jueves, 25 de julio de 2013

El Pentágono ofrece menú, precios, advertencias Cambio de régimen sirio a la carta

Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-07-2013
Los imperialistas se dedican a provocar guerras civiles para después aparecer como los pacificadores y cuanto más hablan de libertad más sumisión te exigen. . Blasapisguncuevas


Traducido para Rebelión por Germán Leyens

Después de cometer media docena de actos de guerra en Medio Oriente en los últimos años, ahora nos ofrecen el absurdo espectáculo de un general estadounidense que nos advierte de los peligros de cometer un acto de guerra. El lunes el general Martin Dempsey, Jefe del Estado Mayor Conjunto, bosquejó rigurosamente las opciones de una acción militar en Siria en una carta al Senado de EE.UU., agregando tristemente algunas advertencias sobre costes y daños colaterales que causaron una cierta ola de golpes de pecho histriónicos en el Senado. El menú de preferencias personales belicistas de Dempsey incluye el entrenamiento y asesoramiento de la oposición (el término “no-letal” siempre se añade con entusiasmo a actividades de asesoramiento); ataques limitados con misiles; establecimiento de una zona de exclusión aérea; creación de zonas tampón y control de armas químicas. Esas opciones adicionales aparecen incluso mientras el Congreso aprueba envíos de armas a los ‘rebeldes’ sirios.
Es importante, sin embargo, que Dempsey haya subrayado que el uso de fuerza de cualquier forma sería “nada menos que un acto de guerra”. Puede parecer obvio, pero no está dentro de la burbuja de Washington, de ahí la necesidad de exagerar lo obvio. Indignado ante esta demostración de sentido común, el senador John McCain amenazó con bloquear la reelección del general Dempsey como máximo cargo militar de EE.UU. McCain ha estado clamando a favor de una zona de exclusión aérea desde hace meses y considera que el general no es lo bastante hostil hacia la soberanía siria. Esto es absurdo ya que Dempsey acaba de presentar cinco ‘actos de guerra’ para que la Casa Blanca los estudie. Aunque los diversos enfoques parecen bastante diferentes a primera vista comparten un objetivo común: acabar con el gobierno de Bacher el-Asad. Tal como se utilizó en Libia, una zona de exclusión aérea nominal se diferencia poco de los “ataques a distancia” de Dempsey, ya que suministra una cobertura retórica a un brutal ataque aéreo a la infraestructura militar de un país, evadiendo convenientemente la interferencia del Congreso y erigiendo una pose de acción humanitaria de último recurso.
Para mortificar aún más a McCain, Dempsey también detalló convenientemente los exorbitantes costes de cualquiera de esas acciones, incluyendo los 500 millones de dólares de costes iniciales de una zona de exclusión aérea, seguidos de "sólo" 1.000 millones de dólares mensuales para mantenimiento. El control de armas químicas también costaría 1.000 millones de dólares mensuales. (El entrenamiento de yihadistas islámicos desquiciados en comparación es más barato, solo 500 millones de dólares al año). Después de presentar esos costes, Dempsey no pudo resistir la tentación de señalar con la debida inquietud que los gastos intervienen incluso mientras “perdemos disposición debido a recortes presupuestarios e inseguridad fiscal”. Esto debe de haber causado cierto embarazo incluso entre los partidarios más resueltos de reducir el déficit a toda costa.
Dempsey también hizo una difícil pantomima de lamentación, señalando su grave preocupación ante el hecho de que las armas o la información pudieran caer en manos de los afiliados de al Qaida (como los que estamos respaldando), así como al recordar el peso que representan esas decisiones para nuestros nobles dirigentes civiles. (Quizá se supone que conjuraremos la cara juiciosa de Obama con una corona de laurel sobre su calva). Cualquiera de los platos de su menú, señaló Dempsey, podría producir “ataques de represalia” y “daño colateral”, podría crear por descuido “zonas operacionales para extremistas” o “dar rienda suelta a las armas químicas que queremos controlar”, entre una serie de lamentables formas de caos. Hay que preguntarse si Dempsey llega tarde al conflicto sirio, considerando que es de conocimiento público que el armamento de los extremistas es el principio básico de nuestra estrategia siria o que es bastante posible que los extremistas que empleamos ya hayan utilizado armas químicas al servicio de su desacreditada rebelión. Tal vez Dempsey debería reconsiderar el caso de Libia para tener un mejor sentido de lo que significarían realmente las “consecuencias imprevistas”, es decir, desestabilizar comunidades delicadamente equilibradas en naciones vecinas (vea Malí) y la difusión indiscriminada de armamento y de una yihad apátrida en toda la región. También podría hacer que McCain reflexionara sobre el efecto interior de la zona libia de exclusión aérea, que no solo precipitó el fenómeno regional antes mencionado, sino que dejó la propia Libia reducida a una colección de hirvientes baluartes sectarios con un acobardado y nominalmente federado gobierno en Trípoli. La única pregunta que queda es si esas consecuencias son “imprevistas” o no.
No es descabellado sugerir la posibilidad de que al Pentágono a veces le gusta originar Estados fallidos. Una vez logrado, emergen las oportunidades: entran en acción grandes sistemas de préstamos que condicionan las ayudas al encadenamiento de las economías renacientes a reformas estructurales para remodelar el país y convertirlo en un mercado ilimitado para las multinacionales occidentales. Además de la utilización del país como centro operativo de actuaciones militares en toda la región y otros propósitos subrepticios.
Pero nada parece más falaz que la preocupación de Dempsey por que se cometa un “acto de guerra”. ¿No es en sí un acto de guerra el envío de dinero, armas e información a fuerzas mercenarias para derrocar un gobierno soberano? ¿No constituyen actos de guerra los perniciosos y no sancionados bombardeos de drones en Pakistán, Yemen y Afganistán? Y el envío de millones de dólares a los candidatos de la oposición en la elección venezolana del año pasado, ¿no es por lo menos una provocación grave?
Es difícil imaginar qué pasaría si alguno de los actos mencionados se cometiera contra EE.UU. sin conducir a una respuesta militar instantánea y cruel y a un diluvio de retórica indignada de la Casa Blanca. Imaginad un virus informático iraní que derribara la mitad de nuestros servidores de Internet. O que un drone paquistaní liquidara a una ‘amenaza’ en Iowa. O que Siria enviara armas a células islamistas en Delaware.
Dempsey debería reconocer el hecho de que hemos estado lanzando actos de guerra regularmente y sin remordimientos. Y tal vez sea el motivo por el cual su mensaje modestamente alarmista –aunque acomodado en un incremento de actuaciones para el cambio de régimen– probablemente caerá en oídos sordos en nuestro estéril y pusilánime Senado.
Jason Hirthler es escritor y veterano de la industria de las comunicaciones. Vive y trabaja en la Ciudad de Nueva York. Contacto: jasonhirthler@gmail.com .
Fuente: http://www.counterpunch.org/2013/07/24/syrian-regime-change-a-la-carte/
rCR

El poder desorbitado de los más ricos

Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-07-2013


Ahora se disfrazan de neoliberales los conservadores que antes odiaban a los liberales. ¡Todo el poder para el gran burgués!.No saben cómo llevarle la contraria a Lenin.  Blasapisguncuevas
 



Vivimos en un mundo en el que las desigualdades internacionales y nacionales no dejan de crecer. La fractura social es imparable. Riqueza y pobreza son las dos caras inevitables de la misma moneda : el sistema económico capitalista. Un sistema que funciona como un auténtico casino mafioso, enriqueciendo fabulosamente a sus propietarios y empobreciendo a sus incautos clientes. El sistema no está hecho para repartir equitativa o justamente la riqueza, sino para concentrarla en las pocas manos de quienes, en muchos casos, la vienen acumulando desde hace generaciones.

Según diversas estimaciones que se plantean a partir de documentos como el " Informe sobre la Riqueza Global ", del banco Credit Suisse, o de las declaraciones de la directora general del Fondo Monetario Internacional ( FMI ) Christine Lagarde, cabe afirmar que menos del 10% de la población mundial, exactamente el 8,1% ( 373 millones de personas ) posee el 82,4% de la riqueza total e, incluso, dentro de ese 8,1% de ricos  un 0,5% de súper ricos ( 29 millones de personas ) acumulan el 39,3% de la riqueza del mundo. En cambio, el resto de la población mundial que suma más del 90% del total de la población ( acercándose a los 7.000 millones de personas ), tiene tan solo el 17,7% de la riqueza global. De esa intolerable desigualdad en la distribución de la riqueza mundial se deriva una consecuencia dramática y perversa. A la hora de influir en la elaboración de las políticas económicas de los organismos internacionales - Fondo Monetario Internacional ( FMI ),  Banco Mundial, Organización Mundial del Comercio (OMC ), etcétera -, y de los gobiernos, incluidos los denominados democráticos, los intereses que de verdad cuentan son los de esa élite del 8,1% y, sobre todo, los de la súper élite del 0,5% de la población mundial ( 29 millones de personas ) que ella sola acumula cerca del 40% de la riqueza total del planeta.

El lingüista y pensador estadounidense Noam Chomsky lo ha expresado con absoluta claridad recientemente en Bonn ( Alemania ) durante la apertura del Foro Global Mediático : " Cuanto más arriba se encuentran los ingresos hay mayor influencia en la política y cuando te encuentras hasta arriba en la escala de ingresos,en un rango entre 1 y 10 por ciento de la población, son ellos los que se salen con la suya, son los que determinan la política".

En nuestro mundo de principios del siglo XXI se diría que se ha realizado el deseo de aquel oficial de las SS de la Alemania nazi que proclamaba que : " el 5 o 10 por ciento de la población, la élite, debe mandar, el resto, obedecer y trabajar".

En fin, a estas alturas será discutible si la riqueza da o no la felicidad, pero de lo que no hay la menor duda es que lo que sí da es el poder.

¿ Qué puede hacer entonces ese más del 90% de la población mundial que no tiene o apenas tiene influencia en la elaboración de la políticas de los organismos internacionales y gubernamentales ?

Lo que posiblemente ya empezado a hacer. Enfrentarse, a través de la movilización social y de su corolario lógico la organización política, al poder de esa élite de ricos y, sobre todo, a esa élite de súper ricos que bajo un manto aparente de democracia ejerce un control plutocrático del mundo.

Solo cuando los organismos internacionales y gubernamentales diseñen y pongan en práctica políticas que beneficien a ese 90% de la población, aún cuando los intereses de la élites resulten perjudicados, se podrá hablar realmente de democracia, y sobre ella se podrá erigir un mundo más justo en el que la riqueza no sea propiedad y trampolín de unos pocos para gobernar el mundo, sino patrimonio de todos para ofrecernos una vida digna de ser vivida. 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Alemania y EE.UU. juntitos. (Señora Merkel, el tío Sam no tiene amigos, tiene intereses, como la burguesía que te paga y logró alienarte. No conozco Presidente de gobierno procapitalismo burgués que no esté alienado por la mass media burguesa )

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El entre parénttesis es mío. La burguesía es imperialista porque no tiene patria o para ella la patria no abarca al hombre.. Blasapisguncuevas.


Página 12


La frase pertenece a Edward Snowden, el ex técnico de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés), infiltrador de documentos secretos de EE.UU. que movieron el piso a los grandes de Occidente. La cama, obvio, es la del espionaje. La canciller Angela Merkel criticó –levemente– a Obama por el programa Prism de espionaje mundial, general y particular creado y practicado por la NSA. Finge ignorar que los servicios de inteligencia de ambos países trabajan juntos hace mucho. Reiteró su presunto desconocimiento el viernes 19 en una larga conferencia de prensa convocada en razón de las próximas elecciones germanas: “Alemania no es un Estado donde impera el espionaje”, dijo, y repitió que se enteró por los medios de la red de la NSA que Snowden desnudó (//es.euronews.com, 18-7-13). Aun cuando en apariencia no fuera éste el asunto que más preocupa al electorado alemán, la oposición piensa explotarlo.
Merkel fue más lejos el lunes 22: anunció que su gobierno investigará los lazos existentes entre los servicios secretos de los dos países. Fue una respuesta a las revelaciones del prestigioso semanario Der Spiegel: afirmó, con base en documentos filtrados por Snowden, que los servicios alemanes utilizan un valioso programa de espionaje de la NSA, el bautizado XKeyScore, desde hace años (www.spiegel.de, 20-7-13). Violan así, subraya la publicación, las leyes que aseguran la privacidad del ciudadano alemán. Claro que su función es mucho más amplia: una mayoría de informaciones nacionales e internacionales, alrededor de 500 millones por mes, pasan a la NSA por ese conducto. Hasta en Afganistán el BND o servicio de Inteligencia extranjera alemán fue “el socio más prolífico” de la NSA.
Georg Streiter, vocero de la canciller, anunció que la investigación será completa y defendió que no fuera pública la actividad de los servicios secretos: “Sólo se puede combatir al terrorismo internacional mediante la cooperación internacional, lo cual sirve para proteger a nuestros ciudadanos en Alemania”, declaró (www.thelocal.de, 22713). Contradijo así a Angela Merkel, que tres días antes había proclamado que “no permitiría que se vulneren el derecho de los alemanes con la excusa de la seguridad” (//es.euronews.com, 19713). La política es lábil y este cambio no es casual.
Las elecciones que tendrán lugar en tres meses para elegir a los miembros del Bundestag son decisivas para cumplir el sueño de la canciller: obtener un tercer mandato y para ello debe lograr al menos 300 bancas en el Bundestag, aliados incluidos. Una mayoría apoya su gestión ante la crisis económica, pero sus declaraciones negadoras de la colaboración BND/NSA fueron recibidas por los medios con escepticismo y aun con indignación. “Cuando juró como canciller, Merkel prometió ‘salvaguardar y defender la Constitución y las leyes de la nación’. Tolerar secretamente (espías en suelo alemán) significa cambiar de cara y un grave ataque de servicios secretos extranjeros a la integridad nacional de Alemania”, se irritó el diario Ludwigsburger Kreiszeitung de BadenWürttemberg (www.lkz.de, 19713).
El Nürnberger Nachrichten de Bavaria señaló paladinamente: “No importa si proviene del gobierno o de la oposición, pero hay tanta insinceridad en juego que vuelve furioso a cualquiera” (www.nuernbergernachrichten.de, 18713). En cierto sector flotan además los fantasmas de la Gestapo y de la Stasi, el servicio secreto de la ex Alemania Oriental, el más represor y capilar de todos los del Este. Y cabe suponer que no a muchos alemanes agradó la noticia de que sus llamadas telefónicas y correos electrónicos son sistemáticamente espiados por la NSA.
Der Spiegel (20713) subraya además que la documentación filtrada por Snowden revela que la relación de los servicios de espionaje alemanes con la NSA se ha intensificado últimamente. “Contiene una referencia al ‘anhelo y el deseo’ del director del BND, Gerhard Schindler. ‘El BND ha estado empeñado en influir al gobierno alemán para alivianar la interpretación de las leyes de privacidad y proporcionar así mayores oportunidades a la posibilidad de compartir inteligencia’, anota la NSA en enero. A lo largo de 2012, los socios alemanes han mostrado su ‘disposición a arriesgarse y conseguir nuevas oportunidades de cooperación con EE.UU.’.” Como se observa, el BND ha tenido bastante éxito en esa tarea.
Las declaraciones del portavoz de Angela Merkel fueron muy claras al respecto. Defendió los vínculos del espionaje alemán con EE.UU. en estos términos: “Me parece bastante asombroso que se haya creado la impresión de que estamos cooperando con el diablo. Quiero decir, son nuestros amigos”. Qué podría hacer la pobre Matahari en estos tiempos.
Fuente original: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-225213-2013-07-25.html

miércoles, 24 de julio de 2013

Barco norcoreano en Panamá Amarillismo que apesta a coloniaje

Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-07-2013

La pupila insomne


EEUU posee un arsenal declarado de 5.113 ojivas nucleares (1). Dispone de 865 bases militares en 40 países (2). Es el princial exportador de armas del mundo: copa el 30 % del mercado mundial y vende a 75 países, una buena parte en guerra (3). Parte de todo este armamento surca de manera constante los mares de mundo, y atraviesa para ello canales como el de Panamá. Aunque afecta directamente a la seguridad de millones de personas, nada de esto tiene presencia en la gran prensa mundial. En contraste, el caso del apresamiento, en el Canal de Panamá, de un buque norcoreano procedente de Cuba con 11 cohetes, 2 aviones y 15 motores, todos fabricados hace más de 50 años en la Unión Soviética, sigue llenando páginas de los principales diarios del mundo.
El Nuevo Herald de Miami titulaba “El carguero con armas cubanas, un barco que ‘apesta’ a escándalo” (4). Para este diario, los miles de muertos que causan las armas que EEUU fabrica, transporta, comercializa, distribuye y emplea en todo el mundo no apestan, porque –sencillamente- no existen.
La agencia británica Reuters ponía su particular toque de cinismo: titulaba “EEUU preocupado por el barco norcoreano con armas”, dando a entender que 11 cohetes inservibles podrían suponer una amenaza a la seguridad nacional de EEUU (5).
Tras el apresamiento del barco, el Gobierno de Cuba daba a conocer que el armamento obsoleto encontrado tenía por destino su reparación en la República Popular Democrática de Corea (6). En el comunicado, hacía pública la lista de elementos, entre ellos dos aviones MIG-21, lo que era reproducido por todos los medios (7). Sin embargo, una semana después, esos mismos medios narraban la aparición de los dos citados aviones en la bodega del barco como un “descubrimiento” del Gobierno de Panamá. “Descubren más armas cubanas en carguero norcoreano”, titulaba El Nuevo Herald de Miami (8). “Hallan aviones Mig-21 en barco norcoreano detenido en Panamá”, publicaba La Prensa de Nicaragua (9). La prensa española subía una nota en el amarillismo: El Mundo titulaba “Panamá descubre dos cazas soviéticos ‘en uso’ en el buque norcoreano interceptado” (10) y El País “Panamá descubre dos cazas listos para su uso en el barco norcoreano” (11). Eso sí, la única prueba de que los citados dos aviones de los años 50 estuvieran en uso –y no en reparación, como afirmaba el Gobierno cubano- sería “un fuerte olor a combustible” en las bodegas del barco.
Los grandes diarios aprovechaban para descargar su habitual batería de insultos y epítetos despectivos sobre Cuba y Corea del Norte. El Mundo publicaba un especial de dos páginas titulado “La Habana-Pyongyang: el eje arruinado del mal”, adornado de términos como “fracasados”, “arruinados” o “depauperados”, para referirse a ambos países (12). Cuatro páginas más adelante, El Mundo narraba la muerte de 22 escolares en un colegio de la India, a causa del mal estado de la comida, pero en este caso sin la menor alusión crítica al sistema económico de dicho país (13).
El Mundo tampoco hacía referencia al fracaso, ruina o depauperación de un país como Panamá -lugar de la noticia- donde, según datos de Naciones Unidas, un 36,8% de la población vive en “pobreza total” (14). A pesar de la enorme inyección de ingresos que supone el Canal, Panamá tiene, según el último informe del PNUD, una tasa de mortalidad infantil 3,4 veces superior a la de Cuba, mientras su gasto en educación es 3,4 veces inferior al de su vecino país que –curiosamente- se encuentra bloqueado económicamente por el socio principal de Panamá, EEUU (15).
Ninguna de las noticias de la sección Internacional de El Mundo mereció la inclusión de un artículo de opinión adjunto, salvo la del barco norcoreano. La periodista cubana de ultraderecha Gina Montaner firmaba un texto cuyo titular no deja la menor duda sobre su contenido: “Un trueque entre dos modelos fracasados”.
A lo largo de la semana, en varias ocasiones, el presidente de Panamá Ricardo Martinelli convocaba, en el propio barco detenido, al séquito de medios internacionales. Estos reproducían –sin el menor atisbo de duda- cada una de las afirmaciones y acusaciones vertidas por el Gobierno panameño, varias de ellas claramente inverosímiles: que el barco contenía un “equipo sofisticado de misiles” (16), que transportaba droga o que la transportó en el pasado (17); o que el capitán había intentado suicidarse.
La prensa mundial apenas ha dado espacio a quienes consideran que el Gobierno de Panamá, país que –curiosamente- sufrió la invasión militar de EEUU en 1989 (18), ha violado el tratado de neutralidad del canal y actúa al dictado de Washington y sus servicios de inteligencia.
Por otro lado, los medios han silenciado que, esta misma semana, el Gobierno de Ricardo Martinelli liberaba y dejaba escapar a EEUU a Robert Seldon Lady, exagente de la CIA buscado por la Interpol y cuya extradición reclamaba Italia, donde tiene pendiente una condena de 9 años por el secuestro y tortura, en 2003, del ciudadano egipcio Hassan Mustafa Osama Nasr (19). Este caso de sumisión a EEUU es similar al del indulto, en 2004, por parte de la entonces presidenta panameña Mireya Moscoso, del terrorista de origen cubano –y también exgente de la CIA- Luis Posada Carriles, culpable de la voladura de un avión cubano en pleno vuelo con 73 personas a bordo (20).
El último en aparecer en el sainete de la derecha latinoamericana aliada de Washington ha sido el expresidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez, que aseguraba ante los medios que el citado armamento cubano no tenía por destino su reparación en Pyongyang, sino su desvío a la guerrilla de las FARC, con la complicidad del Gobierno de Ecuador (21).
Con la incorporación de nuevos actores al culebrón panameño, aún le quedan muchos capítulos a esta nueva intriga plagada de cinismo político y propaganda mediática (22).

Fuente: http://lapupilainsomne.wordpress.com/2013/07/23/barco-norcoreano-en-panama-amarillismo-que-apesta-a-coloniaje-video/#more-34477


Fuerza y poder Reimaginar la revolución

Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-07-2013


eldiario.es

¿Cómo es posible que cincuenta personas paren un desahucio (y eso una y otra vez)? ¿Por qué no son barridos inmediatamente por la policía? ¿Qué significa tener fuerza, si no coincide exactamente con tener poder (físico, cuantitativo, económico, institucional, etc.)?

¿Cómo es posible que un grupo de cincuenta personas pare un desahucio? Y eso una y otra vez (hasta seiscientas). Esta pregunta me ronda desde hace un tiempo. El 25-S, en la plaza de Neptuno, constatamos directamente que la policía es capaz de desalojar un espacio con cualquier número de manifestantes. Entonces, ¿qué fuerza es la que permite a esas cincuenta personas parar un desahucio? ¿Qué significa tener fuerza, si no coincide exactamente con tener poder (físico, cuantitativo, económico, institucional, etc.)? Lo que viene a continuación es un ensayo de respuesta que no pretende agotar la pregunta. Es decir, caben otras respuestas y, sobre todo, cabe seguir planteándose la respuesta -y esto me parece lo más importante. Guerra de movimiento y guerra de posiciones
Abro ahora un delta extraño antes de volver al cauce central del río que es la pregunta por la fuerza de ese puñado de personas frente a una casa. Me sitúo así en el debate en torno a la idea de revolución que se dio en el marxismo de entreguerras, interesándome especialmente por el planteamiento del marxista italiano Antonio Gramsci. A primera vista es un salto muy extraño, pero se trata de un debate con resonancias bien contemporáneas. El pasado no pasa: es un depósito riquísimo de imágenes y saberes siempre actualizable (resignificable) desde los problemas y las necesidades del presente.
Gramsci interviene en el debate con una distinción entre “guerra de movimiento” y “guerra de posiciones”. Pensar la lucha de clases como una guerra y usar por tanto el lenguaje de la estrategia militar era algo muy típico entonces en el marxismo. Y además Gramsci escribe desde las cárceles de Mussolini y bajo la necesidad de inventar continuamente metáforas para esquivar la censura. Paradójicamente, el recurso a ese lenguaje alusivo y muchas veces críptico, en lugar del vocabulario marxista clásico, multiplicó por mil la capacidad de sugerencia e inspiración de la obra de Gramsci para el futuro.
Pues bien, los rasgos clave de la “guerra de movimiento” son: la velocidad, el carácter minoritario y el ataque frontal. Gramsci está discutiendo aquí con nociones como la “revolución permanente” de Trotsky, la huelga general de George Sorel, la insurrección obrera de Rosa Luxemburgo y, especialmente, con la toma de poder leninista. Estas imágenes del cambio revolucionario chocan una y otra vez con la realidad europea y occidental: represión sangrienta del levantamiento espartaquista en Alemania (1918), desarticulación de la revuelta popular de los consejos obreros en Italia durante el “bienio rojo” (1919-20), etc. Para evitar los efectos previsibles de frustración y seguir aspirando activamente al cambio social, hay que reimaginar la revolución.
La guerra de movimiento sólo tiene éxito, medita Gramsci desde la cárcel, allí donde la sociedad es relativamente autónoma del Estado y la sociedad civil (como llama a las instituciones interrelacionadas con el poder estatal: justicia, medios de comunicación, etc.) es primaria y no tiene forma: por ejemplo, Rusia. Pero en Europa occidental, por el contrario, las instituciones de la sociedad civil son muy sólidas y hacen las veces de “trincheras y fortificaciones que protegen el orden social. Parece que una catástrofe económica ha abierto una brecha decisiva en la posición enemiga, pero sólo es un efecto superficial y detrás hay una línea de defensa eficiente”.
Gramsci critica el “misticismo histórico” (la revolución como fulguración milagrosa) y el determinismo económico (la suposición de que el hundimiento económico desencadenará el proceso revolucionario), y teoriza otra estrategia, otra imagen de la transformación social: la “guerra de posiciones”. El rasgo clave de la guerra de posiciones es la afirmación y el desarrollo de una nueva visión del mundo. En cada gesto de la vida cotidiana, dice Gramsci, hay una visión del mundo (o filosofía) implícita. La revolución difunde una nueva visión del mundo (y por tanto otros gestos) que vacía poco a poco el poder de la antigua y finalmente la desplaza. Ese proceso es lo que Gramsci llama “construcción de hegemonía”. No hay poder que puede durar mucho tiempo sin hegemonía, sin control sobre los gestos de la vida corriente. Sería un dominio sin legitimidad, un poder reducido a pura represión, a miedo. A la toma del poder le debe preceder, por tanto, una “toma” de la sociedad civil.
Cristianismo e Ilustración
Para ilustrar esta otra idea de revolución, Gramsci recurre a dos ejemplos: el cristianismo y la Ilustración. Es bien curioso: usa una reforma religiosa y un cambio intelectual como modelos para pensar la revolución política que anhela. En ambos ejemplos, el elemento determinante del cambio es una nueva definición de la realidad.
En el caso del cristianismo, la idea de que Cristo ha resucitado y hay vida después de la muerte. El cristianismo se organiza en torno a esta “buena nueva” que se trata de infiltrar por todas las rendijas del viejo mundo pagano. Lo interesante aquí es que los primeros cristianos obvian el poder. Actúan más bien de modo que el poder viene finalmente a ellos, lo que ocurre con la conversión del emperador Constantino en el siglo IV d.C. La lección de los primeros cristianos sería: no pelees directamente por el poder, extiende la nueva concepción del mundo de la que eres portador y así finalmente el poder caerá (en tus manos).
En el caso de la Ilustración, la idea de una igual dignidad de todas las personas en tanto que seres dotados de razón. La Ilustración es el movimiento que disemina esta idea, en salones, clubs o enciclopedias. Finalmente, dice Gramsci, cuando se hace la Revolución Francesa, ya se ha ganado antes. La dominación no tiene legitimidad porque la nueva concepción del mundo ha desplazado silenciosamente a la antigua, dejando fuera de juego a los poderes del Antiguo Régimen casi sin que se den cuenta. La lección de los ilustrados sería: la revolución se gana antes de hacer la revolución, en el proceso de elaboración y expansión de una nueva imagen del mundo.
Estos son los ejemplos que menciona Gramsci, que murió en prisión en 1937. Pero el siglo XX nos deja otros seguramente mucho más cercanos a nosotros. Pensemos por ejemplo en el movimiento homosexual. Un movimiento a la vez visible e invisible, formal e informal, político y cultural, que transforma completamente la percepción común sobre la la diferencia afectivo-sexual y alcanza como efecto cambios a nivel legislativo. O en el movimiento negro de derechos civiles. Martin Luther King explicaba que la fuerza irresistible del movimiento era la superación de los sentimientos profundamente interiorizados de inferioridad mediante la confrontación con los opresores de igual a igual (por ejemplo en las campañas de desobediencia civil). Ese levantamiento de dignidad traería por añadidura modificaciones en las leyes del país.
Por tanto, la guerra de posiciones, a diferencia de la guerra de movimiento, es una infiltración más que un asalto. Un lento desplazamiento más que una acumulación de fuerzas. Un movimiento colectivo y anónimo más que una operación minoritaria y centralizada. Una forma de presión indirecta, cotidiana y difusa más que una insurrección concentrada y simultánea (aunque ojo: Gramsci no excluye en ningún momento el recurso a la insurrección, pero lo subordina a la construcción de hegemonía). Y se basa sobre todo en la elaboración y el desarrollo de una nueva definición de la realidad, esto es, explicado con palabras del filósofo Cornelius Castoriadis, de “lo que cuenta y lo que no cuenta, lo que tiene sentido y lo que no lo tiene, una definición inscrita, no en los libros, sino en el ser mismo de las cosas: el actuar de los seres humanos, sus relaciones, su organización, su percepción de lo que es, su afirmación y búsqueda de lo que vale, la materialidad de los objetos que producen, utilizan y consumen”.
El 15-M como revolución cultural
Volvamos ahora a la primera escena, teniendo en mente este apunte de Gramsci. Creo que si cincuenta personas son capaces de parar un desahucio es porque (en alguna medida) ya se ha parado antes. Es decir, porque el 15M, entendido como un nuevo clima social y no como organización o estructura, ha redefinido la realidad. Lo que antes no se veía (el mismo hecho de que haya desahucios) ahora se ve. Lo que antes se veía (normalizado) como una “ejecución rutinaria por impago de hipoteca”, ahora nos resulta algo intolerable. Lo que se nos presentaba como inevitable, ahora aparece como algo contingente. El clima 15M pone en crisis, en los términos del análisis de Gramsci, las instituciones de la sociedad civil asociadas al Estado: policías que rechazan acudir a los desahucios, jueces que aprovechan cualquier resquicio legal para favorecer a los desahuciados, periodistas y medios de comunicación que empatizan y amplifican sus mensajes, etc. En definitiva, cincuenta personas, en conexión directa con el clima 15M, tanto en el qué (por lo que luchan) como en el cómo (las formas de luchar), no sólo son cincuenta personas. Están acompañadas por millones, invisibles. Es lo que el filósofo Alain Badiou llama una “minoría mayoritaria”. Un agente del cambio: capaz de contagiarlo porque él mismo está contaminado.
Podemos definir entonces fuerza, volviendo a la pregunta que nos hacíamos al principio, como la capacidad para redefinir la realidad: lo digno y lo indigno, lo posible y lo imposible, lo visible y lo invisible. El clima 15M no tiene seguramente mucho poder (físico, cuantitativo, institucional o económico) pero sí fuerza. No sólo es un cambio social o político, sino también -y muy especialmente- una transformación cultural (o incluso estética): una modificación en la percepción (los umbrales de lo que se ve y lo que no se ve), en la sensibilidad (lo que consideramos compatible con nuestra existencia o intolerable) y en la idea de lo posible (“sí se puede”).
La importancia de todo esto no la han entendido muy bien quienes critican el sesgo excesivamente “emocional” del 15M, empezando por el famoso sociólogo Zygmunt Bauman. Porque es precisamente eso que llamamos vagamente afectivo o emocional -es decir, la base inconsciente de nuestra vida en común- lo que puede mover a alguien a considerar vecino a alguien que vive lejos y a plantarse enfrente de su casa para protegerle de un desahucio. El sentimiento de que la vida de cada cual no se agota en uno mismo, sino que está interconectada a otras muchas vidas desconocidas (“somos el 99%”).
La política no es en primer lugar un asunto de denuncia y concienciación, porque no hay gota que colme el vaso y lo malo se puede tolerar indefinidamente, sino una especie de cambio de piel por el cual nos hacemos sensibles a esto o alérgicos a aquello. No pasa por convencer (discurso) o seducir (marketing) sino más bien por abrir todo tipo de espacios donde hacer una experiencia de otra forma de vida, de otra definición de la realidad, de otra visión del mundo. En la pelea por la hegemonía, la piel -la tuya, la mía, la de todos- es el campo de batalla.
Amador Fernández-Savater acaba de publicar Fuera de Lugar. Conversaciones entre crisis y transformación.
Algunas referencias:
- Las ideas básicas de este texto surgen como siempre en conversaciones con amigos, en este caso sobre todo con Juan, Leo y Ema. Las expuse por primera vez en el encuentro 15MP2P.
- Si te ha interesado este texto, puedes probar con estos otros que van en la misma línea: “La Cultura de la Transición y el nuevo sentido común”, “Discutir la configuración neoliberal de lo humano” y “Olas y espuma. Otros modos de pensar estratégicamente”.
- Guerre de mouvement et guerre de position, Antonio Gramsci & Razmig Keucheyan, La Fabrique (2012).
- El capítulo “El compromiso de Antonio Gramsci” en el libro En compañía de los intelectuales, Michael Walzer, Nueva Visión (1993).
- Me parece muy importante la argumentación de John Beasley Murray contra la idea de hegemonía reducida a una cuestión de discurso e ideología en Posthegemonía. Teoría política y América Latina, Paidós (2010). Puedes escuchar una entrevista aquí.
- La introducción a La experiencia del movimiento obrero, de Cornelius Castoriadis, Tusquets (1979).
- Sobre Martin Luther King y el movimiento negro de derechos civiles, puede leerse con provecho el capítulo “La disciplina espiritual contra el resentimiento” en The True and Only Heaven (Progress and its Critics), Christopher Lasch (1991).
Fuente: http://www.eldiario.es/interferencias/Fuerza-poder-Reimaginar-revolucion_6_155444464.html

Snowden y los retrotecnológicos


Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-07-2013

CiudadCCS


Era 4 de febrero de 1992. El Comandante Hugo Chávez —que ya hace 21 años era Comandante, para frustración de los mentepollos intergalácticos que quieren irrespetar su memoria— se daba cuenta de que la insurrección militar que encabezaba en contra de Carlos Andrés Pérez no cumpliría sus objetivos. Dándose cuenta de que debía entregarse, tomó una agenda que guardaba celosamente y le prendió fuego. En ella estaban los teléfonos de personalidades a quienes esperaba convocar… gente que sería arrestada y torturada si eran vinculadas con él.
Dos décadas después, el mundo ha cambiado totalmente. Las agendas de papel casi no se usan: han sido reemplazadas por Blackberries, iPhones y Androids, que pueden almacenar decenas de miles de contactos. Estos aparaticos tienen su propia memoria interna, pero los datos también se almacenan en los servidores de RIM, Microsoft, Apple y Google en Estados Unidos, de tal forma que, si llegamos a perder el celular, simplemente compramos otro, “sincronizamos” y rescatamos todo. Buscando comodidad y confort, pusimos nuestros datos más íntimos en las redes informáticas y servidores de empresas ubicadas en Estados Unidos, el imperio más desalmado e intervencionista de la historia. ¿De verdad necesitábamos a Snowden para saber que estábamos haciendo una estupidez?
Hace 30 años se hubiera necesitado a Posada Carriles y todos sus esbirros de la Escuela de las Américas para intentar hacer que un luchador social diga quiénes son sus amigos. Lo que jamás imaginó Posada es que llegaría el día en el que nosotros mismos se lo “cantaríamos” a Facebook sin que nadie nos torture.
En la comunidad de Software Libre nos horrorizamos la primera vez que vimos a ministros como Rafael Ramírez usando celulares Blackberry. Tuvimos que tragar grueso cuando el Presidente comenzó a tuitear públicamente desde uno de estos aparatos, y nos calamos insultos de muchos camaradas que defendían los “smartphones” como a su vida. Pero llegó Snowden y confirmó nuestros delirios paranoicos. Sólo falta que comience el debate en serio; que el caso Snowden deje de ser tratado de forma sensacionalista, para sentarnos y discutir qué vamos a hacer con nuestras tecnologías. ¿Seguiremos tercerizando nuestros sistemas a empresas nacionales y extranjeras, o nos tomaremos las Tecnologías Libres en serio, para adueñarnos de ellas y ser soberanos?
De nada servirá quemar los celulares: todos nuestros metadatos están en su poder. Se cruzarán con los de nuestros amigos y enemigos para conocer nuestra personalidad, gustos y hábitos. Si la derecha asciende al poder, ni se molestarán en torturarnos: la NSA les dirá cosas de nosotros, que ni nosotros sospechábamos. ¿Podrán nuestros tataranietos escapar de un mundo sin privacidad? De nosotros depende.
Fuente: http://www.ciudadccs.info/?p=450690

La "Doctrina Tanzi" o las nuevas formas del Estado neoliberal

Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-07-2013


Traducido para Rebelión por Susana Merino

“El Estado solo es concebible como forma concreta de un determinado mundo económico, de un determinado sistema de producción"
(Antonio Gramsci)
Analizando las consecuencias políticas e ideológicas de las crisis económicas, Antonio Gramsci en sus Cuadernos de la prisión señalaba que “podían conformar un terreno más favorable a ciertas maneras de pensar, de plantear y de resolver las cuestiones que implican todo el ulterior desarrollo de la vida del Estado (1).
Es lo que acaba de confirmar –desde el punto de vista del pensamiento económico de las clases dominantes– la publicación de la obra Government versus Markets. – The Changing Economic Role of the State (2). Su autor no es otro que el antiguo director del departamento de asuntos fiscales del Fondo Monetario Internacional (FMI) (3), Vito Tanzi, que fue también subsecretario de Economía y Finanzas del gobierno de Silvio Berlusconi (4).
Arquetipo del personal altamente cualificado de la oligarquía financiera, este fiscalizador de formación oficia desde hace tres décadas como asesor de diferentes gobiernos (una centena según su propia contabilidad) o como experto en organizaciones internacionales e instituciones bancarias: Naciones Unidas, Comisión europea, Organización de los Estados Americanos, Banco Mundial, Banco Central europeo, Banco Interamericano de Desarrollo, etc.
En su obra, cuya coherencia ideológica vale la pena destacar, este intelectual orgánico de las élites económicas y financieras aborda tres cuestiones fundamentales; ¿Cuál es el papel del Estado en la esfera económica? ¿Cómo debe ubicarse frente a los mercados financieros en un mundo globalizado? Partiendo de esta problemática Vito Tanzi va delineando podo a poco los contornos de la sociedad liberal del siglo XXI que visualiza como la imagen ideal de la fracción más avanzada y consciente de sí misma de la oligarquía económica y financiera.
El interés de esta demostración reside menos en la novedad de los principios enunciados por el autor (la mayor parte de los cuales se inscriben en los surgidos de la tradición liberal del Estado desarrollados a partir del siglo XIX) que en el hecho de que los actualiza y los recoloca a la luz de la crisis financiera y económica de 2008-2009 (5).
Conviene precisar que la tesis central de los orígenes de la crisis financiera desarrollada por Vito Tanzi se basaría en el endeudamiento de los Estados. Esta demostración, falsa, grosera y singularmente ideológica trata de disimular la responsabilidad de los mercados financieros y del comercio especulativo. Sin embargo esta ruinosa debilidad del análisis no impide a la obra conservar un significativo interés en el plano ideológico. Ofrece efectivamente al lector una lograda elaboración desde el punto de vista del neoliberalismo sobre lo que debería ser la reconfiguración del instrumento estatal ante la etapa abierta por la crisis de 2008-2009. Este trabajo está dirigido a influir en los que toman las decisiones políticas, económicas y mediáticas.
Según el autor, la crisis financiera internacional debe su magnitud a dos razones cuya combinación se reveló fatal.
En primer lugar los Estados habrían caído bajo el peso del enorme endeudamiento ocasionado por el financiamiento de los gastos públicos (6) debidos a los sistemas de salud, de jubilación o pensión y de desempleo insostenibles a medio plazo. Por esta razón se encontraron incapacitados para reaccionar de manera adecuada en un momento en que debieron intervenir inmediatamente para salvaguardar al sector bancario.
En segundo término el antiguo dirigente del FMI considera que la situación pudo degradarse debido a que el sector operaba por sí mismo –y opera siempre– en el marco de un sistema financiero internacional caracterizado por su funcionamiento tendencialmente anárquico, debido a la falta de coordinación entre los estados y a la falta de armonización de sus reglamentaciones.
Según el autor, por más lamentable que sea esta situación sería en principio la consecuencia de un error del análisis y la práctica de los estados. Prisioneros de una cultura intervencionista en la economía, habrían considerado siempre que era su obligación paliar las “fallas de los mercados” interviniendo luego de los shocks. Ahora bien, un Estado “debería desplegar más esfuerzos e iniciativas para reducir los riesgos antes que para corregirlos a posteriori, cuando se presentan situaciones problemáticas que pudieron haberse evitado”. Además “muchos mercados funcionan mal porque los gobiernos los autorizan a crear las condiciones que los conducen a esas disfunciones”, precisa. De modo que “la crisis financiera y económica de 2008-2009 indica que a pesar de la enorme expansión del papel del Estado (en la vida económica de la sociedad desde la posguerra) muchas de esas funciones básicas no se han activado o se han activado mal”.
A partir de ese postulado es cuando se inquieta por el hecho de que “el nivel medio de las deudas públicas de los países del G20, con las actuales políticas debería aproximarse al 120% del PBI en el próximo decenio”. Vito Tanzi delinea los contornos del papel del Estado neoliberal en el sistema-mundo posterior a 2008-2009.
Según él el Estado tendría que cumplir tres funciones básicas: “asignación de recursos, redistribución del ingreso y estabilización de la economía”. El pleno empleo, el acceso al crédito, la lucha contra la pobreza y las desigualdades en las que los servicios públicos constituyen sectores que quedan excluidos de sus atribuciones o que deben tender a ser excluidos.
En las raíces de esta concepción se halla, en cuanto al Estado, la reafirmación de los principios constitutivos del pensamiento liberal: el gasto público y la redistribución de los impuestos conforman políticas ineficaces que ahogan el crecimiento y la innovación y fortalecen los intereses de determinados grupos sociales. Y eso en detrimento de todos: “Los programas públicos desarrollados por los gobiernos tienden a ser menos eficaces que los que surgen del sector privado”, afirma Vito Tanzi, “Las personas que toman las decisiones –los políticos– las toman bajo presión popular o se hallan incitados a promover sus propios grupos de intereses o a sí mismas”, p recisa. Esta afirmación permite al autor introducir una idea central que recorre, bajo distintas formas, toda la obra: la acción política y las elecciones democráticas constituirían obstáculos a la racionalidad y la eficacia de la economía. De modo que alentarían lógicas de clientelismo político y social perjudiciales para la buena administración de los recursos del Estado y de los contribuyentes. Para él los representantes de la soberanía popular actuarían como agentes demagógicos generadores de inestabilidad económica.
Y sigue: “En cuanto a aquellas (personas) que administran esos programas, no se las alienta a reducir los costos y a ser más eficaces. Los programas gubernamentales no están subordinados a la disciplina que impone la competencia”. Este argumento le permite desarrollar un análisis más global de la crisis de las deudas públicas: “La acumulación de importantes deudas públicas en muchos países y más precisamente, de las muy importantes futuras -provocadas por sistemas de jubilación o de retiro y de salud no financiadas– constituyen un claro ejemplo de la miopía estructural que caracteriza a los gobiernos y a los políticos”.
Nuestras sociedades sufrirían igual y paralelamente la “paradoja de la redistribución” Según Vito Tanzi “el prejuicio” habitual consiste en afirmar que un alto nivel de gasto público permite una forma de redistribución colectiva de los ingresos y una significativa reducción de las desigualdades, especialmente cuando los servicios públicos son universales (y prestados a todos incondicionalmente). Pero el experto en derecho fiscal refuta este argumento. En efecto, en un mundo globalizado, la reducción de las desigualdades en los ingresos no debería ser una política conveniente. Cuanto más recursos invierta un país en una política de servicios públicos para el desarrollo de la socialización de las necesidades y de los riesgos sociales (educación, salud, jubilaciones, desempleo, etc.) menos garantizado estaría en realidad su potencial crecimiento económico en el largo plazo.
De modo que la inversión pública en la economía y en la sociedad, como también la captación impositiva de una parte significativa de los ingresos de los hogares y de las empresas frenaría, en efecto, la iniciativa privada y la competitividad en el terreno de la competencia internacional. En el mismo sentido las políticas públicas, quitarían a los actores económicos sus capacidades de innovación y sus yacimientos de actividades.
Tal es la razón, por la que, según el autor, las economías planificadas no han sobrevivido a su confrontación histórica con la economía de mercado. Además existiría otro problema inherente a las economías en las cuales el poder público ocupa un lugar significativo: una gran parte de los fondos movilizados sería siempre: “chupada por quienes proveen los servicios (maestros, funcionarios, enfermeras, médicos, etc.) por causa de sus salarios pero también por su ineficacia” (…) De modo que el gasto público se halla a menudo acompañado de la ineficiencia, materializada en rentas para los proveedores de los servicios” Esta noción de “ineficacia” no implica en Vito Tanzi, un juicio moral. Por una parte se produciría mecánicamente por la inexistencia de la competencia en el sector públicos y por otra parte por la falta de estímulos para la adopción de lógicas reducciones de costos, especialmente en el seno de la administración y de las estructuras auxiliares del Estado.
En conclusión la miopía estructural de los Estados, la captación de sus funciones y de sus recursos por grupos de intereses y las contingencias políticas (elecciones democráticas) gravarían in fine , el futuro de los ciudadanos y de la sociedad.
¿Cómo construir, entonces, en estas condiciones y sobre la base de la experiencia 2008-2009 otra clase de Estado y dotarle de los medios para cumplir estas tres misiones principales (asignación de recursos, redistribución de los ingresos y estabilización de la economía)? ¿Todo esto, además, en un nuevo contexto caracterizado por la emergencia de un sistema financiero internacional que se desarrolla más allá de la propia lógica territorial del Estado?
En principio incumbiría a este último estimular la vuelta a un desarrollo del crecimiento económico interno (el de los mercados internos). Y esto a través del establecimiento progresivo de una “ sociedad del ingreso” que permitiría a los individuos disfrutar tendencialmente de la totalidad de sus ingresos sin que fueran (o muy poco) “puncionados” por el Estado a través de los impuestos. Esta sociedad modelo debería sustituir gradualmente a una “sociedad de la socialización” (de los servicios públicos) juzgada costosa, ineficaz, insostenible y destructora del crecimiento en un mundo globalizado.
Esta perspectiva, basada en el establecimiento de una política de reducción del gasto público (7) y de los impuestos, permitiría “liberar” la disponibilidad de ingresos para cada individuo que de ese modo podría conseguir en el mercado los servicios que necesita (cobertura de riesgos, salud, educación, etc.).
Pero además a partir de ahora, y esto constituiría un hecho nuevo, esta lógica no sólo podría desplegarse en los tradicionales mercados nacionales reavivados por una nueva forma de organización económica y social, sino también en los mercados internacionales irrigados por el sistema financiero mundial. Y el autor descubre nuevas tendencias que convalidarían este análisis: “La globalización (…) podría permitir a los países utilizar (…) el desarrollo alcanzado por los amplios mecanismos internacionales de transferencias de dinero para facilitarles la compra de servicios necesarios para su protección social a precios muchos más accesibles que los de su propio territorio”. Y luego precisa, “por ejemplo el turismo médico se ha desarrollado mucho en estos últimos años permitiendo a los ciudadanos de los países ricos adquirir prestaciones de salud, caros en sus países, a precios asequibles y de aceptable calidad en países más pobres como la India. Por otra parte otros países como el Reino Unido, se han convertido en grandes exportadores de servicios en el terreno educativo. A largo plazo podría comprarse en el extranjero la salud de los mayores (o también la de los presos) en calidades aceptables y a menores costos”.
De modo que la “ sociedad del ingreso” globalizado, emancipada de la asfixia estatal permitiría asegurar la protección social de los ciudadanos : “La abolición de los programas gubernamentales, mediante la reducción de las expensas públicas, disminuiría de modo progresivo y significativo la necesidad de cobrar altos impuestos –estima Vito Tanzi– “Esta reducción de la recaudación fiscal se traduciría en el correspondiente aumento, presente y futuro, del ingreso disponible por la mayoría de los ciudadanos. Estos aumentos permitirían a muchos de ellos utilizar sus recursos para comprar en el mercado (interno o externo) servicios (entre los de protección de los riesgos económicos) que hasta ese momento, compraban indirectamente al gobierno con sus elevados impuestos” concluye.
Sin embargo el autor anticipa que este tipo de sistema, concebido para satisfacer prioritariamente a las clases medias y dominantes –y cuya aparición dependerá de la adhesión y del consentimiento de éstas– producirá algunas dificultades en la gestión política y social de las clases subalternas y pobres de la sociedad. “ Es preciso reconocer que algunos ciudadanos serán tan pobres o discapacitados como para no poder comprar los servicios por sus propios medios” concede y agrega “En Estado deberá encargarse de ellos de forma gratuita”.
Se revelan así los principios de un nuevo “modelo social” neoliberal. Se trata en primer lugar de reemplazar la universalidad de los servicios públicos y las prestaciones sociales por la equidad (8) “En el nuevo mundo, el gobierno deberá proporcionar a los verdaderos pobres que lo merezcan (los que son objetivamente incapaces de trabajar), los medios financieros que les permitan comprar en el mercado los servicios esenciales básicos que hasta entonces obtenían gratuitamente del Estado”, afirma el autor. “La puesta en marcha de controles administrativos (que confirmen el estatus de “pobre meritorio”) podría ayudar a lograr este objetivo. De este modo se transformará el papel del Estado. De proveedor de servicios universales caros, disponibles para todos los ciudadanos, ricos o pobres, el Estado se convertirá en proveedor de servicios determinados y tal vez en tutor financiero de los pobres”.
Esta concepción se basa en el apoyo al desarrollo de formas privadas y comunitarias de solidaridad social. De modo que las iglesias, las ONG, las comunidades de ciudadanos libremente organizadas deben convertirse en los principales actores. Por otra parte, este modelo comunitario privado debe ser impulsado a producir el “ bien común” para los miembros de uno u otro grupo. Y el antiguo administrador del FMI se entusiasma con la idea de que en los EE.UU. “casi el 20% de la población (alrededor de 60 millones de personas) desarrollan actividades sociales en comunidades privadas organizadas (asociaciones de propietarios, cooperativas, zonas residenciales privadas, etc.). Estas organizaciones producen para sus miembros “bienes públicos” (seguridad, piscinas de natación, sistemas de recolección de residuos, alumbrado público, otros servicios compartibles, etc.) Para ellos se trata efectivamente de “bienes públicos” que consumen gratuitamente, pero que se financian colectivamente o de forma privada. No se utiliza ningún agente público en estos bienes públicos”.
Poco a poco este nuevo modelo de sociedad va tomando forma ya que se trata de un agente de progresiva transformación económica y social de las sociedades nacionales hacia sociedades del ingreso, en las que el Estado debería asegurar y fluidificar los flujos entre los mercados internos, los mercados externos y el sistema financiero internacional. La consolidación de todos los actores dependería de dos factores.
En primer lugar, una nueva dinámica de acumulación basada en la ampliación de los sectores de la vida social (salud, educación, riesgos sociales, etc.) de los que se hagan cargo los mercados y sus operadores.
En segundo lugar, la estimulación estatal de transacciones permanentes entre los operadores internacionalizados (bancos, compañías de seguros, fondos de pensión, fondos soberanos, multinacionales, etc.) y las masas de población organizadas alrededor de la gestión individualizada de los ingresos disponibles.
Dentro de este esquema el Estado constituiría una especie de cordón orgánico, operador al mismo tiempo de enlace entre las poblaciones y los mercados internacionales y de una serie de puestos de vigilancia para el buen funcionamiento general del sistema.
Para lograrlo, el Estado debería aumentar sus competencias en la gestión preventiva de la seguridad de los mercados. Ése “debería constituir el principio fundamental que guiase el papel del Estado en la economía” afirma Vito Tanzi “La retracción del Estado de su carácter de actor económico debe ir acompañada de un fortalecimiento de su responsabilidad para permitir el mejor funcionamiento y la mayor transparencia de los mercados”, agrega.
Se trataría de acrecentar la capacidad normativa –y si fuera necesario coercitiva– del Estado: lucha contra los monopolios, control del tamaño de las entidades financieras y bancarias, formulación de nuevas normas y exigencias relacionadas con las informaciones vinculadas a los actores económicos y los operadores financieros (9) autorizaciones a los operadores del mercado y posibilidad de la retirada de licencias cuando no se respeten las reglamentaciones, armonización de estas últimas, “establecimiento de un marco político y jurídico definiendo la economía de mercado y señalando las fallas del mercado que deberían corregirse”, fortalecimiento de la posibilidad de recurrir a las garantías de los Estados para alentar a invertir a las empresas, etc.
Convendría también que los Estados gestionen paralelamente las “externalidades negativas” del sistema internacionalizado. El autor detalla la lista: drogas, criminalidad, conflictos, terrorismo, inmigraciones, cambio climático, contaminaciones, catástrofes naturales, etc. Y precisar también que “Hasta ahora el debate sobre el papel económico del Estado, había sido planteado país por país (…) La hipótesis implícita consistía en encarar su papel en el marco de las propias fronteras (…) (Desde ahora) los desbordes (en las acciones) se multiplican debido a las actividades financieras interpaíses de los sectores financieros de cada uno de los estados. El desarrollo de las acciones va más allá de los límites impuestos por sus propios territorios a los gobiernos nacionales. Este componente global [ de la vida de cada uno de los estados ] se ha vuelto progresivamente cada vez más importante (…) En cierto modo los países se han vuelto espacialmente más pequeños pero las externalidades interpaíses y la conectividad entre todos se han vuelto mayores”.
Los desafíos globales se han desarrollado al mismo tiempo que el crecimiento de las nuevas interdependencias económicas y financieras interestatales. Por tal motivo, se necesita una política de estabilización global, basada en la coordinación y el incremento de la cooperación entre los estados. Para el autor, estos últimos deben comprometerse a profundizar las misiones atribuidas –y los medios otorgados– a los encuentros internacionales temáticos de los Jefes de Estado y de Gobierno (G8, G20, Naciones Unidas, OCDE, etc.). Solo debería ser un mecanismo nacional la política de redistribución de ingresos (en función de los equilibrios internos logrados por la reducción del gasto público y de los impuestos).
Se trataría de asumir colectivamente un “papel global”. Y frente a las externalidades negativas del sistema –entre ellas la persistencia de la pobreza en algunos países y el desarrollo de las desigualdades de acceso a las riquezas y a los recursos para todos – “ciertas respuestas necesitarán (asimismo) (nuevos) gastos que podrán transitar a través de organizaciones internacionales o ser proporcionadas directa y globalmente por los gobiernos a los países más pobres. Otras propuestas procederán de la puesta en marcha de acuerdos internacionales que podrán hallarse acompañados de regulaciones específicas” (…) [En algunos sectores se necesitarán nuevas formas impositivas]. Por ejemplo impuestos ambientales y posiblemente algunos otros sobre las actividades de los mercados financieros de manera que el peso impositivo equilibre el de los demás sectores económicos –admite el autor– “Son efectivamente controvertidos algunos temas relacionados como por ejemplo el de los dirigentes de los fondos de pensión o el de otros millonarios que se enriquecen en los mercados financieros y que pagan, en períodos similares, muchos menos impuestos sobre sus ingresos que el taxista que los llevan al centro y que no son una buena propaganda para la economía de mercado o el de los gobernantes que han dejado desarrollarse las desigualdades“, concede.
De manera que con esta obra Vito Tanzi nos muestra una vez más que cuando sus intereses fundamentales se ven amenazados por la crisis del propio sistema o por el rechazo de una parte creciente de la población, la burguesía es capaz de pensar en movimientos –con el objetivo de optimizar el sistema– y aún hasta de aceptar cambios en las relaciones sociales (mediante reformas) siempre que el marco básico del mismo no se ponga en tela de juicio. En ese sentido elabora su reflexión sobre el Estado del siglo XXI. Éste debe constituir in fine el instrumento que permita alcanzar, a corto y mediano plazo, tres objetivos estratégicos; movilizar a los responsables del sistema frente a la crisis de este último, racionalizar la situación general, optimizar el sistema para perennizar su reconducción y la del orden internacional.
Independientemente de las objeciones fundamentales que se podrían hacer a las concepciones de Vito Tanzi, es forzoso reconocer que el tema del Estado se halla en el centro de la movilización ideológica, política y económica de las fuerzas dominantes.
¿Lo es también para quienes afirman que quieren acabar con el dominio financiero y salir del capitalismo, especialmente en los movimientos sociales internacionales y en una parte significativa de las fuerzas de la izquierda política?
Existen ya algunas líneas de reflexión que se manifiestan en los debates relativos a la desmundialización (10) o desglobalización, pero todavía es necesario profundizar en sus desarrollos (especialmente en lo referente a la definición de un modelo alternativo de producción y de consumo) como también en lo relacionado con la articulación del control de los medios de producción (11) por parte de los trabajadores
Es necesario profundizar en estos temas para que los actores políticos, sociales e intelectuales de la transformación puedan construir un proyecto político capaz de incentivar la solidaridad en el conjunto de las fuerzas sociales dispuestas a movilizarse contra el ideal oligárquico y el capitalismo financiero.
Notas:
(1) Leer Antonio Gramsci, Guerre de mouvement et guerre de position, La Fabrique, Paris, 2012. Textes escogidos y presentados por Razmig Keucheyan.
(2) Vito Tanzi, Government versus Markets. – The Changing Economic Role of the State-. Cambridge, University Press, Nueva York, 2011.
(3) Entre 1981 y 2000.
(4) Entre 1981 y 2000.
(5) La obra presenta también un estudio histórico del papel del Estado en la esfera económica en los siglos XIX y XX, así como un análisis del modelo estatal escandinavo. Estos aspectos no han sido tratados en este artículo
(6) Según el autor, entre 1913 y el 2000 se habrían multiplicado por cuatro en el PBI de los países industrializados
(7) El autor considera que en el futuro no debería exceder el 35% del PBI en los países industrializados.
(8) Para un análisis y una crítica de este tema, leer a Serge Halimi « Contre l’équité », Le Monde diplomatique, diciembre 2010 (http://www.monde-diplomatique.fr/2010/12/HALIMI/19922).
(9) Especialmente sobre las clases de prestaciones, la naturaleza de las inversiones y de los riesgos, etc.
(10) Para conocer una síntesis de las posiciones sobre la desmundialización en el seno de la izquierda y del movimiento altermundialista, leer Démondialiser ?, Louis Weber (coordinador), Editions du Croquant/Espaces Marx, collection enjeux et débats, París, 2012.
(11) Leer Pierre Rimbert, « L’histoire de repasse pas les plats », Le Monde diplomatique, abril 2012
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
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