Presentación A
fines de diciembre de 2013 el Sindicato Nacional de Trabajadores de la
Educación (SNTE) cumplirá 70 años de vida. Con este motivo, se escriben
las siguientes líneas para precisar los periodos de su historia y el
momento por el que atraviesa, esperando sean útiles al movimiento
magisterial en contra de las reformas constitucionales y legales que
implanta el gobierno de Enrique Peña Nieto y que avalan los actuales
líderes blancos del SNTE.
La construcción del SNTE (1942-1943)
El 10 de septiembre de 1941, el presidente Manuel Ávila Camacho pidió
la renuncia de Luis Sánchez Pontón, titular de la Secretaría de
Educación Pública (SEP), por sus posiciones izquierdistas y por no haber
logrado la unificación del sindicalismo magisterial, siendo sustituido
por Octavio Véjar Vázquez, quien estaba vinculado a fuerzas de derecha y
era decididamente antisindical.
El arribo de Véjar Vázquez a
la dirección de la SEP introdujo de inmediato cambios sustanciales en
las relaciones entre las autoridades y el Sindicato de Trabajadores de
la Enseñanza de la República Mexicana (STERM) : el secretario de
Educación la emprendió en contra del sindicato, propició su división y
los enfrentamientos internos; se concretaron muchos atropellos:
retención de sueldos, postergaciones, cambios arbitrarios, despidos y
represión violenta; los cuadros de izquierda fueron siendo eliminados
poco a poco y en su lugar se imponían políticos de la derecha oficial y
los partidos y grupos simpatizantes del fascismo. Este periodo fue
caracterizado por los sindicalistas del magisterio como la
era de terror .
Véjar Vázquez se entrevistó, el 20 de septiembre, con representantes
del Frente Revolucionario de Maestros de México (FRMM), el Sindicato
Nacional Autónomo de Trabajadores de Educación (SNATE) y el STERM, donde
emplazó a la unidad de estas organizaciones.
El STERM
rechazó el emplazamiento, y los organismos magisteriales incrementaron
la polémica sobre la unidad, misma que se dificultó. Para agravar la
situación, en el STERM se agudizó la pugna entre los comunistas y los
seguidores de Vicente Lombardo Toledano, pugna que adquiría ciertamente
visos de división. En el VI Consejo Nacional del sindicato, celebrado en
octubre de 1941, se rehízo la unidad y
la Confederación de
Trabajadores de México (CTM) autorizó al STERM para separarse de sus
filas. Desde esta fecha, el magisterio rompió sus lazos orgánicos con el
sindicalismo obrero y sólo quedó militando en la Federación de
Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE).
El 18 de noviembre Ávila Camacho se reunió con líderes del STERM , el
SNATE , el FRMM y la Federación Sindical de Maestros con el objeto de
limar asperezas. El día 19 se firmó un pacto de unificación entre el
STERM y el FRMM . El 3 de diciembre se lanzó la convocatoria para
realizar el Congreso Nacional de Unificación Magisterial a fines del
mismo mes en la Ciudad de Querétaro.
En el Congreso de
“Unificación” de Querétaro las cosas empeoraron, pues además del STERM y
el SNATE surgieron otras dos organizaciones: el Sindicato Mexicano de
Maestros y Trabajadores de Educación (SMMTE) y el Sindicato Único
Nacional de Trabajadores de la Enseñanza (SUNTE).
No contento
con la educación unisexual, los 1,500 ceses arbitrarios, el cierre de
escuelas, la supresión de escuelas nocturnas y la creación de sindicatos
blancos, el secretario de Educación propició la represión del 6 de
marzo de 1942 contra los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional
(IPN) que produjo dos muertos y 14 heridos. La represión concitó un gran
repudio por parte del movimiento sindical y las organizaciones
sociales. El 9 de marzo, en protesta estalló la huelga de los
estudiantes de la Escuela Nacional de Maestros (ENM). Para derrotar a
los normalistas, Véjar Vázquez impulsó el esquirolaje, que fracasó.
Entonces, la SEP cerró la ENM en sus departamentos de varones y de
señoritas.
Tales pasos del secretario de Educación Pública
plantearon al sindicalismo magisterial la necesidad de la unificación
gremial. El proceso se enfiló hacia allá. El 28 de abril se firmó un
pacto de unidad entre el STERM , el SUNTE y el SMMTE , en el que se
llamaba a efectuar un Congreso unitario. Se integró un Comité Coligado
de Unificación Magisterial.
El Comité Coligado celebró varias
reuniones e hizo intentos de llevar a efecto el Congreso Nacional de
Unificación del Magisterio, mas por diversas causas tales intentos
fracasaron a fines de 1942 y principios de 1943. No fructificó,
asimismo, el intento de realizarlo en el mes de agosto, debido sobre
todo a la intervención de las autoridades de la SEP por conducto del
SMMTE .
La idea de que la SEP debería estar excluida del
proceso unificador del magisterio, se fue imponiendo. El 11 de
septiembre, el Comité Coligado efectuó un gran mitin. El día 24, el
mismo comité entregó a la prensa la convocatoria para el Congreso
Nacional de Unificación Magisterial. Se presentaron aún algunas
dificultades para concretar la unidad de los sindicatos de maestros, sin
embargo,
del 24 al 30 de diciembre de 1943 tuvo verificativo el Congreso constituyente del SNTE,
que puso término a la división que propiciaron las autoridades
educativas y las fuerzas enemigas de los trabajadores. Véjar Vázquez fue
removido y su lugar fue ocupado por Jaime Torres Bodet.
Los años del pluralismo sindical (1943-1949)
La
constitución del SNTE se concretó en un periodo en que el Partido
Comunista Mexicano (PCM) y las fuerzas de Lombardo Toledano eran
desplazados políticamente de la dirección de la CTM y la FSTSE, en el
que ascendían los grupos de Fidel Velázquez en la principal central
obrera y de Ignacio Villanueva en la conducción de la federación
burocrática, en la etapa de la
unidad nacional y de la
rectificación
avilacamachista. No obstante, el SNTE era un frente único permanente de
los trabajadores al servicio de la SEP; en él confluían las tendencias
lombardista, comunista y aquellas que estaban vinculadas a la
Confederación Nacional Campesina (CNC) y a otras entidades oficiales.
El primer secretario general del SNTE fue el historiador Luis Chávez
Orozco, quien, ante la imposibilidad de soportar las presiones a que se
vio sujeto por las distintas fuerzas que influían y pesaban en el Comité
Ejecutivo Nacional del sindicato, tuvo que renunciar de manera
irrevocable el 18 de julio de 1945 durante el primer día de sesiones del
II Consejo Nacional Ordinario de la organización, siendo sustituido por
Gaudencio Peraza, con el carácter de secretario general provisional, el
cual sería confirmado como secretario general definitivo en el I
Congreso Nacional Ordinario del SNTE, realizado en enero de 1946 en la
ciudad de Cuernavaca.
El juego de tendencias en el seno del
sindicato era una realidad. La burocracia sindical incluía, de hecho, a
todas las expresiones políticas en el diapasón del sindicalismo
magisterial. Los trabajadores y sus líderes tenían reuniones de escuela y
delegaciones sindicales, plenos de representantes en las secciones, y
consejos y congresos nacionales ordinarios y extraordinarios. Sin que
dejaran de manifestarse ciertas acciones violentas, en general la vida
sindical transcurría como en los grandes sindicatos nacionales de
industria. No existía, pues, el
charrismo sindical. Naturalmente, esto no hacía que el sindicato fuera independiente del poder público.
Con Gaudencio Peraza Esquiliano se cierra toda una etapa en el
desenvolvimiento del sindicalismo magisterial: la de un liderazgo
forjado en la construcción de los organismos gremiales y en la lucha de
masas por conquistar las demandas más sentidas de los educadores. El
futuro inmediato, en cambio, estaría signado por la constitución de una
dirigencia forjada en las concepciones y prácticas del corporativismo
priista, como abatir las tradiciones de pelea del magisterio, no
recurrir a la movilización de masas y someter y golpear a los
adversarios. Meses después de los paros de octubre de 1948, se
instauraría el
charrismo sindical, esto es,
el primer cacicazgo del SNTE o roblesmartinismo.
El primer maximato (1949-1972)
El ingeniero Jesús Robles Martínez fue elegido secretario general en
el II Congreso Nacional Ordinario del SNTE, verificado en el primer
semestre de 1949, en Acapulco, Guerrero. Con este cambio en la dirección
dio comienzo una nueva etapa en el desarrollo del gran sindicato
magisterial: el periodo del roblesmartinismo que, con altas y bajas, se
mantendría hasta el 22 de septiembre de 1972.
El período en
que Robles Martínez dirigió al SNTE fue clave en la historia del
movimiento obrero mexicano, latinoamericano y mundial. En esos años
ocurrieron los siguientes procesos: en 1947 se dividió la CTM, surgió la
Confederación Única de Trabajadores de México (CUT) y fueron expulsados
los lombardistas de las filas cetemistas; en 1948 se
charrificó el Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana (STFRM) y en 1949 fue impuesta una dirección
charrista
en el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana
(STPRM). Como corolario, en mayo de 1950, durante su VI Convención, fue
instaurado el
charrismo en el Sindicato Industrial de
Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Similares de la República Mexicana
(SITMMSRM). Con la implantación del control
charro en el sindicato minero se cierra una etapa del movimiento obrero nacional.
La división y burocratización de los sindicatos no fueron un fenómeno
nacional; en el plano latinoamericano y mundial ocurrió algo similar. La
Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL) fue perseguida y
escindida, siendo creada la Confederación Interamericana de
Trabajadores (CIT), de efímera existencia. Como culminación de la
división sindical en el continente, en 1951 se fundó en México la
Organización Regional Interamericana de Trabajadores (ORIT), a la cual
se afilió la CTM.
La Federación Sindical Mundial (FSM) fue
dividida y se creó la Confederación Internacional de Organizaciones
Sindicales Libres (CIOSL). En Francia la Confederación General del
Trabajo (CGT) sufrió una resta al crear León Jouhaux la CGT-Fuerza
Obrera; en Italia se sustrajeron sindicatos a la Confederación General
Italiana del Trabajo (CGIL) y parecido desenvolvimiento se presentó en
otros países.
Charros en México,
mujalistas en Cuba y otros burócratas sindicales, eran el resultado directo de la
guerra fría , que dividía a la humanidad en dos grandes bloques, incluido el movimiento obrero.
En esas condiciones, Jesús Robles Martínez cumplió la función de
charrificar
al SNTE, es decir, exactamente el mismo papel que cumplieron Jesús Díaz
de León en el STFRM; Gustavo Roldán Vargas en el STPRM, y Jesús
Carrasco V. en el SITMMSRM. Las posiciones democráticas del sindicato
fueron abatidas.
Sin negar las pugnas que llegó a tener con
Manuel Sánchez Vite, el roblesmartinismo representó la corriente
hegemónica en el SNTE en el lapso que va de 1949 a 1972. La crisis más
aguda que vivió fue la de 1956-1960 en la Sección IX, cuando se produjo
la primera sacudida del corporativismo magisterial encabezada por Othón
Salazar Ramírez y el Movimiento Revolucionario del Magisterio (MRM).
En los años 40 y 50 funcionó en el interior del SNTE la Fracción
Revolucionaria, como centro y cabeza de la corriente oficialista, aunque
es menester aclarar que existieron otras agrupaciones que reflejaban
las posiciones de tendencias y grupos del Partido Revolucionario
Institucional (PRI). Dicho grupo sostenía: “...la fracción es el grupo
de vanguardia del SNTE, es el fermento del mismo; es lo que al organismo
humano el cerebro y la columna vertebral; el órgano pensante que vela
por la buena marcha de la organización sindical, mediante la acción
consciente, al aplicar su justa línea sindicalista, manteniendo
sólidamente unidas a sus partes. Es el núcleo del sindicato formado por
unidades pensantes y activas; es su Estado Mayor, su Cuadro de Honor,
que mantiene en alto el pendón de nuestra organización y viva la flama
de la lucha revolucionaria”.
El 25 de julio de 1960, en pleno
paro del magisterio capitalino, surgió el Frente de Unidad Nacional
Revolucionaria de los Trabajadores de la Educación, sucesor de la
fracción y antecesor de Vanguardia Revolucionaria. Este grupo planteaba:
“En los últimos años también han surgido algunos movimientos legítimos
en su aspecto de protesta contra los sistemas antidemocráticos empleados
en el pasado, en el seno de algunas secciones del SNTE. El más notorio
de ellos fue el de la Sección IX del sindicato, que agrupa a los
maestros de primaria del Distrito Federal y que surgió para reclamar el
derecho de elegir libremente a los directivos de la sección. Pero
después de logrado ese propósito, que contó con la simpatía del
magisterio y aun de muchos de los sectores sociales, se pretendió hacer
del
Movimiento Revolucionario del Magisterio un partidito
político, que empezó a intervenir en todas las cuestiones relativas a la
vida pública, hasta pretender convertirse en una agrupación nacional,
para dirigir al sindicato al margen de los Estatutos. Por esta
deformación de la lucha por la democracia sindical, el
movimiento
ha llegado hasta a realizar actos ajenos al magisterio, como sector
social, sumándose de una manera absurda a la conducta de los elementos
clericales y a la que los individuos que, llamándose de izquierda y aun
comunistas, han pactado una alianza grotesca de tipo anarquista, que no
tiene más finalidad que la de crear problemas constantes a la educación,
dividir al sindicato y usurpar las funciones de los partidos
políticos”.
Al llegar Luis Echeverría Álvarez (LEA) a la Presidencia de la República, el
maximato
roblesmartinista fue puesto en la mira de la nueva administración,
debido a la necesidad de renovar al aparato sindical. En el caso de la
CTM, como lo demostró la historia, LEA obtuvo un sonado fracaso, y Fidel
Velázquez, no obstante la pérdida de varios sindicatos, permaneció como
jefe indiscutible del movimiento obrero nacional. Otra cosa ocurrió en
el magisterio.
El vanguardismo (1972-1989)
Carlos Olmos Sánchez, secretario general del SNTE en el ejercicio
sindical que debería terminar en 1974, sorpresivamente fue depuesto el
22 de septiembre de 1972. Elementos vinculados a la administración
echeverrista, asaltaron el domicilio social del sindicato, se
posesionaron de éste, citaron al IV Consejo Nacional Extraordinario,
nombraron como secretario general a Eloy Benavides y golpearon
políticamente a los roblesmartinistas que representaban, en el lenguaje
usado a la sazón, a los “emisarios del pasado”.
El gobierno
avaló de inmediato a los nuevos dirigentes. El Tribunal Federal de
Conciliación y Arbitraje reconoció al CEN de Benavides el 30 de
septiembre; Víctor Bravo Ahúja, secretario de Educación Pública, recibió
un pliego petitorio del nuevo Comité Ejecutivo Nacional; Jesús Reyes
Heroles, presidente del PRI, recibió a los integrantes de la nueva
dirección y, finalmente, el presidente Echeverría se entrevistó con los
recién investidos el 26 de octubre. La legitimación oficial estaba
consumada.
La caída del roblesmartinismo en el SNTE se dio en
1972, año en que se democratizó la Sección 67 (Fundidora Monterrey) del
sindicato minero; se separaron de la CTM los sindicatos de Volkswagen de
México y Nissan Mexicana; se fundó el Sindicato Nacional de Empleados
de Instituciones de Crédito y Organizaciones Auxiliares (intento que no
fructificó gracias a medidas
legales antiobreras); dieron término
las jornadas nacionales por la democracia sindical del Sindicato de
Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (STERM), y estalló
la huelga del Sindicato de Trabajadores y Empleados de la Universidad
Nacional Autónoma de México (STEUNAM). La insurgencia sindical iniciaba
su arranque.
Mientras tanto, el
charrismo magisterial
asumía una nueva forma organizativa: Vanguardia Revolucionaria (VR). Del
31 de enero al 4 de febrero de 1974, en el X Congreso Nacional
Ordinario del sindicato, asumió la Secretaría General Carlos Jonguitud
Barrios, y se acordó crear un Frente Nacional Unificador, objetivo
concretado en agosto en el Centro Vacacional de Popo Park, al
constituirse VR del SNTE.
Ésta planteó: “Vanguardia
Revolucionaria del SNTE , es un movimiento sindical político y social,
constituido por trabajadores de pensamiento nacionalista y
revolucionario afiliados al Sindicato Nacional de Trabajadores de la
Educación, en cumplimiento al mandato del X Congreso Nacional Ordinario
del SNTE”.
La insurgencia sindical de 1972-1982 se expresó en
el magisterio con la fundación, en diciembre de 1979, de la Coordinadora
Nacional de Trabajadores de la Educación y Organizaciones Democráticas
del SNTE.
Para sostener y afianzar al corporativismo, el
Estado siguió una política reformista que elevó lenta y sostenidamente
los salarios reales de los trabajadores, mantuvo y aumentó los puestos
de trabajo dependientes de la administración pública y de las empresas
paraestatales, elaboró una legislación laboral paternalista y sostuvo un
importante gasto social, al mismo tiempo que hacía gala de un
nacionalismo declarativo frente al intervencionismo de los vecinos del
norte.
Con la implantación del neoliberalismo en 1982, esa
situación tendió a desaparecer en forma drástica: los salarios
descendieron, los reajustes privados y estatales fueron masivos, el
gasto social bajó considerablemente y la política laboral del gobierno
delamadridista golpeó a los trabajadores con dureza.
La
burocracia sindical se enfrentó a una coyuntura extraña: un gobierno
priista que renunciaba con claridad al pasado populista, al nacionalismo
y a la demagogia social; que proclamaba el neoliberalismo y el
entreguismo; que amparaba sin ambages al capital; que no repartía nada, y
que además exigía disciplina y calma.
Los jefes sindicales no
sabían qué hacer en las nuevas condiciones, y lo único que intentaron
fue producir fintas de oposición teatral: declaraciones, más
declaraciones... y ninguna acción de masas; al contrario, para quedar
bien hicieron expresiones de apoyo... ¡al presidente Miguel de la
Madrid!
Tal proceder se les revirtió al profundizarse la
crisis. Los trabajadores les pasaron la cuenta en las elecciones
federales del 6 de julio de 1988: el sistema de dominación priista fue
sacudido de arriba a abajo, siendo golpeado en especial su aparato
sindical burocrático. En los grandes centros urbanos y zonas
industriales, los obreros y empleados votaron principalmente a favor de
Cuauhtémoc Cárdenas y los partidos del Frente Democrático Nacional.
Personeros del
charrismo --como Joaquín Gamboa Pascoe,
Venus Rey
y Hugo Díaz Velázquez-- fueron repudiados por los votantes y no
llegaron al Senado de la República ni a la Cámara de Diputados.
La derrota electoral de los bonzos sindicales debilitó a la burocracia
obrera, puso al desnudo la quiebra del control sobre el voto de los
asalariados. El golpe sufrido por los
charros en las urnas se
dejó sentir en la vida interna de las organizaciones gremiales. En la
baja burocracia y otros grupos de ingresos fijos, comenzó a
desenvolverse una lenta y sostenida actividad reivindicativa y
democratizadora de los trabajadores. El magisterio no fue la excepción.
Con la llegada de Carlos Salinas de Gortari (CSG) a la Presidencia de
la República, los planes modernizadores se recrudecieron y los más
desprestigiados líderes corporativizados quedaron colocados entre la
espada y la pared.
Los vanguardistas no quedaron en mejor
situación. Es más, quizá estuvieran atravesando por una coyuntura menos
favorable, ya que sus “representados” alcanzaron niveles francamente
desastrosos en sus condiciones de vida y de trabajo.
Si en 1981 un
maestro de enseñanza primaria percibía 3.3 salarios mínimos, en 1989
descendió a 1.3, es decir, la baja en el poder adquisitivo fluctuó en
torno al 60 por ciento . Paralelamente, otras prestaciones quedaron, de hecho, fuera de las posibilidades reales de la mayoría del profesorado.
Para agravar la situación, el SNTE llegó a convertirse en un aparato
lejano a una organización de resistencia, con una antidemocracia
asfixiante y con un grupo de dirigentes sólo preocupados por sus
posiciones políticas y su enriquecimiento personal. La realización de
asambleas en numerosas delegaciones y secciones tocó a su fin. Los
representantes sindicales eran nombrados por los vanguardistas y los
legítimos triunfos electorales de la oposición democrática no eran
reconocidos.
Pero los jefes sindicales del magisterio no eran
de los más brillantes. Por eso, al desenvolverse las acciones desde
abajo y desde arriba en contra de
Venus Rey y la
Quina ,
no instrumentaron ninguna medida que exhibiera un propósito de cambio.
Contra toda regla de la lógica y la razón, siguieron haciendo lo de
siempre, como si nada hubiera cambiado.
Antes, durante y
después de la realización del XV Congreso Nacional Ordinario del SNTE,
verificado del 10 al 13 de febrero de 1989, se vino desarrollando una
creciente movilización de los maestros y empleados de enseñanza primaria
y secundaria, así como de la Universidad Pedagógica Nacional y otras
dependencias de la SEP. Las demandas que enarbolaban se resumían en dos
puntos fundamentales: aumento salarial de 100 por ciento y democracia
sindical.
Los burócratas vanguardistas no entendieron lo que
sucedía y quisieron enfrentar la movilización en ascenso con los métodos
tradicionales, y
llegaron a vanagloriarse de haber celebrado un
congreso nacional sin la participación de ninguna fuerza opositora, como
si este proceder fuera motivo de orgullo.
El 7 de marzo
tuvo lugar un paro nacional en el cual participaron trabajadores de la
enseñanza del DF, Valle de México, Oaxaca, Guerrero, Chiapas, Morelos y
de otras 21 entidades. En la capital de la República, arribó al Zócalo
una manifestación de 150 mil trabajadores, padres de familia y alumnos.
La asamblea nacional del magisterio democrático del 12 de marzo
concentró a alrededor de 150 representantes del DF, Valle de México,
Valle de Toluca, Puebla, Oaxaca, Chiapas, Tlaxcala, Morelos, Querétaro,
Guanajuato, Michoacán, Zacatecas, Veracruz, Aguascalientes, Jalisco y
otros estados.
La reunión tomó un acuerdo histórico: iniciar el paro indefinido el 17 de abril próximo .
D espués de más de 15 años de cacicazgo sobre el sindicato más numeroso
del país, Carlos Jonguitud Barrios --con una movilización de masas sin
precedentes y bajo presión oficial-- dejó el 23 de abril la presidencia
vitalicia de VR y la asesoría permanente del CEN del SNTE, no ante los
órganos regulares del sindicato, sino en Los Pinos ante el presidente de
la República, después de una reunión de dos horas. Esta caída significó
una gran victoria de la CNTE y del sindicalismo democrático.
El tercer cacicazgo (1989-2013)
Ese mismo día 23, como mera fórmula ritual se realizó el XVI Consejo
Nacional Extraordinario del SNTE, ante el cual --tras ser llevado a la
fuerza a Los Pinos y a la Secretaría de Gobernación, donde firmó su
licencia para separarse de la Secretaría General del sindicato-- J.
Refugio Araujo del Ángel fue sustituido por la profesora Elba Esther
Gordillo Morales, lideresa de negativos antecedentes.
La imposición de
Doña Perpetua
correspondía a un proyecto sindical del gobierno neoliberal que, sin
renunciar al corporativismo en las organizaciones sociales, buscaba
remozar al anquilosado liderazgo de los sindicatos, federaciones y
centrales, permitir cierto juego interno y mantener --en lo esencial--
el control oficial bajo nuevas formas.
El
maximato
número 3 del SNTE vivió una evolución realmente excepcional. Desde la
promoción de un rostro reformista hasta el alineamiento con el proyecto
foxista y calderonista. Con el triunfo de la derecha en 2000 la
situación política nacional cambió de manera radical, afectando a todo
el espectro político: a los partidos políticos, la Iglesia católica, la
inteliguentsia
, el gran capital, los sindicatos y otros actores políticos y sociales.
En el caso del SNTE las consecuencias fueron extremas en cuanto al giro
hacia la derecha de Elba Esther y su grupo burocrático: alianza con el
alto clero católico, las organizaciones ultraderechistas de padres de
familia y el gobierno de Vicente Fox Quesada; el impulso de las llamadas
reformas estructurales, y el apoyo a la política exterior de
alineamiento con Estados Unidos.
Con el Partido Acción Nacional
en el gobierno, creció mucho el poder de Elba Esther. Su control sobre
el sindicato magisterial se fortaleció; en la SEP se le entregaron
importantes posiciones, y dejaron en sus manos otras instancias de
poder. Vicente Fox la dotó de enormes recursos. De este modo, se
convirtió en el principal cuadro del PRI para tratar de completar el
programa neoliberal.
2003, se decía, es el año de Elba Esther.
Doña Perpetua
fue elegida secretaria general del PRI, coordinadora del Grupo
Parlamentario del partido tricolor y presidenta de la Junta de
Coordinación Política de la LIX Legislatura de la Cámara de Diputados;
pero para fines de 2003, debido a la autoritaria e inepta conducción
gordillista, los diputados priistas se rebelaron contra la intentona de
ser manejados desde Los Pinos, en defensa de sus Estatutos partidistas y
su plataforma electoral, exigieron la destitución de la maestra y
eligieron un nuevo coordinador. Gordillo tuvo que abandonar el PRI.
Después formaría su propio partido, el Partido Nueva Alianza.
El año de Elba Esther
se convirtió en el año de una crisis transitoria y limitada del tercer
cacicazgo, porque el inmenso poder de la cacica fue golpeado en forma
evidente, pero para 2006 habría una recomposición que la volvería a
poner en el centro del escenario político. En las elecciones de 2006 fue
pieza clave en el fraude electoral que elevó a Felipe Calderón a la
Presidencia de República, cuando este sujeto no debería encabezar ni
siquiera una alcaldía de un municipio importante. La cacica, por ello,
es corresponsable de los grandes males que trajo a México el criminal
presidente panista.
Gordillo Morales reconoció algunas
victorias de la CNTE y le concedió interlocución, desmanteló a VR,
asumió algunas demandas de la base, proclamó la libertad de afiliación
política, tomó iniciativas políticas, fortaleció las relaciones con los
sindicatos reformistas e impulsó la reforma a los Estatutos del
sindicato. Esta nueva orientación tuvo que enfrentar la oposición de
fuerzas internas y externas, al mismo tiempo que le concitó el apoyo de
varios intelectuales.
Gordillo inauguró en el SNTE los congresos
extraordinarios, de los cuales celebró seis. Antes, en momentos de
crisis, sólo se habían celebrado consejos extraordinarios. La secretaria
general sustituta celebró a principios de 1990 el Primer Congreso
Nacional Extraordinario del SNTE, que se realizó en Tepic, Nayarit, el
cual eliminó planteamientos vanguardistas, aprobó la
Declaración de Tepic y ratificó a
Doña Perpetua como secretaria general; empero, los delegados de la CNTE fueron hostigados.
Dirigidos por Antonio Jaimes Aguilar, los jonguitudistas conservaban alguna fuerza en Guerrero y Michoacán.
El balance de los ejercicios elbistas es interesante. Según el VI
Informe de gobierno de CSG, el gasto nacional en educación pasó del 3.5
por ciento en 1988 al 6.1 por ciento en 1994 del Producto Interno Bruto,
la proporción más alta en lo que iba del siglo. La plaza de menor
remuneración del magisterio pasó a 3.3 salarios mínimos generales. Según
el informe mencionado, la mayoría de los maestros percibía más de
cuatro salarios mínimos.
La dirección de Elba Esther se alineó
con la propuesta gubernamental de reformar el Artículo 3º constitucional
pero no dejó pasar los libros de texto gratuitos de Historia; suscribió
el Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica que
federalizó la enseñanza; estatuyó la representación proporcional
limitada; convocó, con el Sindicato Mexicano de Electricistas y la
Confederación Obrera Revolucionaria, al Primer Foro El Sindicalismo
frente a la Crisis y ante la Nación, aunque se negó en 1997 a crear la
Unión Nacional de Trabajadores; creó el Instituto de Estudios Educativos
y Sindicales de América; celebró influyentes encuentros sindicales y de
educación internacionales; amplió el abanico de alianzas, y rehízo la
relación con los medios de comunicación.
Las gestiones de
Gordillo permitieron la adecuación gremial al proceso de
desmantelamiento del sistema de partido de estado, de agotamiento del
corporativismo sindical y de la tendencia de la sociedad mexicana a
marchar hacia la transición democrática.
El gordillismo puede caracterizarse como el charrismo sindical correspondiente al triunfo del programa neoliberal en México.
Sin embargo, la cacica sobrevaloró sus fuerzas y convirtió al SNTE en
una maquinaria electoral reaccionaria, vendió sus servicios al mejor
postor e hizo gala de su riqueza “inexplicable”: mansiones en EU, avión
personal de cuatro millones de dólares, costosas cirugías faciales,
consumo de productos suntuarios, compra de voluntades con viajes
“sindicales”, nepotismo, y, algo inaceptable en el sistema político
mexicano: la pretensión de chantajear al Poder Ejecutivo, de controlar
la SEP y de convertir al SNTE en un instrumento permanente de los
caprichos de una limitada lideresa corrupta. Con todo y sus frecuentes
cambios estatutarios a modo,
Doña Perpetua fue considerada por la revista
Forbes
como la número 1 entre los políticos corruptos de nuestra patria. En
tales condiciones, Peña Nieto no dejó pasar la ocasión para legitimarse
en forma fácil y la chiapaneca fue detenida y enviada a prisión acusada
de hechos punibles. En la actualidad vive tras las rejas, no habiendo
sido respaldada ni siquiera por el CEN de su sindicato. Todo mundo le
dio la espalda.
El sindicato blanco (2013-)
El
arribo de Enrique Peña Nieto a la Presidencia de la República representa
la culminación del programa neoliberal en México: la entrega de la
industria petrolera y la industria eléctrica a las compañías
trasnacionales, principalmente norteamericanas; las concesiones
antinacionales en la minería a los monopolios mexicanos y foráneos, que
imponen el saqueo de los recursos de la nación, la destrucción de la
naturaleza y la expoliación de las comunidades indígenas y los
campesinos; la persistencia de la supuesta
guerra contra el narcotráfico
, bajo supervisión gringa, que ha conducido y conduce al control de
ciudades, regiones y estados enteros por parte del crimen organizado; la
supresión de la soberanía nacional y la supeditación a los intereses y
políticas de EU, y la eliminación de los derechos fundamentales de los
trabajadores y el pueblo. Tal programa es apoyado por los
líderes blancos del SNTE, que encabeza el señor Juan Díaz de la Torre.
Pero no sólo. La ofensiva legislativa de Enrique Peña Nieto modifica,
regresivamente, los artículos 3º y 73 constitucionales, reforma la Ley
General de Educación y expide la Ley para la Evaluación de la Educación y
la Ley General del Servicio Profesional Docente, que eliminan la
bilateralidad en las relaciones entre los trabajadores de la enseñanza y
el Estado, liquidan la estabilidad en el empleo, dejan en la
indefensión al profesorado de educación básica de la SEP, eliminan la
antigüedad como fuente de prestaciones y privatizan la educación. La
dirección sindical oficialista del magisterio, en lugar de criticar,
denunciar y combatir la llamada
reforma educativa, la defiende,
apoya y propaga. Estas modificaciones constitucionales y legales
configuran, en realidad, una contrarreforma laboral que viola la
Constitución General de la República, la Ley Federal de Trabajadores al
Servicio del Estado y otros ordenamientos jurídicos.
En el
Artículo 3º constitucional se establece: “…Adicionalmente, el ingreso al
servicio docente y la promoción a cargos con funciones de dirección o
de supervisión en la educación básica y media superior que imparta el
Estado, se llevarán a cabo mediante concursos de oposición que
garanticen la idoneidad de los conocimientos y capacidades que
correspondan. La ley reglamentaria de este artículo fijará los términos
para el ingreso, la promoción, el reconocimiento y la permanencia en el
servicio profesional, con pleno respeto a los derechos constitucionales
de los trabajadores de la educación.
Serán nulos todos los ingresos y promociones que no sean otorgados conforme a la ley
…” Así, de un plumazo es suprimida la estabilidad en el empleo y el
despido de trabajadores queda en manos de un órgano con características
de empresa privada.
La reforma responsabiliza al personal
docente de las condiciones en que se halla y desarrolla la educación
pública en México, aunque cabe precisar que el análisis y las propuestas
responden a las indicaciones de la Organización para la Cooperación y
el Desarrollo Económicos (OCDE), que dificultan el progreso de la
educación y promueven medidas punitivas contra los maestros.
Para confundir al pueblo, han impulsado una enorme campaña contra los
trabajadores de la educación la televisión, la radio, la gran prensa y
otros medios de comunicación de masas. Destaca por su beligerancia
Mexicanos primero
, organismo que incluye a personeros de Televisa, Grupo Financiero
Interacciones, Grupo Modelo, Grupo Lala, Cinépolis, Bimbo, Grupo
Financiero Santander y FEMSA, que denuncia y exagera la venta y herencia
de las plazas de profesores, las aviadurías de los parientes, amigos,
amantes y correligionarios de los jerarcas gremiales, el ejército de
comisionados sindicales y otras irregularidades que existen en el seno
de la SEP, por la corrupción del
charrismo y las autoridades federales y estatales. Los maestros son víctimas, no victimarios.
No hay vacío jurídico. La ley reglamentaria del apartado B del
Artículo 123 constitucional en su Artículo 46 establece con precisión
las causas de separación del servicio, e igualmente están instituidos
los criterios de promoción del personal docente en los artículo 47 y 50
del mismo ordenamiento. En consecuencia, todas las modificaciones
incluidas en la “reforma” peñista son violatorias de la Ley Federal de
los Trabajadores al Servicio del Estado. Tampoco son respetadas las
relaciones laborales de los maestros y la Secretaría de Educación
Pública fijadas en el Reglamento de las Condiciones Generales de Trabajo
(CGT) en relación a los nombramientos, promoción y permanencia del
personal docente.
No sólo se violan la Constitución, la Ley
burocrática y el Reglamento de las CGT, sino también la Ley del Servicio
Profesional de Carrera en la Administración Pública Federal, que regula
los cargos directivos y de supervisión, los medios de evaluación y las
normas para el ingreso de trabajadores de base, los derechos y
obligaciones de los servidores públicos y el ingreso, capacitación,
evaluación y separación de los funcionarios.
Contra la
gratuidad de la educación impartida por el Estado, se establece en el
artículo 73 constitucional: “Fortalecer la autonomía de gestión de las
escuelas con el objetivo de mejorar su infraestructura, comprar
materiales educativos, resolver problemas de operación básicos, y
propiciar condiciones de participación para que alumnos, maestros y
padres de familia, bajo el liderazgo del director, se involucren en la
resolución de los retos que cada escuela enfrenta”.
Jamás en la
historia de la legislación laboral se había llegado a los extremos de
las reformas de Peña Nieto. Ciertamente, l as restricciones en materia
laboral y sindical para los trabajadores en general y para algunos
grupos de éstos, se impusieron en la Ley Federal del Trabajo (LFT) y en
leyes y reglamentos especiales, como el Estatuto Jurídico de los
Trabajadores al Servicio de los Poderes de la Unión, publicado el 5 de
diciembre de 1938; el Reglamento de las Instituciones de Crédito y
Organizaciones Auxiliares, del 20 de noviembre de 1937, y la Ley Federal
de los Trabajadores al Servicio del Estado, publicada el 28 de
diciembre de 1963, que reglamenta el apartado B. El Estatuto Jurídico,
el Reglamento bancario y la Ley burocrática tienen como rasgo distintivo
el colocar a grupos de trabajadores en regímenes especiales que limitan
o niegan total o parcialmente los derechos de contratación colectiva,
de organización sindical y de huelga, aunque establecen la estabilidad
en el empleo y la antigüedad como fuente de prestaciones.
Terminado el periodo de
reformas estructurales
, los cambios políticos no se dieron sin sus correspondientes cambios
legislativos. El 4 de abril de 1941, se aprobó el nuevo Estatuto
Jurídico de los Trabajadores al Servicio de los Poderes de la Unión, en
el cual se recalcaba que dentro de cada unidad sólo se reconocería la
existencia de un solo sindicato. Quedaba prohibido a los sindicatos
adherirse a organizaciones o centrales obreras o campesinas. El Artículo
63 permanecía igual que en la versión de 1938, al establecer que las
Condiciones Generales de Trabajo se fijarían, al iniciarse cada periodo
de gobierno, por los titulares de la unidad burocrática afectada, oyendo
al sindicato correspondiente, y el derecho de huelga sólo se ejercería
si se daban “violaciones frecuentemente repetidas al Estatuto”.
Derrotados el movimiento ferrocarrilero en marzo-abril de 1959 y el
movimiento magisterial en abril-agosto de 1960, el Estado hizo
concesiones a la burocracia sindical y emprendió algunos cambios
legislativos. El 5 de diciembre de 1960, se publicó la reforma y adición
al artículo 123 constitucional, esto es, el apartado B del mismo, que
estipuló que los trabajadores podrían hacer uso del derecho de huelga “
cuando se violen de manera general y sistemática los derechos que este artículo les consagra ”.
A fines del sexenio del criminal Felipe Calderón se produjo la reforma de la LFT que legaliza la subcontratación (
outsourcing) y los contratos
temporales; la contratación y el pago por horas, y otras aberraciones
jurídicas que convierten a la Ley Federal del Trabajo en una auténtica
ley al servicio de la gran burguesía desnacionalizada y pro gringa. Es
una ley del capital. Sencillito.
Los retrocesos políticos en el
mayor sindicato de México, con la llegada de Juan Díaz de la Torre al
frente del SNTE, se resumen en los siguientes hechos: la conversión de
éste en un sindicato ya no sólo
charro, sino en una organización
blanca cada vez más lejos de los intereses de los trabajadores de la
enseñanza, del pueblo y de la nación mexicanos, que apoya reformas
constitucionales y legales que afectan en sentido negativo los intereses
y derechos de los agremiados del propio sindicato. En tales
condiciones, el SNTE debería solicitar su ingreso a la Federación
Nacional de Sindicatos Independientes, centro y cabeza del sindicalismo
blanco en México cuya sede se localiza en Monterrey.
La
supuesta “reforma educativa” no aborda los objetivos y contenidos de la
educación, los métodos pedagógicos, la infraestructura escolar y el rol
de los maestros, los educandos, los padres de familia y la sociedad en
el proceso de enseñanza-aprendizaje, pero en cambio, constituye una
reforma laboral que liquida las conquistas magisteriales logradas en la
lucha del Frente Único Nacional de Trabajadores de la Enseñanza (FUNTE),
la Confederación Nacional de Trabajadores de la Enseñanza (CNTE), la
Federación Mexicana de Trabajadores de la Enseñanza (FMTE), el STERM, el
MRM y la Coordinadora Nacional.
El asunto es sumamente grave.
La llamada reforma educativa, que de estructural no tiene absolutamente
nada, no sólo mantiene las limitaciones legales en materia de
contratación colectiva, de organización sindical y de huelga del antiguo
Estatuto Jurídico de los Trabajadores al Servicio de los Poderes de la
Unión, el apartado B del Artículo 123 constitucional y la Ley Federal de
los Trabajadores al Servicio del Estado, sino que elimina de un plumazo
los aspectos avanzados y progresivos de esos instrumentos jurídicos: la
estabilidad en el empleo y la antigüedad como fuente de prestaciones.
De tal tamaño es la agresión de los impulsores del neoliberalismo y de
la globalización antinacional.
No se equivocan Pablo González
Casanova, Raúl Vera López, Gilberto López y Rivas, Ana Esther Ceceña y
otros intelectuales al señalar: “Se trata, en los hechos, de una reforma
laboral-administrativa contraria al artículo 123 constitucional, que
pretende desmantelar retroactiva e inconstitucionalmente los derechos
adquiridos por el gremio magisterial, afectando su permanencia en el
empleo, sus salarios y condiciones de trabajo y jubilación, así como los
procesos de escalafón e ingreso, sin resolver, por otro lado, los
problemas del rezago educativo, analfabetismo, falta de equidad, las
escuelas multimodales y las graves carencias en la infraestructura
escolar. Se rompe también con la gratuidad de la educación con la
validación de las cuotas, y se pretende, con supuestas atribuciones de
autonomía y ‘gestión escolar’, poner la carga económica sobre la
sociedad y los padres de familia.
“Al mismo tiempo que el Estado
se sustrae de sus obligaciones constitucionales, obliga al sistema
educativo a depender de financiamientos externos espurios que pudieran
tomar el control de las escuelas públicas, y ser administradas, en los
hechos, por la iniciativa privada e, incluso, por asociaciones
religiosas o de otra naturaleza, como el crimen organizado, todo lo cual
pretende acabar con los candados de una educación pública, laica y
gratuita.
“La reforma, por descansar en gran parte en el fetiche
de una evaluación permanente, que tiene un carácter punitivo, por la
estandarización y aplicación de pruebas como Enlace y Pisa, violenta el
carácter plurilingüe, pluricultural y pluriétnico de la nación mexicana,
además de hacer caso omiso de las diferencias sociales, económicas y de
condiciones de vida y entornos familiares de los educandos y de los
propios maestros. En consecuencia, es una reforma profundamente
discriminatoria, racista y clasista, que violenta la
Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación, el
Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), y los artículos 1 y 2 de la Constitución”.
No es ocioso afirmar que dada la evolución del
charrismo
magisterial en los últimos 24 años, el SNTE ha sufrido una constante
pérdida de socios en alrededor de la mitad de las entidades federativas
de la República, aunque algunos sindicatos existían desde antes.
Existen, entre otros los Sindicatos Independiente de Trabajadores de la
Educación de México, Estatal de Trabajadores de la Educación de Baja
California, Estatal de Trabajadores de la Educación de Campeche,
Independiente de Trabajadores de la Educación de Coahuila, de
Trabajadores del IPN, Estatal de Trabajadores de la Educación de Puebla,
Independiente de Trabajadores de la Educación de Tabasco, Único de
Trabajadores de Enseñanza Media, Estatal de Trabajadores al
Servicio
de la Educación y Yucateco de Trabajadores Transferidos de la
Educación. Algunos de estos sindicatos, como el de Baja California y el
de Tabasco, son firmantes de la convocatoria para constituir una nueva
central obrera y participan en la actual movilización magisterial.
En razón de lo señalado, el futuro del SNTE se perfila a grandes rasgos del siguiente modo: los
líderes blancos
continuarán debilitándose, en tanto que la CNTE y otras fuerzas
democráticas se fortalecerán, mientras los pequeños sindicatos
magisteriales existentes y otros que se formarán tenderán a adquirir
mayor presencia. Es posible, pues, que los procesos de 1935-1938 y
1940-1943, de divisiones, reagrupamientos, nuevas divisiones y la unidad
superior, se repitan con nuevas modalidades. Al tiempo.
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--“Derechización del SNTE (2000-2002)”, en La Haine, Movimiento de Bases Magisteriales (Jalisco) y otros sitios de Internet.
--“La burocracia sindical magisterial y las elecciones”, en Rebelión, Rebanadas de realidad, Apia virtual y otros portales.
--“El objetivo: liquidar a la CETEG y el movimiento de masas”, en
Rebelión, La Haine, Rebanadas de realidad, Apia virtual y otros sitios
de Internet.
--“Importante victoria magisterial en Chiapas”, en Apia virtual, Rebelión, La Haine, Boletín del MCM y otros portales.
Proceso, revista dirigida por Julio Scherer García.
Reivindicación, revista del SNTE.
Revista Internacional, Praga, Caracas, México.
Sección IX, órgano del CE democrático de 1958-1960.
Unidad Magisterial.
UnomásUno.
Web del SNTE.
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