jueves, 5 de septiembre de 2013

El ataque a Siria Las mentiras y el proyecto



Estados Unidos se apresta a propinar un severo escarmiento a Siria, cuyo gobierno es acusado de haber cruzado la fatídica “línea roja” arbitrariamente trazada por Washington en relación al uso de armas químicas. Sin dudas, el bombardeo misilístico de Damasco y las principales ciudades sirias tendrá gravísimas repercusiones en toda la región, abriendo las puertas a lo que quizás pudiera ser la más grave crisis militar internacional desde Octubre de 1962, cuando la de los misiles en Cuba impulsó al mundo al borde de una guerra termonuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Examinaremos en estas breves páginas dos temas relacionados con el asunto: las mentiras del imperio y, lo más importante, su plan de dominación global con especial referencia a Medio Oriente. Las mentiras
No hay pruebas; “Si las tienen, que las muestren”, dijo desafiante Vladimir Putin. No las mostraron ni lo harán, sencillamente porque no existen. Igual que en 2003, cuando George W. Bush y Colin Powell difundieron la escandalosa patraña de las “armas de destrucción masiva” en Irak para justificar el arrasamiento de un país que, todavía hoy, sigue sumido en un interminable calvario de dolor y muerte. Ahora repiten el libreto para consumo interno, a favor de una población domesticada, propensa a aceptar los argumentos más absurdos –el “consenso prefabricado” del que habla Noam Chomsky–, tales como aquel que reza que Siria constituye una amenaza a la “seguridad nacional” de Estados Unidos. Mienten y lo hacen descaradamente ante su propio pueblo y la comunidad internacional, ahora con la complicidad de los servicios de inteligencia franceses. Ocultan el hecho decisivo de que fue Basher Al Assad quien convocó a los inspectores de la ONU y no Washington; que fue la Casa Blanca quien, por el contrario, demandó que esos observadores se retiraran del teatro de operaciones –interrumpiendo sus investigaciones que podían arrojar una indeseable luz que identificara a los verdaderos culpables del crimen- porque el escarmiento que propinaría el “sheriff solitario” no podía demorarse ni un día más y la decisión es completamente independiente de que hubiese o no sido Al Assad quien ordenara el bombardeo con gas sarín.
Ocultan también que solo bajo la hipótesis de la insanable estupidez del gobernante sirio podría éste haber enviado a la muerte a un número variable pero elevado de víctimas inocentes (las estimaciones oscilan entre 600 y 1.500, lo cual aconseja tomar los datos que aparecen en diversos medios con mucha cautela) en las mismas barbas de los peritos venidos por su encargo. Y si de algo ha dado muestras el gobernante sirio en estos días es que no es ningún estúpido.
Ocultan también la evidencia que señala, más allá de toda duda, que fueron los aliados de Estados Unidos en Medio Oriente, sobre todo Arabia Saudita y Jordania, quienes proporcionaron las armas químicas a los mercenarios jihadistas que tomaron a Siria por asalto con la furia propia de una horda criminal. Una nota y un video confirman esto más allá de toda duda, razón por la cual Washington, que seguramente conoce estos antecedentes, está actuando con alevosía al exigir la inmediata salida de los expertos de la ONU cuyas investigaciones podrían revelar lo inconfesable. [1] Fue una corresponsal de la agencia noticiosa norteamericana Associated Press, Dale Gavlak, quien reveló que de las múltiples entrevistas efectuadas con residentes y rebeldes en el barrio de Ghouta y en otras zonas de Damasco se desprende claramente la tesis de que las armas químicas que explosionaron el 21 de agosto se hallaban en manos de los rebeldes y procedían de Arabia Saudita. Las fuentes utilizadas por Gavlak le confiaron que se produjo “un accidente” cuando fueron erróneamente manipuladas debido a la deficiente información existente sobre el producto. Una extensa nota de la periodista y ensayista argentina Stella Calloni confirma y amplía estos antecedentes y fortalece la tesis que identifica a los invasores extranjeros como los responsables de este crimen. [2]
No debería sorprendernos: la matanza ocasionada por el bombardeo de gas sarín es un clásico sabotaje en el cual los agentes de la CIA son expertos. Como cuando fraguaron el supuesto incidente del golfo de Tonkin, en 1964 –un buque de guerra norteamericano supuestamente atacado por naves vietnamitas- para que, indignada, la opinión pública estadounidense aceptara entrar en guerra con Vietnam, sólo para sufrir una humillante derrota en 1975. Ya en 1898 los nefastos predecesores de la CIA habían comenzado a cultivar tan siniestra tradición: en un sórdido autosabotaje hicieron estallar por los aires al Maine, un acorazado de los Estados Unidos amarrado en la bahía de La Habana. El martirio al que sometieron a sus compatriotas que tripulaban el navío fue el pretexto que le permitió a Washington declararle la guerra a España -que ya había sido derrotada por el glorioso ejército patriota cubano- y así despojarlo de su victoria, apoderarse de la isla y, poco después, Enmienda Platt mediante, legalizar el robo de parte del territorio cubano e instalar una enorme base naval en Guantánamo, arrendada “a perpetuidad” –flagrante monstruosidad jurídica- a los Estados Unidos.
Pero hay otros antecedentes de este tipo: ¿cómo olvidar el ataque japonés a Pearl Harbor? Este fue llevado a cabo por la Armada Imperial el 7 de diciembre de 1941, cuando Washington increíblemente desoyó todas las advertencias que informaban que la flota de mar del Japón había levado anclas iniciando un periplo de más de cinco mil kilómetros en pleno Océano Pacífico y que sólo podía tener un único objetivo: llegar a Pearl Harbor y destruir la flota de Estados Unidos que allí se había apostado. O, más recientemente, el mar de sospechas que se agita en torno a los atentados del 11 S, en donde un grupo de varios centenares de prestigiosos académicos y científicos norteamericanos postulan la existencia de una conspiración surgida desde el seno de la Administración Bush como la causante principal de aquella tragedia. [3] Resumiendo: la mentira y el engaño son monedas corrientes en la administración del imperio. Los emperadores han demostrado ser mentirosos seriales, salvo poquísimas excepciones. La revelación de la farsa mediática de la CNN puesta en evidencia por Walter Martínez en la edición del 2 de Septiembre de Dossier es una prueba irrefutable del siniestro papel que juega la prensa hegemónica al difundir estas mentiras. Tal como se demostró en ese programa la CNN simula una entrevista con un “combatiente de la libertad” luchando en un frente de guerra en Damasco cuando en realidad todo no era más que un montaje y el supuesto guerrero insurrecto no era tal sino un joven desocupado que … ¡se encontraba en Londres! y se prestó gustoso para la infame maniobra, mientras los técnicos de la CNN trataban de instalar un ruido de fondo simulando estallidos de bombas y tableteo de fusiles de asalto. [4]
Washington conoce perfectamente todo esto que hemos venido planteando, pese a lo cual Obama y Kerry insisten en culpabilizar a Al Assad de haber utilizado armas químicas en contra de su pueblo. Actitud que revela la pérfida doble moral del gobierno estadounidense, que permaneció inmutable cuando su por entonces amigo Saddam Hussein gaseaba con armas químicas “Made in America” a las minorías kurdas; o cuando sus lugartenientes israelíes utilizaron fósforo en su brutal ataque a la Franja de Gaza. Enterado de las atrocidades cometidas a diario por Anastasio Somoza en Nicaragua, Franklin D. Roosevelt se encogía de hombros y decía: “Sí, es un hijo de puta pero es nuestro hijo de puta”. Lo mismo habrán dicho Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obana de los crímenes perpetrados durante sus respectivas administraciones por Saddam Hussein y Benjamin Netanyahu. Claro que Al Assad “no es su hijo de puta” y entonces su inconducta se torna merecedora de un aleccionador escarmiento. Castigo que no sufrirán él y los jerarcas de su régimen sino su pueblo: la gente que aparecerá –si es que lo hace- en los escuetos informes del Pentágono contabilizados como “daños colaterales”.
Para resumir: estamos en presencia de un imperio rapaz y mentiroso hasta la médula, que ha convertido a Estados Unidos, su centro indiscutido, en un “estado canalla”: ninguna ley internacional lo obliga, ninguna resolución de la Asamblea General de la ONU suscita su obediencia; ninguna norma moral pone en cuestión su plan de dominación mundial; y nada logra saciar el apetito del “complejo militar-industrial”, cuyas ganancias varían en proporción directa a las guerras. Hay que lanzar misiles, fletar portaaviones, movilizar helicópteros y aviones y utilizar y destruir cuanto armamento y equipo sea necesario. De no ser así se derrumbaría la rentabilidad de la industria militar y sin sus luctuosas ganancias no se podrían financiar las carreras políticas de congresistas, gobernadores e inclusive del inquilino de la Casa Blanca, el inverosímil Premio Nobel de la Paz y cínico admirador de Martin Luther King. En función de todo esto sus mentiras y la orquestada manipulación informativa a escala mundial son componentes esenciales de su proceder.
El proyecto imperialista para Medio Oriente
El voto del Parlamento británico fue un inesperado revés para la Casa Blanca, apenas compensado por la deshonrosa capitulación del “socialista” francés François Hollande, un hombre que ha arrojado sus principios a los perros y que expresa con meridiana claridad la irreversible descomposición de la socialdemocracia. Ante la defección de sus aliados europeos, con la mencionada excepción francesa, Obama está urgiendo el apoyo del Congreso de los Estados Unidos, una institución corrupta como pocas y que funciona al compás de los principales lobbies que compran la voluntad de representantes y senadores por igual y cuyas carreras políticas dependen de la generosidad de los lobistas. [5] Los principales tumores cancerígenos que corroen al Congreso de los Estados Unidos son el lobby del complejo militar-industrial, el judío, el saudita, el conformado por las empresas del sector hidrocarburífero y, para América Latina y el Caribe, el de la mafia terrorista de Miami que ha logrado posicionar dos de sus secuaces, Robert “Bob” Menéndez e Ileana Ros-Lehtinen como presidentes de las estratégicas comisiones de relaciones exteriores del Senado y de la Cámara de Representantes respectivamente. Es poco probable que una institución lastrada por tan degradados credenciales pueda, en un gesto de sensatez y humanidad, rechazar el pedido de Obama e impedir que se cometa una nueva matanza en Medio Oriente.
Siria ofrece una gran oportunidad para avanzar en la estrategia imperial: es un país debilitado por más de dos años de terrorismo desestabilizador alimentado por Occidente y sus secuaces en la región, luchas intestinas y embargos comerciales y financieros. Noam Chomsky, otra vez, siempre recuerda que Estados Unidos sólo se atreve atacar a países débiles y empobrecidos; nunca se mide con quienes puedan defenderse. Aunque Siria no sobresale por sus reservas petroleras (se ubica en el lugar 31 a nivel mundial, debajo de la Argentina, según la OPEP), está localizada en el corazón del caldero de Medio Oriente y en un sitio por donde se disputan las fabulosas ganancias de diversos proyectos alternativos de gasoductos y oleductos orientados hacia Europa. [6] Pero en Siria también están los Altos del Golán, territorio arrebatado por Israel en la guerra de 1967 y del cual proviene buena parte del agua dulce con que cuentan los israelíes. De lo anterior se infiere que el ataque y la destrucción de Siria es una oportunidad, largamente acariciada por Washington, Jerusalén y Riad, para también avanzar en aproximaciones sucesivas hacia el logro del objetivo supremo del imperio en esa parte del mundo, que por cierto no se localiza en Siria: establecer un cerco en torno a Irán y asfixiar a ese país lenta pero ininterrumpidamente hasta lograr el desplome de la revolución islámica eliminando, como recuerda Tariq Alí, al único aliado árabe que le queda. [7] El objetivo máximo, por el que se viene trabajando desde hace largos años, es rediseñar un nuevo mapa de Medio Oriente, totalmente aherrojado al predominio norteamericano.
Son demasiadas tentaciones para la burguesía imperial y sus compinches regionales:
(a) posicionarse sin adversarios en la región que alberga las mayores reservas petroleras del planeta;
(b) apoderarse definitivamente de las nacientes de los ríos de las alturas del Golán que llegan a Israel y forzar al nuevo gobierno militar egipcio, muy influido por las doctrinas estratégicas del Pentágono, a consentir la creación de un canal que lleve el agua del Nilo hacia Israel [8];
(c) alborotar el avispero musulmán en Rusia (principalmente Chechenia) y los países situados al sur de su frontera, y
(d) hacer lo propio con la “minoría islámica” en China, estimada en unas veinte millones de personas, logrando la desestabilización de dos potencias que por varios motivos se oponen a los designios estadounidenses en la región.
Demasiadas tentaciones, además, para un gobernante como Obama cuyas convicciones humanistas –si alguna vez las tuvo- quedaron colgadas en la reja de la Casa Blanca el día que asumió la presidencia imperial.
 Objeciones 
Mal podría terminar estas líneas sin atender a una objeción levantada por muchos analistas y militantes en relación al argumento expuesto más arriba y que sostienen la imposibilidad, o la indeseabilidad, de defender un régimen despótico como el que preside Basher Al Assad, aun cuando su país haya sido víctima de una conspiración terrorista internacional o cuando esté a punto de ser arrasado por los misiles de la Sexta Flota, establecida en el Mediterráneo oriental. En tal sentido abren un amplio y fecundo campo de debate las reflexiones de Santiago Alba Rico sobre las contradicciones con las que deberá convivir quien rechace y condene -como él lo hace, y categóricamente- la agresión norteamericana a Siria. En términos aún más radicales pero en otro sentido se pronuncia el bloguero hispano-sirio, residente en España, Yassin Swehat, en una postura que termina por ser –a nuestro juicio- una desdichada re-edición de la teoría de los “dos demonios” aplicada a la escena internacional, en donde un ser maléfico e infinitamente malvado, Al Assad, es agredido por otro, Obama y sus secuaces, a quienes se los pinta como malos pero con colores muchos más amables que los que utilizan para representar al dictador sirio. [9] Si son razonables las advertencias de Alba Rico (no así en el caso de Yassin Swehat) sobre el riesgo de reconstruir conceptualmente al régimen sirio como si fuera una democracia popular y revolucionaria, no lo son para nada las posturas eclécticas (que no es el caso de Alba Rico) que rematan en una resignada y subrepticia convalidación del papel de Estados Unidos como gendarme mundial de la democracia, las libertades y los derechos humanos.
La historia ha dado reiteradas pruebas que la violenta remoción estadounidense de regímenes como los que presidieron Saddam Hussein o Muamar El Gadafi no abrieron las grandes alamedas de la libertad y la democracia de las que hablaba Salvador Allende sino que fueron el origen de procesos políticos mucho peores y cruentos que los que pretendieron remediar. Toda la tradición de la filosofía política enseña que son pocas las veces en que hombres y mujeres tienen la buena fortuna de poder elegir entre el bien y el mal como dos entidades nítidamente demarcadas y fácilmente discernibles. A veces no hay más remedio que optar por alternativas que obligan a convivir, como recordaba Alba Rico, con lacerantes contradicciones. Al Assad no es Fidel, o Chávez, ni Siria es Cuba o Venezuela. Pero aun así, y reconociendo su enorme distancia del ideal socialista, esta constatación mal podría alimentar una irresponsable indiferencia ante la incorregible perversidad del capital imperialista que, como lo recordara en tantas ocasiones Fidel, coloca a la humanidad al borde de su autodestrucción. Un imperio que tiene miedo, decía Chávez, se vuelve mucho más brutal y agresivo. Por eso, más allá de las profundas dudas que suscita el régimen sirio es imprescindible oponerse con todas nuestras fuerzas a la agresión norteamericana y condenar inapelablemente sus designios de dominación mundial. La suerte de una Siria arrasada por el fuego purificador de Washington no será diferente de la corrida por Libia, Afganistán e Irak. Los engolados himnos entonados a coro por Washington, Jerusalén, Riad y sus aliados occidentales sobre las virtudes de un “cambio de régimen”, aunque tal cosa se produzca como consecuencia de un holocausto, son apenas el taparrabos que pretende ocultar un ominoso plan de dominación mundial que debe ser combatido sin pausas y sin treguas. [10] Como lo recordaba el Che Guevara, “al imperialismo no se le puede creer ni un tantito así”, y el drama que se está escenificando en Siria y en Medio Oriente para nada nos autoriza a pensar lo contrario.


Notas

[1] En Mayo de este año, Carla Del Ponte, distinguida miembro de la comisión de investigación sobre Siria que depende del Consejo de los Derechos Humanos de la ONU y ex Procuradora General del Tribunal Penal Internacional para los crímenes cometidos en la ex-Yugoslavia (TPIY), hizo una notable declaración reproducida en ese momento por la radio-televisión suiza-italiana (RSI): "Disponemos de testimonios sobre la utilización de armas químicas en particular de gas sarin. No por parte del gobierno, sino de los opositores". La noticia fue rápidamente archivada y nunca más se habló del tema. Ver sus declaraciones y el breve video que las sustentan en: http://www.algerie1.com/actualite/syrie-des-terroristes-entrain-de-tirer-des-obus-chimiques-video/
[2] Ver: http://prensapcv.wordpress.com/2013/08/31/principe-bandar-jefe-de-la-inteligencia-de-arabia-saudi-entrego-las-armas-quimicas-a-mercenarios/
El trabajo de Stella Calloni se encuentra en “El juego criminal de la mentira en la invasión a Siria”, en http://www.cubadebate.cu/opinion/2013/08/29/el-juego-criminal-de-la-mentira-en-la-invasion-a-siria/
[3] La espeluznante, por lo abrumadora, evidencia que manejan estos académicos puede consultarse en en http://911scholars.org/
y especialmente en http://twilightpines.com//index.php?option=com_content&task=view&id=17&Itemid=46
[4] Cf. Walter Martínez, Dossier, edición del 2 de Septiembre de 2013, en http://multimedia.vtv.gob.ve/es/#!/programas/analisis/dossier/dossier-18774
[5] Una breve indicación, apenas: Ver la lista del dinero entregado por los lobbies y embolsado en el 2012 por los principales miembros del Congreso de Estados Unidos, una verdadera radiografía de la corrupción parlamentaria. Ir a: http://www.opensecrets.org/lobby/lobby_contribs.php
[6] Sobre este tema recomiendo la lectura de la nota de Pepe Escobar, que entre otras cosas dice lo siguiente: “Asad también pudo hablar de –¿Qué más?– el «Oleoductistán». Le hubieran bastado dos minutos para explicar el significado del acuerdo del gasoducto Irán-Irak-Siria por 10.000 millones de dólares que se firmó en julio de 2012. Este nodo crucial del «Oleoductistán» exportará gas desde el campo South Pars de Irán (el mayor del mundo, compartido con Catar), a través de Irak hacia Siria, con una posible extensión al Líbano, con clientes confirmados en Europa Occidental. Es lo que los chinos llaman una situación en la que no se puede perder.” A este proyecto se le contraponen los que tienen en sus manos Catar y Turquía. “Catar sueña con un gasoducto rival desde su campo North (contiguo al campo South Pars de Irán), pasando por Arabia Saudí, Jordania, Siria y finalmente Turquía (que se presenta como el centro privilegiado de tránsito de energía entre Oriente y Occidente). Destino final, una vez más: Europa Occidental.” Ver: “Asad habla, Rusia actúa”, en http://www.voltairenet.org/article178725.html
[7] Cf. Tariq Alí, ‘Syrian conflict is a war targeting Iran’. May 20, 2013 14:29 http://rt.com/op-edge/syria-israel-iran-ali-527/
[8] Un dato invariablemente soslayado en los análisis del conflicto palestino-israelí es que el 67 por ciento del agua que dispone Israel proviene de Siria (Alturas del Golán) y Cisjordania, dos territorios conquistados por Jerusalén luego de la guerra de 1967. De ahí que no resulte exagerado subrayar la enorme importancia que la cuestión del agua tiene para potenciar la desaforada agresividad de los sectores más reaccionarios de la clase política y la dirigencia israelí, que en los últimos días han equiparadola figura de Basher Al Assad con la de Hitler y proclaman la necesidad de asesinarlo para detener a tiempo sus planes criminales. Ver sobre el tema del agua la nota de Edmundo Fayanás Escuer , “El agua en el conflicto palestino-israelí”, en Rebelión, 29 Abril 2010, en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=104996 En cuanto a los militares egipcios basta con señalar que aproximadamente un 70 por ciento de sus oficiales de mayor rango fueron adiestrados en cursos de instrucción militar en las academias norteamericanas. Como es sabido, en esos cursos no sólo se les enseña a utilizar el armamento norteamericano sino, sobre todo, a poner en práctica las doctrinas estratégicas del Pentágono en el ámbito regional de su incumbencia.
[9] La nota de Alba Rico, “Siria: la intervención soñada”, puede verse en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=173276
de fecha 1º de Septiembre del 2013. La de Yassin Swehat, “Lecturas sobre el golpe estadounidense: mi postura” puede leerse en Noticias de Siria Libre, http://noticiasdesirialibre.wordpress.com/2013/08/30/yassin-swehat-lecturas-sobre-el-golpe-estadounidense-mi-postura/
[10] La prensa hegemónica, férreamente pro-yankee, pinta a Obama como un ferviente humanista, un hombre de buen corazón, amante de la paz. Soslayan el hecho de que ha sido el presidente que ha elevado como nunca el presupuesto militar de Estados Unidos, hasta hacerlo superar, cuando se suman correctamente todos sus componentes, el billón de dólares (un millón de millones de dólares); o que es quien más personas ordenó matar con sus aviones no tripulados (drones), que siembran el terror principalmente en Afganistán y Pakistán; o que manda a espiar a gobiernos –amigos y enemigos por igual- y a ciudadanos comunes de terceros países, en un acto claramente delincuencial. Pero nada de esto comenta o publica el “periodismo serio e independiente” de nuestros países: para esta inmensa maquinaria de mentiras y falsificaciones montada por el imperio, ante la cual Goebbels es un niño de pecho, Obama es el héroe que lucha denodadamente para construir un mundo mejor para todos y sólo espíritus destruidos por la maldad pueden negarse a acompañarlo en su cruzada. Tariq Alí, otra vez, ha manifestado reiteradamente su indignación “ante la persistente e interminable campañas de propaganda, de la CNN y BBC World, profundamente sesgadas y que suelen ser apropiados preludios a bombardeos de la OTAN (por ejemplo, a las matanzas infligidas en Libia durante seis meses y cuyas víctimas todavía permanecen ocultas a la vista del gran público) o a invasiones por parte de las fuerzas occidentales en terceros países.” Ver su “The uprising in Syria”, en http://www.counterpunch.org/2012/09/12/the-uprising-in-syria/.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

La burguesía estadounidense llama democracia a su dictadura planetaria.

¿Qué democracia puede haber donde la burguesía domina los principales medios de Producción, distribución y comunicación? Ninguna. Sí la farsa denunciada por Ricardo Mella Cea en su artículo: La ley del número.

Habría que ser tonto




Tal vez presentismo asentado en la conciencia de la brevedad de la existencia individual, con el egoísmo hecho máxima: “Tras de mí el diluvio; allá los que vengan”. O reflejo subjetivo de la lógica de un sistema basado en la maximización de las ganancias, a toda costa y a todo costo. O ambas razones. Y más.

Lo cierto es que buena porción de la humanidad se comporta como si no tuviéramos hipotecado no ya el mañana, sino el ahora, cuyo deterioro solo escaparía a la percepción de un ¿desavisado?; no, a la de un… Los cubanos nos gastamos un término de rica, sugerente connotación que traduce a buen romance el envarado vocablo “coprófago”. Otros dirían: tonto, memo, simple, lerdo, gilipollas. En fin, da igual.

¿Acaso no recibimos un aluvión de advertencias al respecto? Recientemente nos enterábamos de que en Canadá los períodos invernales están siendo mucho más cálidos y cortos que hace unos 30 años; y los patrones de temperatura y de vida vegetal se han trasladado más de 700 kilómetros al norte, mientras el hielo se retira de allí y no regresará al menos en un milenio, a causa de las emisiones de carbono resultantes de la quema de combustibles fósiles.

“Para 2091, el norte del planeta tendrá estaciones, temperaturas y posiblemente vegetación comparable a las halladas hoy entre los 20 y 25 grados de latitud”, precisa a IPS uno de los integrantes de un equipo internacional que utilizó información de satélite para medir las variaciones en la frontera con los Estados Unidos. La zona se calienta más rápido que cualquier otra parte del mundo, como consecuencia de la pérdida de nieve y hielo, según Ranga Myneni, quien calza el aserto con el ejemplo del extremo superior de Suecia: “podría pasar a parecerse más al sur de Francia para fines de siglo”.

Los optimistas a ultranza, o desavisados, ¿no?, deberían dejar de aplaudir el posible turismo y, como apostilla Scott Goetz, subdirector y especialista principal del Woods Hole Research Center (EE.UU:.), pensar “en la migración de las aves al Ártico en verano y la hibernación de los osos en el invierno: cualquier alteración significativa de las temperaturas y la vegetación estacional probablemente impacte la vida no solo en el norte, sino en otros lugares que aún desconocemos”.

Cualquier transformación, sí, como la previsible disminución del hielo del mar del Este de Siberia, que acarrearía una importante liberación de metano y, con ella, un costo equivalente a la economía planetaria en 2012. Esto resta argumentos a quienes peroran sobre supuestos beneficios, como el aumento de la extracción de petróleo y gas en la región y la apertura de rutas marítimas que atraerían inversiones de cientos de miles de millones.

No en vano la Agencia Internacional de la Energía no ceja en repetir que el año 2020 será demasiado tarde para tomar decisiones. Y no es para menos. Recordemos que ni la última y multitudinaria -17 mil participantes- Conferencia sobre Cambio Climático (COP 18) consiguió comprometer a todos los gobiernos del orbe a embridar las emisiones hasta reducir a dos grados Celsius el caldeamiento, actualmente situado en un rango de entre cuatro y seis grados.

¿De qué manera convencer a políticos y politicastros -¿atinaremos diferenciándolos?- de que el tiempo urge? ¿Comunicarles despacio y con voz estentórea que un estudio publicado por la revista Science, y comentado prolijamente por el colega Javier Salas (Kaosenlared.org), ha relacionado por vez primera entre los perjudiciales efectos futuros el azuzamiento de la violencia interpersonal y estatal? ¿Deletrearles el fragmento que reza: “si las futuras poblaciones responden de manera similar a las poblaciones del pasado, entonces el cambio climático antropogénico tiene el potencial de incrementar sustancialmente los conflictos por todo el mundo”?

Sin duda habría que insistir en que, tal concluye el aludido informe, de la universidad de Berkeley, “el clima influye sobre la economía, los mercados de trabajo, la capacidad de los dirigentes para responder a los desafíos”; y “provoca desigualdades, inestabilidad del precio (y el acceso) a la comida, grandes migraciones e incluso la psicología y las capacidades cognitivas.”

Quizás a la postre las elites de poder atiendan. Pero ¿accederían a despojarse del presentismo, el individualismo, la lógica de la maximización de las ganancias? Se trata de un dilema que solo no distinguiría un tonto, un memo, un simple, un lerdo, un gilipollas. ¿Un desavisado? Me quedo con el calificativo cubano. El de más rica connotación de todos, creo yo.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

“El efecto CNN” y Siria

Público.es


En 1992-94 el gobierno de EEUU decidió que intervendría militarmente en Somalia, pero la población americana no tenía ningún conocimiento de lo que pasaba en el país y ni siquiera sabían situarlo geográficamente. Para obtener el respaldo de la opinión pública a la intervención militar, durante un mes la prensa y la TV norteamericanas, en concreto la CNN, difundieron imágenes de niños famélicos y cuerpos masacrados en un conflicto interno. La intención era provocar empatía emocional y generar una corriente de opinión favorable a que el gobierno actuase militarmente, con la finalidad de frenar el desastre humanitario que mostraba la TV. EEUU intervino, la operación militar fue un fracaso y para recabar el apoyo ciudadano a la salida del país, volvió a utilizar a la CNN, esta vez mostrando cuerpos de soldados norteamericanos muertos, y la imagen del cuerpo de un soldado arrastrado por las calles de la capital. Desde entonces a esta capacidad que tienen los medios, en concreto la TV para generar opinión pública en favor de una decisión política se le llama Efecto CNN.
Desde Somalia este mismo esquema se reproduce en cada conflicto en donde EEUU o los países de la UE quieren intervenir; utilizar imágenes de sufrimiento, de drama humanitario, imágenes conmovedoras y dantescas con la finalidad de conseguir condicionar la opinión de la población a favor de una intervención militar.
En Kosovo, 1995 -1999, antes de bombardear Serbia nos mostraron informes y documentales que enseñaban a inspectores de la OCDE testigos de las matanzas por parte de las fuerzas militares y policiales serbias, nos mostraban a un presidente Milosevic malvado, sanguinario y nacionalista fundamentalista. A Sadam Husein, en 20003, nos lo mostraron como dictador (que lo era), que utilizó armas químicas contra los Kurdos, que masacraba a otras fracciones opositoras y nos mostraban pruebas (hoy se sabe que eran falsas) de que estaba dispuesto a utilizar armas químicas. A Gadafi, en 2011, lo mostraban como un terrorista, recordaban los apoyos que concedió a autores de atentados. Ahora en Siria se nos muestra los muertos provocados por el uso de armas químicas. Todos estos reportajes no analizan los acontecimientos, simplemente con su descripción e imágenes, generan una reacción emocional de indignación y frustración que incita a demandar a los gobernantes que hagan alguna cosa para parar dichas barbaridades. Siempre la respuesta de los gobiernos ha sido el uso de la fuerza militar destructiva como medio para conseguir doblegar a Milosevic, Husein o Gadafi. Recordemos que las emociones son efímeras, por eso cuando estas imágenes son difundidas por TV la intervención militar ya tiene que estar preparada, la memoria de los telespectadores es corta en el tiempo y muy fácil de manipular afectivamente.
En el sentido opuesto las imágenes de la intervención militar occidental en Libia, Iraq o Serbia, presentan una estética muy atractiva, tecnológica, quirúrgica y limpia; todavía recuerdo los bombardeos sobre Iraq enmarcados en líneas y en color verde, dichas imágenes no contienen planos de dolor, no hay sangre, no hay cuerpos, no hay víctimas, generando un sentimiento de tranquilidad, de no culpabilidad, ya que dichas intervenciones no muestran que generen sufrimiento o muerte, ni siquiera muestran imágenes de destrucción.
Las imágenes de los cadáveres producto de las bombas químicas en Siria se enmarcan dentro de la misma estrategia, conseguir que los sondeos de opinión sean favorables a una intervención militar. Pero esta vez parece ser que la mayoría de ciudadanos tienen muy presente en la mente los engaños de Iraq y no respaldan la intervención militar, por lo pronto, parece ser que no será tan fácil la manipulación. Si EEUU y algún que otro aliado actúa militarmente sobre Siria tendrá que asumir el riesgo de perder las próximas elecciones.
Tica Font es Directora del Instituto Catalán Internacional por la Paz y miembro del Centre Delás d’Estudis per la Pau.
Fuente original: http://blogs.publico.es/cronicas-insumisas/2013/09/02/el-efecto-cnn-y-siria/

martes, 3 de septiembre de 2013

El oxímoron de la guerra humanitaria Bombardeando por la paz

Péntagono, cobardes atómicos. Blasapisguncuevas


Traducido para Rebelión por Germán Leyens

Los bombardeos de gran altura y ataques con misiles de largo alcance siempre causan pesadillas de niños muertos y veteranos suicidas. Los planes del presidente Obama de atacar con cohetes a otro país de Medio Oriente sin mandato de las Naciones Unidas se están justificandfo con referencias a acciones perversas de otros, en este caso los jefes supremos de Siria.
La ampliación de la guerra por encargo entre Irán y Arabia Saudí que se libra en Siria llevará a la catástrofe. El general Martin Dempsey, jefe del Estado Mayor Conjunto de EE.UU. lo sabe y ha expresado su fuerte oposición incluso a una intervención limitada en Siria.
El presidente O-bomb-a calificará sus “ataques de precisión” de castigo justiciero por el crimen del uso de armas químicas, pero será una exageración. Peor que si la sartén le dice al cazo, apártate que me tiznas, que si el napalm dice que el uranio empobrecido es un veneno.
El mayor abastecedor de violencia química del mundo
Ningún país del mundo es más culpable de la utilización de productos químicos como armas de guerra que EE.UU., incluso contra su propio pueblo.
El Instituto Nacional del Cáncer (NCI) reveló en 1997 que 90 (de 235) ensayos de bombas nucleares arrojaron 150 millones de curíes de yodo-131 sobre todo entre 1952 y 1957. El NCI estableció que los 160 millones de personas de EE.UU. de entonces fueron contaminados por el radioyodo. El estudio reveló que provocaría entre 25.000 y 75.000 cánceres tiroideos en EE.UU. y que un 10% serían fatales. El Instituto de Investigación Energética y Medioambiental señaló que el cálculo superior de “75.000 es más plausible, ya que el cálculo inferior supone que las dosis de radiación interna de yodo-131 son ‘solo cinco veces más peligrosas’ que la misma dosis de radiación externa. Esta suposición es muy dudosa, no se basa en datos humanos y no protege la salud pública”.
En Vietnam, de 1962 a 1969, EE.UU. pulverizó más de 45 millones de kilos de toxinas como el Agente Naranja sobre 1.650.000 hectáreas. Nuestra guerra química destruyó más de 186.000 hectáreas de cultivos y actualmente la Cruz Roja Vietnamita informa de que 150.000 niños tienen anormalidades genéticas causadas solo por la exposición a Agente Naranja. Se informa de que unas 388.000 toneladas de nuestra gasolina químicamente gelificada –napalm– se lanzaron sobre el Sudeste Asiático entre 1963 y 1973, en comparación con 32.357 toneladas utilizadas en Corea durante tres años y 16.500 toneladas lanzadas sobre Japón en 1945.
En 1991, más de 400 toneladas de municiones de uranio “empobrecido” (UE), se dispararon en Irak y Kuwait durante la Guerra del Golfo. El Boletín de los Científicos Atómicos informó de que se dispararon 940.000 proyectiles de UE de 30-mm de la Fuerza Aérea y 4.000 granadas antitanque de UE de 120-mm del Ejército. Solo los “revienta tanques” contenían 25 toneladas de uranio. Otras 170 toneladas se usaron en el bombardeo y ocupación de Irak en 2003.
En su introducción al libro Depleted Uranium publicado en 2003, Peter Low dice sobre el uso de esas municiones tóxicas que: “La gente responsable de la propagación de 400 toneladas de UE en esa zona [sur de Irak] en 1991 estaban realizando una especie muy peculiar de experimento en el cual los ‘conejillos de Indias’ eran los soldados y civiles presentes… y en el cual los ‘experimentadores’ no querían conocer los resultados”. Un Informe de la Organización Mundial de la Salud ha encontrado enormes incrementos de malformaciones genéticas en el sur de Irak, donde nuestro UE se utilizó ampliamente. Los doctores del hospital de maternidad de Basora dijeron a la BBC esta primavera que han visto un aumento del 60% en los defectos genéticos como espina bífida desde 2003.
El Pentágono admite que en 1994 y 1995 disparó cerca de 10.800 proyectiles de UE en Bosnia, cerca de 3 toneladas. Más de 31.000 proyectiles, unas 10 toneladas, lanzaron EE.UU. y la OTAN en Kosovo en 1999. El UE también ha contaminado grandes partes de Okinawa, Panamá, Puerto Rico, Vieques, Corea del Sur, Nuevo México, y otras bases y campos de tiro al blanco.
La memoria de cientos de miles de civiles asesinados o intoxicados por EE.UU. en Irak, Afganistán, Kuwait, Bosnia, Kosovo, Somalia y Yemen debería dar que pensar a los guerreros entusiastas de nuestros días. Pero parece que solo les interesa vender armas.
John LaForge, codirector de Nukewatch, un grupo de vigilancia nuclear y justicia ecológica en Wisconsin, edita su boletín trimestral y escribe para PeaceVoice ( www.peacevoice.info ).
Fuente: http://www.zcommunications.org/bombing-for-peace-by-john-laforge.html
rCR

Si Dios Existiera

Si Dios existiera la burguesía imperialista estadounidense pagaría por  sus crímenes y no exportaría la guerra cada diez años..Bush y Obama estarían en prisión y Manning en libertad.  También EEUU sería una democracia y no una dictadura imperialista  plutócrata disfrazada de democracia.

Códigos de guerra


Brecha


Entre drones y robots

Un semblante joven, sudoroso, desfigurado por el barro. Un cuerpo, sacudido por las palpitaciones y la claustrofobia de la selva tupida. El enemigo está por todas partes: conoce las mil y una trampas de los caminos, el calor insoportable, y la densidad de la naturaleza es su manto protector. El sonido de las hélices de la nave salvadora ya es un recuerdo lejano. El soldado ha quedado abandonado a su merced. Secuencias de ese tipo son las que el cine y los libros han prodigado para representar uno de los traumas más profundos que ha debido soportar Estados Unidos: la guerra de Vietnam.

Había una superioridad tecnológica innegable en favor de la potencia bélica, pero los militantes del Vietcong se desplegaron como un ejército de hormigas. Su guerra de guerrillas fue capaz de tumbar al elefante. Y en definitiva, más allá de las diferencias que pudiesen existir entre los fusiles de asalto de uno y otro bando, o el espanto físico y psicológico del napalm estadounidense rociado sobre la población civil, un componente de carne y hueso todavía merodeaba por allí. El combate cuerpo a cuerpo podía sobrevenir en cualquier momento. Y seguramente más de un piloto debió verse obligado a emprender un vuelo más o menos rasante para soltar su veneno: veía el rostro de sus víctimas.

Más atrás, el cine clásico proporcionó otros fotogramas, a veces demasiado teñidos de épica y soldados desconocidos. Pero en aquellos que son memorables aparecía el pertinaz miedo del combatiente. Cómo olvidar el paisaje de la angosta y honda trinchera de la Primera Guerra Mundial, filmada en blanco y negro, en Sin novedad en el frente, de Lewis Milestone (basada en una novela de Erich Maria Remarque). La escasez de cigarros y de comida. El humo de la metralla. Las manos amputadas. Los alambres de púa. O en otras escenas bélicas del siglo pasado: la cruz roja rústica en el brazalete de los médicos, el capitán de guerra estudiando el mapa (sí, posiblemente, a varios quilómetros del frente de batalla), planeando emboscadas, interceptando rudimentarias comunicaciones para anticiparse a la táctica del enemigo, con alguna ligera huella en su mente de El arte de la guerra, de Sun Tzu. Claro que debieron producirse cientos de juicios sumarios, o incalculables “daños colaterales”. Los romanticismos están vedados, cuando en la otra gran guerra una potencia mundial fue capaz de lanzar desde el infame Enola Gay (bautizado así por la propia madre del piloto Paul Tibbets) una bomba atómica sobre la población entera de Hiroshima. “¿Sabés lo que hiciste, Claude? Mataste a 200 mil personas en cinco minutos”, le dijeron sus compañeros de la base al recién llegado Claude Eatherly, el hombre encargado no de arrojar el artefacto (apodado Little Boy), sino de precisar el blanco. Algunos hasta lo felicitaron. Eatherly quedó tieso, y nunca pudo superar la culpa. Terminó en un hospital de veteranos de guerra, con graves trastornos mentales. Tibbets, en cambio, alardeó del goce de buen sueño hasta el último de sus días.1

Pero la tecnología bélica evolucionó siempre a un ritmo mucho más acelerado que otras ingenierías destinadas a resolver necesidades básicas insatisfechas. Y en el siglo xxi no deja de ostentar sofisticación. No la debe pasar todavía muy bien el infante de marina en las polvorientas rutas de Afganistán o Pakistán, aunque los conflictos sean presentados actualmente como “quirúrgicos” y “antisépticos”. Como una marca de las relaciones posmodernas (las de amor y las de guerra), su empeño es el margen de error cero y la seguridad para el perpetrador, que no da la cara. De acuerdo al London Bureau of Investigative Journalism (lbij), en Pakistán, desde 2004 hasta hoy, la cifra de civiles muertos como consecuencia de ataques con drones llegaría a los 928. Los drones son aviones no tripulados (unmanned aerial vehicle, o uav, el inglés en este caso suena muy ajustado para remitir a la ausencia humana), a veces también llamados “espías”, manejados de modo remoto por cómodos aeromodelistas de la cia. Suelen ser dirigidos hacia presuntos refugios de terroristas.

Como es de esperar, la Casa Blanca sólo reconoce la mitad de las víctimas civiles, desde que los prolijos drones forman parte de la estrategia para la zona. Se calcula que ya un tercio de la flota aérea estadounidense está compuesta por estos ingenios (hasta ahora también fabricados por Israel, aunque Francia ya les ha echado el ojo), supuestamente menos costosos que las prolongadas movilizaciones de ejércitos. A diferencia de un misil, estos artefactos –una de las presentaciones más conocidas se llama Predator– son capaces de mantener un nivel de vuelo sostenido y son reutilizables. Y la novedad es que los últimos modelos ya no son siquiera conducidos por el ser humano mediante una suerte de joystick, sino que tienen un sistema de programación autónomo capaz de decidir un ataque por sí mismo (al punto que los expertos en defensa ya se plantean si no habrá que insertarle al “cerebro” de la máquina alguna herramienta de “control ético” para que no pase algo similar a la rebelión del hal 9000 de Arthur C Clarke).

Pensar que la tecnología es en sí misma perversa podría ser simplista, porque el avión a control remoto –o eventualmente robótico– puede ser utilizado para extinguir incendios, explotar yacimientos mineros o vigilar zonas expuestas a contaminación. Parece, en cambio, inquietante que la guerra del futuro confíe en la inteligencia artificial para reconocer, apuntar y erradicar al enemigo correcto. Y ni que hablar de los profundos cuestionamientos en el plano del derecho internacional humanitario que los drones acarrean. Amnistía Internacional ha advertido recientemente sobre las “ejecuciones extrajudiciales” realizadas por los uav, ya que violan los tratados internacionales, a fuerza de una interpretación del escenario de guerra sumamente laxa por parte del gobierno de Estados Unidos. La onu, que en este tablero de guerras “preventivas” y selectivas actúa como un corredor raquítico y rezagado, también ha reparado en la necesidad de llegar a un compromiso serio y con contenido “antes de que nos encontremos en un mundo con máquinas con el poder de matar seres humanos”.2

Puede resultar ingenuo imaginarse alguna guerra ética. ¿Es posible pensar –cuando la ciencia ya se ha apoderado de la ficción– en una violencia efectivamente reglada, contenida en algún código universal que no sea constantemente acribillado por las excepciones?

Notas:
1.     “Los dos pilotos de Hiroshima”, de José Pablo Feinmann, en Página 12 (11-VIII-13).
2.     El relator especial de la ONU Cristof Heyns calificó a los drones como “robots asesinos”.

Fuente: http://brecha.com.uy/index.php/contratapa/2311-codigos-de-guerra