Con el regreso, en este
texto sobre el “caso Bajtín” y la obra largo tiempo ignorada de
Vigotsky, el filósofo Lucien Sève recuerda la riqueza del marxismo
soviético de los años 1920. Al componer una rica herencia intelectual,
olvidada o deformada bajo los efectos del la estalinización del
movimiento comunista, muestra el aporte decisivo de Marx a la
comprensión de la individualidad y de la subjetividad. Este texto fue
inicialmente publicado en otoño de 2012 en el número 15 de la revista
Contretemps. ¿Quién no ha oído hablar de ese monumento ruso del
pensamiento de vanguardia contemporáneo que es Mijail Bajtín? Aún muy
joven (nació en 1895), publicó trabajos que han marcado la historia
naciente del pensamiento marxista del siglo XX: un libro importante
sobre
El freudismo (1927), un ensayo que hizo época
El método formal en los estudios literarios (1928) y, en rápida sucesión en 1929, un notable Dostoievski, así como una obra fundamentalmente innovadora,
Marxismo y filosofía del lenguaje
–cuatro obras mayores en tres años, productividad de excepción–.
Detalle curioso: tres de estos libros aparecieron bajo la firma no de
Bajtín, sino de Valentin Volóshinov en
El freudismo y
Marxismo y filosofía del lenguaje, y de Pavel Medvédev en
El método formal en los estudios literarios.
Los bajtianos nos han explicado este misterio de diversos modos.
Extremadamente generoso, Bajtín habría ofrecido un regalo a sus dos
amigos necesitados de publicaciones, asociándolos a obras en cuya
confección sus roles habrían sido como mucho marginales. O bien,
rechazando las modificaciones de los textos que imponía el editor, en
una Unión Soviética en vías de stalinización, Bajtín habría pedido
prestado el nombre a sus amigos… Algo por todos aceptado: la paternidad
de estas obras pertenece sin duda a Bajtín
1.
Afirmación algo inquietante, que ha sido desde décadas objeto de
exámenes, hipótesis y polémicas, sin afectar, a pesar de todo, la gloria
de Bajtín. Ha sido desconcertante para muchos –éste fue mi caso– el
descubrimiento en 2003 del primer trabajo de Bajtín: unos fragmentos de
una “disertación filosófica” escrita, dicen, en 1924, bajo el título de
Por una filosofía del acto2.
La sorpresa viene rápidamente de la orientación del pensamiento de esta
disertación, que está en fundamental discordancia con lo que muestran
los libros sobre freudismo, el método formal en literatura y la
filosofía marxista del lenguaje, y por una parte incluso con el
Dostoievski en su versión original de 1929. En estas cuatro obras
publicadas entre 1927 y 1929 –sorprendente creatividad, hay que
reconocer–, Bajtín aparece como un pensador no sólo de viva inspiración
marxista sino también de auténtica inventiva en esa dirección. Ahora
bien, la “filosofía del acto” que profesó pocos años antes es
espectacularmente diferente: vemos al autor meditar en un registro
ético-religioso sobre la conciencia culpable en un mundo marcado para
siempre por la muerte de Cristo –un texto, muestran Bronckart y Bota,
donde se revela más o menos lo opuesto de un marxista: un
eslavófilo…
La misma reflexión se podría acordar con el proyecto del libro sobre
Dostoievski –sin embargo, mucho menos con la forma en que se hizo en
este caso–, pero ciertamente en absoluto con la orientación
materialista-histórica de las obras sobre el freudismo, la teoría
literaria o la concepción marxista del lenguaje, cada vez más extraña…

Seguiríamos creyendo la leyenda reinante desde decenios si dos
universitarios ginebrinos, Jean Paul Bronckart y Christian Bota, no
hubieran finalmente aclarado definitivamente el asunto. El resultado –un
libro extremadamente informado de seiscientas páginas
3–
es asombroso. No nos gustaría desvelar aquí las peripecias y
revelaciones de esta palpitante investigación llevada a cabo a escala
internacional –y que se leerá como una novela negra teniendo como telón
de fondo el ámbito de las ciencias humanas y unas grandes maniobras
ideológicas. Sin embargo, sí que daremos alguna pista sobre esta obra.
En el paso de los años 1960 y 1970, en la URSS de la degeneración
brezhneviana, los manipuladores rusos interesados, con la complicidad
inicial del viejo Bajtín (muerto en 1975), redactaron su panegírico
dando por totalmente probado, y apoyado por el testimonio mentiroso de
Bajtín, que las obras disputadas eran suyas. La operación fue facilitada
por el hecho que Pavel Medvédev y Valentin Volóshinov tuvieron la
buena idea
de morir jóvenes (ambos en los años 1930): Volóshinov de tuberculosis y
Medvédev fusilado en el curso de una “purga” estalinista –así se les
despojaba sin riesgo alguno de su obra… La operación se transmite
rápidamente al más alto nivel en Occidente, particularmente en Francia
(por parte de Tzvetan Todorov) y en Estados Unidos (por parte de M.
Holquist): los nombres de Medvédev y Volóshinov pierden toda
consistencia, y Bajtín es promocionado como el mayor teórico de la
lingüística y la literatura del siglo XX. Se desarrolla a partir de ahí
una gratificante y crecientemente rentable “
Bakhtin Industry” –la
Universidad participa en la empresa, los libros y artículos tienen
éxito, se cobra por los derechos de autor… Lo que el lector descubre
leyendo este apasionante libro, puede presentarse sencillamente como la
mayor estafa intelectual del siglo XX.
¿Qué esconde el caso Bajtín?
Merece un comentario el papel de los grandes medios de comunicación.
Los mismos que han contribuido de forma voluntariosa a la glorificación
de Bajtín, de momento han sido discretos sobre el estallido de la
burbuja cultural especulativa: más de un año después de la salida de
imprenta del libro-revelación de Jean Paul Bronckart y Christian Bota no
ha recibido atención. Por el lado de los bajtianos en cambio, sí se ha
procedido a su examen minucioso. Un largo artículo erudito de Serge
Zinkine en
Cahiers du monde russe, a modo de recensión rigurosa, argumenta que “
queriendo demostrar demasiado J. P. Bronckart y C. Bota no han demostrado nada“
4.
Dejaremos a los autores del libro y de su crítica cuidarse de
argumentar y contraargumentar en tanto que especialistas. Nos
limitaremos aquí al meollo del problema: ¿es Bajtín el autor de las
obras mayúsculas firmadas por Medvédev y Volóshinov, tal como ha
afirmado la leyenda bajtiana? Serge Zenkine debe estar de acuerdo,
aunque en unos términos que admirarían el arte del eufemismo: “
Después
de haber sido casi dominante durante un cierto periodo, hoy esta
opinión, por un retorno del péndulo, ve disminuir su número de
defensores: los “textos disputados” son reeditados y comentados como
obras de sus respectivos firmantes y no figuran entre las obras
completas de Bajtín“. Por tanto, no tendríamos nada que discutir
sobre la revelación de una falsificación más allá de tratarse de una
simple mecánica de “retorno del péndulo”… En todo caso el resultado está
ahí, incluso para un bajtiano militante: Bajtín, quien personalmente
tomó partido de esta enorme estafa literaria,
no es el autor de
El método formal en los estudios literarios –este libro es de Pavel Medvédev–, ni de
El freudismo y
Marxismo y filosofía del lenguaje –estos dos libros son incontestablemente de Valentín Volóshinov– e incluso el
Dostoievski les debe, al parecer, a estos jóvenes investigadores marxistas, una apreciable parte de su orientación teórica
5
que posteriormente Bajtín, bien alejado del marxismo, negará. ¿Jean
Paul Bronckart y Christian Bota no habrían verdaderamente “demostrado
nada”? Como mínimo han establecido que nos encontrábamos frente a una
extraordinaria malversación.

Octobre
1924. Assis, de gauche à droite : M.V. Judina, M.M. Bakhtine, L.V.
Pumpjanskij, P.N. Medvedev, A.I. Vaginov; debout : N.A. Vološinova, V.N.
Vološinov, E.A. Baxtina, K.K. Vaginov.
Por lo tanto, no se trata únicamente de una simple manipulación de unos estafadores literarios rusos; el
affaire
ha tomado proporciones considerables, ha afectado incluso en grandes
países occidentales como Francia o Estados Unidos, como muestran Jean
Paul Bronckart y Christian Bota, en proporciones de un “delirio
colectivo”. ¿Cómo comprender esta transmutación de herencia sórdidamente
sobornada a gran fenómeno ideológico-cultural internacional? Es aquí,
sin duda, que la cuestión se vuelve apasionante. Veamos las cosas más de
cerca. Las obras de Pavel Medvédev y Valentín Volóshinov son muy
características del marxismo soviético de los años 1920; un marxismo
juvenil, exploratorio, inventivo, a veces avanzado en décadas a
movimientos ulteriores de las ideas y, al mismo tiempo, un marxismo
radicalmente no libresco, fundamentalmente no estaliniano. Éste es el
caso del libro de Volóshinov sobre el
Marxismo y la filosofía del lenguaje.
En su prefacio a la edición francesa de 1977, Roman Jakobson no
escatima en elogios a este Bajtín a quién se atribuye el texto sin
problema alguno. Alabando la “
novedad” y la “
originalidad” de esta “
obra maestra“, escribe que “
consigue superar las investigaciones semióticas actuales y asignarles nuevas tareas de gran envergadura“
6.
Sin embargo, estos trabajos de primer orden, en lugar de ser exhibidos
en la Unión Soviética como tantas otras eminentes contribuciones
marxistas a las ciencias humanas, desaparecen pura y simplemente de la
escena en los años 1930, y no han reaparecido sino demasiado tiempo
después; el estalinismo ha pasado por encima con su ortodoxia mortífera.
Desde entonces, traducirlo y publicarlo a partir de los años 1970 en
los países occidentales bajo el nombre de Bajtín no constituye
únicamente una gratificante empresa intelectual y un buen negocio
comercial, es también, hablando en general, la más eficaz de las
críticas silenciosas del marxismo oficial, tanto el de París como el de
Moscú. Así, por ejemplo, a Roman Jakobson, en su corto prefacio al
volumen sobre la filosofía del lenguaje, le basta con evocar la palabra “
oscurantismo“, del cual ha sido blanco el “
investigador eminente“, para provocar un gran efecto en el lector cultivado occidental
7.
El caso Bajtín queda totalmente al margen del conjunto de las profundas
descalificaciones culturales, cuyo culmen será la implosión de la URSS.
Sin embargo, es a partir del momento en el que los bajtianos
pretenden ir más lejos y mostrar el verdadero pensamiento religioso de
su hombre, en particular con la publicación de
Por una filosofía del acto,
cuando la leyenda se disuelve imparablemente. Una vez descubierto que
Bajtín es fundamentalmente un pensador religioso y que continuó siéndolo
hasta el final, que sentía incluso alergia y hostilidad hacia el
marxismo como lo muestran, entre otras cosas, las correcciones que hizo
en la segunda versión del
Dostoievski en 1963. Con todo ello la
tesis según la cual Bajtín habría sido el verdadero autor de los
trabajos de Medvédev y Volóshinov, pierde ciertamente toda credibilidad.
A pesar del reconocimiento de que estos textos no pueden pertenecer a
las obras completas de Bajtín, Serge Zenkine intenta, sin embargo, una
última maniobra de salvación de la leyenda invocando el “
prodigio“. “
Es
cierto, escribe, que [...] Bajtín debió hacer una evolución
prodigiosamente rápida –de una filosofía fenomenológica y religiosa a
unas ciencias humanas objetivas y sociologizantes…“. Este último
término muestra la manera en que el autor presenta el marxismo… Pero en
nombre del “prodigio” –eslavófilo convencido en 1924, Bajtín se
convertiría en un marxista original a partir de 1927– es poco probable
convencer a los espíritus críticos.
La actitud de los bajtianos
se invierte frente a las obras que defienden restituir la paternidad de
Medvedev y Volóshinov. Cuando se las atribuía a Bajtín, eran obras
maestras; desde que no es el autor descubrimos que no hay razón para
subestimarlas, y, además no se trata de un
marxismo tan bueno como se ha dicho. Serge

Zenkine cita en este sentido un reciente texto de Patrick Sériot sobre
Marxismo y filosofía del lenguaje. Al releerlo sin prejuicio, este autor estima que, “ese marxismo sigue siendo
rudimentario“, es un marxismo reducido a un “
principio sumario de monismo materialista“, un marxismo “
sin dialéctica” ni “
ideología” (“en el sentido de
La ideología alemana“), “
sin lucha de clases ni revolución“
8…
Un giro de 180 grados en relación al entusiasmo de Roman Jakobson… No
nos implicaremos aquí en una polémica de segundo orden sobre esta
evaluación inédita de
Marxismo y filosofía del lenguaje. Digamos
simplemente que en 1929, el joven Volóshinov comienza una exploración
del territorio lingüístico tan audaz en tanto que la emprende sin mapa;
como indica desde las primeras líneas en su prólogo: “
en el campo de la filosofía del lenguaje, no existe hasta el momento ni un solo análisis marxista“.
Y las cuestiones que pretende dilucidar como pionero, de manera tan
apasionante como titubeante, a las antípodas del esfuerzo escolástico de
introducir el lenguaje en el marco de una doctrina preestablecida, son
tan novedosas en tanto que plantea las relaciones dialécticas –no ver
aquí la dialéctica sería asombroso– entre signo y significado, lenguaje y
palabra, discurso directo e indirecto, etc. A través de estas
cuestiones socio y psicolingüísticas, plantea relaciones más generales
entre actividad psíquica, ideología y base social, las cuales van a
demostrar el papel –su mención es explícita– de la lucha de clases. Si
tenemos alguna idea del punto en el que se encontraban las
investigaciones marxistas en Occidente –casi cero–, por ejemplo en
Francia en 1929, podemos poner en consideración el carácter notable y
pionero, ejemplo del marxismo vivo que constituye tal trabajo.
Sin embargo, el “ caso Bajtín ” servirá hoy precisamente para desvirtuar
y devaluar este pensamiento. Pues la conclusión que, directamente o no,
ha destilado durante décadas la “
Bakhtin Industry” es que esos
trabajos rusos de los años 1920 no serían invocados por los marxistas
para ilustrar la riqueza de lo que aporta una orientación marxiana al
pensamiento de las ciencias humanas, por la doble razón: puesto que han
estado largamente ignorados en la Unión Soviética y que además se deben a
un autor cuyo pensamiento no es ni mucho menos el que se imaginaba. A
partir del momento en que nos vemos obligados a desacreditar la autoría
de Bajtín, también parecen deteriorarse estos textos largamente
reconocidos. Y que todo el caso se haya basado, como han plenamente
demostrado Jean Paul Bonckart y Christian Bota, al mismo tiempo, en la
estafa de los que han elevado a Bajtín y al delirio colectivo de los que
han tomado partido, revela claramente por qué sería tan profundamente
inoportuno hacerle publicidad del “caso Bajtín”.
Del caso Bajtín al caso Vigotsky
Para los que no conozcan la obra del gran psicólogo soviético Lev
Vigotsky (1896-1934), debe apuntarse que la relación con el Volóshinov
de
Marxismo y filosofía del lenguaje es evidente. Es posible
tener la sensación de que se trata de dos gemelos intelectuales. De edad
parecida (Volóshinov nació en 1895 y Vigotsky en 1896) y un mismo
destino trágico (los dos fallecieron de tuberculosis en su treintena),
trabajan en el mismo campo de estudios –el de la dialéctica de las
relaciones entre realidades socio-culturales y la actividad psíquica
individual– con una misma forma de comprender las lecciones de Marx, en
las antípodas de la doctrina libresca, comparten la misma receptividad
hacia las ciencias humanas más fecundas del momento, incluido Freud, y
una misma inventiva en la exploración de continentes aún largamente
desconocidos. Nos preguntamos cómo es posible que no se hayan, por lo
que parece, conocido personalmente dado que se citaron recíprocamente:
Volóshinov cita el artículo de Vigotsky “
La conciencia como problema de la psicología del comportamiento” en su libro sobre freudismo; y en su largo texto de 1930 “
Psique, conciencia, inconsciente“
9, Vigotsky se refiere favorablemente al
Marxismo y filosofía del lenguaje
de Volóshinov, aunque de ello el lector no sabe nada porque el editor
soviético suprimió sin comentario alguno la referencia en la reedición
de los años 1980. Medio siglo después, Volóshinov-”Bajtín” no existían
más… Este pequeño detalle nos muestra un hecho importante. De forma
distinta al caso Bajtín, el caso Vigotsky nos lleva a establecer las
mismas conclusiones generales: la notable fecundidad inventiva del
marxismo soviético de los años 1920, la masacre de esta inventiva por
parte del estalinismo de los años 1930, seguido de su desaparición más o
menos sofisticada en la segunda mitad de siglo por el antimarxismo
occidental. Una triple constatación que ilustra de manera inmejorable el
destino de la obra vigotskyana.
Vigotsky percibió mejor que
nadie en los años de 1920 la profunda crisis en la que se hundía la
psicología, incluso en el momento de sus más notables avances. Vigotsky
anticipa un análisis novedoso
10:
se estaba produciendo una ruptura dramática entre una psicología que se
afirma materialista pero únicamente puede explicar comportamientos
elementales, y una psicología de fondo idealista que renuncia a hacer
algo más que una fenomenología de las conductas complejas. La salida de
la crisis pasa por desembocar en una
explicación materialista de las
funciones psicológicas superiores. En el instituto de psicología de Moscú donde trabaja

Vigotsky, la tarea se entiende como el intento de crear una “
psicología marxista“, formulación fuertemente criticada por Vigotsky. No puede haber una psicología
marxista como no puede haber, por ejemplo, una mineralogía marxista. Lo que necesitamos es una psicología
científica,
simplemente, y si imaginamos que la podemos obtener pegando citas de
Marx sobre una psicología no científica, nos encontramos en un burdo
engaño. No puede encontrarse en
El capital de Marx una psicología
hecha a medida como la que buscamos. En ningún lugar se encuentra
ciencia antes de la ciencia. Lo que puede encontrar la psicología en
El capital
es infinitamente apreciado: de entrada un muy sugerente ejemplo de
crítica de una ciencia en crisis, la economía política; y la superación
de esa crisis mediante una novedosa elaboración conceptual apropiada –y
justamente eso es de lo que se trata en psicología. Y más directamente
aún, con el análisis de la mecanización del trabajo,
El capital
nos sugiere una muy fecunda pista de investigación para comprender de un
modo materialista lo que es una función psicológica superior: una
actividad mediada no sólo mediante la herramienta sino también mediante el
signo.
A través del estudio del signo llegamos a entender el control de la
conducta, el acto voluntario, la motivación reflexiva y la personalidad
misma. Vigotsky ha hecho algo más que fundar una “psicología marxista”
de cartón piedra, ha fundado una vía altamente productiva para una
psicología inteligente, tal y como Volóshinov hizo para una lingüística
perspicaz o Medvédev para una crítica literaria penetrante, y es
justamente esto lo que ha dado cuerpo a un marxismo
vivo.
Y es justamente eso lo que no podía tolerar el sistema estalinista,
fundado en la entera concentración de poder en una estática élite
autocrática que decía a los investigadores marxistas:
tú no estás
aquí para pensar por ti mismo, confórmate con poner en las formas
prescritas el saber que detentas, bajo pena de algo peor. Vigotsky,
marxista altamente creativo, de origen judío, pero también tuberculoso,
muy probablemente se libró del campo estalinista por su muerte prematura
en 1934; como Volóshinov, muerto de la misma enfermedad en 1936;
mientras que el primo de Vigotsky, David, también intelectual judío y
activo marxista, así como Pavel Medvédev, fueron víctimas de las grandes
purgas. Todo ha sido dicho, tanto sobre los crímenes del estalinismo
como sobre la miseria teórica del marxismo estalinista, pero, sin duda,
no hemos vuelto a la abundante riqueza del marxismo soviético de los
años 1920, riqueza que se anunciaba ya en los hervideros intelectuales
de principios de siglo, en la época de la Revolución de 1905. En mi
opinión, sigue subestimándose el extraordinario florecimiento de nuevas
ideas que suscitó la Revolución de Octubre de 1917, de la cual pronto se
celebrará su centenario. Si intentamos hacer un balance aproximativo de
todo lo que ha germinado en el primer tercio del siglo XX en Rusia,
desde las ciencias humanas a la creación poética, literaria, teatral,
pictórica, musical o cinematográfica, desde las bases de la cosmonáutica
y de las teorías de la no linealidad en las ciencias de la educación
11,
no podemos dejar de impresionarnos. A través de una conmoción social
inaudita y la más sangrienta de las guerras civiles, la formidable
dinámica de “transformación del mundo” levanta muchos espíritus por
encima de ellos mismos y los empuja hasta puntos extremos de la
invención. Es con este rasero con el que se tiene que medir lo que el
estalinismo destruyó: una de las más extraordinarias épocas de creación
cultural de la historia moderna. Y en el hogar de toda esa creatividad
encontramos la
inspiración marxiana. Leamos o releamos el magnífico capítulo final de la última obra de Vigotsky,
Pensamiento y lenguaje12,
resultado inacabado de una vasta reflexión sobre el signo y el sentido,
dictado en su lecho de muerte. Esta obra de palpitante fertilidad fue
guardada en un cajón a penas su autor fue enterrado y permaneció allí
durante décadas. Pensamos en Lautremont: todo el agua del mar no
llegaría para lavar una mancha de sangre intelectual.

El caso Vigotsky es tristemente ejemplar de los perjuicios del
estalinismo y de las grandes tonterías legadas a sus sucesores,
Gorbachov a parte, hasta la Rusia actual de Putin. Habrán hecho falta
cincuenta años para que finalmente aparezca en Moscú ya no una edición
completa pero al menos una selección de las obras significativas de
Vigotsky en seis volúmenes. Pero todavía hace falta más para que esta
edición tan esperada no sea de una calidad deshonrosa, privada de todo
aparato crítico, abarrotada de faltas, aún con las viejas censuras…
Entre tanto, convirtiéndose Vigotsky en una gloria mundial de la
psicología, el heredero actual de los archivos familiares ha entendido
qué tesoro poseía y han cerrado un contrato de exclusividad con un
editor canadiense que no ha procedido aún a ninguna publicación nueva,
pero que provechosamente ha cerrado bajo llave privada una herencia
literaria aún muy incompletamente explorada. Consternante y amargante
resultado de una enorme obra intelectual nacida bajo el signo de un
resuelto anticapitalismo.
Pero el destino de la obra
vigotskyana en los países occidentales no ha tenido en su conjunto nada
de glorioso. El amigo y colaborador de Vigotsky, Alexander Luria,
neuropsicólogo reputado, consiguió en los años 1960 convencer a los
psicólogos norteamericanos del gran interés que representaba la original
obra vigotskyana. Aunque el primer resultado fue la aparición en 1962
en Estados Unidos por parte de la gran editorial MIT Press de una
lamentable traducción de
Pensamiento y lenguaje, este libro de un
millón de caracteres se vio reducido a dos terceras partes en una
versión privada de numerosos desarrollos críticos y experimentales así
como amputado, de forma escandalosa, de prácticamente todas sus
referencias al marxismo… En 1978, otros investigadores americanos
publicaron bajo el título
Mind in society un
resumen de textos vigotskyanos sometidos a un tratamiento que los mismos autores calificaron de “carnicería” (“
tampering“)
13,
la orientación de este libro imprime sin complejos a la psicología de
Vigotsky un aire cultural típicamente anglosajón que la desnaturaliza
14.
El caso francés es aún peor. A mediados de los años 1980, aunque
Vigotsky era ya conocido- léase reconocido, prácticamente en todo el
mundo, desde Estados Unidos a Japón pasando por diversos países de
Europa, no había ningún libro suyo traducido al francés cincuenta años
después de su muerte… Se trataba de algo más que pura negligencia, como
comprendí, desolado al respecto, hablando con el gran amigo de Vigotsky,
el psicólogo soviético Alexis Leontiev, francófono y francófilo.
Dirigiendo
Editions sociales, la editorial comunista con medios limitados, adopté la tarea de poner fin a esta situación indignante
15.
Si bien es cierto que este esfuerzo editorial ha facilitado el
desarrollo de una corriente francófona de investigaciones vigotskyanas
de gran calidad
16,
ésta ha sido hasta el momento desatendida sistemáticamente por los
medios de comunicación. Más de 25 años después de la aparición en
francés de
Pensamiento y lenguaje, seguida de la publicación de una buena quincena de volúmenes de Vigostky o sobre su obra, un periódico como
Le Monde no ha pronunciado aún
ni una sola vez su nombre. Elocuente ejemplo, entre otros, de una discriminación cultural obstinada, que reclama ser revisada.
Marx y la individualidad humana
Volvamos un instante al calificativo despectivo usado por Serge
Zenkine. El autor caracteriza de “sociologizante” lo que a su modo de
ver es la orientación del pensamiento de Medvédev y Volóshinov en sus
investigaciones marxistas. Todo queda dicho sobre el pensamiento de Marx
bajo este indestructible cliché. Una reducción impávida de lo humano no
sólo a lo “social”, sino también a un gastado “sociologismo”, léase un
colectivismo mental indiferente a la
individualidad, un objetivismo ignorante en cuanto a la
subjetividad,
en suma una visión deshumanizante de lo humano de la cual se puede
intuir la práctica política de la que deriva, frente a lo que se
situaría, para nuestro honor, inseparable, el
personalismo
religioso. Y uno se ve obligado a estar de acuerdo, no sólo con que el
estalinismo ha sido una forma particularmente salvaje de
despersonalización, sino también que más allá de ese cataclismo que
llamamos “el marxismo” se presentaba sin complejos como una valorización
unilateral de lo “social”, una llamada impávida a la “colectivización”,
una atribución del individuo al individualismo burgués y de la persona a
la ideología religiosa. Ejemplar, entre otros, es el signo de igualdad
puesto por Bujarin entre marxismo y “sociología general”; y si grandes
marxistas se han alzado contra ese reduccionismo, tales como Gramsci,
debemos en cambio reconocer que no fue sin embargo para valorizar el
individuo hasta el nivel de importancia de
las relaciones sociales.
Que hay una evidente hostilidad en esta asimilación del marxismo como
puro y simple “sociologismo” es indudable, pero nadie puede negar que
los marxistas la han hecho plausible por la manera como han comprendido,
presentado, practicado y materializado el materialismo histórico.

V.
Vološinov et ses proches à Léningrad pendant l’hiver 1924-25. Assis :
M. Bakhtine, M. Judina, V. Vološinov, L. Pumpjanskij, P. Medvedev.
Debout : l’épouse de Vaginov, E.A. Baxtina, K. Vaginov
Ahora
bien, no sólo esa unilateral sociologización del marxismo no se
encuentra en las fuentes de la obra de Marx, sino que las traiciona
manifiestamente, hasta el punto que debe hacerse una explicación
histórica de ello. No intentaremos tratar aquí como merecería la inmensa
cuestión del pensamiento marxiano y la individualidad humana
17,
simplemente señalaremos a grandes rasgos como también en ese ámbito se
encuentra Marx lejos de la vulgata tanto tiempo considerara como “el
marxismo”. De alguna manera todo ello empieza en 1845 con el texto de
excepcional importancia que es la 6ª
Tesis sobre Feuerbach, donde
anuncia que “la esencia humana” –digamos, eso que hace de nosotros lo
humanos que somos– “no es algo abstracto inherente a cada individuo. Es,
en su realidad, el conjunto de las relaciones sociales”. Una lectura
incomprensible de este enunciado concluye que en lugar de fijar la
atención en el individuo habría que hacerlo únicamente en las relaciones
sociales. El pensamiento de Marx es radicalmente otro, como muestra
claramente, un años después,
La ideología alemana: el secreto del
individuo civilizado no reside en un imaginario “natural” en sí mismo,
sino en esa humanidad objetivada que es “el conjunto de relaciones
sociales”. Es justamente apropiándose del conjunto de relaciones
sociales de forma siempre singular, que cada individuo hace en sí un ser
humano históricamente desarrollado. Desarrollo que constituye el único
“fin en sí mismo” de la historia
18. El único
sentido
que tiene en efecto la historia para Marx, es aquél que nosotros le
damos, haciendo del pleno y libre desarrollo de cada individuo
un fin en sí mismo. Es por ello que
La ideología alemana
presenta la sociedad comunista en tanto se entienda como “la única
donde el libre desarrollo de los individuos no es una frase vacía”
19. Es por ello que en el
Manifiesto comunista leemos, frase inconcebible por quien haga del marxismo un “sociologismo”, que en la futura sociedad sin clases “
el libre desarrollo de cada uno es la condición del libre desarrollo de todos“
20. Y es por ello también que al final del libro I de
El Capital,
resumiendo una última formulación del resultado de la expropiación de
los expropiadores capitalistas, se caracteriza como el restablecimiento
de “
la propiedad individual“
21, mediante la “
propiedad comunal de la tierra y de los medios de producción“, en contra de una colectivización estatal que desposea al productor directo: en el comunismo, cada uno debe devenir
personalmente propietario asociado de los medios públicos.

El
crucial descubrimiento, mostrado por Vigotsky, según el cual es en
tanto que ser esencialmente social que el ser humano es ricamente
individual, permite comprender que la obra de Marx es fecunda no sólo en
el campo de las ciencias sociales –economía, sociología, política,
historia…– sino igualmente en el campo del conocimiento de la persona
–psicología, psiquiatría, psicoanálisis, psicolingüística,
psicosociología, psicobiografía… En este sentido, no dudamos en afirmar
que la lectura althuseriana de Marx, de la cual no olvidamos todo lo que
le debemos, también ha propagado ampliamente una versión gravemente
mutiladora del materialismo histórico, amputado de su dimensión
antropológica que es importante restituir. Importancia de orden no sólo
teórico, sino también, y más urgente, político. Pues conocemos bien esa
política considerada como la únicamente marxista, formada en la época
del proletariado de
Germinal, que ve en la clase obrera una masa anónima segura de sí misma, política
heteronómica
que sitúa el sentido del combate fuera de sus combatientes, encerrada
en una sabia doctrina, en un estado mayor autodesignado, y
posteriormente, en un Estado omnipotente. Conocemos la grandeza heroica y
la miseria final. Es también en esa época que “el marxismo” es reducido
por muchos a “sociología general”. Contrariamente a esa posición, la
genialidad de Marx reside en haber descubierto en el capitalismo de la
época victoriana, mediante el profundo análisis de lo que iba a
significar la irrupción de la ciencia en la producción y de lo que
anunció la iniciativa de los partidarios de la Comuna de París, la
tendencia dominante de la historia contemporánea al desarrollo integral
del individuo trabajador, y haber pensado el comunismo en consecuencia,
es decir, en términos de
autonomía solidaria de sus actores: “La
emancipación de los trabajadores será obra de los mismos trabajadores”.
Como bien ha mostrado Isabelle Garo en un texto reciente
22: “
la
subjetivación colectiva no se puede producir más que en la
individualización creciente de los individuos, construyendo su propia
conciencia crítica y participando en una lucha que nadie les impone.“
23, porque en Marx “
es manifiesto el rechazo a pensar cualquier colectivo como primordial en relación al individuo“
24.
Posición importante para la transformación en la actualidad: acabaremos
con la aterradora alienación histórica actual a través de la más
intensa activación de la iniciativa emancipadora en cada uno y cada una,
creadora de un “todos” de calidad inédita.
Mas entendemos
también por qué esta dimensión esencial del pensamiento marxiano es por
excelencia aquello que no puede admitir el antimarxismo, o, para retomar
el término de Ricoeur, el
amarxismo. ¿Dónde iríamos a parar si
pareciera evidente que Marx no es simplemente el pensador más resuelto
del comunismo, sino también del personalismo más creíble? Mejor aún,
Marx es el luminoso teórico de la emancipación histórico-social porque
en el
mismo movimiento es el pensador del libre desarrollo biográfico-personal. Desaparecería entonces la última
buena razón
para defender el mundo de la libre empresa… Esto explica, en el fondo,
el porqué del inexplicable rechazo por parte de la ideología “
inmensamente dominante“
2525,
en las investigaciones de inspiración marxiana, se encuentra en lo
referente al individuo, a la psique, a lo subjetivo. ¿Un libro fecundo
de un investigador marxista sobre la filosofía del lenguaje? Seguramente
hay superchería… ¿Una novedosa aportación sobre las funciones
psicológicas superiores de un psicólogo soviético? Necesariamente
irrelevante… Aportes de gran valor para la comprensión de los hechos
humanos han sido condenados al ostracismo que puede agravarse si no
intervenimos enérgicamente con la amenaza presente de una antropología
anglosajona desconocedora de la cultura marxiana. Tenemos demasiados
ejemplos de prejuicios teóricos y prácticos así causados, desde las
nocivas tonterías del todo es genético hasta la irresponsable
eliminación de la frontera entre la psique del primate salvaje y la del
humano socializado. La obra de Vigostky sigue siendo escandalosamente
desconocida fuera del círculo de especialistas, ni Sartre, ni Foucault,
ni Ricoeur, ni Bourdieu, se confrontaron a su pensamiento en sus
reflexiones sobre la conciencia y la biografía. Nosotros hemos perdido
mucho pero ellos también.
De verdad que debemos darnos prisa en popularizar el pensamiento marxiano de la individualidad y la subjetividad.
Traducción de
Ivan Gordillo para
Marxismo Crítico.