martes, 10 de septiembre de 2013

El derrocamiento de Allende, contado por Washington




Desde 1961, apenas posesionado, el presidente John F. Kennedy nombró un comité encargado de las elecciones que se desarrollarían en Chile tres años después. Según la investigación de la Comisión Church del Senado estadounidense[1], estuvo compuesto de altos responsable del Departamento de Estado, la Casa Blanca y la CIA. Este Comité fue reproducido en la embajada estadounidense en Santiago, capital chilena. El objetivo era impedir que el candidato socialista, Salvador Allende, ganara los comicios [2]. Allende era un marxista convencido de que por la vía pacífica se podía llegar al gobierno, y, desde ahí, darle un vuelco a las estructuras del Estado en beneficio de las mayorías empobrecidas. Expresaba que para lograr tal objetivo se debía nacionalizar las grandes industrias, priorizando las que estaban en manos estadounidenses, al ser éstas las que explotaban los recursos estratégicos. Estos, y otros ideales sociales, lo convirtieron en un indeseable para Washington: podría servir de ejemplo para los pueblos de otras naciones latinoamericanas.
Para hacerle oposición, varios millones de dólares fueron distribuidos entre los partidos políticos de centro y de la derecha para que realizaran su propaganda. Al momento de elegir el candidato a la presidencia, Washington decidió apoyar a Eduardo Frei, del partido Demócrata Cristiano, un personaje que impuso a sus otros financiados.
En total, la operación costó unos veinte millones de dólares, una suma inmensa para la época, al punto de sólo poderse comparar con lo gastado en las elecciones presidenciales estadounidenses. Es que Washington no tanto invirtió en el candidato Frey, sino que realizó toda una campaña de propaganda anticomunista a largo plazo.
La Comisión del Senado dijo: “Se explotaron todos los medios posibles: prensa, radio, películas, volantes, folletos, correos, banderolas, pinturas murales.” La Comisión reconoció que la CIA realizó, por intermedio de sus partidos comprados y varias organizaciones sociales, una “campaña alarmista” donde el objetivo principal fueron las mujeres, a las cuales se les aseguraba que los soviéticos y los cubanos llegarían para arrebatarle a sus hijos si ganaba Allende. Afiches distribuidos masivamente mostraban a niños llevando en la frente un tatuaje con la hoz y el martillo. La tradición religiosa también fue manipulada al máximo para que se temiera al “comunismo ateo e impío.”
La operación psicológica funcionó por encima de las expectativas: Frei logró el 56% de votos, mientras que Allende el 39%. La CIA, según la Comisión del Senado, aseguró que “la campaña de inculcar miedo anticomunista había sido la más eficaz de todas las actividades adelantadas.”
Fue una operación psicológica, con carácter de guerra, cuya base eran los planes aplicados en Guatemala que terminaron derrocando al presidente Jacobo Arbenz, en junio de 1954 [3]. Una operación que en Chile no se desmanteló con el triunfo de Frei, porque, a pesar de todo, la cantidad de votos logrados por Allende fue alta. Y el vencido tenía todas las intenciones de presentarse a las futuras elecciones.
En sus Memorias William “Bill” Colby, jefe de la CIA entre 1973 y1976, cuenta que durante las elecciones presidenciales de 1970, “la CIA debió dirigir todos los esfuerzos contra el marxista Allende. Ella se encargó de organizar una vasta campaña de propaganda contra su candidatura.” [4] La operación se llamó “Segunda Vía”. Todo por orden directa del presidente Richard Nixon.
Henry Kissinger, el consejero para la Seguridad Nacional del presidente, expresaría durante una reunión del Consejo de Seguridad sobre Chile, el 27 de junio de 1970: “Yo no veo por qué debemos quedarnos indiferentes, mientras un país cae en el comunismo por culpa de la irresponsabilidad de su pueblo.” [5] O sea, la soberana decisión de los ciudadanos no podía ser válida si no estaba en concordancia con los intereses estadounidenses. Durante esta reunión se decidió sumar trescientos mil dólares a la operación de propaganda que ya se adelantaba.
Según la Comisión Church del senado, Richard Helms, jefe de la CIA desde 1966, envió a dos oficiales de la CIA, a los que conocía desde los primeros preparativos de invasión a Cuba, como responsables; ambos especialistas de la guerra psicológica y la desinformación; con importante participación en el golpe de Estado en Guatemala, y acababan de desembarcar de la guerra en Indochina: David Atlee Phillips y David Sánchez Morales. La Comisión del Senado dijo que una de las consignas que englobaba la campaña era: “La victoria de Allende significa la violencia y la represión estalinista.”
Pero el 4 de septiembre de 1970 Allende ganó las elecciones. Escribe Colby que “Nixon entró en cólera. Él estaba convencido de que la victoria de Allende haría pasar a Chile al campo de la revolución castrista y anti-americana, y que el resto de América Latina no tardaría en seguirle los pasos.” Prosigue el ex patrón de la CIA: Nixon convocó a Helms “y le impuso muy claramente la responsabilidad de evitar que Allende asumiera sus funciones.” En la misma reunión Nixon encargó a Kissinger darle un seguimiento estricto al complot.
Es que quedaba una posibilidad para evitar que Allende asumiera la presidencia: había triunfado pero con una mayoría relativa, debido a que las fuerzas de izquierda se habían dividido, carcomidas por la campaña mediática y/o el dinero que la CIA logró inyectar a ciertos grupos. Por tanto el Congreso chileno se debía reunir el 24 de octubre para decidir entre Allende y Jorge Alessandri, candidato del partido conservador y quien obtuviera la segunda votación. El plan de Washington era, entonces, comprar el voto de congresistas para que no confirmaran el triunfo del socialista. Helms envió a un “grupo de trabajo” que mantuvo una “actividad frenética” durante seis semanas”, según relata Colby. Esto tampoco funcionó y Allende sería declarado ganador de las elecciones.
Los operarios especiales de la CIA tomaron contacto con responsables políticos y militares para seleccionar aquellos que podrían estar listos para actuar contra Allende, “y determinar con ellos la ayuda financiera, las armas y el material que fuera necesario para barrerlo de la ruta hacia la presidencia”, según Colby.
La mayor esperanza se centró en las Fuerzas Armadas, pero todo dependía de su comandante, el general René Schneider. El problema que encontró la CIA es que este militar había expresado claramente que su institución respetaría la Constitución. Y Colby, en sus Memorias, reconoce con una naturalidad espeluznante: “Entonces era un hombre a matar. Se organiza contra él una tentativa de secuestro que termina mal: fue herido al oponer resistencia y muere poco después debido a las heridas.”
Según la Comisión Church el 22 de octubre, muy temprano en la mañana, la CIA entregó a conspiradores chilenos metralletas y municiones “esterilizadas”, denominadas así porque en caso de investigación no es posible determinar su origen. Horas después se produjo el atentado. Tres días después moriría Schneider, “el hombre a matar”. Inmediatamente el presidente Nixon envió un cínico mensaje a su homólogo chileno: “Yo quisiera hacerle parte de mi dolor ante este repugnante acto.” El sucesor de Schneider sería un tal general Pinochet.
El 3 de noviembre de 1970 Allende se posesionó como presidente: Nixon no le envió el regular mensaje de felicitación que exige el protocolo diplomático, ni el embajador estadounidense asistió a la investidura.
Ahora correspondía preparar la desestabilización del nuevo gobierno, lo cual se encargaría a la Dirección del Hemisferio Occidental de la Agencia. Una dependencia que desde 1972 tuvo como director a un oficial con gran experiencia en operaciones clandestinas: Ted Shackley. Y éste nombró a su hombre-sombra, Tom Clines, para que se concentrara en el “caso Allende”, teniendo bajo su responsabilidad a los viejos colegas Sánchez Morales y Atlee Phillips.
En marzo del siguiente año Bill Colby vuelve a ser el superior de Shackley y Clines como subdirector de Operaciones Especiales. Este trío regresaba de estar al frente de la guerra sucia en Indochina, muy particularmente en Vietnam.
Desde 1972 este equipo de la CIA, en Washington y Chile, fue desarrollando la operación más perfeccionada de desinformación y sabotaje económico que hasta ese momento se conociera en el mundo. Colby confesó que fue una “experiencia de laboratorio que demostró la eficacia de la inversión financiera para desacreditar y derrocar a un gobierno." [6]
No fue todo. Según la Comisión del Senado estadounidense, la estación de la CIA en Santiago se dedicó a recoger toda la información necesaria para un eventual golpe de Estado. “Listas de personas a detener; infraestructuras y personal civil que debían ser protegidos con prioridad; instalaciones gubernamentales a ocupar; planes de urgencia previstos por el gobierno si se diera un levantamiento militar.” [7]
Según el ex funcionario del Departamento de Estado, William Blum, esta información sensible de Estado fue obtenida a partir de la “compra” de altos funcionarios y de dirigentes políticos de la coalición partidaria de Allende, La Unidad Popular [8] . Mientras que en Washington los empleados de la embajada chilena se quejaban de la desaparición de documentos, no sólo de la sede diplomática sino de sus propios domicilios. Sus comunicaciones fueron sometidas a escucha. Un trabajo realizado por el mismo equipo que muy poco después se involucraría en el Watergate. [9]
La acción contra Allende necesitó de una campaña internacional de difamación e intrigas. Buena parte de ella fue encargada a un inexperto en política exterior y casi desconocido político, aunque viejo conocido del presidente Nixon y de los hombres que adelantaban la operación: George H.W. Bush. Esa tarea la realizó como embajador en la ONU, función que ocupaba desde febrero de 1971. Cuando fue nombrado para el cargo nadie quiso recordar que pocos meses antes había logrado, como representante a la Cámara de Texas, que se restableciera en ese Estado la pena de muerte para los “homosexuales reincidentes”.
El 11 de septiembre de 1973 se da el sangriento golpe de Estado contra el gobierno de Allende, encabezado por el general Augusto Pinochet, y se desata una terrible represión. Aunque Shackley había dejado su cargo poco antes de aquel fatídico día, fue la figura clave en el operativo. Su biógrafo afirma: “Salvador Allende murió durante el golpe. Cuando el humo se disipó, el General Augusto Pinochet, dirigente de la Junta Militar, estaba en el poder dictatorial, debido en parte al arduo trabajo de Shackley [...]” [10]
Casi un mes después, el 16 de octubre, Henry Kissinger recibiría el Premio Nobel de la Paz… Al año siguiente del golpe, mientras la dictadura seguía ensangrentando a la nación, el presidente Gerald Ford declaraba que los estadounidenses habían actuado “por los mejores intereses de los chilenos y, obviamente, para los de Estados Unidos." [11]
Mientras que en 1980 el ex presidente Nixon escribiría: “Los detractores se preocupan únicamente por la represión política en Chile, e ignoran las libertades fruto de una economía libre […] Más que reclamar la perfección inmediata en Chile, deberíamos apoyar los progresos realizados.” [12]
(* Con algunos pocos cambios, este es un capitulo tomado del libro “El Equipo de Choque de la CIA”. El Viejo Topo, Barcelona, 2010.)
Notas:
1- Comisión especial presidida por el senador Frank Church: “Alleged Assassination Plots Involving foreign Leaders.” November, 1975. U.S. Government printing office 61-985, Washington, 1975.
2- Cover Action in Chile, 1963-1973. The Select Committe to Study Governmental Operations with Respect to Intelligence Activities, US Senate. Washington, 18 décembre 1975.
3- El presidente estadounidense Dwight David Eisenhower autorizó a la CIA el derrocamiento de Arbenz, aplicando un plan integral, inédito hasta ese momento en el continente, que contenía acciones de guerra sicológica, mercenaria y paramilitar, cuyo nombre en clave fue PBSUCCESS. Ver: Cullather, Nick. "Secret History: the CIA Classified Accounts of its Operations in Guatemala, 1952-1954". Stanford University. 1999.
4- Colby, William. "30 ans de C.I.A." Presses de la Renaissance. París, 1978.
5- Newsweek. Washington, 23 septembre 1974.
6- New York Times. 8 septembre 1974.
7- Cover Action in Chile, 1963-1973. Ob. Cit.
8- Blum, William. "Les guerres scélérates". Parangon, París 2004.
9- Watergate se llamaba el edificio donde ese encontraban las oficinas del Partido Demócrata. Ilegalmente, en 1972 el presidente Nixon ordenó que fueran puestas bajo escucha. Ante las pruebas y el escándalo el presidente debió renunciar en agosto de 1974. Ver: Marchetti, Victor y Marks, John. "La CIA et le culte du renseignement". Ed. Robert Laffont. París, 1975.
10- Corn, David. Blond Ghost, "Ted Shackley and the CIA’s Crusades". Simon & Schuster. New York, 1994.
11- New York Times. 17 septembre 1974.
12- Nixon, Richard. "La vraie guerre". Albin Michel. París, 1980.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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lunes, 9 de septiembre de 2013

Siria: acción militar injustificable


Editorial La Jornada


El secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, dijo el sábado, en el contexto de una reunión con representantes de la Unión Europea (UE), que el gobierno de su país no se compromete a esperar los resultados de las pesquisas de la Organización de Naciones Unidas por el ataque con gas sarín registrado el pasado 21 de agosto a las afueras de Damasco, achacado por Washington al régimen sirio.
La declaración es una muestra más de la determinación y el empecinamiento de Estados Unidos en lanzar una ofensiva militar unilateral en contra de la nación árabe y tiene como telón de fondo el rechazo mayoritario a esa perspectiva tanto dentro como fuera de su territorio. En efecto, diversos sondeos y encuestas señalan que la mayoría de los ciudadanos de ese país se opone a una intervención estadunidense en Siria, acaso con el recuerdo fresco de las desastrosas experiencias bélicas en Irak y Afganistán. Un elemento de contexto adicional es la reciente difusión, por parte de la cadena CNN, de una serie de vídeos sobre el ataque con armas químicas en Siria, en lo que remite inevitablemente al triste papel que desempeñó esa y otros cadenas mediáticas en los meses previos a la invasión a Irak para inducir una opinión pública favorable a esa acción.
Por otro lado, si bien Washington pudo obtener un pronunciamiento de la UE a favor de una respuesta fuerte y contundente por los hechos del 21 de agosto en Siria, el conglomerado de naciones se mostró renuente a apoyar expresamente la posibilidad de una incursión militar al país árabe. El propio gobierno francés, que venía manifestando un decidido apoyo al plan de la Casa Blanca, supeditó el inicio de acciones militares en Siria a la presentación de los resultados de las pesquisas de la ONU. A ello se suma el escenario de tensión creciente entre los dos bandos geopolíticos que se han configurado en torno al conflicto sirio: mientras que París y Washington han desplazado buques de guerra en el Mediterráneo ante el eventual inicio de acciones bélicas a favor de la insurgencia siria, Moscú ha hecho lo propio y ha reiterado su apoyo al régimen de Damasco, en un escenario que remite al tiempo de la llamada diplomacia de los portaviones.
Los elementos mencionados ponen de manifiesto el carácter injustificable de una incursión militar en Siria: lo es ciertamente, desde el punto de vista humanitario, en la medida en que sólo dejaría más muertos en el país atacado y difícilmente apagaría la violencia y la barbarie que se desarrollan ahí desde hace dos años, sino que la multiplicaría; lo es también desde el punto de vista diplomático, en la medida en que atizaría una tensión multipolar indeseable, y lo es desde la perspectiva de la política interior de Estados Unidos, porque podría resultar contraproducente en términos electorales para el gobierno y su partido, y sobre todo porque acentuaría la crisis de representatividad que enfrenta su institucionalidad.
La concreción del plan bélico de Barack Obama en torno a Siria, según puede verse, sólo terminaría por favorecer a los intereses privados y facciosos –la industria armamentista estadunidense, los contratistas en materia de seguridad y los halcones de Washington– que suelen beneficiarse de los escenarios de guerra en que se involucra recurrentemente la superpotencia. Cabe hacer votos porque la presión interna e internacional determine a los legisladores estadunidenses a no acompañar el ataque a Siria –que conllevaría efectos nefastos para la institucionalidad que representan–, y quizá con esa acción inhibir la ejecución de la agresión que propone su Ejecutivo.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2013/09/08/edito

¿Por qué EEUU espía a todo el mundo?




La información ha germinado en sociedades del conocimiento, definidas por la Unesco como “redes que propician necesariamente una mejor toma de conciencia de los problemas mundiales”. Pero la perversión de este concepto es el núcleo duro de formación de un proceso dinámico de monitoreo del flujo y reflujo de una fisura sistemática no sólo económica sino de inteligencia: el 20% que saquea el 80% de los recursos de la tierra también ha diseñado una visión paralela y virtual de dominio.
Las 300 personas con mayor riqueza, en un mundo en recesión, han aumentado en 60% sus ganancias y sus caudales equivalen al dinero que deberían tener 3.000 millones de personas. Jason Hickel, en una conferencia en la Escuela de Economía de Londres, estimó que sólo los 200 millonarios lograron hacerse con 2.7 billones mientras 3.500 millones con todo lo que poseen apenas llegarían a 2.2 billones. Esta desigualdad genera mucha presión y obliga a ese pequeño grupo a mantener la manipulación extrema por sus canales de comunicación, que forman parte de sus alianzas grupales.
En 1970 el número de empresas multinacionales era de 37.000. Hacia 2003 ya existían 63.000 multinacionales con 820.000 subsidiarias. En 2013, ese número ha crecido sin medida, pero sólo 147 concentran la imposición de políticas de mercadeo, y no es extraño que dos tercios sean bancos y grupos financieros de comportamiento oligopólico. Entre las 100 economías del mundo, el 53% lo acaparan las corporaciones. Eso sí, la contaminación y la explotación humana lo sufre el Tercer Mundo que es víctima de instituciones extractivas no incluyentes.
En el año 2013, la revista Forbes elaboró una lista con las compañías más poderosas del mundo y calculó que producían 38 billones de dólares en rentas, 2.43 billones en beneficios declaradas, 159 billones en acciones y 39 billones en el mercado de valores, empleando a más de 87 millones de personas en el planeta. De las 500 corporaciones de la lista Forbes se conoce que producen el 65,7 % de ventas totales en comparación con otras 2000 corporaciones rivales y obtienen el 74,5 % de beneficios. Brecha cognitiva, abismo económico, latifundismo comunicativo y donde hay confrontación la corrupción ha servido para debilitar cualquier falla.
El campo de acción del nuevo espionaje es prácticamente ilimitado porque todos los agentes y analistas de inteligencia están de acuerdo al admitir que la guerra más importante que se libra no se desarrolla en Kabul, Chechenia o en Bagdad sino en el ciberespacio. La ciber-guerra llegó para quedarse y no hay escrúpulos de ningún tipo para desmantelar esta estructura sino, por el contrario, se afianzan los viejos vicios del poder y los secretos ya no se queman sino que pasan a la prohibición del anatema político e ideológico: los documentos prohibidos para el pueblo que sólo una élite maneja a su antojo aprovechando sus investiduras y su representatividad alquilada por el patrocinio de los accionistas de las grandes corporaciones del planeta que han aprendido que sale más barato infiltrar operadores de seguridad en las entrañas del poder que adiestrarlos.
Baste dos ejemplos híbridos. Max Kelly, quien era el gerente de protección de confidencialidad de Facebook que pasó, en un total mutismo, a formar parte en 2010 de la Agencia de Seguridad Nacional. Dos años más tarde, Mark Zuckerberg, principal socio de Facebook tocaba la campana de apertura de la bolsa electrónica Nasdaq en Wall Street y desde entonces han crecido las sospechas de la participación de penetración de agentes en las cuentas de esa polémica red social. Como contrapartida Zuckerberg es uno de los 20 hombres con mayor fortuna y su empresa pasó de ser una inocente red universitaria a tener un valor superior a los 104.000 millones de dólares. El otro caso es Howard Schmidt, adalid de seguridad en Microsoft, reclutado por Obama para el cargo de asesor nacional de ciber-seguridad que tuvo hasta mayo de 2012.
La Información, la data, es la base del poder. Si nos atenemos a la rigurosa investigación de David Ropkopft en su libro El club de los elegidos, se ha conformado en el siglo XXI una superclase integrada por 6.000 personas que tienen prerrogativas inconcebibles: esta pandilla que maneja los secretos a su antojo estaría integrada por jefes de estado, líderes religiosos, militares, empresarios, emprendedores innovativos y científicos.
Para el 1% de las familias más ricas, en 1970 la renta creció 9% y en 2007 llegó a 24%, en 2013 ni la crisis ha golpeado a este grupo que se mantuvo en 41%. Mientras peor está el mundo, más ganan. La riqueza estimada del mundo es de 195.000 billones de dólares donde el 20% de la población posee el 80% de esas fortunas; apenas el 80% del restante de los habitantes tiene acceso al 30% de esa riqueza mediada por la distribución corrompida de los delegados de las élites.
Todo se justifica este reino implosivo que ha restablecido EEUU para dejar a un lado su combate al terrorismo desempolvando la antigua ambición de control que ha definido a la humanidad desde la prehistoria hace 150.000 años cuando se emigró del sur de África. Control de familias, control de grupos, control de pueblos, control de civilizaciones, control cultural, control religioso, control financiero, control total.
El Imperio Romano rigió, durante un milenio, territorios que abarcaban 7 millones de km2. Los Césares y senadores debían viajar meses para someter y destruir una ciudad como Cartago, con datos que pasaban la mayor parte de boca en boca.
Hoy EEUU puede hacer lo mismo a casi la velocidad de luz y preparar la intervención de cualquier país que interfiera con los negocios de sus corporaciones en cuestión de 10 minutos y preparar una intervención devastadora en apenas unos días como la que se programa contra Siria para ocultar las denuncias del espionaje y las prácticas corruptas del sector militar, industrial y político. Nunca antes en la historia un proyecto de tal envergadura había sido una amenaza tan enorme como la que está en marcha en estos momentos y se cierne sobre una comunidad cuya rebeldía aumenta del mismo modo como crecen las mentiras justificadas. De ahí la urgencia de las acciones de EEUU por mejorar los instrumentos de detección y hacer el mapa de resistencias vigentes.

Fernando Báez es autor de Las maravillas perdidas del mundo (Oceano, 2013)
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

El irracional neoliberalismo español





Al Partido Popular (PP) del presidente español Mariano Rajoy se le han unido todas las dificultades, pero la mayor es la obstinación del gobierno de continuar y hasta profundizar el sistema neoliberal.
El país ibérico continúa dando tumbos sin poder salir del hueco pues durante ocho trimestres consecutivos la economía ha decrecido, lo que significa la recesión más larga de la historia y supera la de 2008 y 2009 que se extendió siete trimestres.
Pese a los irrebatibles números oficiales, el ministro de Economía, Luís de Guindos manifestó en una reciente entrevista que “la recesión ha quedado atrás”, basado en que en el último trimestre el índice negativo fue de O,1 %.
A los desagradables datos se suma, según De Guindos, que durante “16 trimestres consecutivos”, es decir, desde mediados de 2009, se han destruidos puestos de trabajo y la cifra de parados alcanza a 6 202 700 personas, 27,16 % de la población activa.
El desempleo, que ha superado por primera vez en la historia la cifra de seis millones, se regodea mayormente en los jóvenes de hasta 25 años a los que el paro los afecta en un 57,2 %.
Uno de los integrantes de la llamada Troika que ha obligado a España a tomar drásticos ajustes en la esfera social, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha declarado que el Producto Interno Bruto (PIB) de esa nación europea tendrá cifras negativas hasta el 2015 cuando se supone que habrá una leve recuperación.
Si recientemente en Estados Unidos la ciudad de Detroit se declaró en bancarrota y otras como Washington y Nueva York amenazan con seguirles el paso al no poder saldar las grandes deudas que padecen, en España ese peligro lo padecen varias comunidades y ciudades como Madrid, Jerez, León, Ceuta y Barbate.
Datos del Ministerio de Hacienda informaron que más de 500 municipios enfrentan graves problemas con las deudas públicas y aunque no se han declarado oficialmente en quiebra, en estos momentos enfrenta una profunda fractura técnica.
Un estudio al respecto publicado por varios órganos de prensa españoles, indica que por la deuda total por habitante, el retraso en el pago a los proveedores o la deuda acumulada con la Seguridad Social, los municipios más afectados, sin posibilidades de recuperación son Jerez, Madrid, Ceuta, León y Barbate.
Con una deuda de 536 millones de euros, Jerez, en la provincia de Cádiz ya ha recortado todos los servicios públicos y cesanteado a cientos de empleados públicos.
Madrid, por su parte, cabalga con paso rápido hacia la bancarrota pues aparece como la ciudad del país más endeudada, con una cifra de 7 429 millones de euros. Esa es una de las razones por las que han ocurrido masivas protestas en la capital.
La ciudad autónoma de Ceuta cuenta con una deuda per cápita de 3 208 euros, y la total de su administración es de 269 millones de euros.
Las autoridades de León ya divulgaron que están en “quiebra técnica” pues la comunidad autónoma de Castilla y León, tiene una deuda oficial de 437 millones de euros. El pequeño municipio de Barbate, en la provincia de Cádiz, no sabe como salir del atolladero pues su deuda pública rebasa los 250 millones de euros.
Otros datos indican que la crisis golpea con fuerza a la población, con gran incidencia en los menores de edad. El Instituto para la Infancia con sede en Galicia, señala que España es el país con más pobreza de Europa, después de Letonia y Rumania.
En Andalucía cientos de niños no tienen en sus casas ni un euro para comer y solo en algunos colegios están subvencionando algunas plazas para que desayunen y almuercen.
La organización Caritas informó que por cada cuatro hogares, uno de ellos es directamente pobre y otro esta en situación de alto riesgo. Lejos de tratar de controlar la miseria que se ha diseminado por todo el país, las autoridades acaban de sancionar una ley que multa con 750 euros a los padres de los niños que se encuentren buscando basura en los contenedores. Ya suman miles los infantes que lo hacen. Además de los numerosos recortes, reformas y ajustes sociales que se han establecido por presiones de la Troika (Comisión Europea, Fondo Monetario Internacional y Banco Central Europeo) ahora se impulsan las privatizaciones del patrimonio inmobiliario público.
En el ruedo aparecen en venta, 15 135 inmuebles del Estado, la mayoría pertenecientes a los ministerios de Hacienda y Defensa.
Según fuentes oficiales, hasta la fecha se han negociado edificios por valor de 90 millones de dólares, dinero que ha servido en la mayoría de los casos, para pagar adeudos atrasados con la banca privada.
Entre las miles de edificaciones emblemáticas aparece el palacete del Paseo de la Castellana en Madrid, antigua sede de la Comisión Nacional del Mercado de Valores; la anterior sede de la Televisión Española en la capital; un aeródromo en Menorca y un cuartel militar.
Los críticos a esas medidas aseguran que este no es el momento de vender esas propiedades porque el mercado inmobiliario español se encuentra completamente deprimido y los precios son los más bajos de los últimos 25 años.
Pero al gobierno del Partido Popular le hace falta dinero para poder mantenerse en el poder y enriquecerse aun más a expensas del erario público.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Obamatitis

Luis Bruschtein Página 12 Obama tiene el physique du rol, pero le faltó el rol y solamente le quedó el physique. Es afroamericano, simpático, profesional exitoso y carismático. Tendría que haber sido el hombre de las causas progresivas en los Estados Unidos, pero no dio ninguna pelea y asumió las reglas de juego de los que supuestamente venía a desplazar. Es importante que un afroamericano haya llegado a la presidencia de uno de los países donde había leyes racistas hasta hace muy poco, pero no alcanza. Es peor ver a un afroamericano tratando de hacer con Siria lo mismo que hizo George Bush con Irak. Sobre todo porque la minoría a la que representa por el color de su piel fue humillada y explotada por los mismos intereses que ahora empujan a la guerra para humillar y explotar a otros pueblos. En la mesa del G-20, en San Petersburgo, estuvo sentado junto a la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff. La mujer no podía evitar la cara de disgusto. El espionaje de la potencia norteamericana sobre su gobierno y su país fue más alevoso de lo que se había descubierto en un primer momento. Fue un espionaje político, económico y comercial. Incluso se descubrió que las primeras explicaciones que le dieron al gobierno brasileño fueron puras mentiras. El gobierno de Brasil está enojado con el de Estados Unidos y canceló el viaje de una delegación que debía preparar una visita de Rousseff a Washington. Obama está obsesionado con su ataque a Siria. Subordinó los temas de su política exterior a ese punto específico. En el G-20 se negó a respaldar la crítica argentina a los fondos buitre, en represalia por la posición sensata de la Cancillería argentina a favor de la paz y contra la guerra. Si no lo apoyan en su cruzada, él no apoya ninguna otra causa por más justa que sea. La Presidenta logró que en la declaración final de la reunión, el término de “paraísos” fiscales fuera reemplazado por el de “guaridas” fiscales. La protección de la Justicia norteamericana a los fondos buitre convierte a los Estados Unidos en una “guarida” de ese tipo. El síndrome Obama es un clásico de la política, donde a veces es mejor un dirigente honesto de la derecha que un pseudoprogresista que juega para la derecha con un discurso de izquierda. Algo que también sucedió en Argentina con el gobierno pseudoprogresista de la Alianza. Había llegado para hacer cambios, pero fue tan neoliberal como el de Carlos Menem. El presidente norteamericano era el hombre que llegaba para poner fin a la aventura en Irak y Afganistán y, en cambio, las tropas de su país siguen desplegadas en Medio Oriente, igual que sigue la cárcel de Guantánamo. Ahora está a punto de lanzar un ataque aéreo contra Siria. Seis de cada diez personas en Estados Unidos están contra la guerra. La oposición y algunos demócratas también. Pero la presión del complejo militar industrial y de sus aliados de Arabia Saudita en la guerra de recuperación de espacios tras el fin de la Guerra Fría es más decisiva. Los países que habían sido aliados de la URSS en Medio Oriente, Egipto, Libia e Irak, fueron cayendo uno tras otro y ahora le toca el turno a Siria. El falso progresista es una figura conocida en Argentina. La otra figura que se repite son las grandes operaciones de prensa. Se han hecho películas esclarecedoras. Millones de personas las vieron. Una de las más conocidas fue Mentiras que matan, con Dustin Hoffman. Y sin embargo, los mismos mecanismos se repiten una y mil veces, las mentiras se hacen evidentes y aun así mucha gente prefiere creerlas. Cuando Irak invadió Kuwait, para sensibilizar al pueblo norteamericano que no respaldaba la intervención de su ejército en ese conflicto, se fraguó un falso ataque de tropas iraquíes contra una nursery kuwaití, donde estas supuestas tropas tiraban al piso las cunitas de los recién nacidos. En la segunda invasión hicieron creer que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva. Y después se demostró que eran todas mentiras pero la invasión ya se había producido. Estas ficciones tan burdas solamente podían hacerse creíbles con la complicidad de las grandes multimedia internacionales. Semanas y semanas difundiendo la misma falsedad de diferentes maneras hasta que la convierten en parte del paisaje, algo que a nadie se le ocurriría cuestionar porque aparece publicado y difundido a través de los medios masivos de comunicación. Es tan extraña la forma en que funcionan estos mecanismos que hasta un sector de la izquierda muchas veces termina siéndoles funcional. Esas mismas operaciones se han aplicado por los grupos dominantes en todos los países, incluyendo a la Argentina, para poner o sacar gobiernos o preparar escenarios para golpes de Estado. Y se siguen practicando en la actualidad. Ni siquiera hay originalidad. Ni son técnicas nuevas ni dispositivos desconocidos. Aun así es tan efectivo el mecanismo que a nadie se le ocurre hacerse las preguntas más elementales. Por ejemplo: ni en Irak ni en Libia, al igual que en Siria, existían oposiciones fuertes y de repente aparecieron ejércitos enteros armados, uniformados y bien alimentados, llamados “libres”, o “democráticos” o “de oposición”. No se trata de grupos relativamente pequeños de guerrillas como cuando hay una oposición genuina. Se trata de ejércitos regulares de miles de combatientes que necesitan ser reclutados, pagados, armados, alimentados, alojados y transportados y que surgen en forma repentina. Tantos soldados expertos surgidos de la nada. En Indonesia y Chechenia se denunció que muchos de los terroristas más buscados se reunieron ahora en Siria. También hay de Afganistán y Pakistán. En esos países ni siquiera se habla árabe, aunque también hay mercenarios provenientes de otros países de la región. Son grupos sunnitas extremistas, enemigos de los chiítas y alauitas, con relaciones históricas con los servicios secretos de Arabia Saudita, como fue en su momento Al Qaida. Muchos ya pasaron por Libia. Resulta paradójico, pero en estas guerras, y en su afán por alcanzar su objetivo final que es el gobierno chiíta de Irán, Estados Unidos actúa aliado con grupos vinculados a Al Qaida. Nadie se pregunta quién financia esos ejércitos que requieren presupuestos mayores aun que los ejércitos de cualquier país, porque están en operaciones y tienen que reponer armamento en forma continua. Como si existieran por milagro y fueran mantenidos por las almas caritativas. Se necesitan cientos de millones de dólares todos los días, semanas y meses para mantenerlos. Nadie se pregunta de dónde salieron o quién los financia porque la información masiva los ha naturalizado y de tanto machacar termina por incorporarlos como algo que no requiere explicación. Primero la información demoniza el blanco, en este caso el gobierno sirio. No se trata de defender ese gobierno, pero sí de poner en duda esa campaña cuyo objetivo es justificar la intervención extranjera. Como parte de esa campaña, todos los días, las agencias difunden masacres y barbaridades supuestamente cometidas por el gobierno al mismo tiempo que aparecen estos ejércitos libres. Las denuncias son usadas para justificar el misterioso surgimiento de estas fuerzas militares. Y luego, para preparar la intervención de las potencias. El ataque con armas químicas en un suburbio de Damasco, que es usado por Obama para justificar un ataque aéreo, se produjo cuando el gobierno empezaba a derrotar a sus opositores. No había usado antes esas armas, y no parecía necesitado de hacerlo en ese momento. Por el contrario, la oposición sí lo necesitaba para darle un motivo a Obama para acudir en su ayuda. Sin respaldo militar abierto de las potencias, la oposición y su ejército de mercenarios estarían a punto de ser derrotados como hubiera ocurrido en Libia si no invadían las potencias europeas. La posición del papa Francisco coincide con la del gobierno argentino. No se trata de defender a ningún gobierno, sino de evitar una invasión de las potencias que podría hacer estallar a toda la región. Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-228493-2013-09-07.html

Confirman orden de investigación en contra del expresidente Uribe por paramilitarismo


CM&

Magistrado de Justicia y Paz ordena investigar al exmandatario por 'promover, auspiciar y apoyar grupos paramilitares'.

El magistrado de la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Medellín, Rubén Darío Pinilla Cogollo, en lectura del fallo sobre la primera expulsión en Medellín de ocho postulados del programa de Justicia y Paz del llamado bloque de los paramilitares 'Cacique Nutibara', ordenó que se investigara al expresidente Álvaro Uribe Vélez por “promover, auspiciar y apoyar grupos paramilitares en Antioquia”.

El magistrado argumenta que hay suficiente información, datos y evidencias que vincularían al exmandatario con grupos paramilitares, que operaban en Antioquia cuando él era gobernador del departamento, e incluso cuando ya era presidente.

El fallo también ordena que se investigue a Luis Pérez Gutiérrez, excandidato a la alcaldía de Medellín, por sus presuntas alianzas y pagos a bandas paramilitares con el fin de alcanzar el despacho.

Finalmente, el magistrado Pinilla Cogollo, también ordena que se investigue por prevaricato a la exfiscal general, Vivian Morales.

Este fallo es histórico, no sólo por sus alcances judiciales y repercusiones políticas, sino también porque revela lo que los magistrados llaman, la “farsa en que se convirtió la desmovilización del bloque 'Cacique Nutibara' de las Autodefensas”.


Vídeo con nota de CMI: http://www.cmi.com.co/?n=114921 

Contraorden para las bombas de los Estados Unidos


Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-09-2013



Contrapunto


Cuando el Congreso de los Estados Unidos examine la cuestión de autorizar o no la intervención militar en Siria, sus miembros deben tener presente una verdad fundamental: si bien el Presidente de Siria, Bashar Al Asad, ha recurrido repetidas veces a una violencia extrema para conservar el poder, los Estados Unidos –y otros gobiernos de Oriente Medio y de Europa– comparten la responsabilidad de haber convertido a Siria en un campo de exterminio. Dichos gobiernos, encabezados por los EE.UU., han procurado explícitamente el derrocamiento violento de Asad. Sin su participación, lo más probable es que el régimen de Asad habría seguido siendo represivo; con su participación, Siria se ha convertido en un lugar de muerte y destrucción en gran escala. Más de 100.000 personas han muerto y muchos de los tesoros culturales y arqueológicos del mundo han resultado destrozados.
La guerra civil de Siria ha tenido dos fases. La primera, a partir, más o menos, de enero de 2011 hasta marzo de 2012, fue en gran medida un asunto interno. Cuando en enero de 2011 estalló la “primavera árabe” en Túnez y Egipto, estallaron también las protestas en Siria. Además de las reivindicaciones habituales bajo un régimen brutal, los sirios padecían una sequía generalizada y unos precios de los alimentos por las nubes.
Las protestas pasaron a ser una rebelión militar cuando parte del ejército sirio rompió con el régimen y creó el Ejército Libre Sirio. Probablemente la vecina Turquía fuera el primer país que apoyó la rebelión en el terreno, al ofrecer refugio a las fuerzas rebeldes a lo largo de su frontera con Siria. Aunque la violencia iba en aumento, el número de víctimas mortales no había superado los millares y no llegaba a las decenas de millares.
La segunda fase comenzó cuando los EE.UU. contribuyeron a la organización de un gran grupo de países para respaldar la rebelión. En una reunión de ministros de Asuntos Exteriores celebrada en Estambul el 1 de abril de 2012, los EE.UU. y otros países prometieron apoyo logístico y financiero activo para el Ejército Sirio Libre. Lo más importante fue que la entonces Secretaria de Estado, Hillary Clinton, declaró: “Creemos que Asad debe marcharse.”
Esa simple declaración, sin medio claro alguno para lograr el objetivo que anunciaba, ha contribuido mucho a intensificar la escalada militar y a aumentar el número de víctimas mortales en Siria, al tiempo que obligaba a los EE.UU. a defender repetidas veces su “crédito” frente a una línea en la arena que no debería haber trazado.
Entonces y ahora, los EE.UU. han afirmado hablar en pro del interés del pueblo sirio. Es muy dudoso. Los EE.UU. ven a Siria principalmente a través de la lente del Irán, al procurar deponer a Asad para privar a los dirigentes del Irán de un importante aliado en esa región, fronteriza con Israel. Así, pues, la forma mejor de entender la actuación encabezada por los EE.UU. en Siria es la de una guerra por procuración con el Irán, estrategia cínica que ha contribuido al aumento en gran escala de la violencia.
La iniciativa del Gobierno de los EE.UU. de pasar de ser un posible mediador y procurar resolver los problemas a respaldar activamente la insurrección siria fue, previsiblemente, un error terrible. Colocó en realidad a los EE.UU. en oposición a la iniciativa de paz de las Naciones Unidas, entonces encabezada por el ex Secretario General de las Naciones Unidas Kofi Annan, cuya actitud era la de pedir un cese el fuego seguido de una transición política negociada. Los EE.UU. obstaculizaron ese proceso al respaldar la rebelión militar e insistir en la salida inmediata de Asad.
Resulta difícil de entender esa metedura de pata. Aun cuando los EE.UU. pretendieran en última instancia obligar a Asad a abandonar su cargo, su torpe actuación endureció la resistencia de Asad, además de la de sus dos aliados en el Consejo de Seguridad de las NN.UU.: Rusia y China. Aparte de procurar defender sus propios intereses en esa región, los dos países rechazaron, comprensiblemente, la idea de un cambio de régimen en Siria dirigido por los EE.UU. Rusia sostuvo que la insistencia de los Estados Unidos en la salida inmediata de Asad era un impedimento para la paz y en eso tenía razón.
De hecho, Rusia estaba desempeñando un encomiable papel constructivo en aquel momento, si bien con la premisa de que Asad permaneciera en el poder durante al menos un período de transición, ya que no indefinidamente. Rusia aspiraba a un planteamiento pragmático que protegiera sus intereses comerciales en Siria y su base naval en el puerto de Tartus, al tiempo que pusiese fin al derramamiento de sangre. Los rusos respaldaron claramente la iniciativa de paz de Annan. Sin embargo, como los EE.UU. y otros financiaron a los rebeldes, Rusia (y el Irán) suministraron más armas –y más avanzadas– al régimen.
Ahora, con la utilización de armas químicas, probablemente por parte del Gobierno de Siria (y posiblemente por ambos bandos), los EE.UU. han encarecido la apuesta. Al esquivar una vez más a las NN.UU, los EE.UU. están declarando su intención de intervenir directamente bombardeando a Siria, aparentemente para disuadir de la utilización de las armas químicas en el futuro.
Los motivos de los EE.UU. no están del todo claros. Tal vez no haya en ello una lógica subyacente de la política exterior, sino sólo negligencia. Sin embargo, si hay algún tipo de lógica, por débil que sea, parece girar en torno al Irán e Israel, en lugar de Siria per se. Hay muchas dictaduras en el mundo que los EE.UU. no intentan derrocar. Al contrario, muchas de ellas son claramente aliadas estrechas de los Estados Unidos. Así, pues, ¿por qué siguen los EE.UU. respaldando una rebelión sanguinaria en una guerra civil que sigue intensificándose peligrosamente, ahora hasta el punto de caer en los ataques con armas químicas?
Dicho de forma sencilla, el gobierno del Presidente Barack Obama ha heredado la concepción conservadora del cambio de régimen en Oriente Medio. La idea primordial es la de que los EE.UU. y sus estrechos aliados sean quienes elijan a quienes gobiernen en esa región. Asad no debe marcharse porque sea autoritario, sino porque está aliado con el Irán, lo que, desde la perspectiva de los EE.UU, Israel, Turquía y varios países del Golfo, lo convierte en una amenaza regional.
En realidad, probablemente los EE.UU. se hayan dejado seducir para favorecer los estrechos intereses de esos países, ya se trate de la nada convincente concepción de su seguridad por parte de Israel o la oposición de los países suníes al Irán chií, pero, a largo plazo, la política exterior de los EE.UU., divorciada del derecho internacional, no puede producir otra cosa que más guerra.
Los EE.UU. deben cambiar de rumbo. Es mucho más probable que un ataque directo de este país a Siria sin el respaldo de las NN.UU. inflame la región, en lugar de resolver la crisis existente en ella, cosa que ha entendido bien el Reino Unido, donde el Parlamento desafió al Gobierno rechazando la participación británica en un ataque militar.
En cambio, los EE.UU. deben presentar pruebas de los ataques con armas químicas a las NN.UU., pedir al Consejo de Seguridad que condene a los perpetradores y remitir esas violaciones a la Corte Penal Internacional. Además, el gobierno de Obama debe intentar colaborar con Rusia y China para imponer la aplicación de la Convención sobre las Armas Químicas. Si los EE.UU. fracasan al respecto, al actuar diplomática y transparentemente (sin un ataque unilateral), Rusia y China se encontrarían mundialmente aisladas respecto de esa cuestión importante.
De forma más amplia, los EE.UU. deben dejar de utilizar a países como Siria como medios indirectos contra el Irán. La retirada del apoyo financiero y logístico de los EE.UU. a la rebelión y un llamamiento para que otros hagan lo propio no serviría para abordar el autoritarismo de Siria ni para resolver los problemas de los Estados Unidos con el Irán, pero detendría o reduciría en gran medida las matanzas en gran escala y la destrucción en la propia Siria.
También permitiría que se reanudara el proceso de paz en las NN.UU., esa vez con los EE.UU. y Rusia colaborando para limitar la violencia, mantener a raya a Al Qaeda (un interés común) y buscar una solución pragmática a largo plazo para las profundas divisiones internas de Siria. Y se podría reactivar la búsqueda de un modus vivendi con el Irán, donde un nuevo Presidente indica un cambio de rumbo en política exterior.
Ya es hora de que los EE.UU. contribuyan a detener las matanzas en Siria, lo que significa abandonar la falsa ilusión de que pueden o deben determinar quién gobierna en Oriente Medio.
Jeffrey D. Sachs es profesor de Desarrollo Sostenible, profesor de Política y Gestión de la Salud y director del Instituto de la Tierra en la Universidad de Columbia. También es Asesor Especial del Secretario General de las Naciones Unidas sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio
Fuente: http://www.contrapunto.com.sv/tribuna/contraorden-para-las-bombas-de-los-estados-unidos

Traducido del inglés por Carlos Manzano.