miércoles, 27 de noviembre de 2013

Israel sigue movilizando a sus lobbies en EE.UU.. Israel y sus numerosos aliados en EE.UU. tratarán de sabotear una solución pacífica con Irán


Common Dreams

Traducido para Rebelíón por Germán Leyens

Más que nunca, Israel está aislado de la opinión mundial y de la fangosa entidad conocida como “la comunidad internacional”. El gobierno israelí insiste en condenar el acuerdo nuclear con Irán, que según cualquier estándar racional es un paso positivo que aleja la amenaza de una guerra catastrófica.
En el corto plazo, las reacciones beligerantes del primer ministro Benjamin Netanyahu tendrán un efecto negativo en la mayor parte de los medios estadounidenses. Pero Netanyahu y las fuerzas que representa solo han comenzado a luchar. Quieren la guerra con Irán, y están determinadas a usar su fuerza política que se ha extendido ampliamente por todo el establishment de Washington.
Aunque es poco probable que esa fuerza pueda desbaratar el acuerdo inicial por seis meses alcanzado con Irán el fin de semana, ya comienzan a emprender esfuerzos para dañar y destruir las negociaciones más adelante. En el Congreso los ataques más intensos provienen de los republicanos, y algunos destacados demócratas también han disparado contra el acuerdo alcanzado en Ginebra.
Un temor generalizado es que se podría establecer algún precedente político, reduciendo el apalancamiento “pro Israel” sobre las decisiones del gobierno de EE.UU. Ese miedo es inherente en las reacciones negativas de Netanyahu (“un error histórico”), legisladores republicanos como el presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes Mike Rogers (“un permiso para continuar el enriquecimiento”), el senador Saxby Chambliss (“los hemos dejado salir de la trampa”), legisladores demócratas como el presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado Robert Menendez (“este acuerdo no redujo proporcionalmente el programa nuclear de Irán”) y el senador Charles Schumer (“no parece ser proporcional”).
Netanyahu y muchos otros israelíes –así como el poderoso grupo de lobby estadounidense AIPAC y muchos con similares puntos de vista en los medios y la política de EE.UU.– temen que la capacidad israelí de influenciar a los responsables políticos en Washington ha comenzado a disminuir. “Nuestra tarea es ser los que advierten” dijo el poderoso ministro de finanzas de Israel, Yair Lapid, a la Radio del Ejército Israelí el domingo. “Tenemos que hacer que los estadounidenses nos escuchen como nos han escuchado en el pasado”.
Es seguro que durante este invierno y primavera, el gobierno israelí y sus aliados bombardearán a los medios y campos políticos de EE.UU. con intensas andanadas de mensajes. “Israel suplementará su diplomacia pública y privada con otros instrumentos”, informó el New York Times el lunes desde Jerusalén. “Varios funcionarios y analistas locales dijeron que Israel daría rienda suelta a su industria de la inteligencia para destacar anticipadas violaciones del acuerdo interino”. Traducción: Israel hará todo lo posible por entorpecer la próxima etapa de negociaciones e impedir una solución pacífica de la disputa por el programa nuclear de Irán.
Mirando hacia el futuro, como un asunto político práctico, ¿puede el gobierno de EE.UU. implementar un importante cambio de política en Medio Oriente sin contar por lo menos con una aceptación a regañadientes del gobierno israelí? Semejantes preguntas apuntan al corazón de la ocupación israelí que ahora está en su 47º año.
Israel sigue construyendo colonias judías ilegales en Cisjordania; la supresión de los derechos humanos básicos del pueblo palestino continúa cada día en gran escala en Cisjordania y Gaza. No existe ninguna razón para esperar otra cosa a menos que el principal patrón político, militar y económico de Israel, EE.UU., se imponga y se niegue a respaldar esas políticas reprensibles. Pueden terminar solo cuando la “relación especial” entre EE.UU. e Israel sea menos especial, ajustándose a un solo estándar para los derechos humanos y contra la agresión militar.
Semejantes propuestas son aborrecibles para los que están inmersos en la noción de que EE.UU. debe servir como un facilitador fiable de las políticas de Israel. Pero en todo caso en el cual esas políticas son erróneas, el gobierno de EE.UU. debe dejar de facilitarlas.
Los antiguos obstáculos para poner fin a una situación semejante son un poco menos importantes hoy en día, pero siguen siendo inmensos. No menos que antes, como dijo William Faulkner: “El pasado no está muerto. De hecho ni siquiera es pasado”. Esta certeza se aplica a la historia de ganar y mantener un inequívoco apoyo estadounidense para Israel.
Actuales grupos estadounidenses de alto impacto como es AIPAC (que se autocalifica de “Lobby pro Israel de EE.UU.”), Cristianos Unidos por Israel (“la mayor organización pro Israel en EE.UU., con más de un millón de miembros”, según el Jerusalem Post) y otras agrupaciones semejantes, se han basado en 65 años de amplia y exitosa propugnación de Israel en EE.UU.
Parte del fundamento de su trabajo era la premisa de mutualidad y compatibilidad de los intereses israelíes y estadounidenses. Hasta el fin de la Guerra Fría, el discurso de rutina mostraba la ayuda a Israel como una manera de obstruir el poder soviético en la región. Especialmente desde el 11-S, el apoyo de EE.UU. a Israel ha sido considerado equivalente con el apoyo a un precioso baluarte contra el terrorismo.
Desde la exitosa campaña de 1947 para presionar por la aprobación de la Asamblea General de la ONU para la partición de Palestina, dirigentes israelíes se han coordinado estrechamente con organizaciones judías estadounidenses. Representantes del gobierno israelí se reúnen regularmente con altos funcionarios de los grupos judíos estadounidenses para transmitir lo que Israel quiere e identificar los funcionarios estadounidenses clave que manejan los temas relevantes. Esos contactos han incluido discusiones sobre imágenes de Israel a fin de promoverlas para el público estadounidenses, con frases familiares para nosotros, como es “hacer florecer el desierto” y “puesto avanzado de la democracia”.
Como es consciente todo miembro del Congreso, las donaciones para campañas electorales y la manipulación de los medios siguen nutriendo a funcionarios públicos cooperativos y solidarios con Israel. Para los raros burócratas y candidatos que se destacan por ser poco cooperativos e insuficientemente solidarios, se ha aplicado un remedio efectivo: detener las donaciones para las campañas electorales, apoyar a sus oponentes y lanzar el vilipendio en los medios. Esos antídotos políticos han demostrado su efectividad – sirviendo, al hacerlo, como advertencias para políticos que podrían ser tentados a desviarse demasiado.
La corriente dominante del Comité Judío Estadounidense decidió en 1953 que para su propugnación de Israel: “en el mayor grado, debiera utilizarse como portavoces a organizaciones no judías y no sectarias”. Un enfoque estratégico semejante ha dado frutos para el proyecto general de propugnación de Israel en EE.UU. Ha demostrado su valor con el pasar de los años y por su madurez, la amplia distribución de mensajes a través de organizaciones de la mayoría de los matices políticos, y la práctica de contactar casi todos los medios de un cierto tamaño.
Este año, los dirigentes israelíes han intensificado su espeluznante presentación de Irán como el próximo Tercer Reich genocida, e Israel como el protector ausente de judíos durante el Holocausto. Para algunos, el tema es emocionalmente poderoso. Pero no hay que permitir que impida una solución diplomática de la disputa nuclear con Irán.
Desde ahora hasta el próximo verano, la lucha contra las conversaciones con Irán será feroz y nefasta. Todas las señales apuntan a determinados esfuerzos de Israel –y sus numerosos aliados en EE.UU.– por destruir las perspectivas para una solución pacífica.

Norman Solomon es co-fundador de RootsAction.org y director fundador del Institute for Public Accuracy. Sus libros incluyen War Made Easy: How Presidents and Pundits Keep Spinning Us to Death y K.
Abba A. Solomon es autor de The Speech, and Its Context: Jacob Blaustein’s Speech ‘The Meaning of Palestine Partition to American Jews. Given to the Baltimore Chapter American Jewish Committee, February 15, 1948.
Fuente original: http://www.commondreams.org/view/2013/11/25-0

La disputa es también cultural. Guerra económica y capitalismo rentístico

alainet.org


“La producción cultural ha sido confinada al interior de la mente, dentro del sujeto monádico: ya no puede mirar directamente a través de sus ojos al mundo real en busca del referente, sino que, como en la caverna de Platón, ha de trazar sus imágenes mentales del mundo en las paredes que la confinan. Si después de esto queda algo de realismo, es un «realismo» que surge de la conmoción al palpar ese confinamiento y darse cuenta de que, por cualesquiera razones peculiares, parecemos condenados a buscar el pasado histórico a través de nuestras propias imágenes pop y estereotipos acerca del pasado, el cual permanece para siempre fuera de nuestro alcance”.
Frederic Jameson

“El hombre liberado es un hombre creador, sin limitaciones para expresar su talento en el trabajo manual, intelectual o artístico, en sus relaciones con los demás hombres. Un individuo sin ídolos, dogmas, prejuicios; inspirado por un definido sentido de justicia e igualdad. Que es simultáneamente un individuo venezolano y un hombre universal. Este hombre puede aparecer y desarrollarse en un ambiente de florecimiento de las culturas nacionales”
Rodolfo Quintero, 1971


Capitalismo rentístico y esquizofrenia
La implantación histórica del capitalismo rentístico venezolano, ha propiciado la combinación de una serie de factores que dan cuenta de un modelo social, económico, político y cultural verdaderamente extravagante, de rasgos muy particulares y atípicos, que con frecuencia agudiza sus propios desequilibrios, con notables evidencias de volatilidad social y fragmentación cultural.
El delirio consumista que hemos presenciando últimamente en Venezuela en tiendas de electrodomésticos como Daka, donde el hechizo monetario establece la “necesidad”, en vez de ser la necesidad la que canalice el flujo de dinero —con casos de personas que compran 2 televisores, teniendo 3 en casa, o consumidores que, “aprovechando” las rebajas a raíz de las políticas del gobierno nacional, se sirven para tener ahora un aire acondicionado en cada cuarto—, muestra cómo la coyuntura que vivimos actualmente en el país, refleja los “huecos de realidad” de la crisis del capitalismo rentístico: el hueco que hay entre la fascinación subjetiva, producto de la sensación de riqueza, y la insostenibilidad a no muy largo plazo de nuestro modelo rentístico; entre la debacle social neurótica que muestra la pantalla de televisión en forma de guerra económica, y el efecto de bienestar que produce el consumo masivo; entre la “independencia nacional” y la dependencia sistémica.
La forma de circulación de la renta construye y canaliza el deseo social. La sociedad de consumo es contrarrevolucionaria porque despolitiza al sujeto y lo sumerge en la inmediatez, en el vacío, en el estereotipo, estableciendo una especie de presente eterno en la medida en que fragmenta la Historia, el espacio y la política. Y no se trata de una fragmentación comunalizada, sino de una en la cual el individuo queda desprovisto ante el poder del capital. Las Hummer, el silicón, los biopolímeros, el Blackberry y el Miss Venezuela se entremezclan así con el Che Guevara y Antonio Gramsci, con el cantar de Alí Primera, con los Consejos Comunales y el antiimperialismo. Bajo esta fórmula, la revolución se convierte en espectáculo.
¿Y quién detiene esto? Ciertamente, el efecto que puede producir la merma o la distorsión negativa del flujo de la renta, evaporaría la magia que nuestro capitalismo sui géneris recrea como bienestar social, abriendo el camino a una crisis social. No obstante, el aumento del llamado “gasto público” no se refiere únicamente a necesidades básicas, sino a expectativas de vida, a deseos construidos, a imaginarios de lo que Ulrich Brand ha llamado los “modos de vida imperial [1] . Hay que atender urgentemente al creciente hueco que hay entre la histórica expansión cuantitativa y cualitativa de estas expectativas de “vida imperial” y la insostenibilidad a no muy largo plazo del capitalismo rentístico venezolano. Los imaginarios vuelan, pero nada físico crece indefinidamente. Y menos en un sistema capitalista mundial en crisis estructural.

40 años después, Rodolfo Quintero
Leer hoy “Antropología del petróleo”, un clásico de la literatura petrolera venezolana que escribiera Rodolfo Quintero en 1971 (publicada en 1972), constituye una experiencia que nos permite comprender el poderoso arraigo que tiene en nuestro país lo que este antropólogo denominó la « cultura del petróleo » . Lo interesante y relevante de la obra de Quintero es que, al contrario de todo el grueso de la tradición de la teoría social en Venezuela anterior a él, no recurrió a la construcción ontológica racista y colonial que planteaba que el venezolano es “flojo por naturaleza”, o que es un bárbaro por sus condiciones biológicas y raciales, y que por ende debía ser civilizado por un gobierno fuerte y/o ilustrado (Laureano Vallenilla Lanz et al). La cultura del petróleo es pues para Quintero, una imposición colonial, una forma de imperialismo cultural.
40 años después, no dejan de sorprender las enormes similitudes que tiene esta descripción sobre nuestros rasgos culturales y antropológicos, en relación con nuestra realidad actual, un proceso iniciado hace unos 90 años con la implantación de los campos petroleros en la década de los 20 del siglo pasado. Para Quintero, la cultura del petróleo se despliega en factores inmateriales como la lengua, el arte, la ciencia, así como en recursos físicos, como los instrumentos, las actividades o la infraestructura. Se trata de “…una cultura de conquista, (que)crea una filosofía de la vida para adecuar la población conquistada a la condición de fuente productora de materias primas [2] ; toda una ontología del extractivismo.
La hegemonía de la cultura del petróleo, actúa de manera determinante en la forma como los sujetos y la sociedad se piensan a sí mismos. En la medida en la que va deteriorando las culturas locales, generando desarraigo en las poblaciones y adormeciendo la conciencia histórica, reproduce una estructura de profunda dependencia cultural y subjetiva, de aprehensión política con el Petro-Estado, pero que al mismo tiempo implanta sentimientos imitativos y “desnacionalizadores”, los cuales tienen su proyección material en las supuestas “ventajas” del sistema que recrea la renta petrolera.
En la medida en la que se da esta adecuación cultural de la población al modelo extractivista petrolero, en la medida en la que reproduce un imaginario deseante de sus propios estilos de vida, montado sobre la promesa neocolonial del «desarrollo» y sus profetas mitificados, al mismo tiempo expulsa, invisibiliza, invalida y/o minimiza la posibilidad de pensar en otra sociedad que no sea la petrolera, de pensarla más allá del “desarrollo” y del rentismo ― léase, la “siembra del petróleo” ― , utopizando las alternativas.

La Revolución Bolivariana y la cultura del petróleo
La Revolución Bolivariana, tanto como proceso político, como un cúmulo de discursos donde han prevalecido ideas contrahegemónicas y corrientes culturales de pensamiento crítico, ha producido enormes desafíos, dilemas, contradicciones y alternativas a las formas como nos hemos pensado como sujetos, como hemos concebido al espacio/naturaleza, y como hemos interpretado la realidad histórico-social en Venezuela. Sin embargo, se trata de un complejo proceso político y cultural plagado de incongruencias, que nos invita a escrutar y reexaminar nuestros paradigmas dominantes, dada las trascendentales implicaciones que estos tienen en los procesos emancipatorios que se enarbolan en el discurso revolucionario.
Como hemos planteado en otra oportunidad [3] , aparte de saldar la enorme deuda social acumulada, y haber al menos iniciado una clara transición post-rentista en el país, llevar adelante una Revolución Cultural que resquebrajara y comenzara a poner en entredicho nuestra “cultura del petróleo”, nuestro imaginario rentístico, abriendo el camino hacia la construcción una nueva subjetividad de autovaloración productiva, es una de las tres grandes misiones sobre las que se han centrado y aún se centran las expectativas revolucionarias del proceso político venezolano reciente. Los dilemas presentes sobre nuestra cultura y subjetividad política, nos obligan a preguntarnos si la Revolución Bolivariana se ha traducido o no, en un refrescamiento y una repotenciación del viejo modelo rentista.
Es resaltante notar que el nacimiento de la Revolución Bolivariana como proceso cultural, ha implicado la coexistencia, e incluso la hibridación, de la histórica cultura del petróleo, con una serie de ideas revolucionarias, que en algunos casos plantean profundos y radicales cuestionamientos políticos y axiológicos de rasgos anticapitalistas y decoloniales — estos últimos principalmente contagiados por los procesos de transformación en Bolivia y Ecuador .
La coexistencia de estos factores divergentes en nuestro proceso político nacional, evidencia que la Revolución Bolivariana es en efecto un campo en disputa. Sin embargo, esta lucha no es simétrica, y se desenvuelve mediada por la hegemonía y la profundización del modelo rentista, y por lo tanto, sobre un redimensionamiento de la cultura del petróleo. Se produce de esta forma una relación de poder sobre la cultura, en la cual es muy frecuente la construcción de saberes con elementos internos incompatibles — emancipadores junto con represivos — , que en un contexto de hegemonía económica y cultural petrolera/capitalista, generalmente subsume, domina y asimila los factores críticos de los mismos, a favor del status quo.
Este proceso no es irremediable. Sin embargo, es fundamental tratar de comprender porqué muchas de estas ideas alternativas anticapitalistas, radicales o no, no logran encontrar asidero tanto en los valores simbólicos de la sociedad venezolana, como en la estructura real de la economía rentista, sobre todo a medida que se va profundizando dicho modelo en el país. Es esencial cartografiar la cultura del petróleo en la Revolución Bolivariana, tratando de detectar dónde se fortalece ésta en nuestro proceso político doméstico.

¿Dónde se fortalece la cultura del petróleo en la Revolución Bolivariana?
A pesar de la importancia de la producción teórica/ideológica crítica para intentar salir del modelo rentista petrolero y su estructura de poder, o plantear un proyecto anticapitalista en su seno, como es el caso de las corrientes más radicales de la Revolución Bolivariana, el impacto que genera la reproducción y fortalecimiento de esta estructura económica rentista sobre la producción cultural y de subjetividad es tal, que hasta las ideologías más revolucionarias chocan con la enorme complexión de este modelo profundamente asimétrico.
Si la inundación de divisas producto del boom rentístico que vivimos desde 2004 — el llamado “Efecto China” a raíz del auge de la demanda de commoditiesimpulsado principalmente por este país — tiene efectos perniciosos sobre los factores productivos, sobre el auge relativo de las importaciones, sobre el ensanchamiento artificial del mercado interno, el agrandamiento del desarrollismo del Petro-Estado, y de los niveles de endeudamiento externo, se debe a que esta profundización de los desequilibrios económicos está en profunda correlación con la necesidad e impulso del sobredimensionamiento de la cultura del petróleo, para así favorecer tanto a las estructuras de poder dominantes, como la consolidación de nuestra función dependiente en la División Internacional del Trabajo. Cuando Alí Rodríguez Araque reconoce que el fenómeno de la corrupción es una de las varias formas de distribución (antiética) de la renta petrolera [4] , está haciendo evidente la relación estructural que existe entre cultura y rentismo, entre el excedente y la subjetividad.
La expansión de los “modos de vida imperiales” en crecientes masas de la población; de la construcción de expectativas, imaginarios y subjetividades a imagen y semejanza de la estructura del capitalismo rentístico, se conectan con el aumento de las migraciones a las ciudades, el empeoramiento del deterioro de la producción agrícola, y el frenesí surrealista por los productos importados. La plétora monetaria rentista, las burbujas especulativas y los escenarios paranóicos de la TV, encuentran su correlato en las burbujas culturales de nuestros imaginarios consumistas, que a ratos parecen alucinaciones.
La profundización del modelo rentista y los futuros proyectos de ampliación del extractivismo petrolero y minero ―los 6 millones de barriles diarios de los dos grandes proyectos político-partidistas hegemónicos, la «Potencia Energética Mundial» y el «Petróleo para tu Progreso» — supondrían la intensificación de nuestros males culturales endémicos. A su vez, los planes ya en marcha para la implantación masiva de estructuras petroleras en la Faja del Orinoco ― que Quintero en su tiempo definía como una incrustación colonial ― reproduce el viejo efecto de deterioro y desarraigo de las culturas locales ― incluidos nuestros pueblos indígenas, que aún esperan la materialización de la demarcación territorial ― , la inserción en el espacio de los recursos materiales que reproducen la cultura del petróleo, y el embelesamiento social con la insostenible modernidad petrolera.
Si bien Rodolfo Quintero planteaba que la cultura del petróleo era una cultura traída de afuera, esta también opera germinalmente desde “adentro”, reproduciendo el (neo)colonialismo endógenamente, expresión de la forma transnacionalizada como opera el capital en la globalización. Es fundamental comprender el papel que juega el Petro-Estado venezolano tanto en la administración de la cultura del petróleo, como en la intermediación entre el “afuera” y el “adentro”.

La disputa cultural sobre el sujeto y la naturaleza
Si bien en la Revolución Bolivariana se ha dado un auge de las corrientes del pensamiento crítico, debemos admitir que el paradigma neocolonial del “desarrollo” sigue siendo un mito profundamente arraigado en nuestros patrones de pensamiento, al tiempo que el rentismo cultural continúa estableciendo una rígida frontera para pensar alternativas más allá de este.
A lo largo del tiempo, el análisis histórico-social venezolano ha centrado la gran mayoría de su atención y esfuerzos en buscar mecanismos para una mayor captación de la renta y un mayor control de la industria petrolera, de manera tal de impulsar el proyecto modernizador nacional, entendido éste como un proyecto emancipador y “progresista”, que nos llevaría al tan ansiado “desarrollo”.
Aunque resaltan algunas reivindicaciones de Rodolfo Quintero a las culturas locales y una idea de “descolonización petrolera”, y en Juan Pablo Pérez Alfonzo comienzan a bosquejarse críticas sin precedentes en nuestra literatura petrolera, al aparecer cuestionamientos al crecimiento, al desarrollismo, al concepto de “sembrar el petróleo” y a los efectos nocivos de la propia renta internacional [5] , a nuestro juicio, es con “El Estado Mágico” de Fernando Coronil (1997) que se produce una importante ruptura epistemológica en la tradición del análisis social petrolero venezolano, planteando una crítica decolonial profunda a los patrones de conocimiento que habían determinado, tanto la caracterización de nuestra historia petrolera contemporánea, como la propia práctica política nacional que se derivaba de ella.
La línea de estudios sobre modernidad/colonialidad, en la que se inscribe “El Estado Mágico” de Coronil, representa una poderosa arma crítica contra la tradición de la cultura del petróleo y su estructura de funcionamiento biopolítico. La manera de comprender la composición y funcionamiento del Petro-Estado venezolano, el problema del espacio/naturaleza como factor de análisis, o la relación entre el discurso, el poder y la subjetividad, tienen poderosas implicaciones políticas, sobre todo en intensos procesos de disputa cultural como los que vivimos en la actualidad [6] .
Las corrientes más críticas y antisistémicas en la Revolución Bolivariana, las cuales indudablemente bebieron del discurso más agudo del presidente Chávez, enarbolan como fuerza cultural una definición ontológica del sujeto/pueblo comopotencia emancipadora y contrahegemonía constitutiva. Dichas corrientes se enfrentan a dos grandes fuerzas.
Por un lado, el sujeto que se construye desde el discurso de la oposición venezolana, encabezada por la llamada “Mesa de la Unidad Democrática” (MUD), es el típico “agente racional abstracto” de la teoría neoclásica, un sujeto que se presenta como “libre”, siendo que el Estado y la “ideologización política” interfieren en su camino competitivo hacia la eficiencia económica [7] . Todos los seguidores de la “libertad” individualista y de las “oportunidades” para el emprendedor capitalista tecnificado, son funcionales a este proyecto en la medida en que alimentan la reproducción de la estratificación clasista y racista de la sociedad venezolana, al tiempo que esa idea de “libertad individual” de los supuestos “agentes racionales” permite mantener ocultas las relaciones de dominación que ejerce el capital sobre estos. La idea de “pueblo” tiene aquí sentido, sólo en la medida en la que la unión inorgánica de sujetos fragmentados responda al llamado de sus guías para vencer a la “tiranía” — léase, la intervención estatal que obstaculice el libre flujo del mercado autorregulador — , al tiempo que puedan construir juntos una nación de “progreso”.
Por otro lado, la instauración de la Revolución Bolivariana como gobierno, convocaba al Poder Constituyente en su propia fundación, y promovía una definición de “pueblo” como empoderamiento de los excluidos sociales históricos, estableciéndose momentos de ejercicio y formas radicales de poder popularinmediato, lo que genera un conflicto sobre las formas tradicionales de la cultura del petróleo, tensionando numerosos supuestos establecidos por este modelo.
No obstante, los propios recursos biopolíticos materiales e inmateriales del capitalismo rentístico, en la medida en que se reajusta y redimensiona el modelo imperante, contrarrestan esa emergencia ontológica popular. El ejercicio del poder político del pueblo y su apropiación económica se apaciguan en la medida en la que básicamente estos se logran materializar como representación mítica a través de las personificaciones del «pueblo» que dirigen el Petro-Estado, y que distribuyen parte de la abundante renta. Esta postergación del ejercicio inmediato del poder popular juega a favor del restablecimiento de la dinámica neocolonial de poder propia de esta estructura política. De esta forma, podríamos afirmar que de hecho existen no sólo dos grandes proyectos ontológicos en disputa que definen al sujeto/pueblo venezolano, sino al menos tres.
Por su parte, dada la importancia de la legitimación del extractivismo en el capitalismo rentístico nacional, y su proyección sobre la dominación de la tierra, el territorio y la Naturaleza, la forma como se representa a esta última es también objeto de disputa. En la cartografía tradicional de la cultura del petróleo, en general la naturaleza ha sido históricamente instrumentalizada, invisibilizada como riqueza y colonizada para el “desarrollo”.
La hipocresía, la instrumentalización y la marginalización de la representación de la Naturaleza respecto al régimen de producción/extracción capitalista rentística en la MUD, se hace evidente no sólo en sus declaraciones públicas — como cuando el excandidato presidencial Henrique Capriles Radonski se mofó del quinto objetivo del Plan de la Patria y dijo que “nuestro pueblo no quiere que se salve el planeta [8] —, sino en la manera como es categorizada ésta, cuando en el Programa de Gobierno de esta parcialidad político-partidista, la Naturaleza aparece referida constantemente como “capital natural [9] , al puro estilo neoclásico.
El agravamiento de la crisis ambiental global, ha venido poniendo en cuestionamiento con mayor frecuencia las concepciones depredadoras acerca de la Naturaleza. En el Gobierno Bolivariano se produce una reformulación administrativa y discursiva que supone una distinción respecto a los gobiernos anteriores, sobre la contradicción capital-naturaleza. El objetivo 5 del Plan de la Patria 2013-2019 — “Contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana”— y la reivindicación explícita del ecosocialismo como principio de la política del Gobierno, expresa una reconfiguración del valor de la naturaleza en este proyecto.
No obstante, en el marco del redimensionamiento de la cultura del petróleo, y la expansión de los proyectos extractivos, y con la justificación de la lucha contra la pobreza, se genera una discursividad que concilia extractivismo en auge con respeto por la naturaleza, recurriendo al controvertido concepto de “desarrollo sustentable” ―”haremos de la explotación petrolera una actividad para el cuidado del ambiente”―; resignificando el radical y decolonial concepto de Buen Vivir―entendido en la Revolución Bolivariana principalmente como mayor acceso al consumo moderno/capitalista―; y generando nuevas teorías ad hoc para explicar por qué es inevitable y necesario para América Latina continuar la expansión de la explotación de nuestros “recursos naturales” y su realización en el mercado mundial capitalista, para alcanzar un mejor posicionamiento geopolítico y alcanzar la “independencia” ante el imperialismo [10] .

La crisis como oportunidad: la importancia de una Revolución Cultural
Toda crisis no es sólo conflicto, sino que al mismo tiempo representa oportunidades, en la medida en que la desarmonía que se produce entre las ideas hegemónicas y la realidad material, permiten no sólo romper el hechizo ideológico, sino abrir posibilidades para resignificar y reformular los paradigmas sociales reinantes. El problema pasa por qué tipo de resignificaciones se plantean, y quiénes las impulsan.
Las diversas formas y facetas que ha adoptado la coyuntura actual en el país han sido primordialmente manejadas desde una perspectiva maniquea, en la cual el origen del problema según el Gobierno es la oposición, y según la oposición es el Gobierno. Rara vez se reconoce que ese incentivo a los “modos de vida imperial”, promovido por los poderes fácticos y las élites políticas, como una especie de valores sagrados de la nación, son buena parte del problema, ocultando cómo esta profundización de la cultura del petróleo alimenta la estructura de poder establecida, la estratificación social — el hechizo de que todos “podemos ser ricos” —, y la propia insostenibilidad de nuestro modelo parasitario.
Cuando se habla de “Guerra de IV generación”, parece no reconocerse que, si esta batalla se orienta al control del discurso y de la mente, entonces bajo la polarización política que vive el país, está totalmente abierta la posibilidad del intento de dominación ideológica tanto de un bando hacia la población del otro, como de esa parcialidad sobre sus propios partidarios. Esta premisa hace evidente pensar en la necesidad y posibilidades de formas de subjetividad autónoma y de pensamiento crítico bajo el régimen de la cultura del petróleo.
Si entendemos que casi el 90% de la población venezolana vive en ciudades, con sus expectativas de un estilo de “vida imperial”, la tarea de una transformación del modelo venezolano no sólo supondría una muy complicada reconfiguración del ordenamiento territorial, sino una reformulación de las lógicas y estilos de vida en las propias ciudades, con una respectiva modificación radical de nuestro relacionamiento con la Naturaleza, lo cual necesita el impulso de una verdadera revolución cultural en el país.
Esto nos lleva a preguntarnos, ¿un proyecto político post-rentista que no se construya más allá del “desarrollo” y del propio rentismo como frontera, puede permitir una revolución cultural de este tipo? ¿Quién o quiénes llevarán a cabo dicha revolución? Si existen no dos, sino al menos tres grandes proyectos político-culturales, uno de ellos con una concepción ontológica y de la naturaleza profundamente popular, autogobernante, emancipatoria y ecológica, entonces la revolución cultural se desarrollará sobre la base de una compleja disputa discursiva entre tres grandes fuerzas, más allá de la polarización política nacional reinante.
Si bien es cierto que en la Revolución Bolivariana no se ha podido desplazar la hegemonía de la cultura del petróleo, esto no implica que los procesos de transformación que hemos vivido en el país en estos 14 años no hayan ampliado sus grietas. Además, dichas grietas se expanden en momentos de crisis, lo que, como hemos dicho, inaugura procesos de reordenamiento ideológico y de resignificación cultural. Esto representa para el proyecto cultural emancipatorio, la apertura de caminos y posibilidades para infiltrar la cultura neocolonial del petróleo e impulsar procesos de transformación autónomos y ecológicos.
La álgida coyuntura actual de guerra económica y desequilibrios sistémicos es entonces, al mismo tiempo una batalla que se da en el campo simbólico. El caso de la neurosis colectiva por la escasez/acaparamiento de la Harina precocida marca P.A.N. es un buen referente para aprovechar la situación y convertir la misma en un gran debate popular que pueda expandirse a escala nacional, y que haga más visibles cuestionamientos radicales a algunos patrones conceptuales capitalistas/desarrollistas y coloniales, y por ende, a las formas de organización e interacción social que de ellos se derivan.
Organizaciones de base populares, comuneros y comuneras, y movimientos sociales tenemos la oportunidad de posicionar críticas de fondo a todo el entramado de la cultura del petróleo, señalando no sólo a los actores responsables, sino al propio modelo, en todas sus formas operativas. El secuestro progresivo que hizo empresas POLAR en el imaginario social venezolano, al punto de que la gran mayoría de la población asocia, como una metonimia, a la arepa con la harina PAN, debe ser desmantelado. El maíz empobrecido, los cultivos transgénicos, la estética del alimento — como una especie de racismo agrario — y el despojo de los procesos productivos del pueblo en forma de monopolios capitalistas, debe ser contestado con la arepa criolla; el cuidado, protección y difusión las semillas autóctonas campesinas; las culturas ancestrales locales y la reconceptualización del consumo para la vida; la alimentación sana; y el impulso a las redes socioproductivas populares y sostenibles.
En la medida en la que los comuneros y comuneras, de creciente organización, movilización y articulación a nivel nacional, logren establecer y expandir sus comunas y redes comunicativas y socioproductivas a mayor escala geográfica, seguirán dejando semillas de transformación territorial fundamentales. Por un lado, engendran así posibilidades para nuevos ordenamientos del espacio y nuevas formas de relacionamiento con la geografía, contribuyendo a transfigurar los recursos materiales que le dan vida a la cultura del petróleo, al tiempo que fortalecen bases de resistencia ante los ataques de desposesión del capital.
Por otro lado, favorecen a los procesos descentralizados de producción de conocimiento, al reposicionamiento y al resurgir de los saberes y cosmovisiones ancestrales y territoriales, que puedan contrarrestar el efecto universalizante y colonial de la cultura del petróleo, al tiempo que fomenta la construcción de tejidos comunitarios, que combatan la fragmentación individualista de la sociedad de consumo.
Como lo hemos expuesto, la sobredeterminación rentística que posee la forma de nuestro modelo capitalista, genera la expulsión cultural de campos de pensamiento donde son posibles el inicio de una transición post-rentista y post-extractivista. Dado lo profundamente enraizadas que están las estructuras físicas e institucionales del capitalismo rentístico, es fundamental resaltar que una transformación de fondo del mismo, requiere que germine una ruptura de la conciencia rentística que sostiene y legitima este sistema de poder.
Esto supone pensar lo “impensado rentístico”, hacer un salto decolonial del saber, develar la relación de poder contenida en los regímenes de verdad, abrir debates y tocar temas que han constituido tabúes nacionales, y sortear las amenazas de criminalización de la crítica revolucionaria, que pasan desde censuras institucionales y políticas, hasta una serie de teorías premiadas y promovidas que catalogan de “pachamamistas” y de promotores del juego del imperialismo, a diversas vocerías que se oponen al modelo desarrollista y al afán “progresista” de extraer más y más de la naturaleza, profundizando nuestros modelos neocoloniales y sus respectivos males.

* Emiliano Teran Mantovani es sociólogo de la Universidad Central de Venezuela, investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos – CELARG y hace parte del equipo promotor del Foro Social Mundial Temático Venezuela

Fuentes consultadas
- BORÓN, Atilio. América Latina en la geopolítica del imperialismo. Ministerio del Poder Popular para la Cultura. Caracas, 2012.
- CORONIL, Fernando. El Estado mágico. Naturaleza, dinero y modernidad en Venezuela. Nueva Sociedad. Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico de la Universidad Central de Venezuela. Caracas, 2002.
- GAGO, Verónica. Sztulwark, Diego. “No podemos pensar en salvar el planeta si no pensamos la emancipación social”. Entrevista a Ulrich Brand. Lunes, 23 de abril de 2012. Disponible en:http://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-192462-2012-04-23.html. Consultado: [12/07/2012].
- GLOBOVISIÓN. Capriles: La única persona que perderá su empleo en Pdvsa será Rafael Ramírez. 01/08/2012. Disponible en:http://globovision.com/articulo/capriles-la-unica-persona-que-perdera-su-empleo-en-pdvsa-sera-rafael-ramirez. Consultado: [10/08/2012].
- MESA de la Unidad Democrática. Lineamientos del Programa de Gobierno de Unidad Nacional (2013-2019). Caracas, noviembre de 2011. En: http://www.cuadernos.org.ve/pdf/mud.pdf. [Consultado: 08/03/2012].
- PÉREZ Alfonzo, Juan Pablo. Hundiéndonos en el excremento del diablo. Fundación Editorial El perro y la rana. Caracas, 2009.
- QUINTERO, Rodolfo. Antropología del petróleo. Siglo Veintiuno editores. Necaxa, México. 1976.
- TERAN Mantovani. La crisis del capitalismo rentístico y el neoliberalismo mutante (1983-2013) . Rebelión. 21/10/2013. Disponible en: http://www.rebelion.org/docs/175965.pdf. Consultado: [21/10/2013].
- ÚLTIMAS Noticias. Edición impresa del domingo 15 de septiembre de 2013. Caracas, Año 72 Nº 28736.


[1] Cfr. Entrevista a Ulrich Brand: GAGO, Verónica. Sztulwark, Diego. “No podemos pensar en salvar el planeta si no pensamos la emancipación social”. Brand sostiene acerca de los modos de vida imperial: “Es la pregunta por cómo se está universalizando un modo de vida que es imperial hacia la naturaleza y las relaciones sociales y que no tiene ningún sentido democrático, en la medida que no cuestiona ninguna forma de dominación (…) El modo de vida imperial no se refiere simplemente a un estilo de vida practicado por diferentes ambientes sociales, sino a patrones imperiales de producción, distribución y consumo, a imaginarios culturales y subjetividades fuertemente arraigados en las prácticas cotidianas de las mayorías en los países del norte, pero también, y crecientemente, de las clases altas y medias en los países emergentes del sur”.
[2] QUINTERO, Rodolfo. Antropología del petróleo. p.46
[3] Cfr. TERAN Mantovani, Emiliano. La crisis del capitalismo rentístico y el neoliberalismo mutante (1983-2013).
[4] En: ÚLTIMAS Noticias. Edición impresa del domingo 15 de septiembre de 2013. Sección el Domingo, pp.6-7.
[5] Cfr. PÉREZ Alfonzo, Juan Pablo. Hundiéndonos en el excremento del diablo.
[6] La introducción del problema del espacio/naturaleza como factor clave en los análisis de la conformación del sistema-mundo capitalista tiene poderosas implicaciones en la medida en que resignifica la División Internacional del Trabajo, también como División Internacional de la Naturaleza; desmitifica el “desarrollo” y la primacía del tiempo; hace evidente el ocultamiento del valor intrínseco de la Naturaleza; o bien resalta el papel de intermediación que juega el Petro-Estado periférico, y la relación entre su composición política y la captación de una renta absoluta. Cfr. CORONIL, Fernando. Cap.1: “La naturaleza de la historia”, en El Estado mágico. Naturaleza, dinero y modernidad en Venezuela. pp. 23-76.
[7] Esta idea está presente recurrentemente a lo largo del programa de Gobierno de la MUD 2013-2019, donde se enaltece obsesivamente la propiedad privada. Cfr. MESA de la Unidad Democrática. Lineamientos del Programa de Gobierno de Unidad Nacional (2013-2019).
[8] Cfr. GLOBOVISIÓN. Capriles: La única persona que perderá su empleo en Pdvsa será Rafael Ramírez. La frase completa recogida de Capriles Radonski afirmaba: "El plan de gobierno del que lleva 14 y quiere 6 más, uno de los planteamientos de ese proyecto es salvar el planeta, este planteamientos nada tiene que ver con lo que quiere nuestro pueblo, nuestro pueblo no quiere que se salve el planeta, primero tenemos que ocuparnos de la casa".
[9] Op.Cit. pp.133-140
[10] Cfr. por ejemplo: BORÓN, Atilio. América Latina en la geopolítica del imperialismo. Sobre una crítica de este texto, véase: TERAN Mantovani, Emiliano. Neblina sobre los horizontes post-extractivistas: ¿no hay alternativas? ALAI, América Latina en Movimiento.


  Fuente:http://alainet.org/active/66806

Fin del progreso: comencemos a progresar





La Utopía sirve para caminar 1
Progreso sí, progreso no. Pero, ¿qué ha significado para el ser humano la idea de progreso? En las siguientes líneas se tratará de abordar esa incansable proyección hacia el futuro que el ser humano ha puesto como horizonte aunque se sabe inalcanzable, puesto que cada paso que demos, se situará un paso más allá ese horizonte. ¿Por qué? ¿Es algo “connatural” al ser humano? ¿Construimos ese relato como significado a nuestro presente? ¿Lo hacemos para justificar nuestro pasado? ¿O quizás esperamos un futuro redentor?
Navega el navegante aunque sepa que jamás tocará las estrellas que lo guían 2
La idea de progreso, tal y como surgió, nos daba capacidad de actuación, y en cuanto tal, nos convertía en responsables de nuestros propios actos, nos convertía así en sujetos racionales, “iluminados”, capaces de romper con la predeterminación religiosa. Pero la edad de las luces, se convierte en la edad de las sombras, en el momento en el que nos sitúa en “tiempos de transición”, en el que nos pensamos en base a lo que debemos llegar a ser, al tiempo que nos aleja de la decisión de ese qué queremos ser.
El ciudadano moderno se construye bajo la premisa de conquistar ese futuro, frente a la moral religiosa que durante siglos había alejado del individuo la capacidad de construir incluso su vida. Todo venía dado, todo ocurría por designio divino, y en ese plano, al ser humano solo le restaba ser temeroso de esos designios. En esta época la idea de un mundo mejor se situaba precisamente en el “extramundo”. También existía su castigo para aquellos que no hubieran actuado como se les demandaba. El mundo terrenal era un sitio de paso, una especie de teatro en donde el ser humano encaminaba su alma hacia uno u otro mundo. Su responsabilidad era para con Dios y las consecuencias caerían sobre su alma.
Con la Ilustración surge la idea de individuo “empoderado” (en abstracto), que no debe rendir cuentas morales más que con el ejercicio de la razón. Ésta le marcará que debe de progresar, que la sociedad también tiene que hacerlo, que no es para nada un ser acabado sino que es él mismo el que debe de seguir con el proceso de mejoramiento. En estos términos, la idea de progresar se encaminaría a marcar una meta, y como tal aún hoy seguimos haciéndolo.
En el momento en el que se focaliza la importancia del futuro en el mundo terrenal, la idea de progreso pasa a constituir una especie de creencia laica, no sólo se piensa en el futuro del individuo sino en la sociedad futura, la valedora de los esfuerzos de cambio del presente, una especie de responsabilidad social para con el todo que potencia esa visión de individuo. Ese “somos” como el conjunto de los individuos que deben adscribirse a esa misma creencia en el progreso, indispensable para que se cumpla, siendo ahí donde se legitima el discurso que aboga por situar nuestras cualidades más “perfectas” en el futuro.
Abandonar la idea de progreso, en esa vertiente diríamos metafísica de lo que “podríamos llegar a ser” se presenta como complicado ya que el propio hecho de plantearnos el abandonarlo, ya constituiría un ejercicio que trae implícito una finalidad de construcción de otro escenario diferente, focalizado en nuestra capacidad para hacerlo. Quizás más parecido a un cuento de Borges, se podría dar la paradoja de pasarnos el resto de nuestras vidas intentando romper con esta idea, mientras sin darnos cuenta estamos plasmando ese ideal, llevando a la práctica esa teoría que decimos querer destruir.
Definitivamente no, no podemos vivir sin esa idea que se fundamenta como un enjambre perfecto del cual resulta imposible escapar, que nos ha construido desde la infancia, desde todos los ámbitos de socialización. Pero, ¿se podría cambiar sus implicaciones?
Quizás lo único natural al ser humano sea la capacidad de pensar que nada es natural, valga la redundancia, y en este juego de palabras, la idea de progreso mismo se erige como “civilizatoria” en este ámbito, pero una idea de progreso no ya en el plano metafísico sino connotado e imbuido de rasgos concretos, cargados ideológicamente, siendo este el concepto a derribar.
Como las parábolas que otrora dictara la religión, el progreso se dotará de discursos, que se reivindicarán como hegemónicos, mostrándose a sí mismo como neutral. El discurso dominante y el que mayor peso ejerció en la apropiación del término, el liberalismo económico, dirá que el progreso debe ir ligado indudablemente al capitalismo, confundiendo de forma intencionada el discurso con el mecanismo, se hace suyo este término que no tiene porqué aplicarse al sistema liberal, es más, es imposible aplicarlo al mismo, en cuanto a que lucha contra su propia base. No hay nada menos progresivo y de superación misma del ser humano que un sistema que produce alimentos para fabricar combustibles con el que mover vehículos que transportan a gente para que vayan a trabajar, ganar dinero y poder acceder a alimentos ¿no es algo absurdo e irracional?
Porque las cosas son como son, las cosas no permanecerán como están 3
La persona como elemento central de la construcción de su propia vida y de la sociedad en la que se enmarca, debe de llevarnos a reflexionar sobre cómo debe de ser ese individuo, ya que nada más lejos de la realidad el pensar que este “antropocentrismo” sea imagen de egoísmo, de individualismo o de desdén hacia el entorno en el que nos ubicamos. Se trataría de todo lo contrario, siendo imprescindible la presencia de un individuo concientizado, con una moral colectiva, aunque no por ello uniforme. Ya no más suma de individuos individualizados, sino personas en relación con otras, haciendo posible que subyazca esa doble lógica de respeto a la pluralidad dentro de un marco de igualdad, “un mundo donde quemas muchos mundos” decía el Subcomandante Marcos, pero no jerarquizados y desiguales como de los que se habla hoy en día.
Un mundo actual que se presenta “compuesto” por otros mundos como una suerte de redefinición constante del “ellos” y el “nosotros”. Primer Mundo “Desarrollado”, Segundo Mundo “Desaparecido”, Tercer Mundo “Desfavorecido” y un Cuarto Mundo “Desamparado” y aun incipiente en su conceptualización, pero del que se habla como englobante de aquellas personas que aún viviendo en el “Primer Mundo” no son absorbidas por el sistema, desprotegidos en buena medida, pero que al mismo tiempo son fruto de esa socialización primermundista.
El trazar esas fronteras no deja de ser una práctica tremendamente moderna de dividir los espacios para tener todo mejor controlado. Práctica en la que el progreso tal y como lo entendemos en la actualidad se ha nutrido al extremo, para obtener materias primas a bajo coste. En los primeros años de este progreso, la manufacturación de los productos de nueva tecnología (entre otros) hace que se redefina la producción interna de esos países dando como resultado la deslocalización de esas industrias masivamente. Se instaura así la producción en ese “Tercer Mundo” en el que lo que se esquilma es ahora la fuerza de trabajo empleada en el sector industrial. Pero ¿si han llegado a ese estadio, porqué no es suficiente para considerarse “desarrollados”? ¿Antes no eran desarrollados los que tenían industrias? Una hipótesis es que se trata de un término que se redefine en base a lo que marque ese alumno “aventajado”.
Progresar, entendido en un nuevo marco, ha de mirarse a sí mismo, entender cuáles son las condiciones y qué se quiere alcanzar. No significa esto que se cierre completamente sobre sí mismo ya que las múltiples experiencias pueden apoyarse, aunque no extrapolarse. “Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma”, se dice en un poema, y es esta autodeterminación la que debe orientar el nuevo proceso del progresar.
No resulta algo fácil, sin duda, pero es aquí donde contra relevancia ese “Cuarto Mundo”, es decir, se toma a todo un estado como emblema de desarrollo, pero resulta que no todos los individuos de ese estado se ven beneficiados por el mismo, ¿Qué está ocurriendo? ¿Qué viene ocurriendo? ¿No significa acaso la prueba palpable de que el progreso tal y como lo entendemos se trataba del progreso en forma de acumulación de capital en manos privadas? Entonces, un nuevo progreso, esta vez de las personas, ¿No debería de dar el primer paso en contra de ese ostentador del poder económico-político?
La importancia del discurso, y en este sentido su capacidad de definir el marco de acción global le ha cundido a ese Occidente durante muchos años. Este progresar basado en nuestras necesidades como individuos ha de contemplar también un proyecto de sociedad, que aun definiéndola como una meta ha de ponerse en práctica día a día. Hablábamos al principio de ese objetivo que nos lleva a andar, pero también ese propio andar ha de ser contemplado en el proyecto.
¿Vivir si la idea del “progreso”? posible y necesario si entendemos éste como hasta ahora, pero necesario vivir con la idea de progresar como suerte de superación de ese mismo término connotado de ideología liberal. La batalla con armas resulta dura, violenta, sangrienta; la batalla de las ideas no tiene treguas, suspicaz y atenta a cada elemento; pero la batalla de los términos, la perdemos sin saber tan siquiera que la hemos jugado.
Hasta que los leones no tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador 4
Notas:
1 Eduardo Galeano.
2 Eduardo Galeano.
3 Bertolt Brecht.
4 Proverbio africano.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Chevron, Exxon y BP entre las principales responsables del cambio climático Solo 90 compañías causaron dos tercios de las emisiones de calentamiento global producidas por el hombre

The Guardian

Traducido para Rebelión por Germán Leyens

La crisis del clima del Siglo XXI, ha sido causada en gran parte por solo 90 compañías, que entre ellas produjeron cerca de dos tercios de las emisiones de gases invernadero generadas desde el comienzo de la era industrial, muestra nueva investigación.
Las compañías varían desde firmas de propiedad de inversionistas –nombres muy conocidos como Chevron, Exxon y BP– hasta firmas de propiedad estatal y bajo dirección gubernamental.
El análisis, publicado por la revista Climatic Change, y bien acogido por el ex vicepresidente Al Gore como un “paso crucial hacia adelante” estableció que la vasta mayoría de las firmas estaban en el negocio de producir petróleo, gas o carbón.
“Hay miles de productores de petróleo, gas y carbón en el mundo”, dijo el climatólogo y autor Richard Heede en el Climate Accountability Institute en Colorado. “Pero los que toman las decisiones, los directores ejecutivos, o los ministros de carbón y petróleo si uno lo limitara a solo una persona, podrían ser transportados en un autobús Greyhound o dos”.
La mitad de las emisiones consideradas fueron producidas solo en los últimos 25 años – mucho más allá de la fecha en la que gobiernos y corporaciones se percataron de que las crecientes emisiones de gases invernadero de la quema de carbón y petróleo estaban causando un peligroso cambio del clima.
Muchas de las mismas compañías también poseen sustanciales reservas de combustibles fósiles que –si son quemadas– ponen al mundo ante un riesgo cada vez mayor de un peligroso cambio climático.
Los expertos en el cambio climático dijeron que el conjunto de datos es el más ambicioso esfuerzo hecho hasta la fecha por responsabilizar a productores individuales de carbono, en lugar de los gobiernos.
El panel de cambio climático de las Naciones Unidas, el IPCC, advirtió en septiembre de que al ritmo actual el mundo corre peligro de agotar dentro de 30 años su “presupuesto de carbono – la cantidad de dióxido de carbono que podría emitir sin entrar en la zona de peligro sobre 2C de calentamiento. El ex vicepresidente de EE.UU. y defensor del medio ambiente, Al Gore, dijo que la nueva contabilidad del carbono podría reajustar el debate sobre la responsabilización por la crisis climática.
Dirigentes reunidos en Varsovia esta semana para conversaciones de la ONU sobre el clima, se enfrentaron repetidamente por el tema de qué países tienen la responsabilidad de resolver la crisis climática – emisores históricos como EE.UU. o Europa o las economías ascendientes de India y China.
Gore, en sus comentarios, dijo que el análisis subrayó que no era solo tarea de los gobiernos actuar respecto al cambio climático.
“Este estudio es un paso crucial hacia nuestro entendimiento de la evolución de la crisis del clima. Los sectores públicos y privados por igual deben hacer lo necesario para detener el calentamiento global,” dijo Gore a The Guardian. “Los que son históricamente responsables de la contaminación de nuestra atmósfera tienen una clara obligación de formar parte de la solución”.
Entre ellos, las 90 compañías en la lista de máximos emisores produjeron un 63% de las emisiones cumulativas globales de dióxido de carbono industrial y de metano entre 1751 y 2010, ascendiendo a unas 914 gigatoneladas de emisiones de CO2, según la investigación. Todas, con la excepción de siete de las 90 son compañías energéticas que producen petróleo, gas y carbón. Las siete restantes son fabricantes de cemento.
La lista de 90 compañías incluye a 50 firmas de propiedad de inversionistas – sobre todo compañías petroleras con nombres ampliamente reconocidos como Chevron, Exxon, BP, y Royal Dutch Shell y productores de carbón como British Coal Corp, Peabody Energy y BHP Billiton.
Unas 31 de las compañías que componen la lista son compañías de propiedad estatal como
Saudi Aramco de Arabia Saudí, Gazprom de Rusia y Statoil de Noruega.
Nueve son industrias dirigidas por gobiernos, que producen sobre todo carbón en países como China, la antigua Unión Soviética, Corea del Norte y Polonia, la anfitriona de las conversaciones de esta semana.
Expertos familiarizados con la investigación de Heede y la política del cambio climático dijeron que esperan que el análisis ayude a romper el impase en las conversaciones climáticas internacionales.
“Parecería como si esto podría romper la obstrucción”, dijo Naomi Oreskes, profesora de historia de la ciencia en Harvard. “Hay todo tipo de países que han producido una cantidad tremenda de emisiones históricas de los que normalmente no hablamos. No hablamos normalmente de México o Polonia o Venezuela. Por lo tanto no se trata solo de rico contra pobre, es también productores contra consumidores, y ricos en recursos contra pobres en recursos.”
Michael Mann, el climatólogo, dijo que espera que la lista conduzca a mayor escrutinio del uso de las compañías del petróleo y el carbón de sus reservas restantes. “Lo que pienso que sería un cambio radical en este caso es el potencial para una identificación clara de las fuentes de futuras emisiones”, dijo. “Aumenta la rendición de cuentas por la quema de combustibles fósiles. No se puede quemar combustibles fósiles sin que el resto del mundo lo sepa.”
Otros se mostraron menos optimistas de que llevar las cuentas de manera más exhaustiva de las fuentes de emisiones de gases invernadero facilitaría el logro de la reducción de emisiones requerida para evitar un catastrófico cambio climático.
John Ashton, quien sirvió como negociador jefe del cambio climático del Reino Unido durante seis años, sugirió que los resultados reafirman el papel central en la economía de las entidades productoras de combustibles fósiles.
“El desafío que enfrentamos es pasar en el espacio de no mucho más que una generación de un sistema de energía intensivo en carbono a un sistema energético neutral en carbono. Si no lo hacemos no tendremos ninguna probabilidad de mantener el cambio climático dentro del umbral de los 2C,” dijo Ashton.
“Al destacar la manera en la cual una cantidad relativamente pequeña de grandes compañías se encuentran al centro del actual modelo de crecimiento intensivo en carbono, este informe destaca ese desafío fundamental”.
Mientras tanto, Oreskes, quien ha escrito extensivamente sobre la negación del clima financiada por las corporaciones, señaló que varias de las principales compañías en la lista han financiado el movimiento de cambio climático.
“Para mí una de las cosas más interesantes en las que hay que pensar es la coincidencia de productores en gran escala y del financiamiento de campañas de desinformación, y cómo eso ha retrasado la acción”, dijo.
Los datos representan ocho años de exhaustiva investigación de emisiones de carbono con el transcurrir del tiempo, así como la historia de propiedad de los principales emisores.
Las operaciones de las compañías cubren el globo, con sedes de las compañías en 43 países diferentes. “Esas entidades extraen recursos de cada provincia con petróleo, gas natural y carbón en el mundo, y procesan los combustibles para obtener productos comercializables que son vendidos a consumidores en cada nación de la Tierra”, escribe Heede en el documento.
Las mayores de las compañías de propiedad de inversionistas fueron responsables de una parte más grande de lo normal de las emisiones. Casi un 30% de las emisiones fueron producidas solo por las mayores 20 compañías, estableció la investigación.
Según el cálculo de Heede, las compañías petroleras y productoras carbón dirigidas por el gobierno en la antigua Unión Soviética produjeron más emisiones de gas invernadero que ninguna otra entidad – algo menos de un 8,9% del total producido con el transcurrir del tiempo. China llega cerca, en segundo lugar, con sus entidades dirigidas por el gobierno que representan un 8,6% de las emisiones totales del globo.
ChevronTexaco fue el principal emisor entre las compañías de propiedad de inversionistas, causando un 3,5% de las emisiones de gas invernadero hasta la fecha, y Exxon está bastante cerca con 3,2%. En tercer lugar, BP causó un 2,5% de las emisiones globales hasta la fecha.
El historial histórico de emisiones fue basado en el uso de registros públicos y datos del Centro de Información y Análisis de Dióxido de Carbono del departamento de energía de EE.UU., y tuvieron en cuenta las emisiones a todo lo largo de la cadena de producción y distribución.
El centro estimó las emisiones industriales globales desde 1751 en 1.450 gigatoneladas.
Suzanne Goldenberg es corresponsal medioambiental de The Guardian en EE.UU.
Fuente: http://www.theguardian.com/environment/2013/nov/20/90-companies-man-made-global-warming-emissions-climate-change

martes, 26 de noviembre de 2013

Honduras “La embajada” dice quién ganó


Página 12


En las últimas horas de ayer, el Tribunal Superior Electoral de Honduras consagraba como ganador al candidato del continuismo golpista, Juan Orlando Hernández. Desde el inicio, el proceso electoral estuvo lastrado por vicios irremediables que arrojaron un pesado manto de sospecha sobre su desenlace. La desembozada intervención de “la embajada” en los asuntos internos de Honduras tendría que haber sido una razón suficiente como para suspender las elecciones, rediseñar las instituciones políticas –entre ellas el propio TSE, controlado por quienes avalaron el golpe del 2009– y hacer una nueva convocatoria electoral para cuando se reuniesen condiciones mínimas requeridas para una elección, no sólo durante la campaña (ya de por sí un problema en Honduras, con su record de periodistas y militantes opositores asesinados) sino durante el recuento final de votos. Semanas antes de las elecciones, personeros gubernamentales habían declarado que el TSE ¡cotejaría sus cifras con las que aportase la embajada de Estados Unidos antes de dar a conocer los resultados definitivos! En resumen: el ganador sería proclamado por “la embajada” y el gobierno del continuismo golpista de Porfirio Lobo admitiría haber convertido a Honduras en un protectorado estadounidense.
Esta ignominiosa confesión dice mucho de la historia de ese sufrido país, ocupado por Washington y convertido en la década de los ochenta en una gigantesca retaguardia para servir de apoyo logístico a las agresiones perpetradas a la revolución sandinista por los “contras” nicaragüenses. Arquitecto de este proyecto contrarrevolucionario fue John Negroponte, una de las figuras más siniestras de las Américas y designado por Ronald Reagan embajador en Honduras, función en la cual contó con la colaboración de otro reconocido terrorista internacional, Otto Reich. Bajo su gestión, el ejército hondureño fue reorganizado de cabo a rabo, dotándolo de armamentos sofisticados, equipos y tecnología militar de última generación, y convirtiendo a la base militar Soto Cano, en Palmerola, en una de las más estratégicas de cuantas Estados Unidos posee en Centroamérica y el Caribe. Cuando el presidente Mel Zelaya trató de democratizar al sistema político y concretó su ingreso al ALBA, fue violentamente destituido mediante un “golpe institucional”, a los cuales se ha hecho tan adicto el régimen de Obama.
Uno de los analistas presentes en Honduras, Katu Arkonada, confirma la existencia de múltiples “irregularidades”, por no decir estafas a la voluntad popular. Hay por lo menos un 20 por ciento de las actas de las mesas receptoras de sufragios, en regiones en donde el partido Libre cuenta con gran respaldo popular, que fueron arbitrariamente sometidas a auditoría y no computadas; en comunidades apartadas se observó el “voto encadenado” y la compra de credenciales electorales; hay miles de mesas en donde los partidos minoritarios obtuvieron cero votos, es decir, que ni sus candidatos habrían votado por sí mismos. Sólo resta conjeturar cuántos votos de Xiomara Castro fueron sustraídos de las urnas. Libre ganó en las calles, pero no organizó una red de fiscales para garantizar la pureza del comicio. Confió en su amplia mayoría, certificada por todas las encuestas, y en la inverosímil “imparcialidad” del TSE y el gobierno ante una elección que el imperialismo y la oligarquía hondureña no podían perder, porque Washington jamás habría aceptado un resultado contrario a sus intereses en la zona.
El primer paso de la estrategia norteamericana para impedir un revés político fue la campaña de difamaciones en contra de Xiomara y su partido. El segundo, la organización fraudulenta de los comicios y el recuento de los votos. Tercero, si los dos anteriores no frustraban la victoria de Libre: impugnación del proceso electoral y manipulación del Congreso para impedir su asunción y, en caso de que pudiera hacerlo, provocar su destitución “legal” al igual que le ocurriera a su esposo. Hasta ahora, la derecha se las arregló apelando al fraude, dando a conocer cifras que no se corresponden con la realidad y que los medios hegemónicos dan por buenas. Libre tendrá que recuperar en las calles lo que le arrebataron en las urnas.
¿Cómo habría reaccionado la supuesta prensa libre e independiente del continente si los vicios, fraudes y crímenes perpetrados en Honduras hubieran tenido lugar en Bolivia, Ecuador o Venezuela? La gritería de los lenguaraces del imperialismo y sus aliados habría sido atronadora. En cambio, ahora en esos medios impera un silencio cómplice porque en Honduras todo vale. ¿Por qué? Porque así como Israel es la pieza clave para garantizar el equilibrio geopolítico de Medio Oriente, Honduras lo es para Centroamérica, al ser éste el país donde se concentra el grueso del poder de fuego estadounidense en la región. Y así como Washington no permanecería ni un minuto de brazos cruzados ante un eventual triunfo de una izquierda antiimperialista en Israel, se involucró descaradamente en el proceso político interno de Honduras para garantizar un resultado acorde con sus intereses estratégicos en la región. ¡Menos mal que hace unos días, en la OEA, John Kerry dio por superada la Doctrina Monroe!
Atilio A. Boron es Director del PLED, Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.
Fuente original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-234353-2013-11-26.html

Irán, acuerdo esperanzado



Editorial La Jornada


En la madrugada del domingo, en Ginebra, el gobierno de Irán logró un acuerdo provisional con los cinco integrantes permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia) y Alemania para reducir los alcances de su programa nuclear a cambio de que Occidente reduzca el embargo internacional que mantiene en su contra desde hace décadas. Según el texto del acuerdo dado a conocer ayer por la agencia Fars, de Teherán, y que tiene vigencia de seis meses, la República Islámica se compromete a rebajar la mitad del uranio enriquecido en 20 por ciento que posee y a no enriquecer ese elemento, en lo sucesivo, más allá de 5 por ciento. Asimismo, accede a no agregar más capacidad a la planta de enriquecimiento de uranio de Natanz ni a los reactores de Fordow y Araki, a no construir nuevas instalaciones de procesamiento de material radiactivo y aceptar la supervisión de la Agencia Internacional de Energía Atómica en todos los establecimientos de su programa nuclear.
Washington, por su parte, se obliga a suspender el boicot a las ventas de petróleo iraní, a desbloquear algunos fondos de Teherán en el exterior, a suspender las sanciones que ha mantenido sobre la industria automotriz y los servicios aéreos de la nación centroasiática, a no adoptar más venganzas económicas y a permitir transacciones humanitarias, particularmente adquisiciones, por parte de Irán, de alimentos, medicamentos y equipo médico, así como a desembargar fondos destinados a los gastos de estudiantes iraníes que realizan estudios fuera de su país.
Aunque se trata de un convenio provisional que no elimina la totalidad de las persistentes agresiones económicas de Estados Unidos contra Irán, el acuerdo pavimenta el camino para un entendimiento de largo plazo entre Teherán y Occidente, bloquea la posibilidad de que la República Islámica obtenga el uranio enriquecido necesario para fabricar armas nucleares y preserva, al mismo tiempo, el derecho soberano de Teherán a desarrollar un programa de energía atómica con fines pacíficos.
Las excepciones a las muestras generalizadas de satisfacción por este convenio promisorio han sido las agrias reacciones de los gobiernos de Riad y Tel Aviv, enemigos acérrimos de la República Islámica y promotores, hasta ahora, de la versión de que el programa atómico iraní tenía como objeto primordial la producción de armas nucleares. Ahora, cuando las autoridades sauditas e israelíes han sido privadas de ese pretexto, resulta meridianamente claro que su afán de torpedear el proceso de negociación tenía por objeto azuzar una incursión militar en gran escala en contra de Irán con el propósito de liquidar a la República Islámica y alterar en forma irreversible el precario equilibrio de fuerzas en la región.
Uno de los efectos inesperados del acuerdo alcanzado la madrugada del domingo en Ginebra es que deja en claro que la verdadera amenaza a la paz en Medio Oriente no es Irán sino Israel, única potencia regional que posee un arsenal nuclear y que mantiene una constante hostilidad militar contra sus vecinos.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2013/11/25/opinion/002a1edi

Decadencia estadounidense y tecnofascismo ¡Cuidado, el Tío Sam nos espía!

Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-11-2013



“Sería una ingenuidad imperdonable presuponer que en las próximas décadas y generaciones no pudieran revivir dicho programa (hitleriano), purgado de su craso diletantismo y revestido de un brillo y vocabulario científicos”.
Carl Amery, Auschwitz, ¿comienza el siglo XXI? Hitler como precursor, Turner, México, 2002

En las últimas semanas se ha conocido la magnitud del espionaje que Estados Unidos realiza contra el resto del mundo y sus propios ciudadanos desde hace más de diez años. Ese espionaje se realiza a través de todas las tecnologías de la información y la comunicación, ninguna de las cuales está a salvo, llámese internet, teléfono celular o Facebook, hecho que ha desbaratado las utopías digitales que habían proclamado los cultores de esas tecnologías. El espionaje de los Estados Unidos no puede considerarse como un fenómeno pasajero, propio de éste o aquel gobierno, sino que es una muestra de la configuración de un poder tecnofascista a escala mundial, propio de un imperialismo en decadencia.
ESPIONAJE GENERALIZADO
Estados Unidos espía a todo el mundo, y en este caso no es una metáfora, porque se sabe con certeza que mediante distintos sistemas tecnológicos altamente sofisticados captura millones de correos electrónicos o comunicaciones de teléfonos celulares en todos los países del planeta. Estados Unidos espía indistintamente a amigos y enemigos, ya que no se salvan ni sus peones más incondicionales, es decir, gobiernos como el colombiano, el mexicano, el español o el israelí. Controla las comunicaciones personales que emiten desde sus “super-seguros” teléfonos móviles mandatarios de diversos países y otros individuos: durante años ha tenido interceptado el teléfono de la primera ministra de Alemania Angela Merkel; ha grabado los mensajes de los altos funcionarios del gobierno venezolano, incluyendo las comunicaciones del presidente Hugo Chávez; ha monitoreado las informaciones internas de conferencias y de reuniones de organismos como las de la ONU y otras instancias, con el fin de conocer en forma directa y anticipada las decisiones sobre asuntos políticos y económicos en juego…
Este espionaje no es algo excepcional que se ha derivado de la mal llamada “guerra contra el terrorismo”, después del 11 de septiembre de 2001, sino que hace parte de la “sociedad de la vigilancia” perpetúa en que se convirtió el capitalismo contemporáneo. A diferencia de otras épocas, esa vigilancia y control permanentes han sido aceptados por la gran mayoría de la gente como algo normal, e incluso han sido interiorizados como una pauta de comportamiento cotidiano. En ningún otro momento en la historia de la humanidad, un sector de la sociedad consideraba como un gran avance que todas sus acciones individuales fueran conocidas por otra parte de la sociedad, como sucede hoy con las mal llamadas redes sociales (Facebook y otras), en donde se exponen a la vista pública los más elementales actos de la vida cotidiana. Nunca antes se habría admitido como algo normal que las calles de las ciudades estén repletas de cámaras que vigilan todos nuestros movimientos de día y de noche. En épocas anteriores existía algo de dignidad, como para negarse a participar en los shows mediáticos del “gran hermano” y vulgaridades parecidas. Tampoco antes era considerado como normal y sano que la gente estuviera contando sus cosas personales a los cuatro vientos, como se hace hoy a través de los insoportables teléfonos celulares.
El despliegue de todos estos artefactos de control indican que el capitalismo ya había creado desde hace varias décadas el escenario de la vigilancia perpetua en la vida diaria, que se hace extensivo al plano político, que es el objetivo central del espionaje que se realiza desde los Estados Unidos. Se trata de saber, para reprimir, lo que piensa, dice y hace la gente con respecto a la dominación y la explotación. Estos son los mensajes que le interesan a los Estados Unidos en forma prioritaria, a los que se califican como propios del “terrorismo”, un nombre etéreo en el que se engloba todo aquello que se enfrente de una u otra forma al imperialismo y al capitalismo.
La vigilancia también tiene finalidades de tipo económico y mercantil, para determinar, por ejemplo, los patrones de consumo y las preferencias y gustos de la población. Eso lo hacen las empresas y bancos para impulsar aquellos productos que se sintonicen con los deseos hedonistas de los internautas y parlanchines compulsivos de los celulares. Pese a eso, el asunto principal es de naturaleza política, y tiene que ver con la intromisión en la vida privada de las personas y en el control y represión que de allí se deriva. Algunos dirán que esto es una teoría conspirativa que no es real, pero desafortunadamente no es así, y para demostrarlo basta recordar que la información que recoge Estados Unidos se materializa en bombardeos con los drones (aviones no tripulados) en varios lugares del mundo, donde han sido asesinadas miles de personas, o en la captura ilegal de los que son considerados como terroristas que luego son torturados en las bases secretas de los Estados Unidos o ahora en sus barcos en ultramar. Así mismo, diversas instancias del Estado yanqui le suministran información a sus súbditos sobre la localización exacta de aquellos que protestan o luchan a escala local, como ya se ha señalado con relación a la insurgencia colombiana. Al respecto, el New York Times ha informado que la Agencia de Seguridad Nacional cooperó con el Ejército colombiano, puesto que "su tecnología de espionaje, instalada en un avión del Departamento de Defensa de Estados Unidos que volaba a 18.300 kilómetros por encima de Colombia", les proporcionó "la localización y los planes de los rebeldes de las FARC".
Para un imperialismo en decadencia, como lo es el estadounidense, todos somos sospechosos y como tal debemos ser vigilados y reprimidos, lo cual se constituye en la premisa básica de las guerras de agresión, conquista y saqueo que esa potencia ha librado en los últimos años; guerras que se dirigen también contra su propia población, principalmente contra los pobres y los trabajadores. Por esa razón, no sorprende que los centros de espionaje se encuentren localizados en unas 100 embajadas de los Estados Unidos en todo el mundo. Desde allí operan programas que interceptan la información que circula por los cables de fibra óptica, así como por celulares, comunicaciones satelitales y redes de internet.
FIN DE LAS UTOPIAS DIGITALES
Con el espionaje generalizado se desmorona las utopías tecnológicas que se difundieron en los últimos años entorno al supuesto carácter libertario y democrarizador que tendrían en sí mismas dichas tecnologías, en especial internet y la telefonía celular. Valga recordar algunas de esas utopías:
  • Democracia electrónica y libertad absoluta en Internet
Desde cuando surgió Internet –que fue un proyecto original del sector militar de los Estados Unidos- se difundió la idea que esta red virtual daría origen a una democracia electrónica. Se suponía que con la web se podía multiplicar el conocimiento y la libre circulación de datos, bajo el amparo del anonimato y la creatividad individual, lo que se hacía al margen de los Estados y burlando el control de cualquier Estado y, por ende, se proclamaba la eliminación de la censura. A partir de esa suposición falaz se construyó el “espíritu internet”, visto como el soporte tecnológico que permitía la emergencia de una democracia perfecta, en la cual se podía develar todas las tramas ocultas del poder y reafirmar la libertad individual a través del mundo virtual, y estaba libre y al margen de cualquier control y manipulación gubernamental.
Con lo que se ha sabido en las últimas semanas sobre la existencia de instrumentos tecnológicos que utilizan los Estados Unidos y Gran Bretaña, entre otros, y que permiten la captura de cualquier información que circule a través de los medios electrónicos, resulta muy difícil seguir defendiendo la utopía de la democracia virtual y de la libertad absoluta que propiciaría la web.
  • El mercado como garante de la libertad de expresión 
Otra de las utopías exaltadas hasta el hartazgo es aquella que considera que el mercado libre y la competencia son las mejores garantías del funcionamiento armónico y equilibrado de internet, como un espacio sin restricciones materiales. Se suponía que la existencia de varias empresas que otorgan el registro de dominios resguardaba la existencia de esos dominios y su libre presencia en el ciberespacio. En la “República Internet”, el dominio se consideraba como algo sagrado e intocable, ya que garantizaba la presencia en la red de una persona o entidad que se podía expresar en forma libre, sin inconvenientes de ninguna clase. Estos supuestos han quedado destruidos, porque hace pocos días ocurrió lo impensable: se puso fin al dominio de WikiLeaks cuando EveryDNS.net, la empresa que le prestaba el servicio decidió suprimirlo con el pretexto de que estaba soportando ataques masivos. Fin de una época y de un mito: se demolió de un solo golpe la idea que el mercado era el mecanismo idóneo y neutral para preservar la libre expresión a través de la red virtual, lo cual muestra que ésta no es, ni mucho menos, esa zona de libertad plena y sin restricciones que alguna vez se consideró. Como para confirmarlo, después ha seguido la cancelación por muchas empresas de los dominios que albergaban paginas relacionados con WikiLeaks.
  • Las grandes compañías de la informática como defensoras de la libertad
Entre los héroes del capitalismo más exaltados porque representan el éxito empresarial siempre se habla de Microsoff, Apple, Facebook, yahoo, google y se resalta el papel de Bill Gates, Steve Jobs y otros como máximos defensores de la libertad de expresión y de enemigos declarados de la censura. Esta falacia ha sido desmentida hace pocas semanas, puesto que las empresas mencionadas se encargaron de suministrar la información de sus bases de datos, en las que aparecen los mensajes y comunicaciones de cientos de millones de personas en todo el mundo, lo cual no sólo es una labor de delación sino que es un crimen corporativo.
El caso más notable y cínico es el de Microsoft –que tanto presume de defender la libertad individual-, entidad que colabora en forma directa con la Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, a la que le ha permitido acceder a las comunicaciones de sus usuarios. Hasta tal el punto llega la acción criminal de Microsoft, que trabaja conjuntamente con el FBI y la CIA para que estas tengan acceso, a través del programa PRISM, a los 250 millones de usuarios que se alojan en la nube SkyDrive. Igualmente, la empresa que fundó Bill Gates ayuda al FBI a descifrar el funcionamiento de la herramienta Outlook.com, a través de la cual se pueden crear alias de correo electrónico. En pocas palabras, con la entrega de información que se consideraba confidencial, las empresas de la informática han demostrado que son fieles e incondicionales servidores del imperialismo estadounidense y que su pretendido espíritu libertario es solo un sofisma comercial.
Como puede verse, en pocas semanas han sido barridas, como castillos de naipes, las utopías digitales, que tanta literatura barata originaron a nivel mundial en los últimos veinte años y tanto le han servido al capitalismo y a sus empresas informáticas para justificar el ingreso a una nueva y supuesta era de confort y bienestar, a la que algunos bautizaron como la “era de la información” o “sociedad del conocimiento”.
DECADENCIA IMPERIALISTA Y TECNOFASCISMO
El escritor alemán Carl Amery ha dicho que el proyecto de Hitler es muy actual para el capitalismo y que por algo aquel nefasto personaje es el precursor del carácter cada vez más fascista que adquiere el capitalismo en nuestros días. Su afirmación no es ni mucho menos retórica ni caprichosa, ya que se basa en comparar los supuestos del régimen nazi con lo que sucede en el capitalismo contemporáneo: disminución de recursos, problemas de abastecimiento de energía, reducción de la población, necesidad de mantener el nivel de producción y consumo de una élite mundial, desigualdad extrema en cada país y en todo el planeta y utilización de la ciencia y la tecnología para preservar la desigualdad y la injusticia. (Carl Amery, Auschwitz, ¿comienza el siglo XXI? Hitler como precursor, Turner, México, 2002).
En este escenario cobra actualidad para el capitalismo el programa de Hitler y por eso no extraña que ahora se imponga el tecnofascismo y, como en la Alemania nazi, ese proyecto tenga gran apoyo y aceptación de parte de la población en los Estados Unidos y sea respaldado por los medios de comunicación dominantes, tanto en ese país como en el resto del orbe, y por muchos intelectuales que le rinden culto a la era de la información.
De ahí que al espionaje generalizado no se le haya dado la importancia que tiene como imposición de un control perpetuo que destruye las libertades individuales y que legitima la criminalización de todos aquellos que enfrenten al capitalismo. Si ese espionaje se diera por parte de Cuba, Venezuela o cualquiera de los países que son considerados como “peligrosos”, a diario y a toda hora estaríamos bombardeados por la información mediática que denunciaba esos hechos como propios del “totalitarismo de izquierda”, pero como procede de los Estados Unidos se le reduce a ser una cuestión sin importancia y casi folklórica, y se minimiza su verdadero significado; aún más, se afirma que si uno no tiene nada que esconder no debe temer a que lo vigilen y espionaje siempre ha existido. Estos lugares comunes simplemente indican el grado de pasividad y de aceptación, como si fuera algo normal, del control perpetuo, porque, como dijimos al comienzo de este artículo, ya nos han acostumbrado con el control desplegado con los artefactos tecnológicos, como el celular y las “redes sociales”. En realidad esas frases ocultan una terrible verdad difícil de aceptar. Al decir que “todos lo sabíamos”, se está reconociendo que no se ha hecho nada para impedirlo; y afirmar que “no tengo nada que ocultar” simplemente indica que nos tiene sin cuidado que nos vigilen, porque no nos interesa ni nuestra privacidad ni mucho menos nuestra dignidad –una cualidad en vías de extinción-, solo queremos que nos dejen exhibirnos y disfrutar de los chismes a través de nuestros aparatos tecnológicos. Como alguna vez lo dijo Benjamin Franklin, uno de los “padres fundadores” de los Estados Unidos: los que son capaces de ceder la libertad esencial para obtener un poco de seguridad temporal no merecen ni libertad ni seguridad.
En esas condiciones, se tiende a legitimar la existencia de programas como el PRISM, con el cual se graban las llamadas telefónicas y los correos electrónicos y cualquier comunicación por medios electrónicos que circule en cualquier lugar del mundo a toda hora. Luego, una máquina, a partir de unos códigos determinados que se le suministran, analiza, selecciona y depura la información que “pone en peligro” la seguridad interna de los Estados Unidos.
El tecnofacismo no tiene límites, porque apenas han sido descubiertos los representantes del imperialismo estadounidense han salido a decir que no hay que dramatizar que las acciones de vigilancia y control se hacen para beneficiar a la humanidad y debemos estar agradecidos con sus cuidados filantrópicos y, además, se arguye que con ese control de han evitado miles de atentados terroristas, con lo cual se sostiene que el espionaje ha sido benéfico. Recordemos que esta pobre argumentación no es nueva en el caso de los Estados Unidos, porque cuando se lanzaron las dos bombas atómicas sobre ciudades japonesas en agosto de 1945, se dijo que con ese hecho se habían salvado miles de vidas de las tropas yanquis.
En conclusión, a lo que estamos asistiendo es al control totalitario por parte de un imperialismo en crisis, que recurre a todos los medios, incluyendo la tecnología, para vigilar, controlar, perseguir y reprimir a los que concibe como sus reales y potenciales enemigos. Y para ello, no duda ni un instante en destruir los mismos mitos que Estados Unidos había creado sobre la libre y democrática república virtual, y sobre la circulación de información, hasta el punto que puede decirse con plena seguridad que los únicos ordenadores y teléfonos celulares plenamente seguros son aquellos que jamás han sido desempacados ni encendidos. Por ello, no sería raro que este artículo sea leído primero en las oficinas de espionaje de los Estados Unidos que por los lectores de REBELION.

Renán Vega Cantor es historiador. Profesor titular de la Universidad Pedagógica Nacional, de Bogotá, Colombia. Autor y compilador de los libros Marx y el siglo XXI (2 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 1998-1999; Gente muy Rebelde, (4 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 2002; Neoliberalismo: mito y realidad; El Caos Planetario, Ediciones Herramienta, 1999; entre otros. Premio Libertador, Venezuela, 2008. Su último libro publicado es Capitalismo y Despojo.

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