“El Estado solo es concebible como forma concreta de un determinado mundo económico, de un determinado sistema de producción"
(Antonio Gramsci)
Analizando las consecuencias políticas e ideológicas de las crisis económicas, Antonio Gramsci en sus Cuadernos de la prisión
señalaba que “podían conformar un terreno más favorable a ciertas
maneras de pensar, de plantear y de resolver las cuestiones que implican
todo el ulterior desarrollo de la vida del Estado (1).
Es
lo que acaba de confirmar –desde el punto de vista del pensamiento
económico de las clases dominantes– la publicación de la obra
Government versus Markets. – The Changing Economic Role of the State (2).
Su autor no es otro que el antiguo director del departamento de asuntos
fiscales del Fondo Monetario Internacional (FMI) (3), Vito Tanzi, que
fue también subsecretario de Economía y Finanzas del gobierno de Silvio
Berlusconi (4).
Arquetipo del personal altamente
cualificado de la oligarquía financiera, este fiscalizador de formación
oficia desde hace tres décadas como asesor de diferentes gobiernos (una
centena según su propia contabilidad) o como experto en organizaciones
internacionales e instituciones bancarias: Naciones Unidas, Comisión
europea, Organización de los Estados Americanos, Banco Mundial, Banco
Central europeo, Banco Interamericano de Desarrollo, etc.
En
su obra, cuya coherencia ideológica vale la pena destacar, este
intelectual orgánico de las élites económicas y financieras aborda tres
cuestiones fundamentales; ¿Cuál es el papel del Estado en la esfera
económica? ¿Cómo debe ubicarse frente a los mercados financieros en un
mundo globalizado? Partiendo de esta problemática Vito Tanzi va
delineando podo a poco los contornos de la sociedad liberal del siglo
XXI que visualiza como la imagen ideal de la fracción más avanzada y
consciente de sí misma de la oligarquía económica y financiera.
El
interés de esta demostración reside menos en la novedad de los
principios enunciados por el autor (la mayor parte de los cuales se
inscriben en los surgidos de la tradición liberal del Estado
desarrollados a partir del siglo XIX) que en el hecho de que los
actualiza y los recoloca a la luz de la crisis financiera y económica de
2008-2009 (5).
Conviene precisar que la tesis central de
los orígenes de la crisis financiera desarrollada por Vito Tanzi se
basaría en el endeudamiento de los Estados. Esta demostración, falsa,
grosera y singularmente ideológica trata de disimular la responsabilidad
de los mercados financieros y del comercio especulativo. Sin embargo
esta ruinosa debilidad del análisis no impide a la obra conservar un
significativo interés en el plano ideológico. Ofrece efectivamente al
lector una lograda elaboración desde el punto de vista del
neoliberalismo sobre lo que debería ser la reconfiguración del
instrumento estatal ante la etapa abierta por la crisis de 2008-2009.
Este trabajo está dirigido a influir en los que toman las decisiones
políticas, económicas y mediáticas.
Según el autor, la crisis financiera internacional debe su magnitud a dos razones cuya combinación se reveló fatal.
En
primer lugar los Estados habrían caído bajo el peso del enorme
endeudamiento ocasionado por el financiamiento de los gastos públicos
(6) debidos a los sistemas de salud, de jubilación o pensión y de
desempleo insostenibles a medio plazo. Por esta razón se encontraron
incapacitados para reaccionar de manera adecuada en un momento en que
debieron intervenir inmediatamente para salvaguardar al sector bancario.
En segundo término el antiguo dirigente del FMI considera
que la situación pudo degradarse debido a que el sector operaba por sí
mismo –y opera siempre– en el marco de un sistema financiero
internacional caracterizado por su funcionamiento tendencialmente
anárquico, debido a la falta de coordinación entre los estados y a la
falta de armonización de sus reglamentaciones.
Según el
autor, por más lamentable que sea esta situación sería en principio la
consecuencia de un error del análisis y la práctica de los estados.
Prisioneros de una cultura intervencionista en la economía, habrían
considerado siempre que era su obligación paliar las “fallas de los
mercados” interviniendo luego de los shocks. Ahora bien, un Estado
“debería desplegar más esfuerzos e iniciativas para reducir los riesgos
antes que para corregirlos a posteriori, cuando se presentan situaciones
problemáticas que pudieron haberse evitado”. Además “muchos mercados
funcionan mal porque los gobiernos los autorizan a crear las condiciones
que los conducen a esas disfunciones”, precisa. De modo que “la crisis
financiera y económica de 2008-2009 indica que a pesar de la enorme
expansión del papel del Estado (en la vida económica de la sociedad
desde la posguerra) muchas de esas funciones básicas no se han activado o
se han activado mal”.
A partir de ese postulado es cuando
se inquieta por el hecho de que “el nivel medio de las deudas públicas
de los países del G20, con las actuales políticas debería aproximarse al
120% del PBI en el próximo decenio”. Vito Tanzi delinea los contornos
del papel del Estado neoliberal en el sistema-mundo posterior a
2008-2009.
Según él el Estado tendría que cumplir tres
funciones básicas: “asignación de recursos, redistribución del ingreso y
estabilización de la economía”. El pleno empleo, el acceso al crédito,
la lucha contra la pobreza y las desigualdades en las que los servicios
públicos constituyen sectores que quedan excluidos de sus atribuciones o
que deben tender a ser excluidos.
En las raíces de esta
concepción se halla, en cuanto al Estado, la reafirmación de los
principios constitutivos del pensamiento liberal: el gasto público y la
redistribución de los impuestos conforman políticas ineficaces que
ahogan el crecimiento y la innovación y fortalecen los intereses de
determinados grupos sociales. Y eso en detrimento de todos: “Los
programas públicos desarrollados por los gobiernos tienden a ser menos
eficaces que los que surgen del sector privado”, afirma Vito Tanzi, “Las
personas que toman las decisiones –los políticos– las toman bajo
presión popular o se hallan incitados a promover sus propios grupos de
intereses o a sí mismas”, p recisa. Esta afirmación permite al autor
introducir una idea central que recorre, bajo distintas formas, toda la
obra: la acción política y las elecciones democráticas constituirían
obstáculos a la racionalidad y la eficacia de la economía. De modo que
alentarían lógicas de clientelismo político y social perjudiciales para
la buena administración de los recursos del Estado y de los
contribuyentes. Para él los representantes de la soberanía popular
actuarían como agentes demagógicos generadores de inestabilidad
económica.
Y sigue: “En cuanto a aquellas (personas) que
administran esos programas, no se las alienta a reducir los costos y a
ser más eficaces. Los programas gubernamentales no están subordinados a
la disciplina que impone la competencia”. Este argumento le permite
desarrollar un análisis más global de la crisis de las deudas públicas:
“La acumulación de importantes deudas públicas en muchos países y más
precisamente, de las muy importantes futuras -provocadas por sistemas de
jubilación o de retiro y de salud no financiadas– constituyen un claro
ejemplo de la miopía estructural que caracteriza a los gobiernos y a los
políticos”.
Nuestras sociedades sufrirían igual y
paralelamente la “paradoja de la redistribución” Según Vito Tanzi “el
prejuicio” habitual consiste en afirmar que un alto nivel de gasto
público permite una forma de redistribución colectiva de los ingresos y
una significativa reducción de las desigualdades, especialmente cuando
los servicios públicos son universales (y prestados a todos
incondicionalmente). Pero el experto en derecho fiscal refuta este
argumento. En efecto, en un mundo globalizado, la reducción de las
desigualdades en los ingresos no debería ser una política conveniente.
Cuanto más recursos invierta un país en una política de servicios
públicos para el desarrollo de la socialización de las necesidades y de
los riesgos sociales (educación, salud, jubilaciones, desempleo, etc.)
menos garantizado estaría en realidad su potencial crecimiento económico
en el largo plazo.
De modo que la inversión pública en la
economía y en la sociedad, como también la captación impositiva de una
parte significativa de los ingresos de los hogares y de las empresas
frenaría, en efecto, la iniciativa privada y la competitividad en el
terreno de la competencia internacional. En el mismo sentido las
políticas públicas, quitarían a los actores económicos sus capacidades
de innovación y sus yacimientos de actividades.
Tal es la
razón, por la que, según el autor, las economías planificadas no han
sobrevivido a su confrontación histórica con la economía de mercado.
Además existiría otro problema inherente a las economías en las cuales
el poder público ocupa un lugar significativo: una gran parte de los
fondos movilizados sería siempre: “chupada por quienes proveen los
servicios (maestros, funcionarios, enfermeras, médicos, etc.) por causa
de sus salarios pero también por su ineficacia” (…) De modo que el gasto
público se halla a menudo acompañado de la ineficiencia, materializada
en rentas para los proveedores de los servicios”
Esta noción de
“ineficacia” no implica en Vito Tanzi, un juicio moral. Por una parte se
produciría mecánicamente por la inexistencia de la competencia en el
sector públicos y por otra parte por la falta de estímulos para la
adopción de lógicas reducciones de costos, especialmente en el seno de
la administración y de las estructuras auxiliares del Estado.
En
conclusión la miopía estructural de los Estados, la captación de sus
funciones y de sus recursos por grupos de intereses y las contingencias
políticas (elecciones democráticas) gravarían
in fine , el futuro de los ciudadanos y de la sociedad.
¿Cómo
construir, entonces, en estas condiciones y sobre la base de la
experiencia 2008-2009 otra clase de Estado y dotarle de los medios para
cumplir estas tres misiones principales (asignación de recursos,
redistribución de los ingresos y estabilización de la economía)? ¿Todo
esto, además, en un nuevo contexto caracterizado por la emergencia de un
sistema financiero internacional que se desarrolla más allá de la
propia lógica territorial del Estado?
En principio
incumbiría a este último estimular la vuelta a un desarrollo del
crecimiento económico interno (el de los mercados internos). Y esto a
través del establecimiento progresivo de una “ sociedad del ingreso”
que
permitiría a los individuos disfrutar tendencialmente de la totalidad
de sus ingresos sin que fueran (o muy poco) “puncionados” por el Estado a
través de los impuestos. Esta sociedad modelo debería sustituir
gradualmente a una “sociedad de la socialización”
(de los servicios públicos) juzgada costosa, ineficaz, insostenible y destructora del crecimiento en un mundo globalizado.
Esta
perspectiva, basada en el establecimiento de una política de reducción
del gasto público (7) y de los impuestos, permitiría “liberar” la
disponibilidad de ingresos para cada individuo que de ese modo podría
conseguir en el mercado los servicios que necesita (cobertura de
riesgos, salud, educación, etc.).
Pero además a partir de
ahora, y esto constituiría un hecho nuevo, esta lógica no sólo podría
desplegarse en los tradicionales mercados nacionales reavivados por una
nueva forma de organización económica y social, sino también en los
mercados internacionales irrigados por el sistema financiero mundial. Y
el autor descubre nuevas tendencias que convalidarían este análisis: “La
globalización (…) podría permitir a los países utilizar (…) el
desarrollo alcanzado por los amplios mecanismos internacionales de
transferencias de dinero para facilitarles la compra de servicios
necesarios para su protección social a precios muchos más accesibles que
los de su propio territorio”. Y luego precisa, “por ejemplo el turismo
médico se ha desarrollado mucho en estos últimos años permitiendo a los
ciudadanos de los países ricos adquirir prestaciones de salud, caros en
sus países, a precios asequibles y de aceptable calidad en países más
pobres como la India. Por otra parte otros países como el Reino Unido,
se han convertido en grandes exportadores de servicios en el terreno
educativo. A largo plazo podría comprarse en el extranjero la salud de
los mayores (o también la de los presos) en calidades aceptables y a
menores costos”.
De modo que la “ sociedad del
ingreso” globalizado, emancipada de la asfixia estatal permitiría
asegurar la protección social de los ciudadanos
: “La abolición
de los programas gubernamentales, mediante la reducción de las expensas
públicas, disminuiría de modo progresivo y significativo la necesidad de
cobrar altos impuestos
” –estima Vito Tanzi– “Esta reducción de
la recaudación fiscal se traduciría en el correspondiente aumento,
presente y futuro, del ingreso disponible por la mayoría de los
ciudadanos. Estos aumentos permitirían a muchos de ellos utilizar sus
recursos para comprar en el mercado (interno o externo) servicios (entre
los de protección de los riesgos económicos) que hasta ese momento,
compraban indirectamente al gobierno con sus elevados impuestos”
concluye.
Sin embargo el autor anticipa que este tipo de
sistema, concebido para satisfacer prioritariamente a las clases medias y
dominantes –y cuya aparición dependerá de la adhesión y del
consentimiento de éstas– producirá algunas dificultades en la gestión
política y social de las clases subalternas y pobres de la sociedad. “
Es preciso reconocer que algunos ciudadanos serán tan pobres o
discapacitados como para no poder comprar los servicios por sus propios
medios” concede y agrega “En Estado deberá encargarse de ellos de forma
gratuita”.
Se revelan así los principios de un nuevo
“modelo social” neoliberal. Se trata en primer lugar de reemplazar la
universalidad de los servicios públicos y las prestaciones sociales por
la equidad (8) “En el nuevo mundo, el gobierno deberá proporcionar a los
verdaderos pobres que lo merezcan (los que son objetivamente incapaces
de trabajar), los medios financieros que les permitan comprar en el
mercado los servicios esenciales básicos que hasta entonces obtenían
gratuitamente del Estado”, afirma el autor. “La puesta en marcha de
controles administrativos (que confirmen el estatus de “pobre
meritorio”) podría ayudar a lograr este objetivo. De este modo se
transformará el papel del Estado. De proveedor de servicios universales
caros, disponibles para todos los ciudadanos, ricos o pobres, el Estado
se convertirá en proveedor de servicios determinados y tal vez en tutor
financiero de los pobres”.
Esta concepción se basa en el
apoyo al desarrollo de formas privadas y comunitarias de solidaridad
social. De modo que las iglesias, las ONG, las comunidades de ciudadanos
libremente organizadas deben convertirse en los principales actores.
Por otra parte, este modelo comunitario privado debe ser impulsado a
producir el “ bien común” para los miembros de uno u otro grupo. Y el
antiguo administrador del FMI se entusiasma con la idea de que en los
EE.UU. “casi el 20% de la población (alrededor de 60 millones de
personas) desarrollan actividades sociales en comunidades privadas
organizadas (asociaciones de propietarios, cooperativas, zonas
residenciales privadas, etc.). Estas organizaciones producen para sus
miembros “bienes públicos” (seguridad, piscinas de natación, sistemas de
recolección de residuos, alumbrado público, otros servicios
compartibles, etc.) Para ellos se trata efectivamente de “bienes
públicos” que consumen gratuitamente, pero que se financian
colectivamente o de forma privada. No se utiliza ningún agente público
en estos bienes públicos”.
Poco a poco este nuevo modelo
de sociedad va tomando forma ya que se trata de un agente de progresiva
transformación económica y social de las sociedades nacionales hacia
sociedades del ingreso, en las que el Estado debería asegurar y
fluidificar los flujos entre los mercados internos, los mercados
externos y el sistema financiero internacional. La consolidación de
todos los actores dependería de dos factores.
En primer
lugar, una nueva dinámica de acumulación basada en la ampliación de los
sectores de la vida social (salud, educación, riesgos sociales, etc.) de
los que se hagan cargo los mercados y sus operadores.
En
segundo lugar, la estimulación estatal de transacciones permanentes
entre los operadores internacionalizados (bancos, compañías de seguros,
fondos de pensión, fondos soberanos, multinacionales, etc.) y las masas
de población organizadas alrededor de la gestión individualizada de los
ingresos disponibles.
Dentro de este esquema el Estado
constituiría una especie de cordón orgánico, operador al mismo tiempo de
enlace entre las poblaciones y los mercados internacionales y de una
serie de puestos de vigilancia para el buen funcionamiento general del
sistema.
Para lograrlo, el Estado debería aumentar sus
competencias en la gestión preventiva de la seguridad de los mercados.
Ése “debería constituir el principio fundamental que guiase el papel del
Estado en la economía”
afirma Vito Tanzi “La retracción del
Estado de su carácter de actor económico debe ir acompañada de un
fortalecimiento de su responsabilidad para permitir el mejor
funcionamiento y la mayor transparencia de los mercados”, agrega.
Se
trataría de acrecentar la capacidad normativa –y si fuera necesario
coercitiva– del Estado: lucha contra los monopolios, control del tamaño
de las entidades financieras y bancarias, formulación de nuevas normas y
exigencias relacionadas con las informaciones vinculadas a los actores
económicos y los operadores financieros (9) autorizaciones a los
operadores del mercado y posibilidad de la retirada de licencias cuando
no se respeten las reglamentaciones, armonización de estas últimas,
“establecimiento de un marco político y jurídico definiendo la economía
de mercado y señalando las fallas del mercado que deberían corregirse”,
fortalecimiento de la posibilidad de recurrir a las garantías de los
Estados para alentar a invertir a las empresas, etc.
Convendría
también que los Estados gestionen paralelamente las “externalidades
negativas” del sistema internacionalizado. El autor detalla la lista:
drogas, criminalidad, conflictos, terrorismo, inmigraciones, cambio
climático, contaminaciones, catástrofes naturales, etc. Y precisar
también que “Hasta ahora el debate sobre el papel económico del Estado,
había sido planteado país por país (…) La hipótesis implícita consistía
en encarar su papel en el marco de las propias fronteras (…) (Desde
ahora) los desbordes (en las acciones) se multiplican debido a las
actividades financieras interpaíses de los sectores financieros de cada
uno de los estados. El desarrollo de las acciones va más allá de los
límites impuestos por sus propios territorios a los gobiernos
nacionales. Este componente global [ de la vida de cada uno de los
estados ] se ha vuelto progresivamente cada vez más importante (…) En
cierto modo los países se han vuelto espacialmente más pequeños pero las
externalidades interpaíses y la conectividad entre todos se han vuelto
mayores”.
Los desafíos globales se han desarrollado al
mismo tiempo que el crecimiento de las nuevas interdependencias
económicas y financieras interestatales. Por tal motivo, se necesita una
política de estabilización global, basada en la coordinación y el
incremento de la cooperación entre los estados. Para el autor, estos
últimos deben comprometerse a profundizar las misiones atribuidas –y los
medios otorgados– a los encuentros internacionales temáticos de los
Jefes de Estado y de Gobierno (G8, G20, Naciones Unidas, OCDE, etc.).
Solo debería ser un mecanismo nacional la política de redistribución de
ingresos (en función de los equilibrios internos logrados por la
reducción del gasto público y de los impuestos).
Se
trataría de asumir colectivamente un “papel global”. Y frente a las
externalidades negativas del sistema –entre ellas la persistencia de la
pobreza en algunos países y el desarrollo de las desigualdades de acceso
a las riquezas y a los recursos para todos – “ciertas respuestas
necesitarán (asimismo) (nuevos) gastos que podrán transitar a través de
organizaciones internacionales o ser proporcionadas directa y
globalmente por los gobiernos a los países más pobres. Otras propuestas
procederán de la puesta en marcha de acuerdos internacionales que podrán
hallarse acompañados de regulaciones específicas” (…) [En algunos
sectores se necesitarán nuevas formas impositivas]. Por ejemplo
impuestos ambientales y posiblemente algunos otros sobre las actividades
de los mercados financieros de manera que el peso impositivo equilibre
el de los demás sectores económicos –admite el autor– “Son efectivamente
controvertidos algunos temas relacionados como por ejemplo el de los
dirigentes de los fondos de pensión o el de otros millonarios que se
enriquecen en los mercados financieros y que pagan, en períodos
similares, muchos menos impuestos sobre sus ingresos que el taxista que
los llevan al centro y que no son una buena propaganda para la economía
de mercado o el de los gobernantes que han dejado desarrollarse las
desigualdades“, concede.
De manera que con esta obra Vito
Tanzi nos muestra una vez más que cuando sus intereses fundamentales se
ven amenazados por la crisis del propio sistema o por el rechazo de una
parte creciente de la población, la burguesía es capaz de pensar en
movimientos –con el objetivo de optimizar el sistema– y aún hasta de
aceptar cambios en las relaciones sociales (mediante reformas) siempre
que el marco básico del mismo no se ponga en tela de juicio. En ese
sentido elabora su reflexión sobre el Estado del siglo XXI. Éste debe
constituir
in fine el instrumento que permita alcanzar, a corto y
mediano plazo, tres objetivos estratégicos; movilizar a los
responsables del sistema frente a la crisis de este último, racionalizar
la situación general, optimizar el sistema para perennizar su
reconducción y la del orden internacional.
Independientemente
de las objeciones fundamentales que se podrían hacer a las concepciones
de Vito Tanzi, es forzoso reconocer que el tema del Estado se halla en
el centro de la movilización ideológica, política y económica de las
fuerzas dominantes.
¿Lo es también para quienes afirman
que quieren acabar con el dominio financiero y salir del capitalismo,
especialmente en los movimientos sociales internacionales y en una parte
significativa de las fuerzas de la izquierda política?
Existen
ya algunas líneas de reflexión que se manifiestan en los debates
relativos a la desmundialización (10) o desglobalización, pero todavía
es necesario profundizar en sus desarrollos (especialmente en lo
referente a la definición de un modelo alternativo de producción y de
consumo) como también en lo relacionado con la articulación del control
de los medios de producción (11) por parte de los trabajadores
Es
necesario profundizar en estos temas para que los actores políticos,
sociales e intelectuales de la transformación puedan construir un
proyecto político capaz de incentivar la solidaridad en el conjunto de
las fuerzas sociales dispuestas a movilizarse contra el ideal
oligárquico y el capitalismo financiero.
Notas:
(1) Leer Antonio Gramsci,
Guerre de mouvement et guerre de position, La Fabrique, Paris, 2012. Textes escogidos y presentados por Razmig Keucheyan.
(2) Vito Tanzi,
Government versus Markets. – The Changing Economic Role of the State-. Cambridge, University Press, Nueva York, 2011.
(3) Entre 1981 y 2000.
(4) Entre 1981 y 2000.
(5)
La obra presenta también un estudio histórico del papel del Estado en
la esfera económica en los siglos XIX y XX, así como un análisis del
modelo estatal escandinavo. Estos aspectos no han sido tratados en este
artículo
(6) Según el autor, entre 1913 y el 2000 se habrían multiplicado por cuatro en el PBI de los países industrializados
(7) El autor considera que en el futuro no debería exceder el 35% del PBI en los países industrializados.
(8) Para un análisis y una crítica de este tema, leer a Serge Halimi « Contre l’équité »,
Le Monde diplomatique, diciembre 2010 (
http://www.monde-diplomatique.fr/2010/12/HALIMI/19922).
(9) Especialmente sobre las clases de prestaciones, la naturaleza de las inversiones y de los riesgos, etc.
(10)
Para conocer una síntesis de las posiciones sobre la desmundialización
en el seno de la izquierda y del movimiento altermundialista, leer
Démondialiser ?, Louis Weber (coordinador), Editions du Croquant/Espaces Marx, collection enjeux et débats, París, 2012.
(11) Leer Pierre Rimbert, « L’histoire de repasse pas les plats »,
Le Monde diplomatique, abril 2012
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
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