naturaleza como factor de análisis, o la relación entre el discurso, el poder y la subjetividad, tienen poderosas implicaciones políticas, sobre todo en intensos procesos de disputa cultural como los que vivimos en la actualidad [6] .
Las corrientes más críticas y antisistémicas en la Revolución Bolivariana, las cuales indudablemente bebieron del discurso más agudo del presidente Chávez, enarbolan como fuerza cultural una definición ontológica del sujeto/pueblo comopotencia emancipadora y contrahegemonía constitutiva. Dichas corrientes se enfrentan a dos grandes fuerzas.
Por un lado, el sujeto que se construye desde el discurso de la oposición venezolana, encabezada por la llamada “Mesa de la Unidad Democrática” (MUD), es el típico “agente racional abstracto” de la teoría neoclásica, un sujeto que se presenta como “libre”, siendo que el Estado y la “ideologización política” interfieren en su camino competitivo hacia la eficiencia económica [7] . Todos los seguidores de la “libertad” individualista y de las “oportunidades” para el emprendedor capitalista tecnificado, son funcionales a este proyecto en la medida en que alimentan la reproducción de la estratificación clasista y racista de la sociedad venezolana, al tiempo que esa idea de “libertad individual” de los supuestos “agentes racionales” permite mantener ocultas las relaciones de dominación que ejerce el capital sobre estos. La idea de “pueblo” tiene aquí sentido, sólo en la medida en la que la unión inorgánica de sujetos fragmentados responda al llamado de sus guías para vencer a la “tiranía” — léase, la intervención estatal que obstaculice el libre flujo del mercado autorregulador — , al tiempo que puedan construir juntos una nación de “progreso”.
Por otro lado, la instauración de la Revolución Bolivariana como gobierno, convocaba al Poder Constituyente en su propia fundación, y promovía una definición de “pueblo” como empoderamiento de los excluidos sociales históricos, estableciéndose momentos de ejercicio y formas radicales de poder popularinmediato, lo que genera un conflicto sobre las formas tradicionales de la cultura del petróleo, tensionando numerosos supuestos establecidos por este modelo.
No obstante, los propios recursos biopolíticos materiales e inmateriales del capitalismo rentístico, en la medida en que se reajusta y redimensiona el modelo imperante, contrarrestan esa emergencia ontológica popular. El ejercicio del poder político del pueblo y su apropiación económica se apaciguan en la medida en la que básicamente estos se logran materializar como representación mítica a través de las personificaciones del «pueblo» que dirigen el Petro-Estado, y que distribuyen parte de la abundante renta. Esta postergación del ejercicio inmediato del poder popular juega a favor del restablecimiento de la dinámica neocolonial de poder propia de esta estructura política. De esta forma, podríamos afirmar que de hecho existen no sólo dos grandes proyectos ontológicos en disputa que definen al sujeto/pueblo venezolano, sino al menos tres.
Por su parte, dada la importancia de la legitimación del extractivismo en el capitalismo rentístico nacional, y su proyección sobre la dominación de la tierra, el territorio y la Naturaleza, la forma como se representa a esta última es también objeto de disputa. En la cartografía tradicional de la cultura del petróleo, en general la naturaleza ha sido históricamente instrumentalizada, invisibilizada como riqueza y colonizada para el “desarrollo”.
La hipocresía, la instrumentalización y la marginalización de la representación de la Naturaleza respecto al régimen de producción/extracción capitalista rentística en la MUD, se hace evidente no sólo en sus declaraciones públicas — como cuando el excandidato presidencial Henrique Capriles Radonski se mofó del quinto objetivo del Plan de la Patria y dijo que “nuestro pueblo no quiere que se salve el planeta [8] —, sino en la manera como es categorizada ésta, cuando en el Programa de Gobierno de esta parcialidad político-partidista, la Naturaleza aparece referida constantemente como “capital natural [9] , al puro estilo neoclásico.
El agravamiento de la crisis ambiental global, ha venido poniendo en cuestionamiento con mayor frecuencia las concepciones depredadoras acerca de la Naturaleza. En el Gobierno Bolivariano se produce una reformulación administrativa y discursiva que supone una distinción respecto a los gobiernos anteriores, sobre la contradicción capital-naturaleza. El objetivo 5 del Plan de la Patria 2013-2019 — “Contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana”— y la reivindicación explícita del ecosocialismo como principio de la política del Gobierno, expresa una reconfiguración del valor de la naturaleza en este proyecto.
No obstante, en el marco del redimensionamiento de la cultura del petróleo, y la expansión de los proyectos extractivos, y con la justificación de la lucha contra la pobreza, se genera una discursividad que concilia extractivismo en auge con respeto por la naturaleza, recurriendo al controvertido concepto de “desarrollo sustentable” ―”haremos de la explotación petrolera una actividad para el cuidado del ambiente”―; resignificando el radical y decolonial concepto de Buen Vivir―entendido en la Revolución Bolivariana principalmente como mayor acceso al consumo moderno/capitalista―; y generando nuevas teorías ad hoc para explicar por qué es inevitable y necesario para América Latina continuar la expansión de la explotación de nuestros “recursos naturales” y su realización en el mercado mundial capitalista, para alcanzar un mejor posicionamiento geopolítico y alcanzar la “independencia” ante el imperialismo [10] .

La crisis como oportunidad: la importancia de una Revolución Cultural
Toda crisis no es sólo conflicto, sino que al mismo tiempo representa oportunidades, en la medida en que la desarmonía que se produce entre las ideas hegemónicas y la realidad material, permiten no sólo romper el hechizo ideológico, sino abrir posibilidades para resignificar y reformular los paradigmas sociales reinantes. El problema pasa por qué tipo de resignificaciones se plantean, y quiénes las impulsan.
Las diversas formas y facetas que ha adoptado la coyuntura actual en el país han sido primordialmente manejadas desde una perspectiva maniquea, en la cual el origen del problema según el Gobierno es la oposición, y según la oposición es el Gobierno. Rara vez se reconoce que ese incentivo a los “modos de vida imperial”, promovido por los poderes fácticos y las élites políticas, como una especie de valores sagrados de la nación, son buena parte del problema, ocultando cómo esta profundización de la cultura del petróleo alimenta la estructura de poder establecida, la estratificación social — el hechizo de que todos “podemos ser ricos” —, y la propia insostenibilidad de nuestro modelo parasitario.
Cuando se habla de “Guerra de IV generación”, parece no reconocerse que, si esta batalla se orienta al control del discurso y de la mente, entonces bajo la polarización política que vive el país, está totalmente abierta la posibilidad del intento de dominación ideológica tanto de un bando hacia la población del otro, como de esa parcialidad sobre sus propios partidarios. Esta premisa hace evidente pensar en la necesidad y posibilidades de formas de subjetividad autónoma y de pensamiento crítico bajo el régimen de la cultura del petróleo.
Si entendemos que casi el 90% de la población venezolana vive en ciudades, con sus expectativas de un estilo de “vida imperial”, la tarea de una transformación del modelo venezolano no sólo supondría una muy complicada reconfiguración del ordenamiento territorial, sino una reformulación de las lógicas y estilos de vida en las propias ciudades, con una respectiva modificación radical de nuestro relacionamiento con la Naturaleza, lo cual necesita el impulso de una verdadera revolución cultural en el país.
Esto nos lleva a preguntarnos, ¿un proyecto político post-rentista que no se construya más allá del “desarrollo” y del propio rentismo como frontera, puede permitir una revolución cultural de este tipo? ¿Quién o quiénes llevarán a cabo dicha revolución? Si existen no dos, sino al menos tres grandes proyectos político-culturales, uno de ellos con una concepción ontológica y de la naturaleza profundamente popular, autogobernante, emancipatoria y ecológica, entonces la revolución cultural se desarrollará sobre la base de una compleja disputa discursiva entre tres grandes fuerzas, más allá de la polarización política nacional reinante.
Si bien es cierto que en la Revolución Bolivariana no se ha podido desplazar la hegemonía de la cultura del petróleo, esto no implica que los procesos de transformación que hemos vivido en el país en estos 14 años no hayan ampliado sus grietas. Además, dichas grietas se expanden en momentos de crisis, lo que, como hemos dicho, inaugura procesos de reordenamiento ideológico y de resignificación cultural. Esto representa para el proyecto cultural emancipatorio, la apertura de caminos y posibilidades para infiltrar la cultura neocolonial del petróleo e impulsar procesos de transformación autónomos y ecológicos.
La álgida coyuntura actual de guerra económica y desequilibrios sistémicos es entonces, al mismo tiempo una batalla que se da en el campo simbólico. El caso de la neurosis colectiva por la escasez/acaparamiento de la Harina precocida marca P.A.N. es un buen referente para aprovechar la situación y convertir la misma en un gran debate popular que pueda expandirse a escala nacional, y que haga más visibles cuestionamientos radicales a algunos patrones conceptuales capitalistas/desarrollistas y coloniales, y por ende, a las formas de organización e interacción social que de ellos se derivan.
Organizaciones de base populares, comuneros y comuneras, y movimientos sociales tenemos la oportunidad de posicionar críticas de fondo a todo el entramado de la cultura del petróleo, señalando no sólo a los actores responsables, sino al propio modelo, en todas sus formas operativas. El secuestro progresivo que hizo empresas POLAR en el imaginario social venezolano, al punto de que la gran mayoría de la población asocia, como una metonimia, a la arepa con la harina PAN, debe ser desmantelado. El maíz empobrecido, los cultivos transgénicos, la estética del alimento — como una especie de racismo agrario — y el despojo de los procesos productivos del pueblo en forma de monopolios capitalistas, debe ser contestado con la arepa criolla; el cuidado, protección y difusión las semillas autóctonas campesinas; las culturas ancestrales locales y la reconceptualización del consumo para la vida; la alimentación sana; y el impulso a las redes socioproductivas populares y sostenibles.
En la medida en la que los comuneros y comuneras, de creciente organización, movilización y articulación a nivel nacional, logren establecer y expandir sus comunas y redes comunicativas y socioproductivas a mayor escala geográfica, seguirán dejando semillas de transformación territorial fundamentales. Por un lado, engendran así posibilidades para nuevos ordenamientos del espacio y nuevas formas de relacionamiento con la geografía, contribuyendo a transfigurar los recursos materiales que le dan vida a la cultura del petróleo, al tiempo que fortalecen bases de resistencia ante los ataques de desposesión del capital.
Por otro lado, favorecen a los procesos descentralizados de producción de conocimiento, al reposicionamiento y al resurgir de los saberes y cosmovisiones ancestrales y territoriales, que puedan contrarrestar el efecto universalizante y colonial de la cultura del petróleo, al tiempo que fomenta la construcción de tejidos comunitarios, que combatan la fragmentación individualista de la sociedad de consumo.
Como lo hemos expuesto, la sobredeterminación rentística que posee la forma de nuestro modelo capitalista, genera la expulsión cultural de campos de pensamiento donde son posibles el inicio de una transición post-rentista y post-extractivista. Dado lo profundamente enraizadas que están las estructuras físicas e institucionales del capitalismo rentístico, es fundamental resaltar que una transformación de fondo del mismo, requiere que germine una ruptura de la conciencia rentística que sostiene y legitima este sistema de poder.
Esto supone pensar lo “impensado rentístico”, hacer un salto decolonial del saber, develar la relación de poder contenida en los regímenes de verdad, abrir debates y tocar temas que han constituido tabúes nacionales, y sortear las amenazas de criminalización de la crítica revolucionaria, que pasan desde censuras institucionales y políticas, hasta una serie de teorías premiadas y promovidas que catalogan de “pachamamistas” y de promotores del juego del imperialismo, a diversas vocerías que se oponen al modelo desarrollista y al afán “progresista” de extraer más y más de la naturaleza, profundizando nuestros modelos neocoloniales y sus respectivos males.

* Emiliano Teran Mantovani es sociólogo de la Universidad Central de Venezuela, investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos – CELARG y hace parte del equipo promotor del Foro Social Mundial Temático Venezuela

Fuentes consultadas
- BORÓN, Atilio. América Latina en la geopolítica del imperialismo. Ministerio del Poder Popular para la Cultura. Caracas, 2012.
- CORONIL, Fernando. El Estado mágico. Naturaleza, dinero y modernidad en Venezuela. Nueva Sociedad. Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico de la Universidad Central de Venezuela. Caracas, 2002.
- GAGO, Verónica. Sztulwark, Diego. “No podemos pensar en salvar el planeta si no pensamos la emancipación social”. Entrevista a Ulrich Brand. Lunes, 23 de abril de 2012. Disponible en:http://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-192462-2012-04-23.html. Consultado: [12/07/2012].
- GLOBOVISIÓN. Capriles: La única persona que perderá su empleo en Pdvsa será Rafael Ramírez. 01/08/2012. Disponible en:http://globovision.com/articulo/capriles-la-unica-persona-que-perdera-su-empleo-en-pdvsa-sera-rafael-ramirez. Consultado: [10/08/2012].
- MESA de la Unidad Democrática. Lineamientos del Programa de Gobierno de Unidad Nacional (2013-2019). Caracas, noviembre de 2011. En: http://www.cuadernos.org.ve/pdf/mud.pdf. [Consultado: 08/03/2012].
- PÉREZ Alfonzo, Juan Pablo. Hundiéndonos en el excremento del diablo. Fundación Editorial El perro y la rana. Caracas, 2009.
- QUINTERO, Rodolfo. Antropología del petróleo. Siglo Veintiuno editores. Necaxa, México. 1976.
- TERAN Mantovani. La crisis del capitalismo rentístico y el neoliberalismo mutante (1983-2013) . Rebelión. 21/10/2013. Disponible en: http://www.rebelion.org/docs/175965.pdf. Consultado: [21/10/2013].
- ÚLTIMAS Noticias. Edición impresa del domingo 15 de septiembre de 2013. Caracas, Año 72 Nº 28736.


[1] Cfr. Entrevista a Ulrich Brand: GAGO, Verónica. Sztulwark, Diego. “No podemos pensar en salvar el planeta si no pensamos la emancipación social”. Brand sostiene acerca de los modos de vida imperial: “Es la pregunta por cómo se está universalizando un modo de vida que es imperial hacia la naturaleza y las relaciones sociales y que no tiene ningún sentido democrático, en la medida que no cuestiona ninguna forma de dominación (…) El modo de vida imperial no se refiere simplemente a un estilo de vida practicado por diferentes ambientes sociales, sino a patrones imperiales de producción, distribución y consumo, a imaginarios culturales y subjetividades fuertemente arraigados en las prácticas cotidianas de las mayorías en los países del norte, pero también, y crecientemente, de las clases altas y medias en los países emergentes del sur”.
[2] QUINTERO, Rodolfo. Antropología del petróleo. p.46
[3] Cfr. TERAN Mantovani, Emiliano. La crisis del capitalismo rentístico y el neoliberalismo mutante (1983-2013).
[4] En: ÚLTIMAS Noticias. Edición impresa del domingo 15 de septiembre de 2013. Sección el Domingo, pp.6-7.
[5] Cfr. PÉREZ Alfonzo, Juan Pablo. Hundiéndonos en el excremento del diablo.
[6] La introducción del problema del espacio/naturaleza como factor clave en los análisis de la conformación del sistema-mundo capitalista tiene poderosas implicaciones en la medida en que resignifica la División Internacional del Trabajo, también como División Internacional de la Naturaleza; desmitifica el “desarrollo” y la primacía del tiempo; hace evidente el ocultamiento del valor intrínseco de la Naturaleza; o bien resalta el papel de intermediación que juega el Petro-Estado periférico, y la relación entre su composición política y la captación de una renta absoluta. Cfr. CORONIL, Fernando. Cap.1: “La naturaleza de la historia”, en El Estado mágico. Naturaleza, dinero y modernidad en Venezuela. pp. 23-76.
[7] Esta idea está presente recurrentemente a lo largo del programa de Gobierno de la MUD 2013-2019, donde se enaltece obsesivamente la propiedad privada. Cfr. MESA de la Unidad Democrática. Lineamientos del Programa de Gobierno de Unidad Nacional (2013-2019).
[8] Cfr. GLOBOVISIÓN. Capriles: La única persona que perderá su empleo en Pdvsa será Rafael Ramírez. La frase completa recogida de Capriles Radonski afirmaba: "El plan de gobierno del que lleva 14 y quiere 6 más, uno de los planteamientos de ese proyecto es salvar el planeta, este planteamientos nada tiene que ver con lo que quiere nuestro pueblo, nuestro pueblo no quiere que se salve el planeta, primero tenemos que ocuparnos de la casa".
[9] Op.Cit. pp.133-140
[10] Cfr. por ejemplo: BORÓN, Atilio. América Latina en la geopolítica del imperialismo. Sobre una crítica de este texto, véase: TERAN Mantovani, Emiliano. Neblina sobre los horizontes post-extractivistas: ¿no hay alternativas? ALAI, América Latina en Movimiento.


  Fuente:http://alainet.org/active/66806

sábado, 23 de noviembre de 2013

Aprobadas las dos primeras leyes en el marco de la Habilitante



AVN


A dos días de haber sido promulgada la Ley Habilitante, el presidente de la República, Nicolás Maduro, aprobó las primeras leyes para proteger los derechos de los venezolanos, combatir la guerra económica y frenar la usura.

La primera norma aprobada fue el Decreto con Rango, Valor y Fuerza de Ley para el Control de los Costos, Precios y Ganancias, con el objetivo de resguardar las libertades económicas y los derechos económicos y sociales del pueblo venezolano, así como ordenar la economía nacional.

Desde el estado Zulia, donde firmó el texto legal, el Presidente informó que este viernes remitirá la legislación al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) para que estudie su propuesta de darle el carácter orgánico a esta primera ley aprobada vía Habilitante.

"Esta ley la voy a remitir mañana (viernes) muy temprano al Tribunal Supremo de Justicia como manda la Constitución, para que el Tribunal Supremo de Justicia estudie y le ratifique, si así fuere, el carácter orgánico de la ley", expuso.

Asimismo, encomendó al ministro para el Despacho de la Presidencia, Wilmer Barrientos, y a los gobernadores imprimir al menos 5 millones de ejemplares de la ley, una vez que el TSJ aprueba su carácter orgánico.

Dijo que el fin es que los venezolanos conozcan la jurisprudencia y hagan cumplir sus disposiciones, "para que nuestro pueblo se convierta en el garante cumplidor de esta ley para establecer los costos, las ganancias máximas, los precios justos", añadió.

Subrayó que la referida ley permitirá ordenar la economía nacional, así como frenar la especulación y la guerra económica, que mantienen sectores de la derecha.

Con este instrumento legal se establecerá el equilibrio "entre el costo de cada producto, la ganancia y los precios justos, que como conceptos los establecemos con mucha claridad y fortaleza en esta primera ley orgánica de la Habilitante que me ha aprobado la Asamblea Nacional", acotó.

Resguardo al pequeño comerciante

Otro de los objetivos de la Ley para el Control de los Costos, Precios, Ganancias es proteger a los pequeños y medianos comerciantes, ya que los mismos también son perjudicados por los especuladores.

Este fin de semana comenzarán las jornadas del registro único de todos los comercios pequeños y medianos en todas las plazas Bolívar del país, así como en centros comerciales.

Asimismo, el mandatario indicó que la reducción de los costos de arrendamiento de todos los centros comerciales del país es otra de las acciones ideadas para proteger a estos vendedores.

"Con la Ley Habilitante y con medidas de autoridad de Gobierno voy a bajar los arrendamientos de todos los centros comerciales al nivel en el que tienen que estar y que dejen de explotar a los pequeños y medianos comerciantes", dijo.

Explicó que los pequeños y medianos comerciantes se ven sometidos por los altos costos de los alquileres que imponen los dueños de los centros comerciales. Aunado a esto se ven forzados a jugar un doble papel, siendo víctimas y victimarios de la especulación, pues son obligados en muchos casos a vender con sobreprecio.

"Los proveedores y mayoristas, quienes han recibido los dólares de la República, le venden al minorista con un incremento de hasta 1.500%, como hemos comprobado", dijo.


Fuente: http://www.aporrea.org/contraloria/n240396.html

jueves, 21 de noviembre de 2013

Pese a los misiles mediático-empresariales, el gobierno mantuvo la línea de flotación




Pese a todo, el gobierno venezolano ha mantenido la línea de flotación, cuando muchos lo daban por hundido por los misiles del golpe de mercado y los torpedos de sectores mediáticos. El ataque a la corrupción corrigió el rumbo, con iniciativas contra la especulación que han tenido acogida entre la gente y han moralizado a los chavistas.
Las medidas anunciadas por el presidente Nicolás Maduro el 6 de noviembre tienen la enorme virtud de facilitar el debate esperado por las bases chavistas: construir una política económica soberana o caer en el monetarismo neoliberal, cuyo fin, son la implementación de medidas devaluatorias, pactos con el FMI o la dependencia extrema, neocolonial.
La intervención de mercancías con precios de usura y su venta directa al público a precio justo –reclamada por las bases- despertaron simpatía y moralizaron al pueblo bolivariano, además de darle oxigeno político al gobierno y al proceso.
Pero el marco político de justificación de las medidas, así como las medidas mismas, aunque progresivas para la emergencia, son todavía precarias e insuficientes para estabilizar y profundizar el proyecto de la Revolución Bolivariana, y la declarada vuelta al rumbo de transición al socialismo, coinciden distintos analistas, desde las filas del chavismo. Pero falta por redondear una ruta económica integral.
“Es necesario descubrir lo que se esconde debajo de la superficie de acaparamiento y usura en los precios y en la especulación con el dólar. Identificar cuáles son las fuerzas que se disputan la Renta y por lo tanto el control de la economía nacional y con qué política lo hacen. Sólo así podremos responder de manera revolucionaria a la actual crisis”, señala Marea Socialista.
De todas formas, el nombramiento de Rafael Ramírez como Vicepresidente del Área Económica, el consiguiente mantenimiento del Control de Cambios y las nuevas medidas económicas, dejaron agonizante al plan de entrega de la renta elaborado por el ministro de Finanzas Nelson Merentes y las cámaras empresarias, denunciadas el 6 de noviembre por Maduro como responsables directas de la Guerra Económica. Pero Merentes es mantenido en el gobierno y continúa el juego de señales difusas cuando no contradictorias.
Entre otras sorprende la noticias de que el Banco Central de Venezuela y Goldman Sachs están listos para firmar un acuerdo de operaciones de permuta de 1,45 millones de onzas oro de las reservas internacionales, depositadas en el Banco de Inglaterra.
“Las medidas tomadas por el gobierno nacional en la pasada semana, convirtieron al país en una gran aula de clase de economía política, y especialmente de economía política del capitalismo venezolano. Un capitalismo particular, porque es un capitalismo de la periferia dependiente y además es un capitalismo cuya acumulación cuenta, adicionalmente, con la captura de una renta internacional en virtud de la actividad petrolera”, señala el economista José Félix Rivas.
La ofensiva destituyente: empresarios y medios
Otra vez Venezuela es el laboratorio, donde las acciones de grupos económicos, con desabastecimiento y especulación mediantes, van dirigidas a desequilibrar la economía con fines políticos e incluso causar la caída de los gobiernos democráticos. Caos financiero y desestabilización económica son la tónica, estimulada por una apología desestabilizadora de los medios cartelizados.
Los grupos económicos, asociados en su acción golpista con sectores mediáticos, que manipulan el miedo, la inseguridad, la resignación y el fatalismo en la ciudadanía, minando la legitimidad del gobierno y la credibilidad de la población. La estrategia informativa sobre la “crisis” inocula un miedo difuso, y, pasivamente, la población se va haciendo cómplice de un golpe de Estado silencioso.
Los medios fueron los únicos que no aplaudieron las medidas tomadas contra los especuladores (a quienes se tuvieron de conenar), alineándose con los empresarios (Fedecámaras, Cámara de Comercio, etc.) para afirmar que “solo quedarán anaqueles vacíos y empresas sin inventario”, que “el Ejecutivo ha ordenado el remate de las empresas intervenidas”, o señalar que “es terrorismo de Estado”.
Y para repetir el argumento que les llegaba desde el exterior. De que los mercados financieros castigan a Venezuela. Nuevamente la realidad virtual se enfrentaban a la que vivía la ciudadanía, que acompañó mayoritariamente las medidas.
El guión es el mismo. Inspirado en la tesis de que los golpes contra la democracia, contra las instituciones del Estado de derecho, se cocinan, a largo o corto plazo, según las circunstancias.
Para el exvicepresidente José Vicente Rangel, el formato golpista fue actualizado, pero la textura subversiva es la misma. Combina estímulos a la crisis económica -generadora de descontento- con la creación de situaciones insoportables para provocar reacciones en la institución castrense. Hacer chillar la economía, como pasó en Chile, es prioridad, señaló. Tratan de que se produzca un estallido popular y que la violencia se apodere del país.
“Aun cuando el establecimiento conspirativo: partidos, derecha, injerencia gringa, grupos económicos, cuenta con recursos y está dispuesto a todo, sin embargo no tiene la fuerza de hace 10 años. No dispone de oficiales, calle, Iglesia ni empresarios en la proporción de antes -tan solo cuenta con medios-, pero es peligroso. Sus integrantes carecen de escrúpulos. Los mueve una ideología fascistoide y el odio. Por eso, la opción del golpe dosificado”, según Rangel.
Se vienen las elecciones regionales
Ante un nuevo fracaso, en la oposición, van tomado cuerpo las corrientes que consideran que debe actuarse para deponer a Nicolás Maduro en los próximos meses, a través de movilizaciones de calle que seduzcan a los militares para que tompen el poder y luego convoquen a elecciones. Es más, varios juristas trabajan para darle sustento legal a la operación.
El analista cubano-venezolano Fausto Masó, previno a la derecha, sobre el “desierto” que le espera y le recomendó “no buscar “atajos”. Les pide asumir que se trata de “una lucha larga”, que “no hay que desesperarse (…) ni predicar salidas mágicas”, aun cuando opina que en la actual “guerra en contra la guerra económica” le irá muy mal al gobierno y le saldrá el tiro por la culata.
Sin duda, todo ésto tendrá efectos en las elecciones regionales del domingo 8, y parece lógico que reforzará la votación rojita. Encuestas realizadas por International Consulting Services revelan que el Psuv y aliados deben ganar 228 alcaldías y la Mesa de Unidad Democrática (oposición) 107, y estarán reñidos los resultados en ciudades importantes como San Cristóbal, Maturín, Los Teques, Ciudad Bolívar, Sotillo, Valencia, Barcelona e, incluso, la Alcaldía Metropolitana de Caracas.
Para el historiador y antropólogo Mario Sanoja, es imperativo igualmente construir una cultura, un imaginario socialista que borre definitivamente la vieja política cultural del Estado venezolano que ha recogido y reproducido los valores éticos de la cultura burguesa, inducidos en la psiquis de ciudadanía vía la ofensiva criminal de los medios de comunicación privados y las industria cultural, remachando en sus mentes que la idea del confort y el bienestar individual es inseparable de las políticas neoliberales de mercado.
“Si el Estado venezolano no procede de esta manera, será imposible construir una conciencia nacionalista que sustente el destino histórico soberano de nuestro país”, añade, en un análisis titulado “Chávez y Maduro, fases históricas del proceso bolivariano”.
El columnista Toby Valderrama alerta: "Cuando un proceso revolucionario confunde el linchamiento de algunos capitalistas con la superación del capitalismo (…) y se regodea en lo material, (…) entonces corre grave peligro de caer en la inhumanidad, está educando a la masa para la barbarie, para el logro fácil, e irremediablemente esta masa apoyará soluciones fascistas, se convertirá en turba de linchamiento y no en fuerza de construcción de un nuevo mundo."
Mientras, y en el marco de la llamada guerra económica, la unicamerical Asamblea Nacional sancionó el martes 19 la Ley que habilita al Presidente, para que excepcionalmente y en aspectos puntuales legisle por el lapso de un año acerca de las materias que se permiten delegar según la Constitución Nacional. Maduro anunció que los dos primeros instrumentos legales serán la Ley de costos, ganancias y protección de precios justos y la Ley de Comercio Exterior, con las cuales buscará garantizar el control de las importaciones y la promoción de las exportaciones de Venezuela.
Pero ya Venezuela está metida de lleno en el ambiente navideño, disfrutando de las letras y el ritmo de las gaitas, esperando al domingo 8 de diciembre, cuando se celebren unas nuevas elecciones, esta vez para escoger alcaldes. Pero la atención está en las hallacas, la ensalada de gallina, el pan de jamón, el pernil, la familia, los amigos, en espera del 2014.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.