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sábado, 28 de diciembre de 2013

China ata su futuro al rol clave del mercado

Jose Siaba Serrate
Revista Debate


Consecuencias geopolíticas y económicas de los cambios propuestos por el Partido Comunista del gigante asiático. La nueva estrategia de desarrollo.

China develó la hoja de ruta que pensó para conquistar el futuro. El Tercer Plenario del 18° Comité Central del Partido Comunista resolvió concederle al mercado un rol decisivo en la asignación de recursos como medio para lograr sus objetivos de largo plazo. “Sólo el socialismo puede salvar a China”, expresó el presidente Xi Jinping, “y sólo la reforma y la apertura pueden desarrollar a China, al socialismo y al marxismo”. En la tradición ecléctica de Deng Xiaoping -quien abrió el país de Mao a las reformas orientadas al mercado en 1978- y Zhu Rongji -quien en 1993 profundizó la huella con la “economía socialista de mercado”-, China se encamina a una nueva etapa evolutiva, por completo a contramano de las enseñanzas de Carlos Marx. Etapa histórica superior que, como ocurrió con las anteriores, el mercado definirá a caballo de una mayor esfera de injerencia. Las autoridades del Partido estiman que -con una prolija ejecución- podrán cosechar sus frutos estratégicos hacia 2020.
Que el mercado vaya a decidir no significa que decidirá todo. Xi lo explica con simpleza: “La economía socialista de mercado precisa de ambos, del mercado y del gobierno, ya que juegan roles diferentes”. La reforma económica -que es la llave de la reforma integral- deberá solucionar los problemas derivados de un sistema de mercado poco desarrollado y de la excesiva intervención gubernamental. Pero, a la par, el gobierno retiene funciones de gran importancia. “Deberá mantener una macroeconomía estable, proveer los servicios públicos, salvaguardar la libre competencia, supervisar los mercados y mantenerlos ordenados, promover el desarrollo sustentable e intervenir cuando se produzcan fallas de mercado”, apuntó el líder. Administrar el balance apropiado entre mercado y gobierno será el desafío de la reforma económica. Todo ello, claro, bajo la férrea tutela del partido único.
La iniciativa es el paso más audaz en la tarea inexorable de mudar la estrategia de desarrollo de China. El modelo de crecimiento del capitalismo de Estado, basado en las exportaciones y la inversión, en la incorporación en masa de mano de obra rural a la industria, y en la generación de ahorros ingentes merced a la represión del consumo, se agotó. La crisis internacional lo puso de manifiesto. Pero la razón principal fue su propio éxito. Luego de treinta años de desempeño estelar, China dejó de ser un nicho y se transformó en la segunda economía del orbe con perspectivas de supremacía en poco tiempo más. Para no quedar atrapada en una congestión previsible, le urge habilitar una autopista alternativa que desarrolle la potencialidad de un mercado interno infraexplotado, que eleve el consumo de su población a los niveles acordes con un país de renta media y que corrija con criterio la mala asignación de los factores de producción.
No es casual que una de las primeras medidas sea el abandono de la política de un solo hijo por familia. La demografía, que fue un motor fenomenal de la expansión, merodea un crítico punto de inflexión. En 2012, anticipándose por varios años a las previsiones, la fuerza laboral cayó sorpresivamente por primera vez. Se redujo en 3,5 millones de personas. Se estima que la dotación actual -940 millones de trabajadores- disminuirá en 29 millones cuando culmine la década. En paralelo, se acentuará el proceso de acelerado envejecimiento. El número de chinos mayores de 65 años se triplicará -totalizando 300 millones- en 2030. La dinámica de crecimiento intensivo -que trasvasaba trabajadores rurales de bajísima productividad hacia ocupaciones industriales urbanas de alta productividad- se truncará por la escasez creciente de su insumo esencial. La reforma de la política poblacional buscará elevar la baja tasa de fertilidad actual -1,5%- pero no podrá torcer la tendencia de fondo. ¿Habrá un “baby boom”? El cambio es marginal. Nada permite suponerlo.
¿Dónde tallará el mercado y su cambio de status “básico” a “decisivo”? Según el documento oficial, la tarea primaria de la reforma consiste “en construir un mercado abierto y unificado regido por una competencia ordenada”. Las señales del mercado serán bienvenidas para resolver problemas como los que arrastran la industria -con sus excesos de capacidad instalada- y la actividad inmobiliaria (que también padece un fenómeno de extraordinaria sobreinversión). Las empresas estatales, que se manejan con prescindencia de la disciplina de mercado, tendrán que amoldarse. Y ellas concentran el grueso de la captación del crédito, provocando el desplazamiento de firmas privadas rentables. El sistema de precios será una brújula más adecuada para guiar el uso de los recursos si se le da lugar y se lo libera de la maraña de distorsiones.
El régimen de tierra rural, un tabú hasta el presente, estará alcanzado por la reforma. Los agricultores podrán acceder a su propiedad y transarla en un mercado unificado en el que concurrirán tierras urbanas y rurales en un pie de igualdad de derechos (incluyendo la posibilidad de utilizarlas para la construcción). De esa manera se piensa limitar el monopolio de los gobiernos locales en el control de las tierras, y permitir a los agricultores aumentar su capital de trabajo y participar más plenamente de la modernización del país.
El mercado ganará espacio en una diversidad de renglones que van desde el petróleo y el gas natural a la electricidad, la provisión de agua, el transporte y las telecomunicaciones. La intención de las reformas es facilitar el surgimiento de un entorno competitivo. El sector privado podrá desenvolverse así en condiciones favorables y sin la competencia desigual que hoy beneficia marcadamente a las compañías estatales. El capital privado “calificado” podrá instalar bancos pequeños y medianos, sujetos, eso sí, a una regulación muy estricta.
China se dispone a ampliar el acceso a sus mercados de los inversores extranjeros. La política se enmarca en una iniciativa de ida y vuelta que hará énfasis en la liberalización de mercados (incluyendo servicios como la logística, auditoría y el e-commerce), la apertura económica de sus ciudades del interior y costeras, la promoción de la cooperación regional y los acuerdos de libre comercio, y la autorización a los agentes privados -personas físicas y jurídicas- a invertir en el exterior. Ya sean inversiones físicas o de portafolios, joint ventures o fusiones y adquisiciones de compañías extranjeras.
La reforma se extenderá también al plano fiscal y a los sectores sociales. Esto incluye la educación, la salud pública y el cuidado de niños y ancianos. Las empresas estatales deberán girar el 30% de sus utilidades al gobierno -el tope anterior era del 15%-, lo cual podría constituir la base de un incipiente régimen de seguridad social.
¿Funcionará? Cómo saberlo si no se lo intenta. La tarea es exigente en grado sumo. China demuestra su voluntad y la ambición de sus propósitos. El tiempo dirá si tiene o no la pericia. Y, en última instancia, permitirá saber si el matrimonio entre el mercado y el partido único, una unión por conveniencia, puede continuar acomodando los perfiles antagónicos de los cónyuges.
Fuente: http://www.revistadebate.com.ar/?p=5147

domingo, 15 de diciembre de 2013

Reformas económicas, ¿buenas para los chinos o para Occidente?


Michelcollon.info

Traducido para Rebelión por Susana Merino

Entre el 12 de noviembre y el 12 de diciembre de 2013, los dirigentes chinos se reunieron en oportunidad del tercer plenario del Partido Comunista chino. Las expectativas eran importantes. Pero ¿cual fue la conclusión? ¿Se involucrará aún más China en la economía de mercado? ¿Se cerrará la brecha entre los habitantes urbanos y los campesinos?
Hace unos diez días, los altos dirigentes del Partido Comunista chino se reunían para analizar el estado del país. Se trataba del Tercer Plenario del Comité Central del Partido Comunista chino. El tercer plenario es tradicionalmente muy importante porque en él se establecen las visiones económicas de largo plazo. En 1978 el tercer plenario fue el trampolín de las radicales reformas que tuvieron lugar bajo el mandato de Deng Xiaoping. El tercer plenario de 1993 consagró “la economía de mercado socialista” y abrió la puerta a una importante ola de reformas que entre otras postulaban la adhesión a la Organización Mundial de Comercio.
Agendas diferentes
Las expectativas eran particularmente consistentes, especialmente del lado de los comentadores occidentales. China domina actualmente el crecimiento económico mundial de la cabeza a los pies. En estos últimos cinco años se le atribuyen el 50% del crecimiento mundial. Eso es importante. Pero para sacar mayor provecho de ese promisorio mercado, la economía china debe abrirse. Algo que quiere decir menos Estado y más mercado. La lista de expectativas occidentales es conocida: privatizar tantas empresas públicas como sea posible, poner fin a las ventajas de las empresas públicas existentes, menos restricciones para las inversiones extranjeras, liberalizar las tasas de interés y de cambio, convertir el yuan en moneda libremente cambiable, desligarse del sistema hukou (ver más abajo). No es por lo tanto para nada sorprendente que los comentadores occidentales hayan proyectado sus deseos sobre el avance del plenario.
También para los chinos las reformas son más que necesarias, pero por distintas razones. Durante estos últimos veinte años, el modelo económico chino estuvo basado en la producción para la exportación, sobre un crecimiento extensivo (aumentar la producción incrementando la cantidad de obreros) sobre importantes inversiones y un débil consumo. Este modelo ha funcionado particularmente bien. Desde 1990 el PBI se multiplicó por ocho.
¿Hacia reformas profundas?
En consecuencia todo el mundo esperaba el comunicado final. Los observadores habituados a la política china saben que no deben esperar decisiones o cambios radicales de orientación en este tipo de documentos. Son documentos tradicionalmente vagos que traducen las prioridades de la élite política y es responsabilidad de los dirigentes intermedios traducir concretamente esas líneas generales de conducta.
Además el comunicado en cuestión envía señales contradictorias y pueden interpretarse de diferente manera. Sin embargo el texto sugiere por lo menos que se prevén cambios importantes. Especialmente la instalación de dos comités bajo la directa autoridad del partido. El primero supervisará la puesta en marcha de las reformas económicas. El segundo tendrá en la mira la seguridad nacional del país, un poco como el Consejo de Seguridad nacional de los EEUU. Estos comités reforzaran el poder del presidente Xi Jinping y dejan entrever reformas más radicales que las de la última década.
El comunicado final contiene recomendaciones sobre muchos sectores, demasiados para enumerarlos todos. Pero dos temas saltan a la vista: la relación mercado/intervención estatal y el sistema hukou sobre los que nos detendremos a continuación:
EL MERCADO VERSUS EL ESTADO
El documento defiende la ampliación del papel del mercado. Es más lo considera “decisivo” mientras que antes se le atribuía un “papel de base” El comunicado plantea que “es necesario tender hacia la resolución de los obstáculos al mercado” Es necesario avanzar más rápidamente por un camino de “construcción de un sistema de mercado moderno, en el que las empresas puedan concretar negocios de manera autónoma, en justa competencia, con la libre elección del consumidor, un consumo autónomo y el libre comercio de los bienes de producción y de consumo.
Esto parece un importante cambio de orientación. Pero el texto subraya al mismo tiempo que la economía de estado debe ser fortalecida. “Debemos consolidar y desarrollar firmemente nuestras empresas públicas. Debemos perseverar en lo concerniente al papel dominante del sistema de propiedad pública y otorgar más espacio al papel de líder de las empresas públicas. Debemos fortalecer su vitalidad, su control y su influencia”.
Debe ser igualmente acentuado el control macroeconómico. “ Debemos completar el sistema de manejo macroeconómico, aplicar correcta y totalmente las funciones administrativas, optimizar su organización, las estructuras de gobierno y mejorar el manejo científico”.
En fin no se trata de la reducción de la influencia y del papel del partido. Por el contrario la intención es “mejorar el fortalecimiento del partido, reforzar la centralización democrática y perfeccionar el liderazgo del partido”.
De modo que ¿de qué se trata? ¿Más mercado? O ¿más estado. Más espacio para la economía en detrimento de la política o al contrario? El comunicado final plantea más preguntas que respuestas. Como conseguir rimar “más mercado” con “un reparto más equitativo de el producto del desarrollo económico” o con el desarrollo de las provincias más pobres del interior del país? ¿Cómo poner de acuerdo todo esto con “ la estimulación de la armonía social y la estabilidad”?
Plantear las preguntas correctas
Todo el problema reside en saber si el tema del Estado o del mercado es la pregunta correcta. Estado o mercado se contraponen o son las líneas limitantes – es que por lo menos en China ¿son más complicadas?
Habitualmente se asocia la planificación al socialismo y el mercado al capitalismo. Pero se trata de un mal entendido. Las más importantes empresas capitalistas y sobre todo las más exitosas, son economías estrictamente planificadas y entre ellas algunas superan las dimensiones de algunos países ricos como Finlandia y Dinamarca. Por otra parte el mercado no es lo mismo que capitalismo. El mercado existía desde hacía muchos siglos cuando apareció el capitalismo.
El capitalismo se apoderó del mercado y lo reformuló. Lo convirtió en un mercado capitalista orientado a la maximización de los beneficios de las empresas privadas cuyas envergaduras han crecido desmesuradamente con el correr del tiempo. Esta clase de mercado no es absolutamente libre porque las relaciones de fuerzas no son equitativas y las reglas del juego se deciden a la carta , en función del más fuerte. Los países nórdicos por ejemplo protegen sus mercados agrícolas, algo que no puede permitirse los países del sur. Las grandes multinacionales escapan al funcionamiento de los mercados por la vía de las inversiones o por el de la comercialización pública masiva (industria militar) pagando pocos o casi ningún impuesto.
El mercado ¿al servicio de quienes?
También en China se deja jugar libremente al mercado, pero en función de sus propios objetivos de desarrollo económico y en un marco político muy estricto. El mercado es apoyado o liquidado según lo que favorezca a China. El principio de la competencia también se halla establecido – aún entre las empresas del Estado – para mejorar la eficiencia y separar el grano bueno de la maleza. Pero esa competencia es abolida fácilmente cuando ya no es necesaria o útil, o cuando los objetivos políticos o sociales lo exigen. Por ejemplo el monopolio de la industria aeronáutica que no era rentable fue abandonado en 1999. Diez años más tarde cuando el sector volvió a ser rentable, se restableció el monopolio. Otro ejemplo es el del precio del petróleo: debido a consideraciones sociales y económicas el precio del petróleo se halla muy por debajo del de los mercados mundiales. Esto es posible porque este sector como otros sectores estratégicos están en mano de las autoridades. Globalmente la intervención de las autorices en la economía ha aumentado en estos últimos diez años.
La economía china es lo suficientemente grande e interesante como para poder imponer sus exigencias a las multinacionales extranjeras que allí quiere invertir: transferencia de tecnologías, uso de materiales chinos, con gran fastidio de los CEO de esas multinacionales. La segunda condición es la hegemonía del Partido Comunista chino. A través de una serie de mecanismos visibles y menos visibles, el Partido conserva un intervencionismo importante sobre la economía china. La nueva clase emergente de capitalistas tiene peso económico pero políticamente débil o casi nulo. Parte de ella ha sido formada en las filas del PC pero así y todo representa una pequeña parte de los 80 millones de comunistas. Mientras su influencia se mantenga marginal los intereses económicos del país continuaran sometidos a las prioridades sociales y políticas y China podrá continuar teniendo en sus manos el timón en dirección hacia el socialismo.
Corrupción
Es a la luz de todo este panorama que se debe analizar la lucha contra la corrupción. La combinación producida por una rápida acumulación de capital y la falta de adaptación de las instituciones constituyen el terreno ideal para la existencia de toda clase de corrupciones y de arreglos ilegales.
En la práctica la corrupción aparece en todos los casos de privatización de los intereses económicos (enriquecimiento personal) en contra de los objetivos y de las prioridades políticas. En otros términos la corrupción mina el control político de la economía. Si no se le pone un freno el partido comunista tarde o temprano será avasallado por la clase capitalista. Aparecerá entonces sin duda alguna una “Perestroika con características chinas”.
En tal sentido la lucha contra la corrupción es un asunto de vida o muerte. Las actuales autoridades lo han comprendido hace bastante tiempo. Desde el comienzo de su presidencia Xi Jinping, lanzó una campaña de gran escala contra esa ola. Muchos miembros del partido, aún los de más alto rango fueron excluidos. El futuro dirá si estas campañas irán lo bastante lejos.
Perspectiva histórica
El comunicado final apela a la perspectiva histórica para considerar la relación entre el mercado y el Estado. China es siempre un país en vías de desarrollo lo que significa que “el desarrollo es todavía crucial para resolver todos los problemas de nuestro país” Es por tal razón por la que el país “se encuentra ahora y por mucho tiempo en la fase de preparación del socialismo”. Es por eso que el “progreso económico debe ser central” y “que las relaciones productivas deben adaptarse a los medios de producción”.
Hablando claro: durante esta larga fase de preparación del socialismo, China no puede marchar más rápido que su música. Durante esta fase es útil y necesario integrar los efectos dinamizadores de las fuerzas del mercado con el desarrollo económico del país. Se trata de una importante lección aprendida desde la debacle del Gran Bond en adelante (1958-1961) y de la Revolución Cultural (1966-1976) Es por eso que según el comunicado final “el elemento central de la situación es el correcto tratamiento de la relación entre autoridades y mercado para asegurar que el mercado juegue un papel decisivo en la asignación de los medios y aseguro mayor espacio al papel del gobierno”
No se trata entonces de Estado o mercado sino de Estado y mercado. O como ellos mismos dicen “un socialismo con características chinas”.
Al ritmo chino
Después del vagabundeo anterior, probablemente se preguntará el lector qué es lo que en la práctica va a cambiar en este terreno y si cambiara poco o mucho. Como se ha explicado existe un gran desafío en el paso de un crecimiento expansivo basado en la exportación y las inversiones para un crecimiento intensivo basado en el consumo interno. No podemos, en realidad, deducir del comunicado que es lo que significa un cambio radical entre el mercado y el Estado. Si tienen lugar esos cambios – y los habrá ciertamente – serán en todo caso, graduales, realizados con precaución y al ritmo de los acontecimientos chinos. Y no al ritmo de occidente.
2) HUKOU
En China uno nace (y por lo tanto inscripto en el Registro civil) como “campesino” o como “ciudadano” Según cual fuere el oficio que se ejerce. A un campesino adulto se le asigna una tierra y el derecho a la Seguridad Social, al cuidado de la salud y a la educación de sus hijos pero únicamente en el lugar en que fue inscripto. Si se traslada a otro lugar pierde su tierra y sus servicios sociales.
Evitar el éxodo rural
Este sistema llamado Hukou fue establecido a fines de los años 50 para evitar el éxodo rural como el que se había producido en el tercer mundo. Se habla actualmente de 900 millones de campesinos chinos, más que toda la población del África negra. El sistema hukou es muy controvertido pero ha dado sus frutos. Ciudades como Manila, Bombay, Lagos, Buenos Aires… albergan millones y millones de habitantes compactados unos sobre otros en condiciones inhumanas. Esas villas miseria no existen en China. Sobre este tema dice el Washington Post: “China ha sabido evitar la formación de tugurios, que constituyen una cicatriz en tantos países en vías de desarrollo gracias a un estricto sistema de autorización de residencia llamado hukou. Este sistema convierte en difícil el trasladarse desde el campo a la ciudad en forma permanente”.
Esto pareciera estar aparentemente bien pero la desventaja es que los “migrantes internos” como se les llama tienen muchos menos beneficios sociales en su lugar de trabajo que sus prójimos que tienen residencia permanente. No pueden comprar casas, ni automóviles, no tienen derecho a la salud y no pueden enviar a sus hijos a la escuela. Aunque ganan más que si hubieran permanecido en su lugar de origen sus salarios son más bajos que los de sus colegas ciudadanos. Lo mismo sucede con las condiciones laborales. Existe gran inseguridad profesional y en muchos casos es directamente discriminatoria.
Al principio esto sucedía tan solo con los trabajadores temporeros, generalmente solteros, que iban a trabajar algunos años a las ciudades para luego regresar a su lugar de origen. Pero con el correr del tiempo muchos se quedaron en las ciudades de manera permanente. De modo que la cantidad de migrantes internos ha crecido hasta integrar un grupo de unos 260 millones de personas. Esto constituye una quinta parte de la población total, 30% de la población rural y el 40% de los chinos que viven en las ciudades. El sistema fue probado pero ahora está en revisión. Porque el costo social es muy alto e impide el paso hacia otro sistema económico.
El hecho de que un 40% de los habitantes de las ciudades tengan menos derechos y sean a menudo tratados como ciudadanos de segunda lleva tarde o temprano a serias tensiones y no puede ser indefinidamente sostenido Pero aún hay más: el gobierno chino estima que 48 millones de niños son dejados en el campo, porque uno o ambos padres trabajan en la ciudad, es decir que una cuarta parte de los niños está en el campo, lo que resulta muy poco armonioso para el “desarrollo armonioso” a que el gobierno quiere comprometerse.
Para un modelo económico que quiere orientarse hacia el consumo interno el actual sistema hukou resulta un freno. A causa de esta clase de inseguridad, los migrantes internos economizan menos que los ciudadanos que disponen de un hukou urbano. Los campesinos no pueden vender sus tierras porque no son propietarios. Solo obtienen el usufructo. Si pudieran vender sus tierras le darían un formidable golpe de fusta a la economía. Además decenas de millones de campesinos han sido en el pasado expropiados por el gobierno y muy poco financieramente recompensados. Actualmente un campesino gana tres veces menos que un ciudadano.
Resulta urgente una flexibilización del sistema y de ellos se trata en el comunicado final: “Debemos (…) reconocerles mayores derechos de propiedad a los campesinos, tender hacia un mismo equilibrio entre las formas de producción urbanas y las agrícolas, tender a una distribución equilibrada de los medios para las autoridades locales y un sistema más eficaz para el desarrollo de las ciudades”.
Nada de cambios radicales
Pero en cierto modo tampoco hay que esperar cambios radicales, Eliminar el sistema hukou produciría un acelerado flujo hacia las ciudades y por lo tanto un éxodo rural de consecuencias catastróficas. No hay que olvidar que se trata de una población en su conjunto superior a la europea. Habrá que esperar un abandono gradual del sistema. El Primer ministro Li Keqiang : “ Se trata de un complejo proceso de cambios económico y social que exige un nuevo enfoque político, con su eje en el desarrollo equilibrado Habrá muchos problemas pero que debemos atender para reducir el foso entre las ciudades y el campo.”
Durante estos últimos años se han llevado a cabo muchas experiencias en la materia. En algunas provincias ya no existen diferencias entre el hukou urbano y el rural. En algunas de las grandes ciudades los migrantes internos también pueden recibir los beneficios en salud y en enseñanza primaria y secundaria. En algunas regiones los campesinos pueden hipotecar su tierra para obtener un préstamo. En algunas ciudades, los campesinos pueden vender sus casas a los ciudadanos del mismo distrito, etc. Son experiencias que se harán ciertamente extensivas en el curso de los próximos años.
Para concluir
Muchos comentaristas occidentales se han visto decepcionados por las conclusiones del tercer plenario. Esperaban mucho más. Esto revela mucho más que su agenda y sus deseos no coinciden con lo que es bueno para China. Los chinos han seguido, en el pasado su propio camino y – felizmente – no han tenido en cuenta las recomendaciones y los consejos de Occidente. Eso no cambiará en el futuro muy a pesar de los que lo desean.
Fuente: http://www.michelcollon.info/Reformes-economiques-bonnes-pour.html?lang=fr

sábado, 17 de agosto de 2013

La OMS insta en Pekín a alcanzar la cobertura de la salud pública universal


Agencias


La Organización Mundial de la Salud (OMS) instó el jueves a todos los países, sobre todo a aquellos en vías de desarrollo, a que continúen sus esfuerzos en lograr una cobertura sanitaria universal y pública durante la presentación en Pekín de su informe anual. Presentado por la directora general de la OMS, Margaret Chan, el Informe de la Salud Mundial de 2013 destaca una subida media del 5 % de la inversión de los países de renta media y baja en los últimos años, con cifras más altas en naciones como Brasil, China o India.
“La salud no debería depender del bolsillo de cada uno”, dijo Chan, quien presentó el informe esta vez en Pekín y no en Ginebra, sede del organismo y donde se realiza habitualmente.
China fue, precisamente, uno de los referentes que la directora general de la OMS empleó para instar a otros países a ampliar su sistema público sanitario.
Según datos del organismo citados por Chan, el país asiático ha ampliado su cobertura de la salud pública del 15 % de la población en 2008 al 95 % actual, un crecimiento “meteórico” -dijo- teniendo en cuenta la población de más de 1.300 millones del gigante.
No obstante, todavía surgen muchas críticas al respecto desde distintos organismos, como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), sobre todo acerca de las diferencias de la atención sanitaria en China -que pretende alcanzar la cobertura total en 2020- entre el campo y la ciudad, y el difícil acceso a la misma de las clases más desfavorecidas.
Junto a China, Brasil o India, Chan destacó el progreso de algunos países africanos en esta materia.
“Me enorgullece afirmar que los países africanos han aumentado en una media del 26 % su investigación en el campo de la salud en los últimos años”, enfatizó la directora de la OMS, acompañada de los ministros de Salud de Zambia, Joseph Kasone; Ghana, Hanny-Sherry Ayittey, y Tanzania, Hussein Ali Mwinyi, así como del vicepresidente de la Asamblea Nacional Popular (ANP) china, Chen Zhu.
Chan remarcó que la cobertura sanitaria universal es “el mayor poder igualador social y la última expresión de justicia”.
“No digo que sea fácil ni barato, hay muchos baches y retos, pero con el compromiso de los líderes políticos y una gestión adecuada es factible”.
La directora general de la OMS también apeló a la investigación como un factor clave para determinar las prioridades sanitarias de cada país y saber cómo estructurar el sistema, y apuntó que cada vez hay mayor cooperación internacional en este área.
Recalcó que la organización tiene la obligación de compartir con sus países miembros referentes de casos de éxito con contextos similares para que se puedan imitar modelos, pero que la parte principal, en cuanto a financiación y compromiso, depende de los gobiernos locales.
“Su perseverancia en alcanzar la cobertura de la salud mundial es fundamental”, dijo.
Chan, que fue responsable de la gestión del SARS (síndrome respiratorio agudo severo) cuando estaba al cargo de Salud en su Hong Kong natal hace una década, consideró “valientes” las medidas tomadas por Pekín al respecto y el trabajo que ha hecho para controlar el nuevo virus H7N9.
Destacó que la nueva cepa de gripe aviar, que según ha publicado hoy la agencia oficial Xinhua se ha cobrado 45 vidas en la China continental desde el pasado marzo, no se ha expandido fuera del país asiático y que los controles de detección y prevención son “mucho más efectivos” ahora que hace diez años.
Así, si bien aseguró que la OMS seguirá de cerca su desarrollo, ya que por experiencias previas podría cobrarse nuevas vidas en el curso del invierno, no quiso provocar alerta e instó a la calma.
La directora general de la organización recordó que, del mismo modo que el aumento de la inversión en investigación médica ha contribuido a mejorar la cobertura sanitaria a la hora de, entre otros aspectos, fijar prioridades, ha “jugado un papel clave” en que mejoren las perspectivas ante emergencias como el SARS en la última década.

miércoles, 7 de agosto de 2013

¿China pierde el paso?

Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-08-2013





Persiste el debate y la preocupación en relación a la moderación de los índices de crecimiento en China (7,6% en la primera mitad del año, aunque superior al 7% fijado como objetivo para todo el ejercicio). La conjunción de fricciones comerciales, caída del comercio exterior, alza de los costes laborales, alteraciones en el mercado de divisas, etc., configuran un complejo panorama.
El excedente comercial de China se redujo un 14% en junio. Las exportaciones cayeron en el mismo mes un 3,1%. El IPC también aumentó un 2,7%, superior al 2,1% de mayo (aunque inferior al 3,5% de objetivo anual). Los bancos chinos adquirieron en junio menos divisas de las que vendieron, con un déficit de 400 millones de dólares. Es el primer déficit de este tipo desde septiembre. Por otra parte, el consumo rural creció un 14,3% en el primer semestre de 2013, cifra que para algunos indica que el mercado interno tira ya del crecimiento. Fuentes oficiales señalan que el comercio exterior ha contribuido con un 0,9% al crecimiento del 7,6% del primer semestre del año, lo que sería indicativo también de que la transformación del modelo económico está en marcha.
El gobierno de Li Keqiang está privilegiando el ahorro (reducción del 5% en el gasto oficial, prohibición de construir nuevos edificios oficiales en los próximos cinco años) y las reformas administrativas, acompañadas de gestos simbólicos como la liberalización de las tasas de interés y la renuncia a los paquetes de estimulo aunque si adoptando medidas parciales sobre todo en relación a las pymes (exención del IVA y del impuesto sobre beneficios en algunos casos, reducción de los costes de la exportación), que se acompañan de propuestas para enfrentar la excesiva capacidad de producción o en rubros clave como el medio ambiente (con una inversión comprometida de 277.000 millones de dólares, equivalente a más de la mitad del plan de estímulo que China gastó en 2009-2010 para hacer frente a la crisis financiera mundial).
A destacar, la decisión del Consejo de Estado de crear una Zona de Libre Cambio en Shanghai tras la experiencia de convertibilidad del yuan en Qianhai desde el verano de 2012. Li Keqiang ha debido enfrentar resistencias a este proyecto, tanto en la Comisión de Regulación Bancaria (Shang Fulin) como en la Comisión de regulación de operaciones en bolsa (Xiao Gang). El objetivo consiste en impulsar la reforma financiera en cuatro dominios principales: inversiones extranjeras, comercio, servicios financieros y normativa legal. Se estima una gestación del proyecto a lo largo de una década.
En relación a las empresas estatales, la reforma otorga especial importancia a su internacionalización, de modo que en los próximos cinco años, sus beneficios procedan en un 50% del negocio exterior (actualmente representa un 38%). En la lista Fortune Global 500 2013, hay 44 empresas estatales chinas clasificadas.
Otro eje es la urbanización. Algunos académicos advierten que esta no debe reducirse a un mero aumento de la población urbana sino que se trata de una transformación de las infraestructuras, el empleo, el ambiente y el bienestar social. Reclaman por ello moderación en el proceso y revisión a fondo del impacto financiero. Se teme que las autoridades locales impulsen la urbanización buscando ciegamente aumentar las cifras del crecimiento.
Por otra parte, se estimula un ejercicio de clarificación indispensable, especialmente a través del desarrollo de una auditoría a nivel estatal que permitirá conocer el estado real de las finanzas de los gobiernos locales, uno de los agujeros negros principales (el FMI sugiere que equivaldría al 45% del PIB del país, aproximadamente el doble del reconocido oficialmente).
En otro orden, la transferencia de competencias del gobierno central a otros niveles y la disminución de los controles, sobre todo en el poder financiero, se ha acompañado de nuevas iniciativas para garantizar la participación de las ONGs y empresas en la prestación de servicios públicos esenciales y en la gestión de infraestructuras urbanas, algunas de las cuales se han abierto a la inversión extranjera en algunas ciudades. El gobierno planea dar entrada al sector privado en los proyectos de infraestructura (metro, carreteras, terminales de comunicación, calefacción, depuradoras y tratamiento de basura) con el propósito de captar recursos y ganar eficiencia, asegura.
Las autoridades descartan cualquier posibilidad de aterrizaje brusco y señalan que la moderación es conveniente para la reestructuración. Algunos economistas consideran que la reducción de la tasa de crecimiento es lógica y hasta necesaria para evitar burbujas y recuerdan que, a pesar de todo, sigue siendo muy sólida en comparación con otras economías del mundo y que es necesario un cambio de ritmo para la transformación del modelo de crecimiento. Pero de persistir las dificultades y constatarse que estas medidas no garantizan la consecución del objetivo de crecimiento del 7,5 por ciento para 2013, podría haber alteraciones.
Xi Jinping llamó a romper las barreras de los grupos de interés atrincherados en las estructuras y segmentos del poder administrativo y económico para poder avanzar en la senda de la reforma anunciando que la sesión de otoño del Comité Central del PCCh detallará medidas prácticas.
Los máximos dirigentes multiplican su presencia en provincias para transmitir el firme compromiso con el cambio y para vencer las resistencias locales, invitándose a las autoridades a familiarizarse con las nuevas claves: eficiencia de la administración pública, mayor papel del mercado, innovación, etc. Unos y otros abundan en que el nuevo impulso tiene como nervio central la concesión de mayor relevancia al mercado en detrimento de los métodos de planificación o desarrollo determinados por el gobierno. Y que será suficiente para mantener un crecimiento estable.
Es pronto para determinar si la ampliación de las esferas de actuación del sector privado y el nuevo auge dispensado al mercado se traduce en una mera reestructuración de las vigas del poder o, por el contrario, implica consecuencias de mayor alcance como la reducción de la capacidad de control político del PCCh.
Sin el más mínimo pudor, el FMI, exhibiendo el medallero de economías destrozadas con sus recetas, sigue pidiendo a China más reformas económicas. China, sin duda, necesita reformas, pero ¿quién en su sano juicio puede hacerle caso al FMI? ...
Xulio Ríos es director del Observatorio de la Política China y autor de “China pide paso. De Hu Jintao a Xi Jinping” (Icaria editorial)

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.