lunes, 2 de septiembre de 2013

Los 5 ¡15 años tras las rejas…!





Habida cuenta del agravamiento de la situación internacional, y de los peligros de guerra que se ciernen sobre el mundo a partir de la crisis del medio oriente y de la demencial escalada norteamericana contra Siria, es difícil esperar un cambio favorable en el tema de los antiterroristas cubanos encarcelados desde hace 15 años en los Estados Unidos.

Pareciera que Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Fernando González Llort -4 de los 5 aun retenidos por la tozudez del Imperio- llegarán al 12 de septiembre de este año tras las rejas, sin que ninguna decisión modifique el status injusto que les dictara el circuito judicial de La Florida, a comienzos de este siglo, por delitos que nunca cometieron.

Y es que el Presidente Barack Obama se empeña en desacreditar a la alta comisión sueca que confiere anualmente los Premios Nobel, y que tuvo -no hace mucho- la peregrina idea de entregarle a él la presea de la paz no como un reconocimiento a la labor cumplida, sino más bien como una esperanza que la honrara más adelante con una política acorde a los intereses naturales de la especie. El tiempo, juez definitivo de todos los dolores, se ha encargado de demostrar que el reconocimiento formalmente otorgado al mandatario yanqui, carecía de sustento. Y hoy, el mundo mira con horror la posibilidad de un conflicto militar generalizado porque los mercaderes de la guerra se resisten a hablar de paz y a preservarla para todos. El mundo es escenario creciente de una sólida campaña internacional que demanda justicia y que reclama un mínimo de coherencia a un gobierno que está tentado a condenar a la pena de muerte a un niño de trece años, al tiempo que permite que goce de la más absoluta libertad un terrorista como Luís Posada Carriles, responsable intelectual de la muerte de centenares de personas, y autor material de otras.

Los Jueces de Atlanta, la Comisión de Detenciones Ilegales de Naciones Unidas, Amnistía Internacional y otros organismos de alto nivel representativo, han sumado sus puntos de vista en la materia, a Parlamentos de numerosos países, Jefes de Estado y de Gobierno, ministros y ex ministros, intelectuales, clérigos, personalidades del más diverso signo. Todos han esgrimido las más mismas razones del corazón para atender lo que constituye una legítima demanda solidaria.

Para la Casa Blanca pareciera no haber contradicción alguna entre mantener tras las rejas a quienes arriesgan su vida luchando por salvar las de otras personas; y complacer a los que consideran legítimo detonar bombas para derribar aviones, o colocar explosivos en vestíbulos de hoteles. En todas partes se conoce ya que el gobierno norteamericano, que no tiene empacho en bombardear aldeas civiles en Afganistán o en Irak; tampoco tiene vergüenza de ocultar al mundo las verdaderas razones por las que condenó a estos valerosos luchadores, admitiendo que fue su odio contra Cuba el lei motiv de su conducta.

René González -el único de los 5 que recuperó su libertad- vive ya en Cuba, con su familia y con su pueblo. Pero los supuestos “delitos” que a él se le incriminaron, fueron los mismos que podrían esgrimirse contra los demás: los 5 integraron un mismo grupo de trabajo encargado de similar tarea: obstruir los planes asesinos de las bandas terroristas que operan en Miami bajo la protección y amparo de los servicios secretos de los Estados Unidos, contra el mundo.

Ni en el caso de René, ni en el de ninguno de los otros, pudo probarse en estos quince años ninguna acción que pudiese ser considerada como un delito mayor, de espionaje o terrorismo. Si algo explica -porque nada justifica- la dureza de las penas impuestas por la Jueza Lennart, es simplemente la voluntad de los oscuros poderes que mueven sus hilos desde la Casa Blanca para castigar la resistencia de Cuba a los vesánicos designios del Imperio.

Hoy se sabe -entre otras perlas- que el gobierno de los Estados Unidos pagó sobornos a periodistas yanquis para que escribieran notas y proporcionaran informaciones públicas orientadas a acreditar falsas culpas a los procesados. Ese sólo hecho, que en cualquier país del mundo ameritaría la revisión de una sentencia, constituye el último eslabón legal para que se cambie el escenario del caso. Más allá, asoma apenas la voluntad del Presidente de los Estados Unidos que corte el juicio y genere una solución justa al drama que se generó en septiembre de 1998. “Si bien es un sufrimiento permanente no tener al lado a mi esposo y que mis hijas no hayan podido disfrutar de niñas y adolescentes de su padre, nos anima el saber que no pierde las esperanzas de lograr justicia y saber con certeza que sus padecimientos despertaron la solidaridad permanente de muchos países del mundo y organizaciones internacionales de derechos humanos como Amnistía Internacional y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) entre otros”, dijo recientemente en Lima Elizabet Palmeiro, la esposa de Ramón Labañino.

Ella, asistente al XIV Encuentro Nacional de solidaridad con Cuba celebrado recientemente en Abancay, nos trajo el saludo de sus compañeros de infortunio y se llevó el afecto de los peruanos que esperan una salida justa a un tema que ha llamado la atención del mundo en los últimos lustros, y que crece como un ramo de rosas en el corazón de la verdad.

En el Perú la solidaridad con los 5 ha brillado con luz propia. Navegó por los ríos caudalosos de la selva; subió a lo más alto de la montaña flameando su bandera a 4.892 metros sobre el nivel del mar; se alzó en las construcciones pre hispánicas, como Machu Picchu, recorrió los áridos desiertos de la costa; resonó vibrante en los contrafuertes andinos; y alumbró la vigilia de jóvenes y viejos hermanados en una lucha común que dignifica al mundo.

Todos somos conscientes que una doble moral caracteriza la política de los Estados Unidos en materia de Derechos Humanos. Por un lado, proclama a viva voz su compromiso de acción contra el terrorismo. Por otro, encarcela y condena a los antiterroristas al mismo tiempo que permite el libre manejo de quienes se valen del terrorismo y otras prácticas asesinas, para castigar a Cuba. Y es que más allá de los valores y de los principios, lo que funciona en la Casa Blanca no es la justicia ni la ley; sino la conveniencia política y la venganza; elementos ambos tras los que se parapeta la arbitrariedad y el abuso. Como antes y como siempre, en muchas partes del planeta, en este mes de septiembre tendrán lugar diversos actos solidarios. En ellos, la voluntad de los peruanos se expresará en una marcha nacional prevista para el próximo 12 de septiembre, con la misma voluntad que en otras partes. Porque aquí -como en las más diversas latitudes del planeta- el sentido de la justicia camina en el mismo derrotero que la vida. Una y otra, constituye la expresión de un pueblo que siente la solidaridad como el alimento espiritual más definido. Si de los pueblos dependiera, los antiterroristas cubanos no podrían permanecer un día más, tras las rejas. (fin) Gustavo Espinoza es miembro del Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera. / http://nuestrabandera.lamula.pe


Memoria e identidad El pasado como puente hacia el futuro

Miradas al Sur


-Te llamás Nilda Noemí Actis Goretta, ¿por qué te dicen “Munú”? Nilda Noemí Munú Actis Goretta:

–Bueno, Munú es mi sobrenombre de siempre porque mi segundo nombre es Noemí y mi abuela francesa me decía Noemú y cuando yo quería comenzar a hablar decía Munú o algo similar... siempre fui Munú. Soy de Pigüé, una especie de colonia francesa. En realidad yo vivía en el campo, a 70 kilómetros, en aquella época que eran como 300 de ahora, caminito de tierra. Pero ahí tenía a mi abuela y algunos años de la escuela los hice en Pigüé en el colegio de monjas, como correspondía a aquella época y a toda niña que debía portarse bien.

–Y te fuiste a estudiar artes a La Plata, y además te fuiste a estudiar muralismo.


-N.A.G: –Sí, en realidad yo pinto desde chica, pintaba desde antes, en Pigüé, y después de hacer la secundaria libre llegué a la facultad y tenía ya 23 años, en el año ’70. Entonces entré a estudiar pintura de caballete, que era lo que yo conocía, y ahí en una especie de curso de ingreso que teníamos, una profesora viéndome dibujar, veía que lo que quería dibujar no me encajaba en la hoja, en vez de dibujar con la mano dibujaba con el brazo, entonces me dijo “vos tenés que hacer mural. Andá a visitar el taller de mural”. Fui a visitar el taller, volví y dije “yo estudio mural”. Y me cambié en el curso de ingreso, teníamos un curso de ingreso de dos meses como de nivelación y no eliminatorio, muy interesante.

–¿Conocías a los muralistas como Siqueiros, toda esa historia del muralismo militante?


-N.A.G: –No en ese momento. En ese momento, a partir de ahí, es como descubro el mundo de la política y comienzo a militar, descubro quiénes eran los muralistas, o sea, hay un gran cambio en mi vida.

–Munú, te voy a cambiar violentamente de tema y te pregunto si te cuesta volver a este lugar donde estamos charlando de estos temas de tu vida...


-N.A.G: –Ingresar en estas rejas que nos rodean por más que ahora esté ingresando por otra puerta, en este momento no es simple. Para mí atravesar la reja es estar adentro. Por eso defendí a brazo partido cuando alguna vez querían dar solamente una parte de lo que es todo el campo de la ESMA, defendí muchísimo que fuera todo, porque todo perteneció a la represión. Entonces no es lo mismo que ir a otro lugar, o sea, esta entrevista hecha aquí no tiene el mismo peso emocional que hecha en otra parte. Pero tampoco es que no puedo entrar y de hecho vengo para cosas puntuales y a veces me convocan para acompañar gente en las visitas guiadas al casino de suboficiales, que es donde realmente estuvimos, y lo hago, para mí es como una cosa militante, pero no es un lugar al que yo entro sin que me pase nada.

–Yo quise charlar con vos y con Miriam Lewin en este lugar porque a mí mismo me cuesta volver a ciertos lugares y me parece que uno tiene que intentar brindarles a los otros los sentimientos que le produce.
-N.A.G: –Cuando entro a esto llamado ahora Espacio para la Memoria pero que uno habitualmente dice ex ESMA, la primera sensación es de angustia, es así, no hay otra, y después cuando manejo esa situación es la ausencia, yo siento que yo estoy y los otros no, esa cosa de la ausencia, la desaparición, el terrible peso de la desaparición que no es el peso de la muerte, yo sé que están todos muertos pero no me pesa igual, yo siempre hago la misma comparación, mis abuelos están muertos, mis padres están muertos, mi marido está desaparecido, mi prima está desaparecida, mis amigos, mis compañeros están desaparecidos y no es la misma cosa. Ante la muerte de mis padres yo puedo tener un recuerdo que puede ser a veces incluso recordarlos con alegría en determinadas cosas, o de tristeza, pero los desaparecidos me producen angustia y eso es una cosa muy diferente, es una cosa que no termina de cerrar, creo que estuvo muy bien hecho por quienes lo maquinaron, no se equivocaron en lo que querían producir, al menos conmigo lo consiguieron. Es así. Cuando el año pasado el EAAF encontró el cuerpo de mi prima y la fuimos a enterrar a Carhué, tengo familia ahí, fue un ritual muy fuerte. Yo vivía con ella en La Plata durante toda una época, después nos separamos por diferentes militancias y por cuestiones de seguridad, a ella la fueron a buscar al pueblo, y bueno, yo dije “la llevamos a ella al cementerio y cumplimos este ritual”, “y esto a mí me va a ayudar” y nada, o sea, ella está muerta y está ahí en un cementerio, los otros siguen desaparecidos, yo dije “con esto yo entierro todos los desaparecidos”, ¿no? No.

–Te estás yendo a Sudáfrica donde pese a los problemas se vive un proceso cultural riquísimo, quizás los argentinos no veamos todo lo cultural de nuestra transformación, vos que sos una persona de la cultura, ¿cómo sentís los cambios de esta década en lo cultural, en lo cotidiano?

-N.A.G.:
–Yo volví en el año ’85, creo que lo fundamental era que la gente que se quedó en el país se exilió dentro del país, había una cosa que para sobrevivir había que aislarse, nada de un grupo de cinco en un café, nada del amiguito que va a la casa, de esto no se habla, de esto sí, y los que estábamos en el exilio habíamos tenido que juntarnos para sobrevivir porque si no el exilio solos era demasiado duro, entonces lo importante era juntarnos, entonces nosotros hablábamos. Yo recuerdo cuando yo volví hablaba de lo que había pasado, porque yo me había ido en el ’79 y otros estaba exiliados desde mucho antes, y militábamos por el retorno de la democracia en la Argentina. En Venezuela teníamos una organización de exiliados, entonces uno venía con esta cosa de hablar, le faltaban otras cosas pero había recuperado el habla, el poder hablar de las cosas. Y acá llegué y nadie hablaba de nada. Creo que eso ha ido cambiando, y me parece extraordinaria esta irrupción de gente joven que vuelve a interesarse por el tema político. Los veo en los actos y marchas y me producen unas sensaciones de las más diversas, entre la protección de cuidadora y la alegría, la euforia de verlos hacer con tanto entusiasmo.

–¿Cuánto tiempo estuviste vos acá en la ESMA? -N.A.G: –Estuve dentro de la ESMA desde junio... yo caí en la época del Mundial de Fútbol, junio del ’78 hasta febrero del ’79, ese tiempo estuve ahí prácticamente en un sótano, y en febrero del ’79 decidieron que fuera a vivir fuera de la ESMA pero que tenía que seguir trabajando con ellos, entonces trabajaba ahí en una oficina y sumaba cal, arena, ladrillo, porque otro grupo también de sobrevivientes refaccionaba casas e hicieron lo de la Isla del Silencio, cosa que yo sé ahora, en ese momento no sabía, no me informaban de estas cosas. Y en julio del ’79 me permitieron salir del país con una visa que me dio monseñor Graselli, que era el vicario castrense en esa época. Él me consiguió una visa a Venezuela, porque en ese momento se necesitaba visa para entrar, y me mandó a un supuesto encuentro cristiano con una carta para que me presentara a un cura de allá donde ya había ido otra gente que había hecho el mismo recorrido, él le había conseguir visa a otra gente. Conmigo habló largas horas diciéndome que sabía quién era yo, dónde estaba, dónde iba, por qué estaba, sabía todo, y además opinaba acerca de la Marina, del Ejército, me preguntaba cosas, yo no sabía qué tenía que decir. Era terrible

. –Es muy difícil configurar la idea de que vos estabas prisionera pero que al mismo tiempo estabas afuera. Uno se pregunta, ¿el control lo tenías que ejercer como un autocontrol o te tenían realmente controlada? ¿Cuál era tu experiencia de vida en ese momento tan extraño, tan diferente a estar encerrada, como vos decías en un sótano, a estar en un lugar donde de repente podrías imaginar fugarte?

-N.A.G:
–Yo creo que tenía la cabeza controlada, estaba controlada desde ahí, más allá de que me controlaban, a tal hora yo tenía que llegar y a tal hora me iba de este trabajo que era con ellos, yo tenía que vivir sola en un departamento que ellos conocían porque ellos lo habían alquilado, entonces sabían dónde estaba, podían llegar en cualquier momento, es decir era una situación de libertad vigilada muy estricta, no es que cuando uno se mueve tiene que avisar, ahí estabas en el lugar que todos sabían y cualquier día te podían tocar el timbre, y de hecho ir a trabajar todos los días. Lo del tema de fugarme, a mí sinceramente nunca se me cruzó por la cabeza.

–Así como tu identidad está claramente vinculada a la militancia y al arte, ¿cuando a vos te dicen sobreviviente de la ESMA, es una categoría con la que vos te identificás o es una circunstancia en tu vida?
N.A.G: –Es una raya así de gruesa, yo hago murales grandes, tengo trabajos hechos de 30 metros por diez de alto, suponete que ando arriba de los andamios y es toda una sensación de libertad única y absoluta, ahí colgada arriba del andamio soy yo. Pero es como si ésa fuera mi vida, y exactamente en el medio, no importa cuantos años habían pasado antes y cuántos después, en el medio hay como una veladura porque no alcanza a ser que hay una banda negra y no existe, ésa soy yo y seguiré existiendo pero es como si arriba le hubiese puesto una chorreada muy importante de un color muy oscuro que asocio con el negro, porque es lo que uno asocia, aunque se siga viendo un poco lo de abajo. Pero esa marca está.

–Miriam, nunca me voy a olvidar del día que hicimos un programa juntos acá, un 24 de Marzo, y me acuerdo que ese día yo no pude arrancar el programa y te hice señas para que arrancaras vos porque me ahogué, se me produjo un nudo en la garganta.

-Miriam Lewin: –Es un lugar significativo, pero es un lugar que se resignifica permanentemente. A mí no me gusta venir acá, te lo confieso, siempre me resisto, porque si bien todo el mundo dice que hay que llenarlo de vida y yo estoy de acuerdo, para mí todo el predio de la ESMA pero especialmente el casino de oficiales, que era el corazón del centro clandestino de detención, está cargado de muerte, de recuerdos muy traumáticos, de ausencias, de violencia, de humillaciones, también de chispazos de solidaridad y de heroísmo, pero cuando uno entra, y yo desafío a quien quiera venir, creo que es un lugar a donde hay que venir, a donde hay que traer a los chicos, cuando uno camina por capucha hay un aire gélido y denso y yo, si bien soy de formación materialista, creo que hay cargas energéticas negativas, y cuando uno empieza a caminar por ahí, empieza a tener sueño, a bostezar, quiere escaparse del lugar. Hubo mucho sufrimiento por eso también emocionan las manifestaciones de vida, la música, el arte, la danza, la fotografía, el canto, la plástica, todo lo que se dé aquí dentro que tire para el lado de la vida me emociona, si bien te confieso, como te decía al principio, que me cuesta participar.

–Un día Juan Cabandié me dijo “hay fantasmas ahí”, él nació acá. Y un día le pregunté a Ezequiel, un chico que yo crié que trabajó en seguridad, y me decía “viejo, pasan cosas acá, pasan cosas rarísimas”.

-M.L: –Sí, hay gente que dice que se escuchan ruidos extraños, gemidos, que se abren y cierran puertas, yo no sé... como vos decís nosotros somos de formación materialista y nos resistimos a creer en esas cosas pero de lo que sí podemos dar fe es de que hay una energía negativa, una carga profundamente negativa en el casino de oficiales. Por eso creo que cargar de vida al resto del predio, todas estas iniciativas, la Casa de la Militancia, el Archivo de la Memoria, el Canal Encuentro, Paka Paka, todas estas cosas que tienen que ver con la creatividad, con el color, con las nuevas generaciones, son muy positivas. Yo recuerdo que una vez un compañero que no está muy de acuerdo, porque vos sabés que los ex desaparecidos, los sobrevivientes, tenemos diferentes posiciones acerca de lo que hay que hacer aquí en el predio. Uno dice “bueno, si seguimos así vamos a poner la Escuela Nacional de Danza en la ESMA” y yo decía “¿y por qué no? ¿Por qué no llenar la ESMA de cuerpos jóvenes y sanos que se mueven al son de la música de una manera maravillosa?” ¿O acaso los desaparecidos no se reían, no bailaban, no cantaban? Una cosa maravillosa de esa película que no me voy a dejar de enorgullecer de que haya sido hecha por un hijo, Infancia clandestina, tiene esa dicotomía entre el militante duro, esquemático, que era el padre, y el que se permitía esas pequeñas transgresiones, que era el tío, ese personaje maravilloso de Alterio que le enseña al chico el disfrute, cómo levantarse una mina comparándolo creo que con un bombón o un chocolate, eso es maravilloso porque los compañeros eran así, éramos así, nos gustaban las peñas, la cerveza, la ginebra, la música, cantábamos, bailábamos, hacíamos el amor, realmente disfrutábamos de la vida, entonces ¿por qué esto tiene que estar lleno de muerte, por qué no se puede disfrutar, recordando, pero por qué no se puede disfrutar acá?

–Cuando uno piensa en Alemania, en Auschwitz, piensa en la industria, esos campos de concentración reproducían la idea fabril de que cuando llegaba el tren tenían que bajarse los cautivos, desnudarse, entrar a la cámara de gas, ya tenían los lugares para enterrar... es decir, toda una cosa industrial, los campos de concentración de la Argentina son muy de la Argentina, la escuelita de Famaillá, la escuela Diego de Rojas que todavía es una escuela, la ESMA era una escuela de formación militar, desde eso hasta las perversiones de esas sinuosidades que tenían estos hijos de puta, ¿no? Hablaba Munú de Graselli y de lo que era la curia metiéndose en las internas de las Fuerzas Armadas.

-M.L.: –Sí. Tal vez los represores de la ESMA hayan sido los más perversos, en el sentido de este doble discurso. Porque Bussi era Bussi, Vilas era Vilas, en la mayoría de los centros clandestinos de detención la brutalidad no tenía dobleces, en cambio aquí en la ESMA había un doble discurso, “ustedes son lo mejor de la juventud argentina, en esta guerra han muerto los mejores y nosotros lamentamos eso”, y Massera se planteaba utilizar la materia gris esclavizada de la dirigencia montonera de izquierda peronista, secuestrada aquí en la ESMA para construir su propio partido político, y como esto implicaba doblegar a estos dirigentes les ofrecía, les pintaba un mundo que no era el real, es decir ellos tenían su oficina donde los obligaban a escribir determinadas monografías o proyectos que le iban a servir al Cero, al comandante, que por otro lado seguía secuestrando, torturando, violando, apropiando niños, apropiándose de bienes de los desaparecidos, esta gente se ha enriquecido pero de una manera absolutamente increíble e impúdica. Es incalculable la cantidad de autos, de departamentos, de casas que se quedaron, y para ellos no es que ellos los reinvirtieron en la lucha contra la subversión, esto no era una cruzada, o sea estamos descubriendo ahora, después de mucho tiempo, cómo secuestraron a gente solamente para quedarse con sus bienes, por ejemplo con sus empresas, corren los años y yo digo siempre que esto es como una cebolla, uno va pelando la cebolla, nunca llega al núcleo porque las capas son finas y múltiples y se va sorprendiendo de lo que encuentra abajo.

–Miriam, en esas capas múltiples hay una en la cual nadie hincó el diente, que son las agencias de seguridad privadas que muchos integrantes de la ESMA han tenido. Me pregunto cuántas siguen funcionando y le dan servicios a empresas privadas, han tenido contratos con empresas públicas o instituciones públicas, uno muchas veces entra en instituciones públicas y dice “¿por qué acá no hay una guardia de la Policía Federal?”, se está gastando plata en muchísimas instituciones públicas en empresas de seguridad privadas, que a lo mejor son contratos heredados.

-M.L.: –Bueno, yo recuerdo cuando estábamos buscando a Vicky Donda descubrimos que Topper Security, una empresa de seguridad que operaba en el aeropuerto de Ezeiza era propiedad de Adolfo Donda, él fue jefe de inteligencia aquí, uno de los represores más feroces, y el tipo tenía contratos con American Airlines, con Cubana de Aviación, si mal no recuerdo con Alitalia, eran los que te revisaban el equipaje cuando vos ibas a ingresar antes de hacer el check in, entonces te preguntaban, como te preguntan a veces ahora, quién te preparó el equipaje, si recibiste un paquete de un extraño, escaneaban la valija y eran también los que con guantes de látex te abrían la valija y cuidadosamente separaban todos los objetos. Y bueno, acordémonos de las empresas de seguridad de Yabrán que estaban pobladas casi exclusivamente por notorios represores de la ESMA, uno de los cuales, Alberto González, alias Federico, un tipo de la Federal, un tipo bajito que tuvo la mala suerte de encontrarme un día que iba a Tribunales a excusarme porque me habían puesto de autoridad de mesa y caminando por la calle Paraná, a metros de la agencia de seguridad de Yabrán, me lo encuentro y empieza a caminar a mi lado y me pregunta por mi familia, me ofrece un chocolate y claro, estaba esperándome ahí claramente o me vio de casualidad no sé, y decidió abordarme para intimidarme. Y me causó mucha gracia porque me acuerdo que se lo conté a Miguel Bonasso e hizo una contratapa de Página con eso y él daba por sentado que el tipo me estaba intimidando y yo en realidad no sentí en ese momento que el tipo me estuviera intimidando, y lo increpé y le dije “¿Cuándo van a hablar ustedes?”, todavía estaban vigente las leyes del perdón, “ustedes saben muchas cosas y los familiares quieren saber qué hicieron con sus seres queridos”, y el tipo me dijo “si yo supiera que sirve para algo agarro un micrófono y hablo una hora y media, pero mirá lo que pasó con Scilingo, Scilingo es un payaso” me decía. Yo te digo sinceramente, en ese momento no me sentí amenazada pero después, repasando la situación me di cuenta de que esa inquietud insistente por mi familia no tenía que ver con el cariño que les tenía a mis padres y a mi hermano.

–Quizá te sorprenda que yo te diga que los colegas te reconocemos por tu valentía, entre otros atributos, pero vos sos así, ves algo y no te frenás, en esto que te involucra en tu historia personal o cuando entrevistaste a oficiales de las fuerzas reales británicas en las Malvinas.

-M.L.: –No sé, me parece que es cierta como inconsciencia del momento. Me acuerdo cuando lo fui a entrevistar a Musa Azar, llamaba a la gente del Servicio Penitenciario, “sírvale un café a la señora” le decía el tipo. Después de interrogarlo sobre el doble crimen de la Dársena le digo, usted está involucrado en violaciones a los derechos humanos “¿por qué lo hizo?”, “bueno, yo obedecía órdenes”, y entonces digo “podría haberlas desobedecido”, “bueno pero yo tenía miedo de que me maten, ¿o usted no tiene miedo de que la maten?”, y me lo decía Musa Azar que se había cargado a dos mujeres. Y en ese momento no me di cuenta de que esto involucraba una amenaza. Yo creo que no es valentía sino un poco de inconciencia. Pero volviendo a la ESMA, como te decía al principio, esto tiene vida, tiene movimiento y va a tener más y es muy positivo que esto suceda, es muy positivo que haya espacios de memoria en los lugares donde se secuestró, torturó y mató, que estos edificios sean utilizados por la comunidad.

–Cuántos fantasmas tenemos como sociedad como para no poder poner acá una escuela o un cgp para que esto se convierta en un lugar de creatividad masivo.

-M.L.: –Vos sabés que a mí me llama mucho la atención la situación en algunas provincias, por ejemplo estaba pensando que en Formosa no hay un solo espacio para la memoria, sin embargo, sí están reclamando, lo cual no me parece mal, indemnización para los conscriptos... los soldados muertos en el ataque al Regimiento 29. También me llamó mucho la atención la celebración por el regreso de la fragata Libertad, en Mar del Plata, en lo que fue un centro clandestino de detención, entonces ahí vemos el doble discurso porque cuando aquí se hizo un asadito, dijeron que era un asadito, que era hacer sánguches para la gente que había venido a un encuentro sobre un rendimiento de cuentas de la gestión en derechos humanos, todo el mundo se horrorizó, “hicieron un asadito en la ESMA” y no solamente la oposición, algunos organismos de derechos humanos también porque, aclaro para quien no lo sepa, aquí se eliminó gente incinerando los restos y los represores hablaban del “asadito”, pero cuando se hizo un festival promovido por el intendente de Mar del Plata en la base naval de Mar del Plata donde hubo secuestrados, detenidos, desaparecidos, eliminados, etc., nadie se horrorizó.

–Gracias, Miriam, me quedo con esto último que vos decís que tiene que ver con las dos caras de la militancia, una la del rigor, la de saber que uno está sembrando para una identidad y para un cambio social porque y por otro lado es tu vida y tenés que ser canchero, tomarte una ginebra, hacer el amor, divertirte.

-M.L.: –Sí, y hago votos porque muy pronto se abran las puertas del casino de oficiales en un horario en el que cualquiera pueda entrar, a cualquier hora y que no haya que venir haciendo un arreglo previo, me parece que ese lugar tiene que estar realmente abierto a cualquier hora para que cualquiera que pase por la puerta pueda, sin necesidad de tocar el timbre, entrar y conocer y enterarse, porque ésa es la verdadera garantía del nunca más.

Fuente: http://sur.infonews.com/notas/memoria-e-identidad-el-pasado-como-puente-hacia-el-futuro

La inteligencia de EE.UU. realizó 231 ciberataques contra otros países en 2011

Yo no llamaría inteligentes a los alienados psicológicos desde la cuna a la tumba, víctimas de la mass media burguesa y de la miopía religiosa. Blasapisguncuevas

rt.com


Los servicios secretos de EE.UU. emprendieron un total de 231 ataques cibernéticos contra otros países en 2011, según filtra el diario 'The Washington Post' basándose en los archivos proporcionados por el exempleado de la CIA Edward Snowden.
Tres cuartas partes de las ciberofensivas han sido en contra de Irán, Rusia, China y Corea del Norte, revela el diario, haciendo referencia a su análisis del "presupuesto negro" de EE.UU. destinado a servir al programa nacional de espionaje que detallan los archivos de Snowden. Las operaciones varían entre deshabilitar las redes informáticas o infiltrarlas (en la mayoría de los casos).

En la creación de la infraestructura -apodada GENIE- que permitió a sus especialistas informáticos controlar las redes extranjeras desde los centros de control remoto en el territorio de EE.UU. (conocidos como 'ROC'), Washington invirtió 651,7 millones de dólares. Este montante fue destinado a introducir "implantes encubiertos" -en otras palabras, un malware sofisticado-, en decenas de miles de ordenadores, 'routers' y cortafuegos (sistemas diseñados para bloquear el acceso no autorizado) foráneos.

De acuerdo con los documentos filtrados, para finales de 2013 GENIE debe tener bajo control, al menos, 85.000 implantes en los dispositivos "elegidos estratégicamente" en todo el mundo, cuatro veces más que en 2008 (cuando tenía solo 21.252). Está programado que en cuanto empiece a funcionar un sistema automatizado de administración de los implantes, que quitará la mayor parte de la carga de los operadores humanos, el número de dispositivos interceptados aumentará a millones.

Fuente: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/104387-cia-ciberataques-rusia-iran

domingo, 1 de septiembre de 2013

El otro Martin Luther King


Marcha

En Estados Unidos y gran parte del mundo se lo recuerda solo como un pacífico defensor de los derechos civiles, pues la historia oficial tapó su lucha contra la injusticia económica y por la liberación de los países del Tercer Mundo.

Este miércoles 28 de agosto se cumplieron 50 años del famoso discurso “Yo tengo un sueño” del pastor norteamericano Martin Luther King. En los Estados Unidos y gran parte del mundo se lo recuerda solo como un pacífico defensor de los derechos civiles, sin embargo la historia oficial tapó su lucha contra la injusticia económica y por la liberación de los países del Tercer Mundo.

Martin Luther King es hoy una figura políticamente correcta. En los Estados Unidos el tercer lunes de enero es feriado para recordar su nacimiento el día 15 y en las escuelas se enseña sobre su prédica por la igualdad entre blancos y negros. Sin embargo hay una parte de su historia y de su lucha que ha sido deliberadamente borrada.

El pastor bautista norteamericano también fue un fiel defensor de la lucha contra la desigualdad económica y contra la guerra de Vietnam. Así como su batalla contra la segregación racial, también estas banderas fueron motivo para que sea perseguido y, finalmente, asesinado en 1968.

De Alabama a Washington

Martin Luther King, nació el 15 de enero de 1929, en el estado de Atlanta, hijo de una maestra de escuela y de un pastor. A los 15 años entró a la universidad y en 1948 se recibió de sociólogo.

En 1955 recibió el título de Derecho Teológico en la Universidad de Boston, siguiendo los pasos de su padre a quien sustituyó como pastor desde ese mismo año en la Iglesia de Dexter, Alabama. Desde su nuevo puesto, comenzó una larga lucha que le llevaría el resto de su vida.

A fines de 1955 organizó un boicot (junto al pastor Ralph Abernathy y Edgar Nixon, director local de la National Association for the Advancement of Colored People) contra el servicio de autobuses que obligaba a los negros a ceder el puesto a los blancos. Durante la campaña, que duró 382 días, King fue arrestado y su casa atacada con bombas incendiarias. Sin embargo, la acción tuvo tanto éxito que la Corte Suprema de Estados Unidos declaró, el 13 de noviembre de 1956, ilegal la segregación en los autobuses, restaurantes, escuelas y otros lugares públicos.

A partir de allí organizó multitudinarias manifestaciones predicando la desobediencia civil no violenta. Durante los años siguientes varias veces fue golpeado por la represión policial y otras más fue a prisión. Incluso sufrió un primer atentado contra su vida cuando en 1958 fue apuñalado por Izola Curry, una mujer negra que lo acusó de ser un líder comunista.

En 1963, desde la cárcel de Birmingham (Alabama) escribió: “La libertad nunca es dada voluntariamente por quienes nos oprimen, la misma tiene que ser demandada por quienes están siendo oprimidos”.

Desde su posición religiosa, al reflexionar sobre el fenómeno social de la libertad rechazó y desmanteló las concepciones teológicas que reducen al fatalismo las acciones a las que está llamada la gente pobre y oprimida. Por esa razón en su libro, Where Do We Go From Here?, sostuvo: “La libertad no se gana a través de aceptar pasivamente el sufrimiento. La libertad se gana luchando contra el sufrimiento”.

Luego de salir de la cárcel siguió con su prédica. Sin duda, la movilización de mayor arrastre social fue la que convocó el 28 de Agosto de 1963, la marcha desde Birmingham (Alabama) hasta Washington, donde se concentraron más de 250.000 mil personas frente al Lincoln Memorial Park.

“Yo tengo un sueño” y mucho más que uno

En aquella movilización quedó inmortalizada para siempre la frase "Yo tengo un sueño, que mis cuatro pequeños hijos vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter”. Y a esa frase redujeron, los dueños de la historia oficial, la vida de Martin Luther King.

Sin embargo la “marcha sobre Washington” fue llamada en su momento “marcha sobre Washington por el trabajo y la libertad”. Y aunque Luther King junto a otros organizadores cedió a la presión de la Casa Blanca para que hicieran un discurso menos radical, plantearon demandas específicas: el fin de la segregación racial en las escuelas públicas; una legislación significativa sobre los derechos civiles (incluyendo una ley que prohibiese la discriminación racial en el mundo del trabajo); una protección de los activistas de los derechos civiles de la violencia policial y un salario mínimo de 2 dólares para todos los trabajadores sin distinción.

De esta forma se logró que en 1964 el Congreso Norteamericano apruebe el Acta de los Derechos Civiles, y en 1965 el Acta del Derecho al Voto en todos los Estados de la Unión Americana. Además, ya en 1964 el reconocimiento a su lucha se hizo internacional cuando fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz.

A partir de allí Martin Luther King se convirtió en una figura muy relevante tanto dentro, como fuera de los Estados Unidos. Quizás por eso sus discursos y acciones molestaron aun más a los poderosos.

El 30 de abril de 1967, en la Iglesia de Ebenezer, dio el sermón titulado "Por qué me opongo a la guerra en Vietnam" que fue denostado por la prensa estadounidense.

El New York Times lo atacó en un editorial titulado “El error del Dr. King”. Por su parte el Chicago Tribune publicó un editorial titulado "Martin Luther King se pasa de la raya". Allí afirmó: "El empalagoso Reverendo Martin Luther King ha pasado a ser una molestia para el movimiento por los derechos civiles desde que le fuera otorgado el Premio Nobel de la Paz. Desde ese momento se ha especializado en hablar en un tono olímpico, en vez de ocuparse de los aspectos prácticos del movimiento por los derechos civiles". Finalmente la revista Life calificó su sermón de "calumnia demagógica que suena como un guión para Radio Hanoi".

Un año después, el 4 de abril de 1968 fue asesinado en Memphis por el francotirador James Earl Ray. Nada se pudo saber sobre los autores intelectuales del asesinato, sólo se dijo que se trataba de un fanático racista, pero lo cierto es que este hombre pudo huir a Canadá con pasaporte falso y luego a Europa, en Londres fue detenido, más de dos meses después del asesinato.

En ese discurso sobre Vietnam, el doctor King afirmó respecto a la guerra: “Convoco hoy a Washington. Convoco a todos los hombres y mujeres de buena voluntad en América. Convoco a los jóvenes americanos, que deben decidirse hoy a tomar posición sobre este asunto. Mañana puede ser demasiado tarde”. Y agregó contundente: “No dejen que nadie los convenza de que Dios eligió a América como una fuerza divina y mesiánica para que sea una especie de policía del mundo entero. Dios tiene su forma de enfrentar a las naciones y juzgarlas, y me parece oír a Dios diciéndole a América: '¡Eres demasiado arrogante!'.”

Hoy como ayer, las palabras ocultadas por la historia oficial, siguen teniendo una enorme actualidad.

Fuente: http://www.marcha.org.ar/1/index.php/elmundo/123-estados-unidos/4204-el-otro-martin-luther-king

Los archivos de la CIA demuestran que EE.UU. apoyó los ataques químicos de Sadam Hussein contra Irán


Znet/ICH

Traducido para Rebelión por Germán Leyens

El Gobierno de EE.UU. está considerando una acción militar como reacción ante ataques químicos cerca de Damasco. Pero hace una generación, las comunidades militares y de inteligencia de EE.UU. estaban informadas y no hicieron nada por detener una serie de ataques con gases tóxicos mucho más devastadores que cualquier cosa que Siria haya visto, según Foreign Policy.
En 1988, durante los últimos días de la guerra de Irak contra Irán, EE.UU. supo mediante imaginería satelital que Irán estaba a punto de lograr una importante ventaja estratégica aprovechando una brecha en las defensas iraquíes. Funcionarios de los servicios de inteligencia estadounidenses transmitieron la ubicación de las tropas iraníes a Irak, plenamente conscientes de que los militares de Hussein atacarían con armas químicas, incluyendo el sarín, un arma química de extrema potencia como agente neurotóxico letal.
La inteligencia incluía imaginería y mapas de los movimientos de tropas iraníes, así como la ubicación de instalaciones logísticas y detalles de las defensas aéreas iraníes. Los iraquíes utilizaron gas mostaza y sarín antes de cuatro importantes ofensivas a principios de 1988 que se basaron en imaginería satelital, mapas y otra información estadounidense. Estos ataques ayudaron a inclinar la guerra a favor de Irak y a llevar a Irán a la mesa de negociación y aseguraron que tuviera éxito la antigua política de garantizar una victoria iraquí del Gobierno de Reagan. Pero también fueron los últimos de una serie de ataques químicos que duraron varios años y eran conocidos pero no revelados por el Gobierno de Reagan.
Los funcionarios de EE.UU. han negado durante mucho tiempo su aquiescencia en los ataques químicos iraquíes, insistiendo en que el Gobierno de Hussein nunca anunció que iba a utilizar esas armas. Pero el coronel retirado de la Fuerza Aérea, Rick Francona, agregado militar en Bagdad durante los ataques de 1988, describe un cuadro diferente.
“Los iraquíes nunca nos dijeron que se proponían utilizar gas paralizante. No tenían que hacerlo. Ya lo sabíamos”, dijo a Foreign Policy.
Según documentos recientemente desclasificados de la CIA y entrevistas con antiguos funcionarios de inteligencia como Francona, EE.UU. tenía evidencia firme de ataques químicos iraquíes que comenzaron en 1983. Entonces, Irán afirmaba públicamente que tenían lugar ataques químicos ilegales contra sus fuerzas y estaba preparando un caso para presentarlo en las Naciones Unidas. Pero carecía de la evidencia que implicara a Irak, que en gran parte estaba contenida en informes y memorandos de máximo secreto enviados a los más altos funcionarios de inteligencia del Gobierno de EE.UU. La CIA se negó a comentarlo para este artículo.
En contraste con el actual penoso debate respecto a EE.UU. debería intervenir para detener supuestos ataques con armas químicas por el Gobierno sirio, EE.UU. aplicó hace tres décadas un cálculo impasible ante el uso generalizado de armas químicas por parte de Hussein contra sus enemigos y su propio pueblo. El Gobierno de Reagan decidió que más valía permitir que los ataques continuaran si podían cambiar el desarrollo de la guerra. E incluso si los descubrían, la CIA apostó a que la indignación y condena internacionales podrían acallarse.
En los documentos, la CIA dijo que Irán no podría descubrir evidencias consistentes del uso de las armas, a pesar de que la agencia las poseía. La agencia también señaló que la Unión Soviética había utilizado previamente agentes químicos en Afganistán y había sufrido pocas repercusiones.
Se ha informado previamente de que EE.UU. suministró inteligencia táctica a Irak al mismo tiempo que los funcionarios sospechaban que Hussein usaría armas químicas. Pero los documentos de la CIA, que permanecieron sin que casi nadie se diera cuenta en un cúmulo de material desclasificado en los Archivos Nacionales en College Park, Md., combinados con entrevistas exclusivas con antiguos funcionarios de inteligencia, revelan nuevos detalles sobre la amplitud del conocimiento de EE.UU. de cómo y cuándo Irak usó agentes químicos letales. Muestran que altos funcionarios estadounidenses recibían información regularmente sobre la escala de los ataques con gases tóxicos. Equivalen a una admisión oficial estadounidense de complicidad en algunos de los más horrendos ataques con armas químicas que se hayan realizado.
Altos funcionarios de la CIA, incluyendo al Director de la Inteligencia Central, William J. Casey, buen amigo del presidente Ronald Reagan, recibieron información sobre la ubicación de las plantas de montaje de armas químicas de Irak; de que Irak estaba tratando desesperadamente de producir suficiente agente de mostaza para satisfacer la demanda de primera línea de sus fuerzas; de que Irak estaba a punto de comprar equipamiento a Italia para acelerar la producción de munición de artillería y bombas con carga química; y de que Irak también podría utilizar agentes neurotóxicos contra tropas y posiblemente civiles iraníes.
Los funcionarios también recibieron  la advertencia de que Irán podría lanzar ataques de represalia contra intereses de EE.UU. en Medio Oriente, incluyendo ataques terroristas, si creía que EE.UU. era cómplice de la campaña de guerra química de Irak.
“Mientras los ataques iraquíes continúan y aumentan las posibilidades de que las fuerzas iraníes obtengan una granada con marcas iraquíes con un contenido de agente mostaza”, informó la CIA en un documento de máximo secreto en noviembre de 1983, “Teherán llevará la evidencia ante la ONU y acusará a EE.UU. de complicidad en la violación del derecho internacional”.
En esos días, la oficina del agregado militar seguía los preparativos iraquíes para la ofensiva utilizando imaginería de reconocimiento satelital, dijo Francona a Foreign Policy. Según un antiguo funcionario de la CIA, las imágenes mostraban movimientos iraquíes de materiales químicos a baterías de artillería frente a las posiciones iraníes antes de cada ofensiva.
Francona, experimentado veterano en Medio Oriente y lingüista árabe que sirvió en la Agencia Nacional de Seguridad y en la Agencia de Inteligencia de la Defensa, dijo que supo primero del uso por Iraq de armas químicas contra Irán en 1984, mientras servía de agregado aéreo en Amman, Jordania. La información que vio mostraba claramente que los iraquíes habían utilizado agente nervioso Tabún (también conocido como “GA”) contra fuerzas iraníes en el sur de Irak.
Los documentos desclasificados de la CIA muestran que Casey y otros altos funcionarios recibieron información repetidamente de los ataques químicos de Irak y sus planes de lanzar más. “Si los iraquíes producen o adquieren nuevos grandes suministros de agente mostaza, ciertamente los utilizarían contra tropas y ciudades iraníes cercanas a la frontera”, dijo la CIA en un documento de máximo secreto.
Pero era política expresa de Reagan que se asegurara una victoria iraquí en la guerra, fuera cual fuera el coste.
La CIA señaló en un documento que el uso de agente neurotóxico “podría tener un impacto significativo en las tácticas de oleadas humanas de Irán, obligando a Irán a renunciar a esa estrategia”. Esas tácticas, que involucraban a fuerzas iraníes atacando en masa contra posiciones iraquíes con armamento convencional, habían resultado decisivas en algunas batallas. En marzo de 1984, la CIA informó de que Irak había “comenzado a utilizar agentes neurotóxicos en el frente Al Basora y probablemente podría emplearlos en cantidades significativas desde el punto de vista militar a finales de otoño de este año”.
El uso de armas químicas en la guerra está prohibido según el Protocolo de Ginebra de 1925, que señala que las partes “ejercerán todos los esfuerzos posibles para inducir a otros Estados a acceder” al Acuerdo. Irak nunca ratificó el Protocolo; EE.UU. lo hizo en 1975. La Convención de Armas Químicas, que prohíbe la producción y uso de armas semejantes, no fue aprobada hasta 1997, años después de los incidentes en cuestión.
La ola inicial de ataques iraquíes, en 1983, utilizó agente mostaza. Aunque generalmente no es fatal, el gas mostaza causa severas ampollas en la piel y las membranas mucosas, que pueden conducir a infecciones potencialmente fatales y causar ceguera y enfermedades respiratorias superiores, mientras aumentan el riesgo de cáncer. EE.UU. todavía no suministraba información del campo de batalla a Irak cuando se utilizó el gas mostaza. Pero tampoco hizo nada para ayudar a Irán en sus intentos de presentar pruebas de ataques químicos ilegales de Irak. El Gobierno tampoco informó a las Naciones Unidas. La CIA determinó que Irán tenía la capacidad de bombardear las instalaciones de montaje de armas, si podía encontrarlas. La CIA creía que conocía su ubicación.
La evidencia concreta de los ataques químicos iraquíes salió a la luz en 1984. Pero eso hizo poco para disuadir a Hussein de utilizar los agentes letales, incluso en los ataques a su propio pueblo. Porque por mucho que la CIA supiera del uso de armas químicas por Hussein, los funcionarios se resistieron a suministrar informacióna Irak durante gran parte de la guerra. El Departamento de Defensa había propuesto un programa para compartir información con los iraquíes en 1986. Pero según Francona fue vetado porque la CIA y el Departamento de Estado veían a Sadam Hussein como “anatema” y a sus funcionarios como “matones”.
La situación cambió en 1987. Los satélites de reconocimiento de la CIA recibieron indicios evidentes de que los iraníes estaban concentrando grandes cantidades de tropas y equipamiento al este de la ciudad de Basora, según Francona, que entonces servía en la Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA). Lo que preocupaba más a los analistas de la DIA era que la imaginería satelital mostraba que los iraníes habían descubierto una inmensa brecha en las líneas iraquíes al sudeste de Basora. La brecha se había abierto en la confluencia entre el III Cuerpo iraquí, desplegado al este de la ciudad, y el VII Cuerpo iraquí, que estaba desplegado al sudeste de la ciudad, sobre y alrededor de la muy disputada península Fao.
Los satélites detectaron unidades iraníes de ingeniería y construcción de puentes que se movían en secreto a áreas de despliegue frente a la brecha en las líneas iraquíes, indicando que iba a ser el sitio en el cual se desarrollaría la ofensiva anual de primavera iraní, dijo Francona.
A finales de 1987, los analistas de la DIA en la sección de Francona en Washington escribieron un informe de Código de Máximo Secreto titulado parcialmente “A las puertas de Basora”, advirtiendo de que la ofensiva de primavera iraní de 1988 iba a ser mayor que todas las ofensivas de primavera anteriores, y que esta ofensiva tenía buenas probabilidades de romper a través de las línea iraquíes y capturar Basora. El informe advertía de que si Basora caía, los militares iraquíes colapsarían e Irán ganaría la guerra.
El presidente Reagan leyó el informe y, según Francona, escribió una nota al margen dirigida al secretario de Defensa Frank C. Calucci: “Una victoria iraní es inaceptable”.
Subsiguientemente, se tomó una decisión al máximo nivel del Gobierno de EE.UU. (que requería casi seguramente la aprobación del Consejo Nacional de Seguridad y de la CIA). La DIA fue autorizada a dar a los servicios de inteligencia iraquíes toda la información detallada disponible sobre los despliegues y movimientos de todas las unidades de combate iraníes. Eso incluía imaginería satelital y tal vez alguna inteligencia electrónica en versión aséptica. Hubo un enfoque particular sobre el área este de la ciudad de Basora en la cual la DIA estaba convencida que tendría lugar la próxima gran ofensiva iraní. La agencia también suministró datos  de la ubicación de instalaciones logísticas clave iraníes y sobre la fuerza y capacidades de la fuerza aérea iraní y su sistema de defensa aérea. Francona describió gran parte de la información como “paquetes de objetivos” adecuados para el uso por la fuerza aérea iraquí para su destrucción.
Y luego tuvieron lugar los ataques con sarín.
El agente neurotóxico causa mareos, molestias respiratorias y convulsiones musculares, y puede conducir a la muerte. Los analistas de la CIA no pudieron determinar con precisión las cifras de víctimas iraníes porque carecían de acceso a funcionarios y documentos iraníes. Pero la agencia estimó la cantidad de muertos entre “cientos” y “miles” en cada uno de los cuatro casos en los que se utilizaron armas químicas antes de una ofensiva militar. Según la CIA, dos tercios de todas las armas químicas utilizadas por Irak durante su guerra con Irán se dispararon o lanzaron en los últimos 18 meses de la guerra.
Cerca de 1988, la información estadounidense fluía sin restricciones a los militares de Hussein. En marzo de ese año, Irak lanzó un ataque con gas neurotóxico contra la aldea kurda de Halabja en el norte de Irak.
Un mes después, los iraquíes utilizaron bombas aéreas y granadas de artillería llenas de sarín contra concentraciones de tropas iraníes en la península Fao al sudeste de Basora, contribuyendo a una importante victoria de las fuerzas iraquíes y a la recuperación de toda la Península. El éxito de la ofensiva en la península Fao también impidió que los iraníes lanzaran su tan esperada ofensiva a fin de capturar Basora. Según Francona, Washington quedó muy satisfecho con el resultado porque los iraníes nunca tuvieron una posibilidad de lanzar su ofensiva.
El profundo conocimiento del programa de armas químicas de Irak contrasta fuertemente con las evaluaciones defectuosas suministradas por la CIA y otras agencias de inteligencia sobre el programa de Irak antes de la invasión estadounidense de 2003. En esos días, la inteligencia de EE.UU. tenía mejor acceso a la región y podía enviar funcionarios para evaluar el daño.
Francona visitó la península Fao poco después de que la capturaran los iraquíes. Encontró el campo de batalla lleno de cientos de inyectores que habían estado repletos de atropina, la droga utilizada comúnmente para tratar los efectos letales del sarín. Francona recogió algunos inyectores y los llevó consigo a Bagdad como prueba de que los iraquíes habían utilizado sarín en la península Fao.
En los meses siguientes, informó Francona, los iraquíes usaron sarín en tres ocasiones más en cantidades masivas en conjunción con fuego masivo de artillería y humo para ocultar el uso de agentes nerviosos. Cada ofensiva fue inmensamente exitosa, en gran parte gracias al uso cada vez más sofisticado de cantidades masivas de agentes nerviosos. El último de estos ataques, llamado Ofensiva de Ramadán Bendito, fue lanzado por los iraquíes en abril de 1988 e involucró el mayor uso del agente nervioso sarín empleado por los iraquíes hasta entonces. Durante un cuarto de siglo, ningún ataque químico llegó a acercarse a la escala de los ataques con agentes químicos de Sadam. Hasta, tal vez, los realizados la semana pasada en las afueras de Damasco.
Fuente: http://www.zcommunications.org/cia-files-prove-america-helped-saddam-as-he-gassed-iran-by-matthew-m-aid.html
rCR

Un documental expone a los genocidas de Indonesia "En Indonesia matamos a todos los comunistas"




Joshua Oppenheimer muestra en 'The Act of Killing' a los genocidas de Indonesia fanfarroneando y recreando en un rodaje las torturas y asesinatos que cometieron tras el golpe militar de 1965. Los asesinos son tratados hoy como héroes nacionales

Un director de cine pide a un asesino que recree para una película las torturas y crímenes que cometió en su vida real. Éste, encantado con la oferta, se dispone a ello con entusiasmo y diligenc ia. El resultado del experimento es una alucinación cinematográfica que adquiere proporciones épicas cuando se descubre que el criminal es uno de los líderes más sanguinarios de los escuadrones de la muerte de Indonesia, bandas de carniceros que en 1965 acabaron con la vida de un millón de personas en menos de un año. The Act of Killing, de Joshua Oppenheimer, es la consecuencia de ese espeluznante delirio de fama de los genocidas indonesios, que hoy todavía viven como héroes en su país. La película se estrena el 30 de agosto en España. Werner Herzog, uno de los cineastas que más genialidad ha aportado al cine documental, ha demostrado públicamente su asombro ante The Act of Killing. "No he visto una película tan potente, surreal y terrorífica en al menos una década", ha dicho y, desde luego, ha dado en el clavo con los adjetivos y con el orden en que los ha mencionado. Tan pasmosa, tan demencial es la historia de esta película, que la primera reacción ante ella es de sorpresa. Una especie de estupefacción que se convierte en aturdimiento y confusión antes de transformarse en espanto y, finalmente, en algo muy parecido a la angustia física.
Los escuadrones de la muerte Anwar Congo, uno de los cabecillas de los escuadrones de la muerte que actuaron en Indones ia tras el golpe militar contra el presidente Sukarno, es la estrella de esta película. Verdugo responsable, según sus palabras, de la tortura y asesinato con sus propias manos de más de mil personas, escenifica ante la cámara los crímenes que cometió, explica cómo perpetraba sus agresiones y se vanagloria de haberse inspirado para ello en las películas de gángsteres que estrenaban en el cine.
Matón de cine, en su juventud él y sus amigos controlaban el mercado negro de entradas. El ejército les reclutó tras el golpe para los escuadrones de la muerte porque sabía que odiaban a los comunistas -principales boicoteadores de las películas de EEUU, las más rentables en los cines- y ya habían demostrado que eran capaces de cualquier acto de violencia. Hoy, casi cincuenta años después, Anwar Congo es una figura venerada en Indonesia.
Fundador de una poderosísima organización paramilitar (Juventud de Pancasila), en la que figuran públicamente ministros del Gobierno, se le trata con todos los honores. Es la imagen, el símbolo, de un país demente, que aplaude la corrupción y la violencia. Un país en el que los genocidas son invitados de lujo en los programas de televisión, donde se explayan sobre sus proyectos cinematográficos y sobre sus aterradores asesinatos reales. Un país donde una buena parte de la población sigue viviendo completamente aterrorizada y a la que da la espalda el resto del planeta.
Palabra de genocida
"Matar está prohibido, por tanto, todos los asesinos son castigados, a menos que maten en grandes ca ntidades y al sonido de las trompetas". Son las palabras de Voltaire con las que se abre esta película, en la que conviven las escenas del pavoroso rodaje en el que trabajan los criminales, con imágenes de ellos en otras situaciones y ante la cámara contestando a las preguntas del equipo de Oppenheimer.
- ¿Cómo exterminó a los comunistas?
- Los matamos a todos. Eso fue lo que pasó.
"No importa si acaba en la pantalla grande o en la televisión", dice Anwar Congo refiriéndose a la película que están rodando y antes de añadir: "Tenemos que demostrar que ésta es la historia, que esto es lo que somos, para que la gente en el futuro lo recuerde". Un esfuerzo tardío después de hablar ante las cámaras de este documental, pues es absolutamente imposible olvidar lo que cuentan, cómo lo cuentan y, lo peor, cómo lo celebran.
Anwar Congo baila vestido como un gangster de película después de mostrar el sitio donde llevaba a cabo las torturas. "Al principio los apaleábamos hasta la muerte, pero había muchísima sangre (...). Cuando limpiábamos, el olor era terrible. Para evitar la sangre, teníamos un sistema". Y dicho esto, unos pasos de chachachá. Estremecedor.
"Matar a gente que no quería morir"
Testimonios como éste se suceden a lo largo de toda la película y no solo pr ocedentes del recuerdo de Anwar Congo. Un editor de prensa -"mi trabajo era hacer que el público odiase a los comunistas"-, un líder paramilitar local que hace ante las cámaras una ronda de extorsión en el mercado exigiendo dinero, el mismísimo vicepresidente del país, otro verdugo de la época, un miembro del Parlamento de Sumatra del Norte o el subsecretario de Juventud y Deporte hacen sus personales aportaciones al documental, dejando constancia de una de las cosas más sorprendentes de todas, la absoluta banalidad con que todos perciben el genocidio cometido y la perfecta impunidad que han construido a su alrededor.
"¿A cuántas personas mató?" pregunta a Anwar Congo con una sonrisa deslumbrante una presentadora de la TVRI, televisión pública de Indonesia. "A unas mil", contesta él también sonriente. Espeluznante y, al mismo tiempo, lógico. Al fin y al cabo, Anwar Congo y sus colegas torturadores están ahí haciendo publicidad, promocionando la película que han rodado describiendo sus asesinatos.
La aberració n ha llegado aquí a su punto culminante. Han pasado casi dos horas desde que comenzara la película y el espectador ha asistido al grotesco espectáculo de la fanfarronería de unos asesinos de masas. En todo ese tiempo se habrá preguntado, seguramente varias veces, ¿cómo es posible vivir con ello y ni siquiera arrepentirse? La respuesta es que probablemente no es posible.
"Sé que mis pesadillas las causa lo que hice, matar a gente que no quería morir", dice en un momento del documental Anwar Congo, cada vez más afectado por el proceso de rodaje de la película y a quien la cámara de Oppenheimer graba también mientras interpreta el papel de víctima en una de sus recreaciones. Momento clave para el genocida y para The Act of Killing, éste en que el asesino se pone en lugar de sus víctimas. Es una secuencia que conduce al final de este documento. Y aquí, las turbulencias emocionales por las que ha pasado el espectador son tantas y tan profundas que ya es muy difícil decidir si ese hombre -en el que algo ahora ha cambiado- está arrepentido o si lo que siente es asco ante la marea de sangre provocada o si es que realmente no quería entender y ahora, por fin, ha entendido lo que significa el acto de matar.
"UNA TÉCNICA DE RODAJE PARA INTENTAR COMPRENDER"
Ganadora de múltiples premios, esta película se gestó después de tres años que el director Joshua Oppenheimer dedicó a rodar a los supervivientes de las masacres de 1965 y 1966. En ese tiempo, el equipo de la película fue amenazado, acosado y advertido para que abandonara. Sin embargo, "los asesinos estaban más que dispuestos a ayudarnos y, cuando los filmamos fanfarroneando sobre sus crímenes contra la humanidad, no encontramos ninguna oposición. Se nos abrieron todas las puertas". Y ahí, en medio de lo que Oppenheimer llamar "esa extraña situación", se inició un segundo punto de inicio de la película.
Propusieron a los gángsteres que rodaran su propia película y que se interpretaran a ellos mismos y a sus víctimas. "Los protagonistas se sentían seguros explorando sus recuerdos y sentimientos más profundos; y su humor más negro. Yo me sentía seguro desafiándolos continuamente sobre lo que hicieron, sin miedo de que me arrestaran o me golpearan".
"He desarrollado una técnica de rodaje con la que he intentado comprender por qué la extrema violencia, que muchos consideramos impensable, no solo es posible, sino que se ejerce rutinariamente. He intentado comprender el vacío ético que hace posible que los responsables del genocidio sean homenajeados en la televisión pública con vítores y sonrisas -dice el director-. Asimismo intentamos arrojar luz sobre uno de los capítulos más oscuros en la historia humana, tanto local como global; y expresar los costes reales de la ceguera, el oportunismo y la incapacidad para controlar la codicia y el ansia de poder en una sociedad mundial cada vez más unificada. Finalmente ésta no es una historia sobre Indonesia, es una historia sobre todos nosotros".
Fuente:http://www.publico.es/culturas/464803/en-indonesia-matamos-a-todos-los-comunistas


Obama, ¿Otro estúpido en la Casa Blanca o se trata de un asesino astuto?

Para vengar 1400 muertes, de las que se les debería responsabilizar a los imperialistas, al ser ellos los que han creado la guerra civl en Siria, van a provocar eñ doble o 14000 o 140 000 o más- Blasapisguncuevas.